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La construcción del Ferrocarril de Girardot, el primero que uniría la capital con el
Río Magdalena duró 30 años: en 1881 el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros es
contratado por el gobierno para llevar a cabo la construcción de la vía férrea que
sacaría a la capital de su aislamiento. El primer tramo de 33 km de Girardot a Tocaima
fue inaugurado en 1886 y los trabajos suspendidos por la guerra civil, solo dos años más
tarde llegarían las paralelas a Apulo. En los siguientes años se firman tres contratos
de construcción que se traspasarán cinco veces y se cancelarán uno tras otro por
incumplimiento de las partes, no llegandose a completar más de 10 km de carrilera en un
lapso de 12 años.
Finalmente a comienzos del siglo XX la concesión queda en manos de la compañía inglesa
The Columbian National Railway Co. y bajo la dirección del ingeniero Alexander Gulliver
las paralelas llegan a Facatativá en 1909 y el ferrocarril de Girardot empalma con la
linea de Bogotá a Facatativá que había sido inaugurada en 1989, la diferencia de trochas hizo sin
embargo que el trasbordo continuará siendo necesario hasta 1924.
El Ferrocarril de Girardot hizo posible la eliminación de la mula en la cadena de
transporte entre la Costa y la capital del país: se tomaba el tren de Puerto Colombia a
Barranquilla, vapor de río hasta La Dorada, tren hasta Ambalema, vapor hasta Girardot y
dos trenes más hasta Bogotá. En 1923 la Nación compra la concesión a la compañía
inglesa y se construye el puente sobre el Magdalena que se inaugura en 1930 uniendo la
línea con las regiones del Tolima y el Huila completando 368 km. De vía férrea hacia el
sur del país.
El corredor férreo de Facatativá a Girardot, paso obligatorio de todo tráfico hacia la
capital, se convierte entre 1910 y 1950 en el más grande atractivo turístico del centro
del país, así como en el ferrocarril más importante del territorio colombiano, con
cientos de pasajeros e inmensos volúmenes de carga transportados diariamente. El
ferrocarril llegó a tener para su funcionamiento un total de 80 máquinas de vapor hasta
su incorporación a los Ferrocarriles Nacionales en 1953.
Tanto intercambio propiciado por el paso del tren hizo que la región conociera un gran
auge económico: antiguas casonas que habían servido como sede de plantaciones de caña,
frutas y café se fueron convirtiendo en confortables quintas de recreo, hoteles o sitios
de retiro como clínicas y ancianatos. Florece así la que se ha llamado Arquitectura del
Veraneo, cargada de esplendor y elegancia que sirvió de marco, durante las primeras
décadas del siglo, al veraneo de la élite capitalina y a las grandes discusiones
políticas que se dieron en la época de gestación republicana y moderna del país.
El corredor férreo en todo su recorrido, constituía el acceso a inmumerables quintas,
haciendas y hoteles que fueron refugio de las grandes personalidades políticas del país:
encontramos al paso del tren haciendas como Peñanegra en Cachipay, Bizerta, La Arcadia o
El Ocaso en El Ocaso y Las Monjas en la Esperanza que fueron propiedades respectivas de
Don Rafael Núñez, Eduardo Santos, Laureano Gómez, Salvador Camacho Roldán y Alfonso
López Pumarejo. Por otro lado se encuentran al paso del ferrocarril los hoteles de
Cachipay sobre el cual se escribiría ¨merece ser llamado uno de los mejores del país¨,
el de la Capilla de los Daguet, en donde ¨la comida francesa era exquisita e
impecablemente servida¨, el de La Esperanza de los Aparicio, sitio frecuentado tanto por
la sociedad capitalina como de Girardot por hallarse a mitad de camino entre la Sabana y
el Magdalena: ¨el sitio perfecto para temperar y destemperar¨, dirían. Más adelante
encontramos el Hotel y el Casino de Apulo, construidos por el ferrocarril y finalmente, al
término de nuestro recorrido, el conjunto de la estación y el puente de Girardot,
población que se convirtió por esta época en el principal puerto fluvial del país,
dotada de una importante infraestructura hotelera y enormes bodegas para el almacenamiento
de la mercancia que venía del extranjero.
La violencia que estalló el 9 de abril de 1948 se sintió en la región, la presión
ejercida contra los políticos afectó la paz y la tranquilidad que hasta entonces se
respiraba en estos sitios. Las rutas del ferrocarril se vieron reducidas a dos por día,
la zona dejó de ser frecuentada, muchos de los dueños de las quintas y hoteles vendieron
sus propiedades y los veraneantes capitalinos se encaminaron hacia otras rutas.
Finalmente, como un sino fatal de la región, el corredor férreo y muchos de los
edificios que surgieron con el paso del ferrocarril fueron abandonados tras la suspensión
de la actividad ferroviaria en los años 70.
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