|
|
|
|
El gran legado de las culturas precolombianas, conformado básicamente por piezas de
orfebrería y cerámica, utilizadas en la vida cotidiana y en los rituales por los
primeros pobladores de lo que es hoy Colombia, constituyen la extraordinaria colección
del Museo del Oro del Banco de la República, el museo más importante en su género y uno
de los más famosos a nivel mundial . Fundado en 1939, el museo ha ido enriqueciendo su
colección con el paso del tiempo; después de haber sido creada únicamente con 335
piezas. En la actualidad cuenta con más de 33.000 objetos elaborados en oro y aleaciones,
y más de 12.000 en cerámica.
Durante 1.500 años, entre el año 500 antes
de cristo y el 1000 de nuestra era, se extendió en el territorio colombiano una
tradición metalúrgica que abarcó entre otras, las áreas culturales denominadas en la
actualidad como Calima, Tolima, Quimbaya, Nariño, Tayrona y Sinú, estas dos últimas las
de mayor trascendencia. Los largos procesos culturales en esta región precolombina,
permitieron el surgimiento de complejas sociedades, las que, organizadas jerarquícamente,
llegaron a dominar sofisticadas técnicas metalúrgicas. Para los pueblos prehispánicos,
el oro era el metal sagrado, receptor de la energía creadora, el poder de dar la vida del
sol y por ende el principio básico de la fertilidad. Los objetos elaborados en oro o
aleaciones de cobre y platino, se constituían en la ofrenda religiosa por excelencia y en
adorno para los rituales.
La técnica para la elaboración de las espectaculares piezas que se han hallado, aún es
digna de admiración e incluso se sigue utilizando. Los indígenas precolombinos fundían
el oro en pequeños crisoles
de cerámica y los ponían sobre una hornilla de arcilla cocida y refractaria, recipiente cuya parte
superior tenía capacidad suficiente para colocar carbón vegetal y uno o dos crisoles. La
temperatura se lograba soplando por tubos especiales, de caña o cerámica. Luego de
mantener la temperatura alta durante un tiempo, en el crisol se fundía el oro, quedando
convertido en pequeños discos o "tejuelos" . Estos trozitos se martillaban
sobre yunques cilíndricos de madera, con pequeños martillos ovalados, elaborados en
hierro obtenido de meteoritos. Después de algunos golpes, la lámina se tornaba
quebradiza y el orfebre tenía que calentarla hasta el rojo vivo para rápidamente
enfriarla en el agua. El proceso continuaba hasta alcanzar el tamaño y grosor deseados
para la elaboración de la pieza definitiva. Una vez se tenía ésta, se podía dibujar
sobre ella el diseño que se quisiera y se presionaba el metal realzando la superficie en
las zonas demarcadas. El diseño se hacía con finas herramientas hechas en oro, piedra o
cuerno, sobreponiéndola a un saco relleno de arena.
Los aborígenes utilizaban también una compleja técnica de fundición llamada "de
la cera perdida". Con cera de abejas se hacían los hilos y trenzas utilizados para
elaborar el modelo de la pieza. Una vez finalizado éste, se le añadían, también en
cera, un embudo y los conductos necesarios para la circulación del metal una vez fundido.
Se recubría con sucesivas capas de arcilla formando un molde que cubría el objeto.
Calentándolo, la cera se derretía, creando un espacio interior libre, ocupado luego por
el metal derretido. Una vez el molde estaba frío se rompía para sacar la pieza.
Ajorcas, pulseras,
delicados objetos representativos, recipientes y máscaras, además de cerámicas
decoradas con diseños antropomorfos
y zoomorfos, se
pueden admirar en este importante museo.
-
Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar
-
Fuentes: Barney Cabrera,
Eugenio. "Las culturas andinas del sur" y "La cultura del maíz y de la
sal". Historia del Arte Colombiano. Salvat. 1977.
-
"El Oro de
Colombia". Banco de la República. 1994 .
|