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El poblado aborígen de los indios Onda y Gualíes, cuenta la historia, fue encontrado por
Gonzalo Jiménez de Quesada y sus compañeros, Nicolás de Federman, Sebastían de
Belalcázar y Antonio Lebrija, en los primeros días de junio de 1539. Para llegar al
sitio, donde hoy se levanta la ciudad de Honda frente al río Grande de la Magdalena,
tuvieron que esperar la fabricación de dos vergantines, diligenciar la adjudicación de
la encomienda y hacer el transbordo para sortear el "Salto de Honda". Su
ubicación, años más tarde, convirtió a este puerto en la entrada al Nuevo Reino de
Granada, estación forzosa para los pasajeros y mercancías que llegaban o salían para
Europa por Cartagena de Indias. Fue, entonces, puerto fluvial, comercial, importador y
exportador, cuyo auge se prolongó hasta bien entrado el siglo XX.
En la segunda mitad del siglo XIX se hizo
necesaria la construcción de un puente sobre el río Magdalena, que uniera a Honda con el
municipio de Guaduas (Cundinamarca). Entre 1894 y 1899, Bernardo Navarro, empresario de la
villa, inició las gestiones para su construcción y solicitó al Gobierno Nacional el
respectivo permiso para su ejecución y manejo por concesión, el cual le permitiría el
cobro de peaje por 99 años. En 1892, el Congreso de la República dió su autorización y
Navarro contactó al ingeniero, de origen americano, Norman Nichols, residente en Honda,
para que se encargara de las diligencias para la compra de la estructura del puente, a la
San Francisco Bridge Company de Nueva York, conocida por haber hecho la del famoso Golden
Gate en San Francisco (Estados Unidos). Nichols le propuso encargarse de suministrar el
acero, el hierro y la madera, y ponerla en Nueva York o Nueva Orleans, mientras Navarro se
encargaría de la mano de obra para los estribos de calicanto, requeridos para anclar la estructura y de los
fletes para poner los materiales de la obra a un lado y otro del río.
Navarro pidió una prórroga para la entrega del puente, pues la negociaciones se habían
complicado y resolvió hacer él mismo las gestiones frente a la San Francisco Bridge
Company. Un mes después recibió el catálogo de las obras de la compañía, con las
especifícaciones y los costos. Durante este tiempo, Navarro había pedido la asesoría a
José María Villa Villa, constructor del Puente de Occidente (Véase: ficha Puente de
Occidente) para la construcción de los pilares. Finalmente, el 16 de enero de 1899 se
inauguró este magnífico puente, el cual se había calculado para uso público, con un
factor de seguridad de 500 libras por pie lineal, teniendo en cuenta que en ese momento en
Colombia había pocos caminos carreteables y el peso que tendría que soportar la
estructura sería como máximo el de una recua de mulas. El Puente Navarro, bautizado así
en honor del empresario, fue el primero en su género en Latinoamérica.
La empresa de Navarro no prosperó, poco tiempo después de la inauguración estalló la
Guerra de los Mil Días y Navarro se tuvo que abstener de cobrar el peaje. Por si fuera
poco, la estructura sufrió serios daños por el paso frecuente de las tropas y el orín
de los soldados.
La Subdirección de Monumentos Nacionales, del Instituto Nacional de Vías, realizó la
restauración de esta obra de ingeniería, conservando entonces, una pieza más de la
historia de nuestro valioso patrimonio.
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Investigación y textos
Jimena montaña Cuéllar
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Fuentes: Durán Luisa,
"Restauración Puente Navarro Villa de San Bartolomé de las Palmas de Honda".
Instituto Nacional de Vías, Subdirección de Monumentos. 1995.
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