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Arquitectónicamente, una de las obras más importantes erigidas durante el siglo XIX en
Colombia, además del Capitolio Nacional (Santafé de Bogotá), fue la catedral de
Villanueva en Medellín. A pesar de todas las vicisitudes y su largo proceso de
construcción, se logró una magnífica obra original, que trasciende la época en la que
se ejecutó.
Se desconocen los detalles de la escogencia
del primer diseñador, el ingeniero italiano Felipe Crosti, quien llegó al país
especialmente para hacerla. Sin embargo, existen las notas originales en las que traspone
sus exigencias: «Una calera que se encuentre a la menor distancia posible del lugar...»
y «que se dé principio a la construcción de dos tejares para los efectos que
oportunamente indicará el suscrito». Así, entonces, el 17 de mayo de 1875, monseñor
Valerio Jiménez, obispo de Medellín, ordenó la iniciación de los trabajos y advirtió
no interrumpirlos «sino por causas graves, cuya calificación se reserva el prelado».
Monseñor Jiménez tenía grandes esperanzas
en esta gigantesca obra, la cual se construiría en la Plaza de Bolívar, en el entonces
nuevo sector de Villanueva, al norte de la ciudad de Medellín, y que sería sede
episcopal de la diócesis de Medellín y Antioquia. Tras un acuerdo posterior con sus
constructores «señalaremos oportunamente las dimensiones, divisiones y subdivisiones del
edificio, como igualmente su forma de arquitectura, todo lo cual procuraremos sea lo más
elegante y sólido posible». Sin embargo, en el año de 1883, la construcción de los
cimientos fue suspendida, debido, entre otras circunstancias, a la ineficiencia del
ingeniero italiano y a la frágil situación económica y política del país. Cinco años
más tarde, el en ese entonces obispo de Medellín, preocupado por la situación, decidió
enviarle los planos al arquitecto Louis Douillard, en París. El arquitecto francés,
encontrando serios errores e incon- sistencias en el proyecto del ingeniero italiano y
ante la imposibilidad de viajar, propone a uno de sus discípulos y lo recomienda
ampliamente: «Trabaja desde hace ocho años bajo mi dirección, es uno de los alumnos
más lucidos de la Escuela de Bellas Artes y además es un cristiano modelo, tiene 25
años y está intacto». El recomendado, de nombre Charles de Carré, marcará un hito en
la historia de la arquitectura en Colombia.
Para ese entonces, Carré estaba al mando de
las obras del Sagrado Corazón de Montmartre en París, y llega a Medellín en 1889 con un
contrato por cinco años. Un año más tarde, los planos y el nuevo diseño fueron
aprobados y se continuó la obra bajo su dirección hasta 1894. En 1919, el italiano
salesiano Giovanni Buscaglione, diseñó los altares, el púlpito y el coro. Finalmente,
la obra se logró terminar en 1931.
La Basílica, como se le conoce por su
disposición arquitectónica y espacial, fue concebida dentro de los parámetros del
estilo románico, predominante en Europa durante los siglos XI y XII. La catedral, con un
área de 5.022 metros cuadrados, es uno de los edificios en ladrillo cocido más grandes
del mundo, en su construcción se utilizaron 1'120.000 ladrillos pegados con argamasa.
Resulta interesante hacer el tradicional
Paseo a Oriente, pasando por el Alto de las Palmas y el municipio de El Retiro, mientras
disfruta de las arepas de chócolo y la conocida bandeja paisa.
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Investigación y textos:
Jimena Montaña Cuéllar.
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Fuentes: Arango Silvia
"Historia de la arquitectura en Colombia". Editorial Lerner. 1993.
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Castro Dicken "La
arquitectura hasta los años 30" Historia del arte colombiano. Tomo X. Salvat. 1977.
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