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Saliendo de Quibdó, hacia el sur, por una carretera rodeada por el característico bosque
tropical húmedo, donde lamentablemente y con mucha frecuencia se ven apiladas grandes
cantidades de vigas de madera recién cortadas de manera indiscriminada, se cruza el río
Atrato por el moderno puente de Yuto, y posteriormente el río San Juan, para llegar a la
población de Tadó, donde sin duda la construcción más importante es su iglesia.
San Francisco de Tadó se fundó como sede
para albergar colonos españoles y esclavos negros, encargados de la explotación de las
minas de oro y plata de la región. Una vez asentados en ella, los españoles construyeron
el templo para los oficios religiosos, primera edificación alrededor de la cual se
erigiría la ciudad, según mandato dictado por las Leyes de Indias. La primera
construcción data de 1715, y según consta en las crónicas conservadas en el archivo de
la iglesia, se levantó un templo en madera, aprovechando la abundancia de ésta en la
región. De la primera fundación se conservan aún el trazado y en el tesoro de la
iglesia las campanas fundidas en bronce en 1743. Según los registros eclesiásticos
archivados desde 1740, la parroquia pasó rápidamente de manos de los franciscanos a
sacerdotes seculares y se dividió en la doctrina de los naturales de San Francisco de
Tadó y la .
En 1899, la Guerra de los Mil Días afectó duramente la región y la iglesia fue
abandonada hasta 1912, cuando el cura parroco Demetrio Salazar, se encargó de
reconstruirla añadiendo dos torres confeccionadas en lámina de zinc y la estructura
exterior en latón.
La fachada se finalizó en 1918, cuando además se pintó y decoró la cúpula por orden del
párroco. El pueblo de Tadó fue víctima de varios incendios y la mayoría de
construcciones en madera fueron consumidas, el último en 1941 arrasó gran parte del
pueblo y el cura Francisco Onetti se dedicó entonces a reconstruirlo. En 1945, por esta
acción, la Chocó Pacífico le donó un reloj que instaló él mismo, en la torre norte.
La iglesia de Tadó es un templo en madera de tres naves, y su exterior y cubierta están
enchapados en láminas de latón, particularidad que lo distingue, a la vez que lo protege
de las permanentes precipitaciones. La fachada principal, con dos torres de planta cuadrada y tres
cuerpos en estructura de madera, está cubierta en latón galvanizado y recortado,
formando flores y figuras geométricas. En el interior, la nave central es la más amplia
y la más alta de las tres, conformada por arcos rebajados de madera, pintados y
decorados profusamente con flores y frutos. Se logra una adecuada ventilación cruzada a
través de las ventanas que se localizan sobre los arcos que conforman la nave central, y cuenta
con una (pequeña torre para iluminar) construida en madera y también recubierta de zinc,
que en su interior forma una cúpula decorada con figuras de ángeles.
Sorprende el excelente trabajo en latón recortado, que recubre la estructura en madera,
formando con el material elementos únicos, como arcos, pilastras, capiteles y molduras, ricamente decorados
con formas geométricas y vegetales. Las celebraciones religiosas cobran especial
importancia gracias a la activa participación y los cantos que, con fervorosa emoción,
entonan los feligreses.
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar.
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Fuentes: . Subdirección
de Patrimonio. Instituto Colombiano de Cultura. División de documentación.
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