Iglesia de San Pedro Claver

 

5pixeles.gif (45 bytes) 5pixeles.gif (45 bytes) Iglesia y Claustro de San Pedro Claver

Iglesia y Claustro de San Pedro Claver. Imagen

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Los jesuitas llegaron a Cartagena el 1604 con autorización del rey Felipe III para fundar un colegio. Les fue asignada una casa cerca de la Plaza Mayor y el colegio que contaba con un total de setenta alumnos fue inaugurado en 1605 y fue el primer colegio que tuvo la Compañía de Jesús en el Nuevo Reino. Pronto las instalaciones serían insuficientes y los religiosos adquirirían un terreno más amplio sobre la antigua Plaza del Muelle, lugar en el que levantaron un edificio de dos plantas con una iglesia. Durante treinta y ocho años fue este el escenario de la labor de Pedro Claver que sería canonizado despues de su muerte en 1654 en reconocimiento a su incansable lucha en defensa y protección de los esclavos que eran traídos del Africa y sometidos a toda clase de trabajos y abusos infrahumanos.
Fue en vida de San Pedro Claver que se planteó el caso del litigio de las murallas y habiéndose iniciado la construcción del colegio, los ingenieros militares invadieron los predios de los religiosos en nombre de la ciudad. Ante la protesta de los jesuitas, el gobernador Don Francisco de Murga otorga a los jesuitas el derecho de construir parte del colegio sobre las murallas. Más tarde, durante el gobierno de Don Miguel de Aguilera, se vuelve a retomar el pleito y se da orden de demoler la parte del edificio adosada a la muralla, la orden no se cumple, el pleito se prolonga durante treinta años y finalmente el ingeniero Don Juan de Somovilla Tejada logra un acuerdo en el cual se respeta la construcción de los jesuitas pero se les obliga a costear la construcción de una segunda muralla retirada de la primera.
A comienzos del siglo XVIII los jesuitas emprenden la construcción de un templo de grandes proporciones a cargo de los arquitectos Lorenzo Koninck y Miguel Schlesinger, el uno holandés y el otro alemán, ambos poseedores de la tradición barroca de la arquitectura jesuítica que aplicaron con toda propiedad. Los arquitectos que llegaron a la ciudad el uno en 1736 y el segundo en 1754 y que trabajarían luego en Maracaibo y en Caracas en Venezuela, culminaron la obra en 1764.
Tres años después, recién estrenado el gran templo y trasladadas a él las reliquias del padre Pedro Claver cuya canonización ya se había emprendido ante los altos mandos de la Iglesia , los jesuitas se ven obligados a abandonar la ciudad en cumplimiento de la orden de Carlos III que destierra a la Compañía de Jesús de todos sus dominios.
El templo de San Pedro Claver se ha reconocido desde el momento de su construcción como ¨la mejor iglesia de Cartagena¨, a este respecto escribe Enrique Marco Dorta: ¨ es uno de los mejores templos que los hijos de San Ignacio dejaron en tierras de Colombia... se distingue por la severidad de sus elementos arquitectónicos desnudos, en contraste con la riqueza barroca de las ornamentacionse de estuco empleadas por los jesuitas en otras partes de América del Sur ... El conjunto tiene un empaque monumental y una serena sencillez, que constituyen su característica más interesante... La fachada es también la más rica y monumental de Cartagena de Indias.¨
Al salir los jesuitas, las instalaciones del colegio se destinan al Hospital de San Sebastián a cargo de los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios. En 1790 el hospital queda dividido en dos secciones que corresponden a la actual disposición del monumento: sobre el costado de la muralla se organiza el Real Hospital de San Carlos de uso del ejército y en la parte que se conserva como el Santuario de San Pedro Claver se instala el Hospital de Pobres de San Juan de Dios. El hospital, vecino al templo funcionó por largos años hasta que el 9 de septiembre de 1862 Tomás Cipriano de Mosquera promulga la ley de ¨desamortización de manos muertas¨ por la cual todos los bienes de la Iglesia pasan a manos del Estado. El Hospital de San Sebastián se convierte entonces en cuartel del ejército, y tras el saqueo de los militares que no dejó en buen estado más que el sepulcro de Pedro Claver empieza el edificio a transformarse en ruina.
Finalmente, Rafael Núñez, presidente al final del siglo XIX, logra devolver el templo a la iglesia, las instalaciones le son entregadas a Monseñor Eugenio Biffi, obispo de Cartagena, quien se dedica desde entonces a restaurarlo. En 1921 el arquitecto francés Gaston Lelarge remplaza la deteriorada cúpula de la iglesia original por la cúpula que aún adorna no sólo el templo sino a Cartagena entera.
 

 

 

 

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