GUIDO BARQNA B.
AUGUSTO GÓMEZ L.
CAMILO DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

GUIDO BARQNA B.
AUGUSTO GÓMEZ L.
CAMILO DOMÍNGUEZ

 

 

 

 

 

Cascada de Chijara en el camino a Villavicencio. 
Viaje de Edouard André. Lámina de Riou

TRANSFORMACIONES TERRITORIALES DURANTE EL SIGLO XIX

Las guerras de Independencia significaron una pérdida enorme para la Orinoquia, ya que se destruyeron tres siglos de formación territorial que se habían logrado por medió de una extrema crueldad y sacrificio. Durante el período colonial el Estado español y las Misiones jesuíticas lograron crear pueblos de tipo europeizante, abrir haciendas ganaderas, establecer la navegación en numerosos ríos y trazar caminos para el comercio. Una enorme riqueza social estructurada con el sudor y la destrucción cultural de las comunidades indígenas de la región que, mal que bien, ya hacían parte de esa nueva realidad.

La guerra significó la desocupación de pueblos enteros, de los cuales la mayoría de sus habitantes sucumbieron en la lidia, más por hambre y enfermedades que por las balas. Los indígenas que no perecieron en la lucha se retiraron a las montañas en busca del sustento y para huir de las numerosas enfermedades que se desataron por las hambrunas y por la falta de salud pública. Las haciendas fueron desocupadas, porque los combatientes tomaron las reses y los caballos como impuesto de guerra, llevándolas a la ruina. Sin gente, sin pueblos y sin haciendas se acabó el comercio y los caminos y la navegación perdieron su objeto.

Cuando terminaron las guerras el gobierno republicano quiso reorganizar este caos, pero la escasez de recursos limitó demasiado su actuación. Además, no hubo gente para repoblar y, para ahondar el problema, la población indígena se declaró en franca rebeldía contra un nuevo sistema que los discriminaba aún más que el antiguo. El Gobierno no trató al indio como ciudadano, simplemente lo usó como animal de trabajo o de imposiciones. Luego, cuando se rebeló, lo manejó como una plaga que se debía combatir. En el Llano, como en el resto de América, el conflicto entre modernización, sinónimo de civilización y vida comunitaria, sinónimo de barbarie, se convirtió en la “ley de las fronteras” que se resolvió a costa del exterminio físico de los antiguos pueblos americanos.

 

 

 

 

 

 

 

A partir de 1820 se inició la reconstrucción de los pueblos que aún quedaban y se buscó establecer una organización administrativa y un gobierno. Para 1831, cuando se creó la República de la Nueva Granada, se dividió administrativamente el país en departamentos, éstos en provincias, las provincias en cantones, y los, cantones en distritos parroquiales. La mayor parte de la Orinoquia quedó integrada en el Departamento de Boyacá, bajo el nombre de Provincia de Casanare, cuyos límites iban desde lo alto de la Cordillera hasta el río Guaviare y desde el río Upía hasta los ríos Arauca, Meta y Orinoco. La parte al occidente del río Upía se integró a la Provincia de Bogotá, del Departamento de Cundinamarca, con el nombre de Territorio de San Martín.

“Posteriormente fueron abolidos los departamentos y quedaron sólo las provincias. Esta división duró más de veinte años” (Pérez, 1883, p. 111). Para el censo de 1843, San Martín figuró como cantón de la Provincia de Bogotá, con una población de 1.877 habitantes. Sus ocho distritos parroquiales eran: San Martín, Cabuyaro, Concepción de Arama, Giramena, Medina, San Antonio de Iracá, San Juan y Santo Tomás.

Para el mismo censo, la Provincia de Casanare figuró con una población de 18.489 habitantes. Estaba compuesta por seis cantones y 29 distritos: Pore (Pore, Támara, Trinidad); Arauca (Arauca, Arauquita, Cuiloto); Chite (Chire, Betoyes, Macaguane, Manare, Muneque, lame, Ten); Macuco (Cafifí, Guayabal, Maquivor, Surimena); Nunchía (Paya, Labranza grande, Marroquín, Morcote, Nunchía, Pisba); Taguana (laguana, Barroblanco, Chámeza, San Pedro, Santiago, Zapatosa).

En 1853 fueron abolidos los cantones y San Martín volvió a ser territorio de la Provincia de Bogotá.

Casanare continuaba siendo provincia en 1856 cuando fue visitada por la Comisión Corográfica. En el mapa regional y en los documentos inéditos escritos por Agustín Codazzi aparece la siguiente información que nos da la mejor idea de su organización territorial a mitad del siglo XIX:

“Cuadro sinóptico de la provincia por circuitos municipales y distritos”

En lugar de dar cuadros geográficos, físicos y estadísticos de cada Circuito Municipal daremos una rápida noticia sobre cada una de las cabeceras de estos centros eleccionarios; pues que todos están en circunstancias iguales en cuanto a los terrenos y no saben las mismas autoridades hasta dónde llegan sus límites; de manera que sería imposible determinar la extensión de cada Circuito, y lo que verdaderamente encierra en sí. Por lo que toca a la posición de cada pueblo, su altura, tempe­ratura, datos estadísticos y frutos que cultivan, todo se halla en el cuadro estadístico que precede, y sería superfluo repetirlo; lo mismo diremos sobre las plantas y animales, que se encuentran en la descripción general y que se, hallan en cada fracción en que está dividida la Provincia con objeto puramente eleccionario.

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