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La historia de la industria de nuestro país está ligada a la historia del hierro y del
ferrocarril. La llegada de las nuevas tecnologías al territorio nacional trajeron consigo
la formación de las ferrerías, llamadas así porque fabricaban "fierro".
Estaban instaladas en lugares distantes de los centros urbanos principales, pero no
obstante poseían condiciones naturales favorables pues contaban con grandes yacimientos
de mineral de hierro, carbón y caliza, así como corrientes fluviales que permitían
mover las ruedas hidráulicas y yuntas de bueyes para el acarreo de los minerales. La
ferrería de Samacá en Boyacá, fue fundada en la década de 1850 por los técnicos
ingleses Martin Perry y Santiago Bruce e impulsada por José Eusebio Otálora. Debido a
los deseos de monumentalidad de los empresarios de la época, esta ferrería fue diseñada
por los técnicos extranjeros con un costosísimo alto horno, que desgraciadamente se
construyó en un terreno arcilloso, lo que produjo el hundimiento del horno desde la
primera fundición. El empresario colombiano no llegó a tener las características del
europeo, por lo que se recurrió a la ayuda de maestros y fundidores extranjeros,
presencia que se hizo notable como se demuestra en la nómina publicada en 1882, en la que
se daba trabajo a tan sólo 50 obreros colombianos.
En torno de la ferrería se crearon grandes núcleos sociales constituidos por hacendados,
abogados, comerciantes, buscadores de tesoros, prestamistas a interés, mineros,
exportadores de esmeraldas y cuyas instalaciones sirvieron de campamento militar a las
tropas del general Víctor Cardoso, según lo describe Manuel Briceño en su obra "La
Revolución 1876-1877", en donde se narra cómo "el 9 se septiembre acampó en
la ferrería de Samacá; sus soldados estaban rendidos de cansancio, y el enemigo estaba
sobre él. Al amanecer del 10 fue atacado por la columna que más cerca lo había
perseguido. Fortificado Cardoso en la casa de la ferrería con 160 hombres resistió
valientemente el ataque y rechazó a sus contrarios".
Las ferrerías del territorio nacional fueron apoyadas entre 1880 y 1882 por el gobierno
de Rafael Núñez con subsidios y exenciones, con lo cual la producción de hierro en
Colombia en 1883 llegó a 7.004 toneladas, cantidad inferior a la de Inglaterra en donde
se producían 2'841.000 toneladas anuales.
La ferrería de Samacá cerró sus instalaciones en 1884, debido a las dificultades
financieras producidas por el incumplimiento de las garantías y contratos por parte del
Estado y la competencia impuesta por la ferrería de La Pradera, que alcanzó a producir
alrededor de cuarenta toneladas diarias, mientras que Samacá producía siete.
Gracias a la iniciativa de los profesores Alberto mayor Mora y Anita Weiss de Belalcázar,
se declararon como Monumento Nacional, las ruinas de esta ferrería, así como las de
Pacho, La Pradera (Cundinamarca) y Amagá (Antioquia)
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Investigación y textos:
Pablo Castillo Muñoz.
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Fuentes: Mayor Mora,
Alberto. "Las fábricas de hierro en Colombia en el siglo XIX". Revista
Credencial Historia, julio de 1993.
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