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El Libertador Simón Bolívar, agobiado por la enfermedad producida quizá por la
desilusión de no ver realizado su sueño de una Gran Colombia formada por las repúblicas
que liberó, pasó los últimos días de su vida en el destierro voluntario. El 17 de
diciembre de 1830 murió rodeado por sus fieles amigos. Sus restos fueron depositados
transitoriamente en la Casa de la Aduana, antes de ser sepultados en la Catedral de esta
ciudad; posteriormente fueron trasladados a Caracas (Venezuela). Bolívar había llegado
el 6 de diciembre de 1830 a una hacienda, ofrecida para su alojamiento por don Joaquín de
Mier, que había sido fundada en 1608, el día de San Pedro de Alejandría, a lo cual debe
su nombre. Construida inicialmente como casa de campo por don Francisco de Godoy
Cortesía, contaba ya en 1700 con las construcciones principales y en ella se ciltivaba
caña de azúcar, cocos y algunos árboles frutales, y funcionaban aún los trapiches,
destilerías, bagaceras y caballerizas a la llegada del Libertador. No obstante el buen
clima y las atenciones recibidas, el Libertador cayó enfermo a los pocos días, teniendo
algunos momentos de lucidez que le permitieron dictar su ya célebre testamento político.
Tras la muerte del Libertador, la hacienda fue abandonada hasta 1891, cuando fue adquirida
por el departamento del Magdalena. Se estimó que lo único que aún se conservaba en buen
estado eran los muros y que el resto de los edificios tenían sus techos caídos y paredes
cuarteadas, y la mayoría de objetos pertenecientes a la capilla habían desaparecido. Don
Ramón Goenega, gobernador del Magdalena en ese entonces, adquirió los terrenos y ordenó
repararar los edificios tratando de conservar la estructura de estilo mediterráneo que
poseía en 1830. Fue encargada a Pedro E. Montarbolo la fabricación de una estatua del
Libertador en mármol, realizada en Génova (Italia), obra que fue presentada en público
el 17 de noviembre de 1891. El Altar de la Patria, inaugurado en 1942; la biblioteca
Revérend, creada en 1947; el Jardín de las Esculturas Monumentales, los espejos de agua
y las graderías adosadas al terreno y mimetizadas por el bosque circundante, hacen parte
del conjunto arquitectónico adicionado a las antiguas construcciones de la hacienda, en
donde hoy se encuentra la sede del Museo Contemporáneo de Arte Bolivariano, que cumple la
función de unir a los pueblos Bolivarianos, gran sueño del Libertador, a través del
arte y en donde se pueden apreciar las célebres acuarelas sobre San Pedro Alejandrino del
vicecónsul británico Edward W. Mark, pintadas en 1842, doce años después de la muerte
de Bolívar.
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Investigación y textos:
Pablo Castillo Muñoz.
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Fuentes: "La
Quinta de San Pedro Alejandrino". Corporación Nacional de Turismo. 1986
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