DEL EDITOR ACADEMICO AL LECTOR

Una de las regiones de Colombia menos conocida e investigada es la Orinoquia. Más aún, los estudios profundos y sistemáticos que se han realizado sobre esa inmensa cuenca permanecen en el olvido o en la indiferencia y nunca llegaron al gran público tanto regional como nacional. Para el colombiano medio este territorio significa “llanura, soledad y viento”.

DEL EDITOR ACADEMICO AL LECTOR

Una de las regiones de Colombia menos conocida e investigada es la Orinoquia. Más aún, los estudios profundos y sistemáticos que se han realizado sobre esa inmensa cuenca permanecen en el olvido o en la indiferencia y nunca llegaron al gran público tanto regional como nacional. Para el colombiano medio este territorio significa “llanura, soledad y viento”.

Si bien es cierto que los llanos herbáceos que señorean sobre una gran parte de la planicie constituyen el paisaje más típico de la región oninoquense, también lo es que en la cuenca del Orinoco hay mucho más que eso: Andes, selvas, serranías, planicies de erosión, etc. El desconocimiento de tal realidad afecta gravemente la visión de los problemas y las posibilidades allí presentes, porque reconocer sólo una parte de la realidad significa la exclusión de aquellas otras que no se quieren o no se pueden ver.

Consciente de ello, el Fondo para la Protección del Medio Ambiente “José Celestino Mutis” FEN-Colombia, convocó a un selecto grupo de especialistas sobre la Orinoquia para que hiciesen un resumen, lo más completo posible, sobre la conformación de toda la zona orinoquense de Colombia y las relaciones entre su sociedad y su espacio como elemento unificador delimitador se tomó la hidrografía, enmarcando el estudio en la cuenca del Orinoco en territorio colombiano. Ello significa salirse de la planicie y ascender los Andes y las sierras guayanesas (como la Macarena) hasta las nacientes de todos los ríos tributarios del Gran Orinoco. Igualmente, significa empujar los límites hacia el sur del río Guaviare entrando a la selva hasta encontrar la bifurcación con los ríos que drenan hacia el Amazonas: el Guainía-Río Negro, el Vaupés, el Apaporis, el Caguán.

Aunque se usó la hidrografía como el elemento que mejor podía darnos la visión regional orinoquense, ello no quiere decir que ésta sea la única caracterización posible. Por ejemplo, el Corpes engloba en su concepción de Orinoquia los departamentos cuyas capitales se encuentran en la planicie oriental dentro de la cuenca; y por sus relaciones históricas- económicas, le agrega el Departamento del Vaupés, perteneciente a la cuenca del Amazonas. En realidad, las regiones se analizan de acuerdo con elementos que varían según el punto de vista adoptado por los investigadores: morfología, vegetación fauna, hidrología, economía, historia, etnología, política, etc. Lo importante es tener claro el por qué se usa un determinado indicador y mantenerlo sistemáticamente.

Detrás del presente estudio está la preocupación por el manejo ambiental y la sustentabilidad de los recursos. Especialmente por el manejo de las aguas en una de cuencas hidrográficas más ricas del planeta pero, a su vez, de mayor fragilidad. La vertiente andina que desciende hasta la planicie es demasiado abrupta y los ríos que nacen allí literalmente se desploman centenares de metros por cada kilómetro de recorrido horizontaL La capacidad erosiva de ellos resulta muy grande y se aumenta con la acción del hombre: por medio de la tala de. los bosques, la construcción de carreteras y el pésimo manejo de las tierras agrícolas. El. poblamiento masivo de la vertiente Andino-orinoquense representa una catástrofe potencial si continúa con la fuerza y la falta de planificación actual.

Igualmente, los importantes descubrimientos petroleros en Arauca, Casanare y Meta están causando innumerables efectos ambientales directos e indirectos sobre las cuencas hidrográficas, la flora y la fauna.

Tales efectos no provienen tanto del manejo de los crudos sino de la tupida malla infraestructural que exige tal industria. Principalmente las carreteras a los pozos, el tendido y mantenimiento de los oleoductos, poliductos y gasoductos, las plantas de almacenamiento y los campamentos. A su vez, la telaraña infraestructural petrolera atrapa gente como si fuesen moscas atraídas por la facilidad en las comunicaciones, las fuentes de empleo, la valorización de la tierra y la ampliación del mercado. Todos los espacios libres se copan y saturan generando una súbita demanda sobre los recursos sin dar tiempo para establecer reglas claras de utilización. Es la piñata de los recursos, en donde cada cual usca agarrar lo máximo posible sin importarle qué y a quién pueda atropellar en su loca corrida. Es necesario controlar todo esto para que el espejismo de la riqueza no se transforme luego en pobreza total, cuando se descubra que el tesoro no estaba en el petróleo sino en la tierra que lo guardaba.

El piedemonte orinoquense es actualmente la región de Colombia con el más alto índice de crecimiento poblacional. De la noche a la mañana surgen pueblos de la nada; los pueblos se convierten en ciudades en urbes. El llanero raizal ha perdido rápidamente sus puntos de referencia y le resulta muy difícil crear una cultura nueva ante las avalanchas de cambios que se suceden uno tras otro. La Orinoquia se urbaniza a una velocidad de vértigo pero mantiene algunos referentes culturales de su largo período rural, los cuales pueden pemitirle mantenerse a flote. Especialmente la idealización del hato ganadero y la dura libertad del vaquero en la llanura abierta han servido para mantener el sentimiento identificatorio indispensable para no llegar al caos. El culto al caballo y la vaquería reflejado en el deporte del coleo, la tradición culinaria de la “mamona” o ternera asada, que siempre ha sido parte de la vida de los hatos. Además, la música “llanera”, originada en las misiones y haciendas de los jesuitas en donde se introdujo el arpa como instrumento de oficio religioso entre los indígenas y los esclavos negros; ellos se encargaron de difundirla por los hatos y pueblos, mezclándolo con el cuatro y los capachos en la música popular. Esas tradiciones han demostrado ser herramientas muy poderosas para sostener la unidad y, más aún, para “llánerizar” a los “guates” andinos. Un migrante se torna llanero en una sola generación mientras que, por ejemplo en Bogotá se requieren tres para tornar los migrantes en bogotanos. La falta de tradiciones identificatorias es un fuerte obstáculo para la unidad. La cultura no es un lujo, es una necesidad.

La historia y la geografía son también elementos identificatorios, en cuanto muestran los procesos de creación social del territorio y su producto espacial. La historia de la Orinoquia se caracteriza por un sino trágico en donde cada período está señalado por la destrucción casi total de la población y su enmarca: la época precolombina, que según indican las últimas investigaciones arqueológicas fue más importante de cuanto se creía hasta hoy, fue cruelmente arrasada por la conquista española; igualmente, el intenso trabajo reorganizador de los misioneros coloniales terminó con. las guerras de independencia que llevaron a los pueblos, los hatos, la economía y los habitantes muy cerca de la extinción total. Ya a mediados del siglo XX, la recuperación difícilmente lograda durante 130 años tuvo el enorme daño de la Violencia: miles de muertos, pueblos quemados y bombardeados y hatos abandonados fueron e! saldo de ese cruento período. Hoy se vislumbra la redención de la Orinoquia, pero las huellas de tantos años de sufrimiento durarán mucho tiempo en la historia y en el paisaje.

 

 

 

 

Chorro de Ventanas a 30Km de Puerto Carreño aguas arriba del río Orinoco.
Lugar conocido corno Mis Amores, cuyas piedras según las creencias locales
son hábitat de un caimán gigante.
Foto - María Claudia Díazgranados

Actualmente se presentan en la región dos grandes bonanzas: una legal, el petróleo; otra ilegal, la coca. Ambas generan enormes ingresos monetarios que están irrigando generosamente la economía oficial y particular e impulsando cambios infraestructurales sin precedentes en Colombia. Aunque no se pueden ver las dos bonanza con una misma óptica, ya que la çoca produce daños gravísimos sobre la sociedad en general, hay ciertos efectos económicos relativamente compatibles por su perversidad, es decir, contrarios a los buscados.

Como fue analizado magistralmente para Venezuela por Roberto Briceño-León en su libro los efectos perversos del petróleo, la explotación petrolera genera ingresos por regalías para las regiones, que tienen el efecto de transformar a las sociedades receptoras en rentistas. Prácticamente se alquila el subsuelo y el suelo a cambio de un porcentaje de las ganancias y ese .lucro transforma una sociedad productora en una sociedad derrochadora. Los incentivos para generar riqueza real se acaban, ya que es difícil encontrar alguna actividad que dé ingresos tan altos como el petróleo. Ya no es rentable producir y, por eso, la economía se concentra en el sector terciario, especialmente en la venta de artículos, de lujo, y en la especulación inmobiliaria. Nada se produce, porque es más barato importar debido ajos altísimos costos de la mano de obra que tiene como base salarial la ofrecida por las empresas petroleras.

Otro problema concomitante es. la conversión de los puestos públicos en una forma de participar en la renta petrolera. La corrupción administrativa deja de ser un delito para convertirse en un derecho adquirido a fin de sacar la parte que a cada cual le corresponde de la riqueza colectiva. Ello no solo produce corrupción sino que, además, anarquiza la administración públiça conduciéndola a su parálisis.

La coca también tiene efectos económicos perversos parecidos a los del petroleo, en el sentido de que acaba con todas las demás actividades productivas porque las encarece excesivamente. Los salarios-coca no permiten la producción agrícola; la gasolina-coca, que se compra a precios enormes, encarece el transporte; el cemento-coca, comprado cinco o diez veces por encima del precio medio nacional para usarlo en la extracción dé la cocaína, encarece la vivienda; y el derroche de los coqueros produce efectos inflacionarios que hacen la vida muy difícil para el ciudadano honrado. La coca  es, por lo tanto, el beneficio para unos pocos a costa del bienestar de la mayoría. Y eso sin contar con los efectos sobre la moral pública al crear el espejismo del dinero fácil., especialmente en la juventud.

En los análisis realizados por los diversos autores que enriquecieron con sus aportes esta visión general de la Orinoquia, se reflejan la formación científica de cada uno de ellos y el estado de los diversos problemas enfocados. Entre los economistas y planificadores se nota el optimismo generado por el gran desarrollo actual de la Orinoquia; evidentemente, hay un crecimiento acelerado, impulsado por los grandes aportes en dólares que está generando el petróleo Los cambios son muchos y ellos se aprecian en más trabajó; mayores ingresos per cápita y en el mejoramiento de la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento. Pero los ecólogos y sociólogos miran la otra cara de la moneda: ese ‘tipo de’ crecimiento no es sustentable en’ la forma como se está llevando a cabo actualmente. Los daños al ecosistema ya están alcanzando niveles irreversibles y no hay planes consistentes para detenerlos. Igualmente el crecimiento masivo de la población no está dando tiempo para planear adecuadamente el futuro que se puede ofrecer a los ,desheredados de las bonanzas, que son la mayoría. Son más las necesidades que se van creando frente a las que se van solucionando. El pasivo crece y amenaza el porvenir.

 

Orinoquia se encuentra entre un pasado de violencia y pobreza, fue necesariamente  debe superar, y un posible futuro de riqueza y verdadero desarrollo, que depende mucho de las decisiones que sean tomadas hoy. Este libro apuesta a favor de ese futuro.

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