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El oro, la aventura y la promesa de riquezas no fueron los únicos móviles para llegar a
las recién descubiertas "Yndias Orientales". La posibilidad de "salvar
almas" y reclutar fieles atrajo a diversas órdenes religiosas. A partir del tercer
viaje de Colón, las órdenes del rey fueron claras; ninguna población podía fundarse
sin contar con un cura designado por el Consejo de Indias, además, el primer edificio en
levantarse debería ser obligatoriamente una iglesia. "Caciques e Indios de Tierra
firme -proclamaban los representantes de la Corona- os haremos saber que hay un Dios, un
Papa y un rey de Castilla que es el amo de esta tierra ... Abandonad vuestros falsos
dioses, adorad al dios de los cristianos".
Así se propagaba la fe, y en los lugares
donde había una mayor concentración de indígenas y éstos lo permitían pacíficamente,
los españoles construyeron Centros Doctrineros como el Conjunto de Sutatausa; un espacio
para facilitar la evangelización. En septiembre de 1594, el licenciado Miguel Ibarra,
comisionado por la Real Audiencia, ordenó la construcción de "una nueva iglesia en
el pueblo de Suta, de tapias, ladrillo, madera y teja con sus correspondientes ventanas y
puertas". Se advirtió la simplicidad del esquema del templo, con una nave única y capillas laterales a
la altura del presbiterio,
el atrio cubierto y
las cuatro posas
que, con la casa cural, conformarían el espacio de la plaza. Así, pues, una iglesia
central, la casa cural, la cruz atrial -símbolo de la nueva fe-, una capilla para los
españoles, la plaza y las capillas posas constituyeron generalmente los llamados
conjuntos doctrineros. Para los indígenas era más fácil adaptarse al espacio abierto y
no entrar a la capilla. Entonces esta área libre cumplió una doble función: la de ser
una prolongación del templo para predicar y propagar las doctrinas, y la de ser un
espacio con carácter cívico, cuyo trazo luego será regulado por las "leyes de
Indias".
El conjunto de Sutatausa es uno de los pocos que se conserva y el único en el que no se
tumbaron las capillas "posas", iglesias en miniatura, decoradas y perfectas,
donde se detenía el Santísimo Sacramento a "posar" durante las procesiones. En
la mayoría de los casos, éstas se reemplazaron por construcciones más importantes
dentro del núcleo socioeconómico de la plaza mayor.
Recientemente restaurado por la Subdirección de Monumentos del Instituto Nacional de
Vías (1 994), se recuperaron no sólo los edificios sino la pintura mural, la cual se
utilizaba como vehículo para adoctrinar a los aborígenes. Vale destacar el hallazgo,
entre ésta, de la esposa de un cacique muisca vestida con la manta típica, los caciques
donantes vestidos a la europea, las vírgenes y reinas, además de las flores de lis, las
hojas, frisos y demás adornos.
Investigación y Textos: Jimena
Montaña Cuéllar
Fuentes: Arango Silvia "Historia de la arquitectura en Colombia". Universidad
Nacional Ed. Lerner, Bogotá 1993 y Tovar Gil , Francisco "Un arte para la
propagación de la fe". Historia del Arte Colombiano Tomo VI Ed, Salvat 1977.
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