Medios naturales y ambientes de la Orinoquia colombiana

La Orinoquia es considerada por antonomasia como una región natural de Colombia. Región geográfica reconocida en la homogeneidad de algunos elementos naturales, en donde sobresale la aparente geomorfología plana y una relativa continuidad de la cobertura de gramíneas.

Medios naturales y ambientes de la Orinoquia colombiana

La Orinoquia es considerada por antonomasia como una región natural de Colombia. Región geográfica reconocida en la homogeneidad de algunos elementos naturales, en donde sobresale la aparente geomorfología plana y una relativa continuidad de la cobertura de gramíneas. Dicha caracterización regional acompañada de esa homogeneidad del medio natural, ha permitido construir un concepto en parte obvio y en parte equívoco, pues el Llano o las sabanas, como es denominada una porción importante de la Orinoquia fue considerado a través de los siglos como un territorio vacío de seres humanos y de recursos naturales de importancia. Es la concepción de desierto de vida, la ideología que dará cuenta de procesos violentos de conquista, los cuales convertirán al Llano en sujeto posterior de colonización de sus sabanas y selvas.

Considerada como una región geográfica unificada en torno a la cuenca hidrográfica del río Orinoco, la Orinoquia colombiana posee un conjunto de elementos que la estructuran, vinculan, relacionan y definen. El espacio regional subtendido por la cuenca hidrográfica comprende distintas áreas y unidades de paisaje, aparentemente independientes de las tradicionales llanuras orientales. Esos paisajes o subunidades orinoquenses son:

Subregión AndinoOrinoquense

•   Páramos

•   Selva andina y sub-andina

•     Piedemonte de influencia andina

Subregion de los Llanos O r ie ntales

•   Planicies de pantanales y desbordes

Sabanas planas de la altillanura

Sabanas onduladas o disectadas

•   Sabanas de desborde

•   Llanura eólica          

•   Zona aluviales recientes

Subregión del Andén orinoqués

Subregión transicional Orinoquia-Amazonia

Sierra de la Macarena

La vida en cada uno de estos paisajes o conjuntos de ecosistemas, está ligada a un sinnúmero de fenómenos y condiciones paleoambientales y ecológicas, los cuales han venido evolucionando no sólo atendiendo a las dinámicas ecuatoriales que rigen esta porción del planeta, sino incorporando amplios procesos de poblamiento y organización territorial. Veamos cada una de dichas subregiones.

 

Subregión AndinoOrinoquense

Comprende los amplios flancos que ofrece la Cordillera Oriental colombiana sobre la cuenca hidrográfica del Orinoco. Corresponde a la parte maciza y enhiesta de la Cordillera y abarca longitudinalmente una extensión cercana a los seiscientos kilómetros. Político-administrativamente, incluye territorios de los departamentos dé Caquetá, Huila, Cundinamarca, Meta, Boyacá, Santander, Casanare, Norte de Santander y Arauca. Vergara y Velasco (1981) la denominaba Cordillera de las Llanuras, observando que en ella crecen juntas las selvas y las sabanas, en una tierra cortada por profundos barrancos a cuyo pie corren los ríos, y luego empinados estribos que con vegetación o sin ella trepan hasta la región de los páramos. Es allí donde se encuentran bosques enteros de piñas silvestres, que con su aroma embalsaman el aire, y también árboles productores de resinas y bálsamos variados; pero la mayor parte del suelo aun permanece despoblada e inculta y sin caminos que den acceso a quienes quieran aprovechar sus grandes riquezas. Esta visión la obtiene el autor citado en la década de los ochenta del siglo pasado.

La vertiente cordillerana integra tres biomas o zonas de vida con una fisonomía vegetal y animal características. El primer bioma lo constituye un conjunto de páramos, el cual corona y circunda las partes más elevadas del macizo montañoso andino. Sobresalen entre otros muchos, los páramos de Sumapaz,- Chingaza, Guasca, Toquilla, Pisba, Rechíniga, Güicán-Cocuy, Carcasí, Almorzadero y Tamá. Estos páramos han heredado un paisaje geomorfológico de origen glaciar y fluvio-glaciar, razón por la cual se encuentran surcados de lagunas y lagos, donde comienzan muchos de los ríos y quebradas que buscan tributar al océano Atlántico a través del río Orinoco. Algunos ríos se desprenden desde los campos nevados, como ocurre con la Sierra Nevada del Cocuy.

En este conjunto de páramos encontramos una gran riqueza biológica, producto no sólo del arribo dé una considerable cantidad de especies tropicales y extratro­picales sino también del ascenso y adaptación de la vegetación ecuatorial, la cual progresivamente fue evolucionando a medida que los Andes emergían hasta cubrirse de nieves y heleros. Por esta razón, los páramos contienen muchas especies endémicas acompañadas de especies migrantes venidas de las regiones australes, antárticass, boreales y circumpacíficas. La caracterización de estos páramos la han realizado connotados investigadores entre los cuales destacan: Ancízar (1983), Codazzi (1958), Cleff (1977), Bernsen (1991), Cuatrecasas (1989), Guhl (1982), Hettner (1976), Rangel (1989) y Van der Hammen (1979).

Muchos de estos páramos son parques nacionales, sobresaliendo para la subregion AndinoOrinoquense el Parque Nacional Natural del Cocuy, con 306.000 hectáreas; el Parque Nacional Natural Chingaza, con 50.374 hectáreas; el Parque Nacional Natural de Pisba, con 45.000 hectáreas; el Parque Nacional Natural de Sumapaz, con 154.000 hectáreas, y el Parque Nacional Natural Tamá, con 48.000 hectáreas, todos ellos establecidos con el propósito de conservar la importante riqueza biológica de los altos Andes ecuatoriales.

El segundo bioma lo constituyen las selvas de vertiente, denominadas selva Andina y selva Sub-Andina, las cuales copan en buena medida los flancos cordilleranos desde proximidades de los páramos hasta alcanzar los 800 metros de altura sobre el nivel del mar. Parte de estas selvas están comprendidas y protegidas por los parques naturales antes citados. Estas selvas de vertiente se diversificaron en forma considerable por causa de la enorme versatilidad del relieve, las variables condiciones climáticas generadas por los cambios altitudinales y la integración ecológica alcanzada para cada nicho, hábitat o conjunto de ecosistemas. Estas selvas coparon todas las vertientes de los Andes colombianos, incluyendo altiplanos y profundos cañones. Ellas han representado la mayor riqueza en biodiversidad de nuestro país, pues han evolucionado en un amplio espectro de ambientes dentro de los cuales hubo necesidad de adaptarse generando diferenciaciones específicas y asumiendo las barreras que la propia orografía ofrecía como condición de existencia.  

Por fortuna para la Orinoquia, las selvas de vertiente se mantienen en forma considerable, debiéndose destacar los núcleos que circundan al Páramo de Sumapaz y que comprenden las cuencas altas de los ríos Papaneme, Guape, Güejar, Ariari, Blanco y La Cal. Otra sección de selva se encuentra aún entre el Páramo de Chingaza y los Farallones de Medina, intervenida por colonización tardía, comprendida por las cuencas de los ríos Guatiquía, Caney, Guacavía y Humea. Otro núcleo de selva existe desde la parte alta del río Cusiana hasta las estribaciones del Páramo de Pisba, incluyendo los valles altos de los ríos Charte, Cravo Sur, Pisba, Paüto y Ariporo. Un cuarto núcleó selvático, más extenso y mejor preservado que todos los anteriores, lo representa el espeso conjunto selvático que se extiende al oriente de la Sierra Nevada del Cocuy-Güicán,  cubriendo la parte alta, media y baja de la vertiente y conformada por, las cuencas de los ríos Casanare, Aguas Blancas, Río Negro, - El Playón, San Lope, Tocoragua, Tame, Cravo Norte, Cusay, San Miguel, Bojabá, Covaría, Cubugón y Margua, en Colombia, y Cutufí, Sanare y Quinimarí, en Venezuela. Parte de estas selvas integran la porción superior del refugio selvático pleistocénico del Sarare, valioso enclave de la biodiversidad de las selvas de la Orinoquia, similar en importancia a la Sierra de la Macarena.

En la parte inferior de la vertiente AndinoOrinoquense, encontramos la tercera formación selvática, representada por un conjunto de vegetación densa de piedemonte, el cual guarda mayor identidad con las selvas de la Amazonia. Por condiciones edafológicas y pluviales conjugadas con unas especiales características ecológicas, la selva de piedemonte se extendió desde cerca de los mil metros sobre el nivel del mar hasta una altura próxima a los doscientos metros sobre la planicie oriental.

Las selvas amazónicas delimitaban las sabanas siguiendo tres modelos: uno transicional, formado por sabanas inclusas dentro de un mosaico de caatingas y selvas de galería, por el sector meridional; una orla de selva cuajada de piedemonte alimentada por considerables volúmenes de precipitación, la cual se proyectaba hacia el piedemonte AndinoOrinoquense en Venezuela, situándose al occidenté de las sabanas hasta alcanzar cerca de cien kilómetros de extensión y un último conjunto de selvas proyectadas sobre el Andén del Orinoco, constituidas por selvas de galería, hylea amazónica y algunas caatingas y sabanas inclusas no dominantes, por el oriente. Las sabanas en territorio colombiano estaban circundadas por selvas de distinto tipo, las cuales también atravesaban, como selvas de galería dichos llanos.

El conjunto de ecosistemas selváticos del píedemonte reunía las condiciones más favorables para el desarrollo de la vida vegetal. Permitía no sólo captar la abundante precipitación y acumular la humedad en el microclima bajo el dosel sino también propiciar las condiciones óptimas para realizar la síntesis de las proteínas dé manera continua, razón por la cual los espacios de la selva se convirtieron en los refugios terrestres más adecuados para contener y preservar las especies vivientes. Las selvas de piedemonte se transformaron en refugios estratégicos para la vida vegetal y animal, pues las poblaciones se irradiaban tanto hacia la vertiente, manteniendo la unidad de las selvas andinas, como dispersándose por el corredor de selva densa del piedemonte longitudinal de la cordillera, o proyectándose hacia el oriente por las selvas de galería, permitiendo así importantísimos ciclos vitales de la fauna en sus más variados taxones. Las selvas de piedemonte se redujeron considerablemente durante las épocas secas de las glaciaciones pleistocénicas y muchas de ellas definitivamente no desaparecieron, haciendo posible la conservación de la biodiversidad y favoreciendo su especiación.

Alta montaña andino-oriquense Foto-Andrés Hurtado
 
El ría Guaviare es un típico río blanco porque viene de la Cordillera de los
Andes y lleva muchos elementos en suspensión.  La fauna acuática es relativamente rica.
Foto-Fernando Urbina

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