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Los temblores y terremotos hacen parte fundamental de la historia construida de la ciudad
de Popayán. La arquitectura conventual payanesa sufrió cambios tras el gran terremoto de
1736 y sus edificios fueron transformados en la segunda mitad del siglo XVIII, rasgo que
les otorgará un carácter regional muy particular, unido a la influencia artística y
cultural quiteña, que aportara a la arquitectura conventual un grado mayor de
refinamiento.
El convento de San Francisco se fundó en el siglo XVI. Sin embargo, el edificio que se
conoce actualmente es el templo comenzado en los primeros años del siglo XVIII. La Corona
española, en 1753, reconoció y aprobó la importancia de las labores franciscanas en la
región y autorizó la transformación del convento en Colegio de Misiones de Nuestra
Señora de las Gracias. Este magnífico conjunto será el más tardío de la arquitectura
conventual payanesa, pero desde el punto de vista arquitectónico resultará también ser
el más interesante y complejo. La construcción del templo se inició el 14 de julio de
1775, diseñado y dirigido por el arquitecto catalán Antonio García. Veinte años más
tarde, la obra estuvo concluida y una Cédula Real advertía que era tan buena la
aquitectura que no valía la pena "ofuscarla con figuras y adornos
extraordinarios".
El templo es el más rico de la ciudad y en éste resaltan todas las artes: arquitectura,
pintura, imaginería y mobiliario. Su interior consta de una gran nave central y dos naves laterales, con capillas comunicadas a
través de arcos tallados en piedra. Los camarines en madera, los más originales
de la ciudad, son obra del arquitecto español, fray Antonio de San Pedro, y constituyen
una serie de cuerpos casi independientes. La fachada principal, de estilo barroco para los
especialistas, es una de las más monumentales que dejó en la Nueva Granada la
arquitectura del siglo XVIII, y se atribuye al mismo Antonio García.
El púlpito de la
iglesia de San Francisco es uno de los elementos decorativos más interesantes. En el
arranque de su escalera, una mujer sostiene en brazos una piña y en su cabeza soporta una
cesta de frutas. En la baranda, toda calada, se entrecruzan pájaros de colores,
enredaderas, flores y frutos. Esta mujer soporte, llamada "indíatide", es un
claro ejemplo del llamado mestizaje de las artes, donde se acusa la intromisión de la
mano indígena en los colores y los elementos superpuestos a las órdenes barrocas.
El Hotel Monasterio ocupa actualmente la mayor parte de lo que antaño fuera el conjunto
del convento, levantado en 1750. Con la desamortización de "manos muertas",
ordenada por el payanés don Tomás Cipriano de Mosquera, el edificio sirvió de cárcel,
juzgado y cuartel militar. En los años 40 se le adecuó como hotel, superponiendo
detalles que le llevaron a perder sus valores originales.
La iglesia de San Francisco sufrió daños severos con el terremoto de 1983 y fue
restaurada tras un exhaustivo trabajo por la Subdirección de Monumentos Nacionales del
Instituto Nacional de Vías, con el apoyo de la Agencia de Cooperación
Iberoamericana,obra que se concluiría en 1996.
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar.
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Fuentes: . Instituto
Colombiano de Cultura. 1996.
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Téllez Germán, "Las
órdenes religiosas y el arte". Historia del arte colombiano. Tomo VI. Salvat. 1977.
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Sebastián Santiago,
"Arquitectura Colonial en Popayán y Valle del Cauca". Universidad Nacional del
Valle. 1995.
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