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Corría el año de 1538 cuando don Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogotá,
ordenó construir doce chozas y una iglesia. Quince años después se hizo necesario
erigir un templo sólido y el cabildo dictó que fueran sus paredes de tapia y ladrillo. Para tal efecto se
convocó a una licitación pública donde se pidió además "gente en abundancia,
anacondas e indios ladinos... y servicios de lengua para hablar a los indios
bozales". La construcción llevó más tiempo de lo previsto y en 1560 se derrumbó.
En 1572 se empezó otra iglesia en el mismo sitio la cual, aunque seguía el principio de
las tres naves de
la anterior, se le añadían cuatro capillas formando una cruz. Treinta años pasaron antes de finalizarla
y sólo hasta 1678 se concluyó la torre. Para ese entonces, Santafé se había
consolidado como centro religioso y administrativo del virreinato de la Nueva Granada.
En los albores del siglo XIX el canónigo
Francisco Caycedo, nombrado luego arzobispo de Colombia, llamó a un arquitecto para que
interviniera el edificio en ruinas. El elegido era un fraile ampliamente reconocido: fray
Domingo Petrés, cuyas obras serán representativas del neoclásico en Colombia.
Las tendencias racionalistas
y científicas, el agotamiento del estilo barroco, junto con el descubrimiento de
las ruinas de Pompeya y Herculano, sumado a la herencia de la Ilustración, se reflejaron en la
arquitectura europea con la aparición de la llamada "utopía neoclásica". A mediados del siglo
XVIII con epicentro en Francia, el neoclásico se identificó con la actitud de los
librepensadores e intelectuales, quienes estaban en contra de la aristocracia de falsas
apariencias y pelucas empolvadas. En España en cambio el barroco aún fascinaba y las
corrientes exploraban multitud de formas de ornamentación. Mientras que en Francia se
rechazaba la exageración, en España, a pesar de los esfuerzos de la Corona, el
neoclásico aburría.
Las academias serán los instrumentos para divulgar las nuevas órdenes y principios
técnicos. La academia de San Fernando en Madrid, entre otras, era el ente fiscalizador
que ordenaba los diseños a seguir.
Petrés había llegado en 1792 a Santafé de Bogotá para ejercer su oficio de arquitecto.
Nacido en Valencia (España), hijo de un albañil, luego de estudiar en Murcia, con un
maestro neoclásico, se unió a la orden de los capuchinos. Consagrado, se le consideró
como uno de los arquitectos más grandes del nuevo reino y se le confiaron obras
importantes, entre las que se destacan la Catedral y el Observatorio Astronómico de
Bogotá. Se le atribuyen también, la catedral de Santa Fe de Antioquia y la iglesia de
San Miguel, en Guaduas.
Este arquitecto dominaba el complicado juego de la arquitectura académica y se le
consideró como el único arquitecto cabal de su época. Científico y matemático, era
capaz de delinear en planos y en el espacio, los dictámenes de los Tratados y hacerlos
realidad. Para el diseño de la catedral utilizó el más austero y rígido de los
órdenes; el dórico,
dispuesto según las proporciones corrientes en las academias españolas.
Las obras avanzaron rápidamente, sin embargo, Petrés sufría quebrantos de salud y
murió incapaz de soportar las presiones de zozobra posteriores al 20 de julio de 1810,
situación que le creó un duro conflicto entre los intereses políticos de la comunidad y
su profesión.
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar
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Fuentes: Arango Silvia.
"Historia de la arquitectura en Colombia" Ed. Lerner 1991.
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Rueda, Jorge "Llega
la Ilustración". Historia del arte colombiano. Tomo VIII. Salvat 1977.
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