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El Cementerio de San Pedro nació por iniciativa del Doctor Pedro Uribe Restrepo, el cual
reunió a cincuenta de las familias más representativas de la ciudad entre las cuales
estaban: Rafael Echavarría, Rafael Posada, Francisco de P. Benítez, Enrique Gaviria,
José María Barrientos, Pedro Vásquez, Jacobo Facio Lince, Sebastián J. Amador, José
Antonio Callejas, Francisco Piedrahita, Jorge Gutiérrez de Lara, Ildefonso Loterio,
Estanislao Barrientos y otros treinta y seis socios y les hizo ver que el Cementerio de
San Lorenzo, que se había creado en 1828 era demasiado estrecho y feo. (este cementerio
además fue conocido posteriormente como el "cementerio de los pobres" y aún
existe localizado en el sector conocido como "Niquitao" en Medellín).
Para poder hacer parte de la Sociedad que creó el cementerio era necesario aportar la
suma de cien pesos que se destinarían a la compra del terreno, así como para los
trabajos necesarios en el local y en la construcción de la capilla. En una reunión
celebrada el 20 de julio de 1842, se terminó de dar forma al proyecto y se acordaron
varios puntos, entre ellos que: El nuevo cementerio fuese dedicado y puesto bajo los
auspicios de San Vicente de Paúl: "en conmemoración de las muchas y excelsas
virtudes que adornaron a aquél ilustre varón
". Se nombró al señor Pedro
Uribe Restrepo como su director, tesorero y recolector de fondos. Por este trabajo
administrativo los socios le cedieron a éste dos locales, ya que según el plano eran 52
y sólo formaban parte de la sociedad cincuenta socios.
El nuevo establecimiento estaba pensado como un lugar donde el orden, la simetría y la
arborización iban a ayudar hacer de él un lugar armónico. Esta preocupación se
mantendría a lo largo de los años.
La primera capilla fue una construcción sencilla de tapia pisada que se mantuvo hasta 1896, en
ese año se tomó la decisión de demolerla y se procedió a construir en el centro del
patio circular un kiosko con el objeto de que sirviera para decir la misa. Para 1922 se
contrató a la firma de Felix Mejía y Cia el diseño de una nueva capilla, trabajo en el
cual participó el arquitecto belga Agustín Goovaerts.
La obra se realizó entre 1928 y 1929 en un diseño donde se destacaba la cúpula, las grandes
puertas dando a "un espacio limpio y diáfano, donde el órgano hacía parte de la
decoración del altar mayor".
La capilla fue reformada en 1957 por cuanto desde su construcción las escaleras
resultaron demasiado empinadas. El artísta Rafael Saénz diseñó los vitrales interiores
que fueron ejecutados por la casa Velasco de Cali y se transformaron las puertas
laterales.
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