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A partir del año 1945, el Ministerio de Obras Públicas realizó un gigantesco plan de
construcciones a lo largo y ancho del país, dentro de las cuales surgieron varios
palacios nacionales, oficinas de correo, algunos hospitales, cuarteles y escuelas, además
de la continuación de importantes obras iniciadas, como la Ciudad Universitaria en
Bogotá. A pesar del aparente auge, surgieron multitud de contratiempos: inconvenientes
políticos, problemas con el transporte por la escasez de llantas acarreada por la Segunda
Guerra Mundial y la subsiguiente carencia de elementos básicos, como cemento, ladrillos y
arena.
Es precisamente en este álgido momento y durante la reestructuración del ministerio,
cuando el arquitecto alemán Leopoldo Rother, entre 1946 y 1952, concibió el Centro
Cívico de Barranquilla, con el cual se proponía integrar en un solo terreno los
edificios Nacional, Departamental, Municipal y el Palacio de Justicia. El plan constaba de
cuatro bloques paralelos, dispuestos de modo diagonal respecto al trazado urbano.
Compuesto por tres edificios de oficinas de ocho pisos sobre una plataforma y un cuarto
bloque más bajo para otras dependencias, seguía los principios modernistas de los
volúmenes sueltos, los cuales definían un espacio público de proporciones particulares.
De este gran proyecto se construyó sólo el Edificio Nacional; luego se realizaron sin
seguir el diseño, con ideas diferentes y rompiendo el conjunto, el Departamental y el
Municipal. Cuando el afamado arquitecto francés Le Corbusier visitó el país en 1948, le
hablaron del proyecto y quedó gratamente impresionado, tanto que pidió que le mostraran
los planos y le presentaran al autor. El joven Rother en persona, recién graduado y
ferviente admirador suyo, incluso influenciado por el maestro, le regaló los planos.
Este edificio, ejemplo de la arquitectura moderna, es interesante por el dominio de
la proporción y especialmente por el repertorio formal dentro de una construcción, donde
se funden los principios modernistas con una personalidad clásica. El primer piso
constituye una plataforma sobre la que se encuentra el piso de acceso, conformado por un
espacio libre con columnas de diferentes alturas. Estos dos pisos son parqueaderos; los
del nivel superior están comunicados a través de dos rampas cuyos extremos se conectaban
con vías opuestas alrededor del conjunto. Existe un mezanine retrocedido respecto de las
columnas y este efecto produce una penetración espacial muy pronunciada en los primeros
pisos, creando una pirámide invertida debajo del bloque principal de oficinas. Éste, de
forma rectangular y de cuatro pisos (originalmente se diseñó para que fueran seis),
sigue la modulación de la estructura. El edificio, además de las escaleras, rampas y
esbeltos pilotes,
llama la atención por las escaleras helicoidales, las persianas de concreto, calados o quiebrasoles, que conforman un variado y
contemporáneo conjunto de dinamismo, aireación y frescura, elementos que le atribuyen al
Edificio Nacional de Barranquilla un lugar significativo en la historia de la arquitectura
en Colombia,
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar
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Fuentes: Arango Silvia,
«Historia de la árquitectura en Colombia». Universidad Nacional. 1991
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Niño Carlos.
«Arquitectura y Estado». Universidad Nacional. 1991.
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