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En 1792, ante la falta de un escenario adecuado para representaciones teatrales y
comedias, el señor Tomás Ramírez en compañía de José Dionisio del Villar, emprendió
la empresa de dotar a la ciudad de Santafé de Bogotá de un teatro. Ramírez, que tenía
fama de ser un jugador compulsivo, aparentemente solicitó con este fin la colaboración
del coronel del Real Cuerpo de Artillería, Domingo Esquiaqui, quien entonces era la
persona más entendida en asuntos de ingeniería y arquitectura, por cuanto había
realizado un plano de la ciudad el año anterior y se encontraba trabajando en la
construcción del Puente del Común. La obra se inició el 20 de agosto de 1792, como se
puede constatar en el grabado de la placa conmemorativa realizado por Archila, que se
encuentra en el Papel Periódico Ilustrado, y fue concluida el 27 de octubre de 1793. El
escritor y cronista de la ciudad José María Cordovez Moure nos da una idea de lo que fue
este escenario en su libro Reminiscencias de Bogotá: "La platea no tenía
asientos de luneta, cada cual tomaba asiento donde podía, sobre unas bancas patibularias
(
) el cielo raso
era una maravilla de los tiempos primitivos, consistía en un gran toldo de lienzo
ordinario todo manchado y remendado, sostenido en el centro por un florón de madera
dorada, del cual salían radios de cuerdas forradas en percal amarillo y atadas a las
columnas de los palcos del gallinero. (
) El alumbrado y los aparatos adecuados al
efecto no le iban en zaga al cielo raso. Una gran araña hecha por el insigne hojalatero
Francisco Jiménez con prismas y alcayatas de hoja de lata y espejitos, se veía
suspendida en el centro del techo. Momentos antes de alzar el telón, se le hacía
descender para encender el ciento o más velas de sebo que contenía y hecha la
operación, se le volvía a elevar. Desde ese momento empezaba una llovizna de sebo
derretido que era el tormento de los que quedaban debajo y el deleite de los que estaban
fuera del radio de semejante aguacero". Ramírez se arruinó en la construcción del
teatro y murió en 1805, su hija heredó el inmueble y decidió venderlo, para finalmente
después de tener varios propietarios, caer en manos de Bruno Maldonado. Maldonado bautiza
el teatro con su apellido, arregla la fachada, pero en esencia no realiza mayores mejoras
en el edificio que al poco tiempo cae en desgracia y se convierte en un nido de reuniones
políticas disidentes al gobierno de Rafael Nuñez, quien para entonces era Presidente del
Gobierno y quien decide expropiarlo y dotar a la ciudad de un escenario digno de la misma.
El gobierno contrata al arquitecto italiano Pietro Cantini (1847-1929), quien años
después recordaría: "
se me encargó la construcción del Teatro Colón.
Existía allí un teatro viejo, llamado Teatro Maldonado; el Dr. Núñez quería que se
reedificase; no podía ser así y tuve que derruirlo (
) Inicialmente se consideró
un proyecto para que la construcción del Teatro fuera más grande en un lote situado en
la carrera 8ª frente al Observatorio Nacional, pero el Dr, Núñez se opuso diciendo que
tenía horror a poner cimientos".
El 5 de octubre de 1885 se colocó la primera piedra y la obra se culminó diez años
después el 26 de octubre de 1895. Cantini tuvo la oportunidad de trabajar con varios
profesionales nacionales y extranjeros, como los italianos Luigi Ramelli y Cesare
Sighinolfi, quienes colaboraron en la ornamentación del teatro, el también italiano
Annibale Gatti, quien realizó el telón de boca y Eugenio López, quien se hizo cargo de las obras
durante un tiempo que Cantini tuvo que regresar a Italia en 1889.
Con motivo de la celebración de los cuatrocientos años del descubrimiento de América,
el 12 de octubre de 1892, el Gobierno Nacional decidió bautizar a este teatro como
Colón, en honor al Almirante y desde entonces posee este nombre, que remplazó al de
Nacional, que tuvo desde el comienzo de la construcción.
Desde su terminación, la edificación ha sido sometida a varias reformas, como la
realizada en 1910 cuando se modificó el vestíbulo y las escaleras que daban acceso a la
platea o en 1919, cuando el arquitecto Arturo Jaramillo recortó el escenario con el
propósito de ampliar la platea; sin embargo la intervención más importante se realizó
entre 1972 y 1977 cuando se restauró completamente y se le adicionó un edificio en la
parte posterior, donde se ubicaron los camerinos de los artistas.
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