Las diferentes interpretaciones de este mensaje, se relacionarán directamente con los elementos culturales que posea el decodificador (la persona a quien va dirigido el mensaje), para poder extraer de él la información contenida.

En los dos rituales mencionados, es claro que la ideología que se transmite a través de su práctica es la católica, por las deidades a quienes se dirigen y por ser tradiciones traídas por los españoles, que utilizan de manera sincrética la música de los habitantes de la región como elemento importante de acompañamiento en la ejecución del ritual. En la actualidad estos rituales tienden cada vez más a desaparecer para ser reemplazados por costumbres más citadinas. De todas formas es interesante observar que son costumbres que se han conservado durante varios siglos y que sólo hasta hoy, ante el avance de los medios de comunicación, han tenido que ceder terreno a otras formas de expresión y de transmisión de la ideología.

Dentro de los rituales llaneros con carácter profano más conocidos está el de las famosas Cuadrillas de San Martín. Este ritual, que lleva más de dos siglos representándose, sintetiza la influencia en la formación de nues­tra cultura de los tipos raciales indígena, español, negro y moro. San Martín es uno de los pueblos más antiguos de los Llanos; fue fundado en 1555. El espectáculo de las cuadrillas fue creado por un sacerdote español, cura párroco de San Martín, en 1735 y a partir de ese año se celebra todos los 11 de noviembre. El espectáculo ecuestre está compuesto por cuatro cuadrillas de doce jinetes cada una. Cada cuadrilla representa a los siguientes grupos étnicos: Guahibos, Negros, Moros y Blancos simbolizando los razas que se mezclaron en la formación del criollo colombiano. Durante el acto ritual se interpretan diez escenas, que están relacionadas con el encuentro brutal y la fusión posterior de las razas mencionadas, pasando por la conquista, la colonia, la independencia y la república, con una gran riqueza expresiva, sobre todo por el movimiento y las figuras de los jinetes en sus desplazamientos por el campo ecuestre.

Dentro del ritual profano de las Cuadrillas de San Martín cada una de las escenas representadas está asociada a un recorrido diferente, cuyo contenido simbólico está dado por una mímica particular. La narración gestual representada se ha conservado durante varios siglos, transmitiendo de generación en generación un código biológico que tiene como oposición fundamental la vida versus la muerte, que en última instancia le da sentido y legitimidad a la representación. En cada una de las escenas, la vida termina imponiéndose en los combates que libran entre sí los grupos étnicos representados; siempre hay un vencedor que logra imponer sus condiciones de sometimiento, encargándose a su vez el ritual de transmitir la ideología de ese vencedor. Así vemos como el estudio de los gestos y la gestualidad en una cultura proporciona informaciones invaluables que ponen de manifiesto y transmiten relaciones de tipo religioso, político y social.

 

Relación del espacio y la cultura

El paleontólogo Leroi-Gourhan afirma que para todo grupo humano el hábitat responde a una triple necesidad:

la de crear un medio, un instrumento de supervivencia económica técnicamente eficaz;

la de asegurar una distribución espacial al sistema de relaciones sociales, y

    la de poner orden al cosmos; esto es organizar desde un centro material y simbólico, el universo circundante y, a su vez, soportar una imagen ordenada del universo  9

La necesidad de tener un espacio delimitado para el accionar cotidiano del individuo, es una de las condiciones básicas, de realización de cualquier especie humana o animal. El espacio es el que marca las fronteras entre uno y otro grupo, pero a su vez es el que permite que las interacciones se efectúen a partir de una noción de pertenencia, que da la seguridad para que la comunicación que se busca sea efectiva. Sin espacio, los conflictos aparecen y la comunicación se cierra.

La historia de la humanidad está plagada de invasores que han despojado de sus territorios a pueblos, naciones y grupos humanos. La Oninoquia no es una excepción y la historia de la región está determinada por la historia de los desalojos, primero de los indígenas por parte de los españoles, luego de los indígenas por parte de los criollos, de los colonos por la violencia, de los indígenas por los colonos; es una historia que hasta el presente no termina.

Estos desalojos casi permanentes, al menos para una parte de la población, generan algunos rasgos particulares en las expresiones culturales que veremos más adelante cuando hablemos de los colonos.

La relación espacial de las otras dos subculturas, la del llanero criollo y el citadino, está determinada por las oposiciones básicas que le dan significación a su imaginario proxémico. La primera de estas oposiciones es la de espacio abierto y espacio cerrado. Para el llanero criollo su macrocosmos es la llanura inmensa, es la esencia del espacio abierto sin límites. Por su parte el llanero citadino ha restringido ese espacio al urbano, su hábitat se transformó en un espacio cerrado, limitado por las propias fronteras de la ciudad. Los dos tipos de espacio dan origen a formas diferentes de relacionarse con él, apareciendo la segunda oposición fundamental de significación aquí y afuera. En el análisis de esta oposición es necesario considerar la persona que habla y la que escucha, el destinador y el destinatario.

Cuando el que habla es el llanero criollo, el aquí y los elementos que lo constituyen son los que los hacen diferentes del que está afuera, que no está en la llanura, que está en la ciudad. Esos elementos están relacionados no sólo con él espacio geográfico ocupado, sino también con la forma como el llanero criollo se relaciona con ese espacio.

El modelo espacial del llanero criollo está conformado por un centro material que organiza su cosmos, el hato. Al interior del hato, el microcosmos gira alrededor de la vivienda del patrón y de la suya, en caso de habitar en una fundación. 10  La forma económica de explotación, el hato, genera una forma de vida puesto que el llanero criollo prácticamente carga con su "casa" al hombro durante sus desplazamientos por la llanura en busca de trabajo y durante el traslado del ganado de una parte a otra. Así, lleva la capotera donde introduce la hamaca o chinchorro, el bayetón o poncho de paño para protegerse de la lluvia (en la actualidad se ha cambiado por "el encauchado", una especie de capa hasta los pies, hecha de plástico), y la carne seca o frita que lleva en el pollero 11 sobre el anca del caballo.

Incrustaciones de piedrecitas cuarcíticas sobre una tabla untada de goma
peramán para fabricar ralladores de yuca. Estos ralladores son artesanías
de trueque muy valiosas en el alto Orinoco y Río Negro. Rio Isana.
Foto: Koch- Grünberg

El aquí determina también los elementos que permiten al llanero criollo ser diferente del que está afuera, del citadino. Esta oposición llanero criollo ¡ llanero citadino señala la frontera entre lo tradicional y lo conservador frente a lo moderno y evolucionado. Sin embargo, el proceso diferenciador todavía no está terminado, sigue en curso, es un proceso joven que comenzó hace sólo unas décadas. Por esto el llanero citadino conserva todavía mucho de su arraigo a la llanura, a algunas costumbres que se originaron en el trabajo del ganado, como el coleo; a algunos alimentos que se comían en los trabajos del Llano, como la carne salada. Por su parte el llanero criollo ha incorporado algunos de los elementos de la modernidad a su vida cotidiana: el televisor, el radio y en algunos hatos la telefonía celular.

En el modelo espacial del llanero se encuentran confrontadas dos lógicas del espacio, dos topologías; cada una de ellas se expresa a través de elementos que le son propios. Así tenemos una tipología de lo homogéneo, expresada en elementos como el geográfico, el social y el político y una tipología de la diferencia, en la que el tópico es el de los lugares y no el de las partes, en la que las diferencias se integran y no se yuxtaponen. Tanto en el imaginario del llanero criollo como en el del citadino, el espacio geográfico por excelencia es la inmensidad de la llanura; el espacio social gira en tomo a la familia nuclear y el espacio político está determinado por las actividades de esta índole, que se ejercen en los poblados y las ciudades. Las diferencias que se manifiestan a nivel del espacio geográfico habitado llanura-ciudad, se integran para dar origen a un imaginario que a pesar de tener diferencias caracterizadas por la oposición rural no rural, se muestra como un conjunto homogéneo que distingue al llanero del colombiano dé cualquiera otra región.

La ciudad se contrapone al pueblo en cuanto a la extensión espacial que ocupa; sin embargo, estos dos espacios topológicos comparten en su organización espacial interna algunos rasgos que caracterizan las ciudades y los pueblos de Colombia. La organización comporta tres redes que se superponen entre sí y que cumplen una función.

La red urbana se construye alrededor de un centro topográfico simbólico, el espacio político, que funciona en el centro de la ciudad o del pueblo, cuyo significante semiótico es el poder, puesto que en el centro de la ciudad están concentrados los sitios en que se ejerce el poder tanto político como religioso: la catedral y el palacio de gobierno en tomo a una plaza principal.

Yeguas en el corral. Animales de cría indispensables en los hatos.
Foto: Femando Urbina

 

9 Leroi-Gourhan, André. El gesto y la palabra. Caracas, U. Central, 1971 (:311).
10 En el  hato o hacienda, forma de explotación económica que introdujeron los jesuitas en 1624 aproximadamente, la vivienda principal o casa más grande es destinada para la habitación del dueño. Se acostumbra a construir una casa más pequeña para el encargado del hato y su familia.
Cuando la casa principal es lo suficientemente grande, se destina un sector de la misma para la habitación del encargado. En el hato puede haber uno o varios fondos o fundaciones que son casas más pequeñas situadas en los linderos, donde vive un hombre con su familia responsable de cuidar el ganado y los linderos de la fundación.
Es la casa principal del hato existen diferentes tipos de trabajadores que están bajo la responsabilidad del caporal o encargado, quien es el jefe de la peonada. Desde el comienzo de la organización territorial del llanero, el hato pasó a ser el eje de toda actividad económica y social, además de generar conflictos interétnicos con los indígenas de la región compitiendo por los espacios territoriales que los blancos y criollos quitaban al indígena.
11 El pollero es un doble talego hecho en tela que al colocarse sobre las ancas del caballo cae como las alforjas. 
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