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La instauración de la orden de Santa Clara en Cartagena fue posible gracias a doña
Catalina de Cabrera quien al morir dejó un legado destinado a la construcción de un
convento de clarisas. Queriendo el gobernador y el obispo apropiarse de la herencia para
destinarla a otros usos, fueron los hermanos franciscanos ya establecido en la ciudad y
bajo cuya jurisdicción estaban tradicionalmente las clarisas, los que intercedieron ante
la Santa Sede enviando a fray Guillén de Peraza hasta Roma para asegurar que la
construcción se llevará a cabo como se pedía en el testamento. Él mismo arribaría al
puerto de Cartagena en el año de 1607 acompañado por tres religiosas del convento de
Santa Inés de Sevilla para llevar a cabo la fundación. A parte de la donación de doña
Catalina se hizo necesaria la contribución del padre de una novicia del convento, que
temporalmente se había establecido en una casa sobre la Calle de la Cruz, para terminar
la construcción. El convento recibiría a las primeras clarisas en el año de 1621, fecha
de su inauguración.
El edificio, cuyo diseño se atribuye al maestro Simón González, fue muestra
fiel a la tendencia de austeridad y sobriedad que establecía la Iglesia hasta mediados
del siglo XIX cuando ocurre la exclaustración definitiva del convento y el edificio sufre
varias reformas. La configuración, la distribución y la forma de los elementos, son casi
idénticos a la mayoría de los claustros conventuales de la época. La iglesia de una
sola nave, tiene
una planta
rectangular y un arco
toral que limita al presbiterio,
apoyado con contrafuertes
exteriores. Al lado opuesto se hallaba el coro aislado con una reja de celosía y en el sotocoro se construyó
en 1774 una cripta para sepultar a las monjas abadesas. Como el convento se encontraba
frente al mar abierto, era blanco de las olas cada vez que se desataba una tempestad, de
esta manera los muros del convento sufrieron innumerables daños hasta finales del siglo
XVIII, momento en el cual se consolidaron definitivamente las murallas que arman el frente
del convento sobre el mar. El decreto de expropiación de bienes de manos muertas expedido
en 1862 implicó el fin de los conventos de clausura.
Santa Clara se destinó
en un primer lugar a penitenciaría, uso que trajo consigo el deterioro de buena parte del
convento, y en 1884 se convirtió en la sede del Hospital de Caridad a cargo de las monjas
de la Presentación del convento de Santa Teresa. Las dependencias del hospital se
instalaron en la parte del claustro mejor conservada como eran las crujías del patio trasero, antiguo
huerto. El claustro
central se destinaría despues de su reparación a una escuela y casa de huérfanos. Las
obras de reconstrucción y reparación al estilo republicano le dieron al convento una
nueva imagen. En 1919 el arquitecto francés Gastón Lelarge fue contratado para realizar
una serie de intervenciones sobre el costado de la Calle del Curato y el cuerpo central del
convento. Luego, en 1920 el ingeniero Simón Gómez reformó el tercer piso y la portada sobre la Calle
del Torno. Finalmente, hacia los años cincuenta se construyó un anfiteatro y se hizo una
ampliación del tercer piso sobre la crujía central. El hospital fue trasladado a
Zaragocilla en 1974. Desde 1983 se repartieron el edificio, mientras este se iba acercando
cada vez más a la ruina, algunas dependencias de medicina legal, algunas aulas de
la facultad de medicina de la Universidad de Cartagena, algunos talleres de la Escuela de
Bellas Artes y las oficinas de la liga Departamental de Beisbol. El edificio fue
restaurado en los años noventa y es ahora sede de un hotel, el Hotel Santa Clara.
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