HÉCTOR PUBLIO PÉREZ ÁNGEL
Centrode Historia de Casanáre
Yopal, Casanare

 

ACCIÓN DE LAS REDUCCIONES Y DE LAS MISIONES

Con el arribo de españoles a los Llanos en 1531, tras el Dorado (Xerirá), se alteraron las formas de vida de los nativos llaneros; sin embargo, la insistencia de los conquistadores en la búsqueda del Xerirá, poco a poco se esfumó. Fueron entonces encomenderos, cazadores de esclavos y misioneros los que fundaron, a partir de reductos y misiones, pueblos y ciudades en los Llanos con la impronta de la vida: española por lo que el proceso de poblamiento colonial y el ensanchamiento de la frontera oriental colombiana está ligado al papel desarrollado por las comunidades religiosas, y en especial de los jesuitas.

Si bien es cierto que los españoles fundaron poblaciones en las entradas del Llano (piedemonte) la misión fue la institución más importante de la dominación imperial sobre la población nativa llanera y como resultado de la mezcla entre españoles e indígenas resultó la cultura del hombre de a caballo los llaneros, quienes contribuyeron de manera efectiva en las guerras de Independencia.

La expansión de. los religiosos en los Llanos se inició junto a la organización de expediciones españolas, de cuya acción surgieron tres ciudades ubicadas en el, piedemonte: Santiago de las Atalayas (1588, que se convirtió en capital de los Llanos, San José de Pore (1644) y Santa Rosa de Chire (1672). Estas ciudades, aunque fundadas por españoles, fueron sitios coyunturales o de plataforma de los misioneros para lanzarse al contacto de las tribus que deambulaban por la llanura. El español siempre rehusó internarse en una región que sólo le ofrecía penalidades y dificultades por los caminos; la rudeza del clima y, la hostilidad de los indígenas; por esas razones su influencia apenas se aproximó al piedemdnte con el desarrollo de encomiendas y de unos pocos pueblos.

Fueron las reducciones y misiónes 106 rasgos más conspicuos utilizados por agustinos , dominico, franciscanos y jesuitas desde 1620 hasta 1767, para llegar a convertir a miles de indígenas de los Llanos, con métodos desde los más filantrópicos hasta los más aberrantes según el Comisionado Alvarado (Cuervo, 1881); hacia 1760 tenían reducidos a más de 15.000 indígenas con 31 misiones, de las que más de la mitad eran de los jesuitas (Del Rey,1966, p. 283).

Logrado el proceso de cristianización a través de la misión, dieron solidez a una próspera economía dela región durante tos siglos XVII y XVIII a mediante de la enseñanza de labores agrícolas y ganaderas, dando origen con ello a la organización de un complejo socio-económico con la formación de pueblos y haciendas.

El éxito misionero alcanzado con las reducciones y misiones, modificó el panorama socio-cultural de los Llanos; los antiguos pueblos de indios, al ser sometidos al régimen de doctrina, con el paso del tiempo se convirtieron en parroquias de «españoles», llegando a adquirir la categoría de pueblo o ciudad durante la colonia. En la época republicana, algunos mantuvieron la categoría de municipio, otros desaparecieron por circunstancias como las adversidades geográficas (clima, lluvias y sequías), por las perturbaciones constantes de nativos belicosos o por el retiró de los religiosos, entre otras causas.

Durante el proceso aculturizador por parte de los misioneros para reducir a los nativos de los Llanos los jesuitas implementaron el diseño clásico español, para dar origen a sus asentamientos: alrededor de la plaza central localizaban la iglesia, la casa de Gobierno, los graneros públicos y la casa del cura. Las calles estaban situadas en ángulos rectos y se extendían hacia afuera desde la plaza. Los indios construían sus casas grandes y adecuadas para albergar varias familias, las que hacían con materiales locales (Rausch, 1984).

Para el siglo XIX se siguen los mismos lineamientos como lo afirma Legrand: "El primer paso para la construcción de un caserío era la construcción de la Capilla; una tarea colectiva. Venían luego la plaza de mercado, el cementerio y la cárcel; edificaban también, una escuela y una oficina para el Inspector de Policía, asignado allí por las autoridades departamentales. Al mismo tiempo entraban en escena tenderos y artesanos, ansiosos de proveer mercancías como machetes, telas, sal, fósforos, cuya producción no estaba al alcance de los colonos,, Poco a poco estos asentamientos de frontera se fueron convirtiendo en pueblos vigorosos por su actividad económica y religiosa; aunque algunos perdieron su categoría y son hoy en día corregimientos, otros se han mantenido como municipios" (Legrand, 1988, p. 55).

Otros aspectos que identifican la construcción de un pueblo llanero son: la amplitud de sus calles y de la plaza central y un árbol o árboles como el samán, ceiba, yopo, caracaro y variedades de palma; como ejemplos se pueden señalarlos municipios de Sabanalarga, Yopal, San Martín entre otros.

La construcción de pueblos para atraer a los nativos y la figura paternalista del misionero, fueron borrando los rastros de una cultura nativa en los Llanos, transformando aquel paisaje socio-cultural, por el europeo de corte feudal, dando origen a una cultura caracterizada por una permanencia casi inamovible, algunas veces en lo relacionado con las costumbres, otras veces en lo arquitectónico en casos específicos como Támara y Nunchía, a pesar de muchos momentos aciagos de violencia a que han estado expuestos a través del tiempo.

 

DISTRIBUCIÓN DE LOS MISIONEROS EN LA REGIÓN

Hacia 1620, jesuitas y dominicos intentaron penetrar en el piedemonte llanero, pero la resistencia del clero secular y de españoles encomenderos, los hicieron desistir, El 12 de julio de 1662 Diego de Egües organizó la Junta de Propaganda de Fide la que dividió a los Llanos en cinco grandes territorios y asignó responsabilidades a los religiosos en cada uno de ellos, subvencionandoa cada misión con$1.000 pesos para las campanas, vestidos y otros útiles, además de pagar $350 y $450 por año, a cada misionero en el campo.

El convenio del 12 de julio dio a cada orden religiosa la sección de los Llanos sobre la cual había demostrado interés. Las asignaciones al sur del río Meta fueron vagas, debido a los escasos conocimientos geográficos de la zona; los Dominicos recibieron la misión entre Chíos y Mambita en Medina, la que había sido iniciada por el misionero Ronquillo. El clero secular continuaría en las ciudades de San Juan y San Martín. El territorio oriental de estos, o la parte de los Llanos visitada por P. Bernardo de Lira en 1655, fue para los franciscanos.

El a cuerdo confirmaba a los agustinianos en las doctrinas de Chita, Támara y pueblos circundantes en Casanare, a los cuales les habían servido por muchos años, en algunos casos desde 1585. También quedó consignado que se les permitía entrar a los Llanos de San Juan y San Martín, desde su doctrina en Fómeque. La Junta ordenó a los recoletos (una rama de los agustinos que apareció en la Nueva Granada en 1604, por algún tiempo llamados candelarios), fundar misiones entre los ríos Upía y Cusiana. Finalmente otorgó a los jesuitas los valles desde el río Pauto hasta San Cristóbal y Barinas, excepto los pueblos asignados a; los agustinos y todos los Llanos de Caracas, siguiendo una línea imaginaria del río Pauto hasta las junglas al sur del Meta.. A pesar de su imprecisión, este arreglo fue efectivo y se mantuvo con algunas alteraciones menores hasta la expulsión de los jesuitas en 1767 (Rausch, 1984).

Los agustinos tenían las mejores condiciones en Casanare, debido a que desde 1628 venían sosteniendo las doctrinas de Chita, Támara, La Salina, Pisba, Paya, Guaseco, Morcote, Labranzagrande y Chámeza. La nueva misión de Sácama fue fundada en 1678. Hacia 1770 los agustinos tenían bajo su control 6.458 indios en diez pueblos con indios Tunebos y Giraras, es decir aquellos grupos nativos ubicados sobre el piedemonte llanero.

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