|
INDICE
|
|
PRÓLOGO AL LECTOR
En este Segundo Tomo
te ofrezco, amado lector, la
sencilla relación de la segunda parte de mi peregrinación y viaje a
la India Occidental, que vulgarmente ¡laman el Perú, sin crítica
ninguna, sino sencillamente como me fuere acordando de lo que allí
me pasó; y aunque los trabajos fueron muchos, y tan malos de pasar,
que como Isaías puedo decir “Torcular calcavi solus”
(Isai. cap. 63, v. 3). No tengo ánimo de escribir los tragos
amargos que bebí ya porque no conviene, y yo sólo sé la razón, y ya
también porque no es del caso relatar tristezas en una relación
divertida; y así sólo lo forzoso, como verás leyendo este tomo, iré
relatando. Mas también será forzoso dejar gran parte de las
Provincias, porque yo no las anduve por entero, y aun de lo que en
ellas anduve o no me informé de los pueblos, o con el tiempo se me
han olvidado sus nombres. Y como ya noté en el Tomo Primero,
yo no tenía intención de volver jamás a España, no fui notando
las cosas con curiosidad, ni jamás, aunque después por fin volví me
llegó a la fantasía que yo me había de meter a escribir mi viaje.
Ya pero que llegó la ocasión de hacerlo, diré solamente lo que vi o
supe de persona verídica, entretejiendo las cosas más raras que
allí v
i
o informado supe que era así verdad. Y de lo
que aquí hallarás escrito bien podrás imaginar que muchas más, y
más raras y maravillosas habr
á
y ahora me pesa la
poca curiosidad que tuve en inquirir sobre ello. Y doy por cosa
cierta que si uno fuera allá y anduviera no más lo que yo anduve, y
notara sólo las cosas raras y maravillosas que allí hay, se
pudieran hacer muchos tomos de ello. Y aquí hallarás algunas tan
contra la razón natural, que sólo viéndolo una persona por sus ojos
lo puede creer. Y para afirmarlo puede ser sola razón decir: así
es, y yo lo vi. Porque el Autor de la Naturaleza, que encerró
tantas maravillas en el gusano de seda, y éstas las tenemos
prácticas a los ojos, y por ello podemos decir que lo creemos, bien
podrá haber encerrado allá otras semejantes maravillas, y mayores
también. Y aunque a nosotros nos parezca que repugnan, no es así
sino no comprender nosotros aquel modo de obrar de la naturaleza.
Bien contemplo que habrá quien diga: Esto no puede ser verdad. Y yo
desde ahora le respondo que vaya allá a verlo y quedará satisfecho
de que es como aquí iré, queriendo Dios, relatándolo, sin meterme a
discurrir filósofo ni metafísico, sino histórico y natural.
Vale
.
|