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(continuación capítulo palmas)
TABLA DE
GÉNEROS DE PALMAS MEJOR REPRESENTADOS
EN EL PACÍFICO COLOMBIANO
Género
Geonoma
Bactris
Aiphanes
Chamaedorea
Catoblastus
-Wettinia
Euterpe-Prestoea
Pholidostcahys
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Número de especies
18
14
10
10
10
7
4
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Los Bosques Nublados
Por encima de 1.700 metros
sobre el nivel del mar, o aún desde más abajo en algunas áreas, la cordillera
Occidental se encuentra, durante casi todo el año, envuelta en la neblina perpetua, que
sólo se abre por minutos, o durante los dos meses escasos que dura la época seca. En
estos bosques nublados continúan dominando el paisaje las especies de Wettinia y Catoblastus, en tanto que, las especies de Aiphanes y Geonoma
son las más abundantes del sotobosque. Pero a estas elevaciones, nuevas especies de
estos géneros reemplazan a las de los climas medios. Dos especies merecen especial
atención, por su estructura peculiar: Aiphanes
linearis y Ca
toblastus distichus. Estas
dos palmas de los bosques nublados tienen las hojas dispuestas en un solo plano, a manera
de abanico, recordando el famoso árbol del viajero (Ravenala madagascariensis); sólo unas pocas
especies de palmas en todo el mundo presentan este tipo de distribución de las hojas,
cuyo significado continúa siendo un enigma para los botánicos.
Varias de las especies de
estos bosques nublados son endémicas, algunas de ellas de áreas muy pequeñas. Entre
estas cabe destacar Aiphanes duquei, restringida
a un área de menos de 200 km2 en los parques nacionales de Munchique y Los
Farallones de Cali.
En los bosques nublados de la cordillera Occidental, las palmas se
extienden de modo continuo hasta una elevación aproximada de 3.100 metros. A esta altura
las palmas son más bien escasas y están representadas casi exclusivamente por dos
especies: Ceroxyon parvifrons y Geonoma weberbaueri.
Estas dos palmas, que miden hasta unos ocho metros de altura, se han adaptado a estas
elevaciones mediante un pronunciado engrosamiento de sus hojas, que protegen a la palma de
los fuertes descensos de la temperatura.
Palmas endémicas del
Pacífico colombiano
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Aiphanes
acaulis
Aiphanes
duquei
Ammandra
d
ecasperma
Bactris sp. 1
Bactris sp. 2
Catoblastus
distichus
Catoblastus sp.
Geonoma calyptrogynoidea
Geonoma divisa
Geonoma
paradoxa
Mauritiella
macroclada
Orbignya cuatrecasana
Pholidostachys
kalbreyeri
Phytelephas tumacana
Prestoea
simplicifolia
Wettinia castanea
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Un aspecto interesante de la
distribución geográfica las especies de la parte media y alta de la cordillera
Occidental es su dispersión por el extremo norte hasta alcanzar la cordillera Central. En
su extremo septentrional, las dos cadenas montañosas se encuentran muy cercanas y, aunque
están separadas por el cañón seco del río Cauca, la migración de especies altoandinas
entre ambas ha sido posible. Es así como algunas especies del bosque nublado,
típicamente del Pacífico, han alcanzado el extremo norte de la cordillera Central,
extendiéndose por ésta hasta el sur de Antioquia o un poco más. Ejemplos notables
de esta migración los constituyen Catoblastus
kalbreyeri, Aiphanes
hirsuta y Aiphanes
lineans.
Las palmas en el bosque
Desde el punto de vista de la
importancia en la composición de los bosques, las palmas se encuentran entre siete
familias de plantas leñosas con mayor número especies en los bosques bajos del Pacífico
(Gentry 1990). Además, los muestreos realizados revelan que en la región del Pacífico,
se encuentra un mayor número de individuos de palmas por área que en cualquier otro
lugar del mundo (Gentry, 1986).
El papel de las palmas en los
ecosistemas del Pacífico refleja también en la maraña de interrelaciones, aún bien
comprendidas, que ocurren entre las palmas y fauna. Las palmas proveen de alimento y
albergue a gran cantidad de animales, muchos de los cuales, actúan a su vez como
polinizadores y dispersores de las millas. Un ejemplo dramático de esta relación
constituye el ñeque (Dasyprocta punctata) , un
roedor que se alimenta en gran medida de la pulpa de los frutos de diversas palmas, entre
ellas, la tagua y el güérregue. Después de consumir la pulpa, el ñeque transporta
semillas de las palmas a sitios alejados, donde las entierra para recuperarlas en tiempos
de escasez. Se ha comprobado que pelando y enterrando las semillas güérregue, las salva
de ser depredadas por insectos y vertebrados, y éstas tienen mayores posibilidades de
llegar a ser plántulas. Se ha sugerido incluso sin los ñeques, las poblaciones de
güérregue no tendrían asegurada su perpetuidad. Al mismo tiempo, la desaparición de la
palma tendría un efecto desproporción sobre la comunidad de mamíferos (Smythe, 1989).
Las palmas y el hombre
Una gran parte de la vida del
hombre del Pacífico está ligada a las palmas. Al igual que en otras áreas del
neotrópico, las palmas cubren numerosas necesidades de la vida diaria, que incluyen
alimento, vivienda, herramientas, utensilios, juguetes y adornos. Otras especies están
ligadas a las ceremonias y otras más hacen parte de la mitología. Por lo menos, cuarenta
y seis de las 106 especies de palmas del Pacífico tienen algún uso reconocido y algunas
de ellas tienen gran potencial económico. Ningún otro grupo de plantas presta al hombre
tantos y tan diversos servicios como las palmas.
Varias especies de palmas
poseen frutos comestibles u oleaginosos, y uno de ellos, el chontaduro, constituye un
elemento fundamental de la dieta durante una parte del año. Esta planta extraordinaria es
la única palma que ha sido domesticada en América; y era extensamente cultivada por las
culturas amerindias a la llegada de los conquistadores españoles. Hasta tal punto era
importante el chontaduro para los amerindios, que en algunas áreas, los invasores
derribaban las palmas como una estrategia para subyugar a las poblaciones. El chontaduro,
de textura harinosa y sabor extraño al paladar europeo, ha tardado casi cinco siglos en
ganarse un puesto entre las frutas importantes de Colombia.
Los frutos de otras especies
silvestres de Bactris, de pulpa delgada y
acídula, se comen directamente en el campo.
Con los frutos de las especies de Euterpe (naidí) y Oenocarpus (milpesos) se preparan bebidas
nutritivas y deliciosas. El milpesos merece especial atención. Los frutos negros de esta
palma, que fructifica una vez por año, producen una bebida aceitosa y sabrosa, muy
apreciada en todo el Pacífico, por lo que las palmas son buscadas con avidez durante la
época de cosecha. En algunas áreas desafortunadamente, los habitantes derriban la palma
para cosechar el racimo, matando así para siempre la fuente de este apreciable recurso.
De los frutos del milpesos se obtiene también un aceite similar al aceite de oliva en sus
propiedades físicas y químicas lo mismo que en su sabor. La explotación industrial del
aceite de milpesos se ha intentado en algunas regiones de Colombia pero ha fracasado por
razones operativas.
Las palmas más comunes del Pacífico colombiano,
con sus nombres en español, embera y waunana.
Una bebida similar a la del
milpesos se extrae de los frutos del naidí, amasándolos en agua. Aunque, al igual que
con el milpesos, la explotación se hace principalmente a nivel doméstico, los frutos del
naidí se venden en el mercado de algunas poblaciones, como en Buenaventura.
Las nueces
de varias especies son también un alimento apreciado, que se consume principalmente
durante las correrías por la selva. Las más estimadas son las del táparo (Attalea allenii y Orbignya cuatrecasana) y las de
la tagua. Estas últimas se consumen cuando la nuez está todavía muy inmadura y tiene,
entonces, una textura gelatinosa y un sabor dulzón que evoca al del coco.
El cocotero, por su parte, es
en sí mismo una despensa para el hombre de las tierras bajas del Pacífico. Ningún plato
se considera completo si no está preparado con coco; y su producción de frutos durante
todo el año lo constituye en una fuente permanente de alimento. La primera posesión que
lleva el hombre de la costa a los nuevos terrenos que cultiva es la palma de coco y es
ésta la que da a las playas su perfil tropical. Aunque ahora hay concierto entre los
botánicos sobre el origen del cocotero en el Pacífico occidental, y no en América, la
presencia de este tesoro de la naturaleza en las costas del Pacífico americano data de
varios siglos atrás y estaba ya en la Costa Pacífica de Colombia a la llegada de los
españoles.
Uno de los aspectos de la
vida cotidiana en los que mejor se refleja la importancia de las palmas para el hombre del
Pacífico son las viviendas. El piso, las paredes y el techo de las viviendas rurales del
Pacífico son construidos con materiales de diferentes especies de palmas. En las tierras
bajas, el material más usado para los pisos son los tallos hendidos de la barrigona (Iriartea deltoidea) ; para las paredes se usan los
tallos de la zancona o de la memé, igualmente hendidos; el techo se hace comúnmente con
las hojas del amargo y el caballete se refuerza con las hojas de la cuchilleja (Geonoma calyptrogynoidea). Numerosos utensilios de
la casa son también fabricados con palmas: las cunas en las que se arrullan los niños
son tejidas con los tallos flexibles de la matamba (Desmoncus
cirrhiferus); los canastos en los que se guardan las pertenencias y los abanicos con
los que se aviva el fuego se fabrican con fibras de los pecíolos del antá; las escobas
se hacen con los cogollos del amargo.
También los implementos de
caza y pesca se fabrican con palmas: las cerbatanas o bodoqueras se elaboran con los
tallos de las especies de Catoblastus y Wettinia; las catangas, o trampas para pescar, se
construyen con matamba y chacarrá; con las semillas de la tagua se fabricaban
antiguamente unos pitos eficientes para atraer a los animales de caza. Incluso para
navegar los ríos aguas abajo, se fabrican balsas con los tallos ventricosos y pesados de
la barrigona. Para navegar en el mar o en las bocanas, las hojas enterizas y enormes de la
jicra (Manicaria saccifera) o las del
cocotero, sirven como velas improvisadas y eficientes. Por su parte, los largos pecíolos
de la pángana sirven como palancas para empujar las embarcaciones por los caños del bajo
Atrato.
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Valle Del río Naya
Foto: Rodrigo Bernal
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Pero también en la
diversión y el arte están las palmas. Con las hojas del táparo se hacen pequeñas
cornetas con las que juegan los niños; y las marimbas de Guapi, famosas en todo el país,
están hechas con la madera dura de la barrigona o pambil.
Las palmas están también
presentes en las ceremonias. Cuando el jaibaná embera invoca a los espíritus tutelares,
acompaña su canto con el ritmo de los movimientos de una hoja de parará o don pedrito.
La calle de honor para dar la bienvenida al obispo en un pueblo del río San Juan, se
engalana con las enormes hojas del táparo (Orbignya
cuatrecasana) y las hojas de otro táparo (Attalea
allenii) se bendicen durante el domingo de ramos.
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