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La Casa del Virrey fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII y debe su nombre a
que fue erigida ¨para alojar al Virrey Ezpeleta¨en visita a Cartago que nunca se llevó
a cabo.
Fue obra de Don Sebastián de Marisancena, hidalgo Cartagueño de familia de altos
títulos que viajó a España durante el gobierno de Cralos III quien lo ennobleció
nombrándolo ¨Caballero de Alcántara¨y ¨Alférez Real de Cartago¨. Le concedió el
escudo de armas que tallado adorna la fachada de la casa y dos privilegios: el de agregar las cuatro letras
¨MAR Y¨ a su apellido Sancena para distinguirlo por haber cruzado el océano en el Real
Servicio; y el llamado ¨De Cadena¨ que consistía en indultar a los prisioneros
condenados a muerte que, camino al sitio del suplicio, al pasar por el frente de su casa
lograsen agarrar el aldabón de la puerta principal. De aquí que la casa se conozca
también con el nombre ¨Casa de Cadena¨.
La casa tiene dos plantas
sobre la fachada principal, dejando asomar sobre la calle dos balcones que muestran, al
igual que las puertas y ventanas un extraordinario trabajo en madera. Está construida en
su totalidad en piedra y ladrillo cortado formando pilares, columnas, capiteles, cornizas y molduras decorativas o mejor
¨recreativas¨, como las llama el arquitecto Germán Téllez.
Llama la atención la influencia mozárabe en la articulación del zaguán y los tres patios que van
conformando una directriz quebrada que elimina ejes y enriquece el recorrido. El patio
principal se rodea por amplios corredores y por los balcones interiores que se asoman
sobre el ala este. Aparecen en esta parte los espacios principales de la casa que debieron
ser destinados al salón principal, hacia la fachada, y a las habitaciones y demás
salones en segunda planta y sobre los costados norte y sur. A medida que se articulan los
otros patios aparecen espacios de menor altura y más pequeños de transición hacia la
zona de servicios.
La Casa del Virrey constituye uno de los ejemplos más valiosos de arquitectura doméstica
del siglo XVIII. Ilustra con acierto los años del ¨apasionamiento escenográfico¨ en la
América española, como los define Silvia Arango. Se reconoce por esta época por primera
vez desde la llegada de los españoles, el espacio público como un lugar en sí y se
asiste a una ¨paulatina desinteriorización de la arquitectura¨. La fachada, como lo
vemos en la Casa del Virrey, empieza a adornarse como antes sólo lo hacían los espacios
interiores para servir de paramento del espacio exterior. Es entonces cuando aparecen también
los balcones, no sólo como trabajo de fachada sino como una prolongación del espacio
interior hacia el exterior. En esta casa se tiene también un perfecto ejemplo de lo que
fue la aparición del salón que rompe con el esquema de lo que constituía la vivienda
hasta entonces: un sitio de refugio.
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