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Francisco Pereira compró en 1826 "un extenso globo de terreno calculado en 10.000
hectáreas", con bonos que le dieron en pago por el dinero que le había prestado al
Libertador. Hacia 1860 a estas tierras llegaron familias de campesinos caldenses, quienes
se encargaron de tumbar el monte para instalarse, sembrar e iniciar la ganadería. A
éstas se unieron algunos vecinos del Valle del Cauca llevados por el dueño de la tierra,
para detener la "colonización antioqueña". Políticamente se pretendía hacer
de este asentamiento un obstáculo para evitar la pérdida de poderío del Valle, y la
ciudad de Pereira se fundó, pues, con familias provenientes de Cartago. El hijo de un
colono contaba, alrededor de 1978: "Mi papá y unos compañeros salieron de Cartago a
fundar Pereira. Eran siete u ocho no más y con el padre a puro caballo andando por un
caminito que había. Allá mi papá distribuyó los solares y las tierras
agrícolas...".
Finalmente el esfuerzo fue infructuoso y
Pereira se consolidó como una ciudad caldense y antioqueña y en 1920 se había
convertido en el centro del eje cafetero.
Para esta época, escribe el historiador Jaime Jaramillo Uribe, "se produjo una
decisiva transformación del paisaje urbano: la pavimentación de calles, plazas y la
construcción en cemento de los primeros edificios. Comenzaba la era del cemento y atrás
quedaba la del ladrillo y la tapia".
Luego de la Guerra de los Mil Días (1899-1903), la recuperación del país tardó años
en estabilizarse; sin embargo, el auge de las exportaciones de café y el dinero obtenido
por la indemnización de Panamá, produjeron una bonanza económica que se reflejaría en
la construcción, tanto estatal como privada.
El edificio de Rentas Departamentales, construido en 1927, según consta en la fachada principal,
corresponde dentro de la historia de la arquitectura en Colombia al denominado período
republicano en su etapa más tardía. Contemporáneo al Palacio Arzobispal de Manizales y
la Estación de Armenia, se construyó en un costado de la Plaza del Mercado para albergar
las oficinas y bodegas, sede de las Rentas Departamentales.
La elegante construcción, cuya fachada enmarcada por columnas monumentales con
ornamentados capiteles
se encuentra coronado por un frontón triangular; en la parte superior está rodeada por una balaustrada adornada
con grandes copas representó, durante años, la época dorada de la ciudad.
Con el transcurrir del tiempo, como sucedió en muchas lugares del país, la zona comenzó
a deteriorarse; el centro dio paso a la periferia moderna y el edificio, si bien continuó
como sede de las rentas, perdió poco a poco su espacio físico dando lugar a otros usos,
ajenos a su concepción espacial y a su carácter. La inspección de policía funcionó
durante algunos años en el sótano y una serie de oficinas subutilizaban las antaño
elegantes del segundo piso. Construcciones alrededor, ventas ambulantes y el caos
urbanístico fueron haciendo del inmueble un lugar amorfo, abandonado y casi inútil.
En 1992 la Subdirección de Monumentos del Instituto Nacional de Vías, se propuso la
tarea de rescatar parte del patrimonio de la joven ciudad con la restauración de este
monumental inmueble, limpiándolo de adiciones, rescatando la fachada, las marquesinas y
los patios. Se aprovechó el manejo del espacio interior y las alturas de sus techos para
adaptarlos a nuevos usos. La obra dio nuevo impulso a la zona y se demostró la
importancia de recuperar la memoria arquitectónica, manteniendo la historia construida de
la ciudades.
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar
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Fuentes: Revista Proa.
Número 410, 1992
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April-Gniset, Jacques.
"La ciudad colombiana". Banco Popular.
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