JOAQUÍN MOLANO B.
Universidad Nacional de Colombia

 

 

“Vuelve a tener sentido pensar en la naturaleza como algo vivo. La vieja cosmología de la máquina del mundo, con el ingeniero divino como accesorio opcional, está siendo reemplazada dentro de la propia ciencia.” - -Sheldrake, 1994

 

 

JOAQUÍN MOLANO B.
Universidad Nacional de Colombia

 

 

“Vuelve a tener sentido pensar en la naturaleza como algo vivo. La vieja cosmología de la máquina del mundo, con el ingeniero divino como accesorio opcional, está siendo reemplazada dentro de la propia ciencia.” - -Sheldrake, 1994

 

 

 

 

Foto - Fernando Urbina

De la vida y la geografía de la vida

Es claro que los conceptos con los cuales. hemos venido construyendo la visión del mundo a través de siglos han venido transformándose, al igual que los conceptos y las visiones de la naturaleza, de la vida y de sus ambientes. Si reconocernos la diversidad en esos ámbitos, en la cultura y en las propias sociedades, no debe asombramos la riqueza que podamos encontrar al abrir nuestra perspectiva de interpretación al mundo de la complejidad. La vida es una prodigiosa aventura que comenzó a gestarse por allá hace quince mil millones de años y que se aproximó más a su génesis cuando el. agua surgió del maravilloso crisol de la mega-atmósfera, donde la energía y la materia definieron transmutarse en un sistema solar con una Tierra azul cubierta de agua y de vida. Hace cerca de tres mil quinientos millones de años se vienen desarrollando los procesos evolutivos y cualitativos de la vida, creando estructuras, funciones y características mediante el completo sistema metabólico, cuya acción permanente hace funcionar y perfeccionar el sistema de la vida.

En esta misma dimensión encontramos al ser humano, el cual empezó su proceso de hominización hace sólo veinte millones de años, de quien se sabe que hace sólo un millón de años cumplía su proceso evolutivo. Esto significa que cerca del 99,6% de la historia del planeta se efectuó sin su presencia y que toda la existencia humana se ha realizado sin desligarse de la naturaleza. Para entender la vida en su larga historia y comprender el vivir como condición cultural, hay que integrar la vida a la naturaleza y la sociedad y la cultura a la misma naturaleza. Esta ha sido desvirtuada en su profundo significado de fuerza creadora y reguladora del mundo. Al ser personificada se convirtió en madre, en la fuente y la fuerza sustentadora de todas las cosas. En las mitologías antiguas, la madre tierra era la fuente original del universo y gobernaba el destino, el tiempo, la eternidad, la verdad, la sabiduría, la justicia, el amor, el nacimiento y la muerte (Sheldrake, 1994).

Hoy, la naturaleza es casi una abstracción que no nos contiene y que se suplanta con términos reducidos y equívocos como entorno, ambiente, conservación y todas aquellas ideologías altruistas de la supervivencia. En una síntesis breve, se puede decir que hay una inmensa dificultad para pensar y aceptar que el ser humano -hombre y mujeres, se debe, y pertenece a la naturaleza. Volver a ella, en palabras de Sheldrake (1994), significa reconectarse con las fuentes de la vida.

 

Reconociendo la diversidad ambiental, tanto en elementos como en factores, nuestro territorio antes de ser abrazado por la civilización estaba formado por tres grandes paisajes: las selvas, dominantes en su extensión como bioma intertropical favorecido para promover la exuberancia de la vida; las sabanas septentrionales de Suramérica, formaciones vegetales y animales donde predominan las gramíneas sobre terrenos planos, ondulados y disectados, sometidos a ritmos estacionales marcados en donde se suceden inundaciones y sequías a través del año; finalmente, los páramos, complejos y variados biomas de las altas montañas andinas ecuatoriales y subecuatoriales, con una composición vegetal, la cual va desde especies autóctonas endémicas hasta plantas circumpacíficas y cosmópolitas.

Selvas, sabanas y páramos eran los paisajes dominantes que conformaban el territorio colombiano antes de la penetración europea de la civilización (Molano,1992). Sobre complejos sistemas montañosos, en sus vertientes, valles transversales, valles interandinos, altiplanicies, sabanas inundables, sabanas disectadas, sábanas onduladas, páramos altos, páramos medios y páramos bajos, la vida se reprodujo bajó máximas condiciones de biodiversidad , haciéndonos herederos de una naturaleza plena de vida y de abundancia, dentro de la cual hemos construido naciones, territorios y patrias.

La diversidad cultural tiene a lo largo de la historia humana una amplia representación de hombres y mujeres conformados y evolucionados bajo distintos patrones, pautas y prácticas productivas y organizativas de sus vidas: son los indígenas, los europeos y los contemporáneos. Los indígenas, hombres tempranos de América, habitaron nuestras selvas, sábanas y páramos haciendo uso de múltiples estrategias culturales y de sistemas productivos diversos, exitosos tanto para la naturaleza física y biótica, como para la continuidad de los procesos socio-próductivos y simbólicos. Construyeronn en su larga historia paisajes que expresaban su realidad dinámica y compleja, como procesos para la perpetuidad de la vida de una sociedad.

En dichos paisajes se expresaban las relaciones de identidad entre la naturaleza la sociedad entretejidas por los fuertes lazos del pensamiento mágico, en el cual la representación y comprensión del mundo están referidos a una realidad original vinculada con el orden cósmico y la sacralidad; donde los atributos de las singularidades ontológicas  del orden de lo primordial, lo verdadero, lo permanente: Los mitos expresaban esas formas de representación y entendimiento de sí mismos, del entorno o de la relación con su ambiente; surgen del imaginario colectivo y proporcionan la cohesión y la identidad tanto del grupo como del individuo. El universo animista estaba pletórico de símbolos, de mundos escondidos o intuidos, de situaciones presentidas, en los cuales los hombres y las mujeres desarrollaban sentimientos de coherencia, de pertenencia y solidaridad con el ser del mundo, presupuesto de todo acontecer.

De acuerdo con Sheldrake (1994), es un universo poblado de fuerzas concebidas de manera cosmomórfica, representadas con el mismo tejido del universo; una naturaleza-encantada, vaso comunicante entre las esferas de la phisis, la vida y la sociedad.

Las selvas, las sabanas y los páramos eran la vida, el universo sin fin, el todo; sin elementos aislados de su entorno ni tampoco enmudecidos ante los símbolos. De esta manera se construyó el núcleo de nuestras culturas americanas, expresado bajo un lenguaje críptico donde se manifiestan  las complejas relaciones con la cultura, la vida y los paisajes. Se’ trataba de la comprensión del mundo por la identidad con él.

Este pensamiento mítico aún pervive en cerca de ochocientos mil colombianos, quienes hablan más de sesenta lenguas y representan la más larga y auténtica tradición cultural, pues hoy, a pesar de los avances tecnológicos y científicos, no hemos podido alcanzar las respuestas que los pueblos nativos lograron hace milenios para entender comprendiendo y no solamente explicando el mundo.

Desde tiempos inmemoriales hasta el siglo XVI se dio por entendido que el mundo de la naturaleza estaba vivo. Sin embargo, con la llegada de los europeos a nuestro suelo arribó un modelo distinto, un paradigma basado en lo utilitarista y lo antropocéntrico, en el cual el conjunto de los seres está al servicio del hombre, atendiendo a sus deseos y sus preferencias, sin una ética que ponga límites a los deseos humanos ni a la ventaja individual. Este paradigma ha sido denominado cómo el modelo civilizatorio.  Bajo este modelo hemos contrapuesto mito y ratón, hemos desacralizado el mundo mediante una riesgosa aventura intelectual, la cual ha dejado al ser humano frente a la responsabilidad de sus actos (Angel, 1989) Al desmitificar el mundo natural, se despeja el camino para la manipulación tecnológica amparado en la filosofía mediante la cual se busca dar coherencia al nuevo orden, junto con el derecho como instrumento de dominio de la naturaleza y la sociedad y con el aporte de una visión cristiana del mundo convertida en dogma.

Estos tres pilares sirven de base para implementar el proceso de conquista y posterior colonización de nuestra naturaleza y nuestras sociedades americanas. Así nacemos a la modernidad afianzando la civilización como discurso ideológico que se impone bajo los criterios de la racionalidad, desconociendo y negando nuestra realidad cultural y natural-americanas. El modelo europeo fue pautando determinadas maneras de producir, construir y percibir la realidad. En términos de la comprensión de la vida exuberante y desconocida encontrada en todos nuestros ambientes y paisajes, no hubo sino una voluntad de dominio sobre la naturaleza y una neutralidad valorativa, la cual nos dispuso ante la fatalidad de un único modo de producción ante el mundo.

Esta forma de vernos se fue manifestando en la destrucción de las múltiples expresiones de la. vida neoecuatorial encontrada desde el mar hasta las selvas y desde las sabanas hasta los páramos.  El modelo europeo daba a la producción una prioridad absoluta sobre las condiciones de la biodiversidad de nuestros paisajes y ecosistemas y sobre otras dimensiones de lo humano. Con la tala y la quema de nuestras selvas, sabanas y páramos, se fue destruyendo la vida americana hasta configurar paisajes mediterráneos en nuestros valles, litorales y montañas. Con el descreimiento y la desesperanza, fuimos inferiores porque fuimos diferentes y porque no alcanzamos el reconocimiento de los criterios universales de la cultura occidental. De esta manera, hemos venido transitando un progresivo y permanente proceso de destrucción de la vida bajo un modelo civilizatorio que ha perdido toda noción de armonía y de sentido.

Nunca se había alterado en forma tan palpable el equilibrio de los ciclos de la vida por acción antrópica. Surgimos a nivel planetario bajo un sistema unificado de explotación del mundo natural, no exactamente como consecuencia del desarrollo tecnológico, sino como consecuencia de sin sistema de acumulación y explotación ligado a los símbolos de progreso y civilización. En nuestro subcontinente los complejos sistemas naturales físicos y bióticos, las diversas expresiones culturales de la sabiduría, las variadas formas de organización social y política, fueron sometidas a la destrucción.

En la visión de Rosenzvaig (1996), éramos el desorden frente al orden de la civilización, la cual retrataba a una nación civilizada como un país sin naturaleza y cultura propias. A la ideología de la civilización se integró la ideología del desierto, entendida como una política para considerar a nuestros territorios como despoblados, como espacios vacíos. El desierto es el punto culminante de la naturaleza entendida como barbarie. Estas ideologías se amparaban en una visión mecánica y naturalista del mundo, de acuerdo con el esquema de las ciencias físicas, el cual había copado para entonces todos los espacios posibles de una mirada universal del mundo y de la sociedad.

Con los aportes de las revoluciones científicas de la modernidad, pudimos saber que la naturaleza no puede ser influida por hechizos ni encantamientos, sino que bajo la razón técnica es gobernada por leyes impersonales, las cuales operan de modo uniforme en todo momento y lugar, permitiendo un control y dominio creciente del mundo.

Bajo estas profundas determinaciones, la geografía, esa antigua pero indispensable herramienta para sabernos en los espacios del tiempo, nos ayuda a descifrar las fisonomías que poseímos en nuestros orígenes territoriales y en nuestros ambientes de la naturaleza y de la vida. El universo americano en las zonas ecuatoriales, nos muestra en la etapa pre-europea una configuración muy distinta a la construida durante el largo período colonial y a la heredada y transformada bajo el período republicano. El país, en su inmensa área, poseía una cobertura continua de selvas, las cuales se levantaban frente al mar o se prolongaban en él como manglares, manteniendo una desconcertante penetración por las planicies litorales, los valles interandinos, los valles andinos, las distintas vertientes hasta alcanzar las islas de páramo en las cumbres andinas o unirse al universo verde de la Amazonia.

En la Orinoquia colombiana las selvas revestían los piedemontes y parte de las planicies para alcanzar una última proyección, dentro de las sabanas como selvas longitudinales a las corrientes que buscan el río Orinoco o fragmentándose en las sabanas como matas de monte. Una biogeografía de la vida que existió antes de transitar por los caminos de la civilización nos muestra una herencia natural y cultural, la cual no tiene representación en los paisajes conocidos en el presente. Nos desconocemos y nos asombramos de nuestros orígenes de abundancia, complejidad y diversidad dentro de los cuales fuimos construyendo sociedades empobrecidas junto a ambientes cada vez más desestabilizados y pauperizados.

La biogeografía es una rama de las ciencias geográficas impregnada de naturalismo y de una visión mecánica del mundo, la cual tuvo en la etnobotánica y la geografía de las plantas unas herencias tempranas hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Posteriormente se convierte en una disciplina decimonónica de gran interés para el conocimiento de países y subcontinentes de distintas regiones del mundo, caracterizándose por atender a la distribución de los seres vivos sobre la superficie terrestre, tomando en cuenta los factores que intervienen en dicha distribución, unas veces, y los intereses por conocer las potencialidades de los recursos así distribuidos otras. Se trató de superar metodológicamente el rígido criterio de oponer tajantemente a los organismos y sus condiciones reales de existencia. Su evolución la va perfilando como una disciplina integral, en la cual convergen:

a. el estudio de las áreas geográficas determinadas por familias, géneros o especies de organismos vivos, de cuyo desarrollo surgieron los estudios corológicos;

b. el estudio de las comunidades de organismos tomando en cuenta composición, organización dinámica y extensión geográfica con lo cual se dio lugar a la biocenología;

c. finalmente, el análisis de las relaciones de las comunidades y los organismos con los elementos y factores del medio natural, mediante lo cuál se dio origen a la ecología.

De esta manera, la biogeografía estructuró un campo de saber en el que aproximó las ciencias de la vida, las ciencias naturales las ciencias geográficas, con lo cual no sólo proyectó y dio origen a otras disciplinas, como la ecología, sino que realizó aportes al conocimiento mediante descripciones geográficas sencillas pero a la vez con información documentada de las ciencias biológicas.

Además, en una perspectiva contextual, se relacionó con un conjunto de ciencias o campos de la ciencia en donde cabe destacar la fisiología, la paleontología, la botánica, la climatología, la edafología, la geomorfología, la paleobotánica, la hidrología y la genética  entre otras tantas, lo cual le permitió configurarse como una ciencia síntesis o puente, más relacionada con la comprensión de la presencia, de la vida en determinado lugar que con la explicación particular de algunas características, o relaciones especificas de ella o de su entorno.

Tampoco fue una ciencia acabada o estrechamente relacionada con la determinación de leyes y regularidades, tan común para las ciencias naturales imbuidas por el modelo mecanicista del orbe. La biogeografía, con el progresivo avance del conocimiento del mundo y con el desarrollo de la conciencia sobre la importancia de la vida bajo cualquiera de sus manifestaciones, se convierte en una importante disciplina de corte ambiental, la cual tiene como misión generar una reflexión profunda, ya no únicamente sobre la distribución de la vida, sino sobre la permanencia y continuidad que posee bajo determinantes más complejos, en donde no sólo se pueden contemplar los elementos biogeoquímicos del entorno sino una gama de situaciones sociales, políticas y culturales proyectadas por las sociedades modernas desde hace cerca de cinco siglos. La biogeografía, sin perder la vida Lomo objeto de estudio, se ha visto obligada a evolucionar considerablemente en la determinación de- las nuevas condiciones naturales y socio-culturales que enmarcan el panorama de la vida en el tiempo presente. Así, el puente con las ciencias de la sociedad es más amplio y comprende muchas más razones para tratar de conseguir y entender el sentido de la vida, cuando hemos copado el planeta con nuestros proyectos y nuestras acciones contundentes y paradójicas. 

La biogeografía contemporánea entiende que debe asumirse un análisis e interpretación más profundos de la existencia y permanencia de la vida; sobre todo cuando hemos contrapuesto al hombre y la naturaleza; hemos desintegrado el tiempo y el espació, hemos separado el conocimiento de la sabiduría, hemos opuesto al sujeto y al objeto y hemos aislado la teoría de la práctica, todas ellas dentro de un modelo de fragmentación del mundo y de la vida. Por lo tanto, la biogeografía no puede encargarse únicamente de la distribución de la vida sobre una sección del planeta, cuando muchas especies han desaparecido en tiempos relativamente breves, o cuando las existentes se hallan en vía de extinción. Tampoco es posible detener la mirada sólo en las plantas o algunos taxones animales, cuando el ser humano ha copado el planeta y sometido e integrado la vida bajo poderosos y complejos procesos de socialización.

 

La biogeografía, al finalizar este siglo y a comienzos del siglo XXI, debe ser una disciplina geográfica-ambiental con unas elaboraciones teoricas novedosas, en las cuales no desconozca las formaciones ideológicas ocurridas paralelamente con la aprehensión de la naturaleza y con su historia evolutiva y cultural. Como campo de la cultura, la biogeografía debe convalidarse con experiencias concretas, experiencias de vida. Aquí residen su importancia y su riqueza, su espacio para reafirmar su singularidad y su propia naturaleza. La biogeografía puede explorar los caminos de la vida para traer el mundo de la naturaleza al palco de la subjetividad, con el fin de establecer otras formas de sentido y otras posibilidades, de comunicación .

 

 

 

 

Laguna de alta montaña en la cuenca de captación de río Orinoco

 

 

Ascenso de las neblinas orinoquenses en el páramo alto
Fotos - Andrés Hurtado
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