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(continuación capítulo zoogeografía)
Sin embargo, no
todos los grupos norteamericanos que se encontraban en la cordillera costera antes del
cierre final del Geosinclinal de Bolívar, fueron capaces de aprovechar la conexión
terrestre para colonizar la cordillera Occidental y, así, ganar acceso al resto de los
hábitats disponibles en el núcleo de Sudamérica. De todos los grupos de
mamíferos de Norte y Centroamérica que han colonizado Sudamérica, los roedores
fosoriales (completamente subterráneos) de la familia Geomyidae (género Orthogeomys) sufrieron más limitaciones en su
distribución hacia el
sur. Llamados tuzas en México y
covatierra (o coya-coya) en el Chocó, estos fueron recién
descubiertos (con una nueva especie) en Colombia. Llegaron hasta la Serranía del Baudó
en el norte del Chocó, contigua a Panamá, pero no pudieron cruzar la llanura para llegar
a la cordillera Occidiental. Todo parece indicar que los suelos de la región del viejo
Geosinclinal de Bolívar se mantienen inundados y no permiten la construcción de los
túneles necesarios. De esta manera, la zona de la llanura que se encuentra entre los
ríos Atrato y San Juan en el centro del departamento del Chocó (llamado el Istmo de San
Pablo), sigue funcionando como una barrera biogeográfica para esta familia de roedores.
Otro caso similar, pero con
éxito variable en la colonización de Sudamérica se mostró en los cangrejos de agua
dulce (familia Pseudothelphusidae). En este grupo de invertebrados, que no soportan el
menor contacto con el agua marina durante ninguna etapa de su vida, el género Hypolohocera alcanzó a colonizar los bajos al este
de la Serranía del Baudó que drenan hacia el Pacífico y los ríos de la vertiente del
Pacífico de la cordillera Occidental hacia el sur, llegando hasta el Ecuador y la Isla
Gorgona. Mientras tanto, otro género de la misma familia, Potamocarcinus, que se conocía sólo en América
Central, fue recientemente reportado sólo para la vertiente del Pacífico de la serranía
costera cerca a la frontera con Panamá.
Después de que el
intercambio faunístico entre Norte y Sudamérica hubiera establecido un equilibrio en
ambos continentes, ya hacia finales del Pleistoceno, ocurrió otra serie de eventos que
afectó notablemente la zoogeografía del neotrópico. Como se considera que la región
chocoana ha tenido un papel protagónico en este proceso, vale la pena repetirlo en algún
detalle. Durante los últimos 500.000 años el clima mundial se ha vuelto menos parejo y
las regiones polares se han enfriado. Un resultado de esto es que, durante unos ciclos de
temperatura más baja, se han formado grandes glaciares en las regiones alejadas del
Ecuador (y unos más pequeños en las montañas más altas en el trópico). El hecho de
encontrarse tal cantidad de agua en forma de hielo sobre la tierra causó un descenso
notable en el nivel de mar en todo el mundo durante las épocas de avance de las
glaciaciones. Se cree que el nivel del mar se encontraba unos 160 metros más bajo que en
la actualidad durante la penúltima glaciación hace unos 65.000 años y 110 metros hace
unos 17.000 años. Esto implica que una gran área de la plataforma continental quedó
destapada en las épocas pico de glaciación y que, obligatoriamente, muchas islas sobre
esta plataforma se unieron a los continentes. Este fue el caso del occidente colombiano en
donde, actualmente, es la Isla Gorgona, la cual se vio pegada al continente repetidamente,
poblándola de flora y fauna. Con el retroceso de los glaciares durante las épocas
interglaciales relativamente cálidas, el nivel del mar subió, aislando estos puntos más
altos. Así la Isla Gorgona fue separada del continente hace unos ocho o diez mil años y
elementos de su flora y fauna continental han venido extinguiéndose desde entonces.
Otro efecto importante de las
épocas glaciales fue la formación de refugios de flora y fauna en los bosques lluviosos
tropicales. En estas épocas, el clima mundial fue afectado y las regiones tropicales
sufrieron condiciones más secas y frías que durante las interglaciales (por ejemplo, la
actual). Como las selvas húmedas dependen de un cierto mínimo de pluviosidad, la
relativa sequía hizo que este hábitat fuera reemplazado por hábitats más xéricos (con
menos humedad) y abiertos en mucha de su extensión. Así la gran selva amazónica se vio
restringida en varios centros aislados de mayor humedad y todas las especies dependientes
del hábitat boscoso tuvieron sus distribuciones fragmentadas. El aislamiento genético
entre las poblaciones alejadas favoreció la evolución de nuevas especies y subespecies
mejor adaptadas a sus condiciones locales.
En las épocas
interglaciales, con el aumento de las lluvias y de la temperatura, los bosques aumentaron
su rango a partir de los refugios hasta reunirse, formando la selva amazónica casi
continua que conocemos hoy. Las poblaciones de animales, antes aisladas, también tuvieron
la oportunidad de ampliar su rango de nuevo. En algunos grupos las zonas de hibridización
entre subespecies parecen corresponder a encuentros entre poblaciones previamente aisladas
en refugios diferentes.
La fluctuación climática
durante la Edad de Hielo (los últimos 500.000 años ) produjo una serie de épocas
glaciales e interglaciales que causó una serie de eventos de fragmentación y reunión de
las selvas. Se cree que estos eventos funcionaron como un motor de especiación en la
selva neotropical, una posible explicación para la reconocida alta diversidad de
especies. Esta explicación se ha lanzado para muchos grupos donde la distribución de las
especies parece corresponder con los propuestos refugios, tales como aves, lagartos, ranas
y mariposas. Generalmente, la región chocoana se incluye
como
uno de los refugios principales y su
alto grado de endemismo refleja la importancia de esta zona como centro de especiación.
Aunque somos capaces de
reconstruir con alguna certeza los eventos del pasado que han sido importantes en
formación de nuestra fauna actual, tenemos que reconocer que apenas hemos empezado a
entender la complejidad de las relaciones zoogeográficas existentes. El estado de la
investigación zoológica en la región chocoana está en su infancia; en unos cuantos
grupos han hecho algunos estudios, mientras en muchos otros grupos es casi nada lo que se
conoce. En algunos casos apenas se están comenzando los estudios taxonómica que forman
la base de nuestro sistema de clasificación. En otros casos la taxonomía básica está
relativamente completa, pero hace falta revisar las relaciones evolutivas entre grupos a
nivel de género y especie para poder reconocer los patrones comunes en organismos no
relacionados. Son estos patrones los que nos dan la información necesaria para
reconstruir la historia detalla de nuestra fauna.
Es válido señalar algunos
grupos de animales donde nuestro conocimiento es especialmente limitado e forma de
recomendaciones para investigaciones futuras. Clásicamente, se ha destacado la
importancia del animales dependientes de hábitats húmedos y el agua dulce como
indicadores zoogeográficos, porques muy sensibles a la desecación y no soportan el
mínimo contacto con agua salada. Así podríamos sugerir estudios sobre los peces,
cangrejos, caracoles y sanguijuelas de agua dulce como grupos importantes para investigar.
Igualmente, los caracoles y babosas terrestres podrí aportar información interesante.
Tal vez, la laguna grande en nuestro conocimiento zoológico tiene que ver con unos de los
animales más diversos y abundantes, los insectos; hay muchos que tienen poca capacidad de
dispersión por ser débiles al vuelo o por la pérdida de alas. Por ejemplo, las hormigas
representan uno de los grupos más importantes ecológicamente en la selva húmeda, pero
nuestro estado de conocimiento (especialmente en la región chocoana) es deficiente.
Es justo hacer un llamado de atención a las
entidades interesadas en la vida silvestre y el patrimonio que esta representa. Por la
tasa acelerada actual en la destrucción del hábitat y por tener una extensión
geográfica limitada, el
futuro de la naturaleza de la costa Pacífica de Colombia en
este momento es deprimente. Hace falta apoyo económico para toda clase de trabajos de
conservación, desde la formación de nuevos parques y reservas hasta una protección más
efectiva de los existentes. Tal vez de más prioridad sería promover la educación
ambiental y algunas alternativas económicas viables para la gente del campo. Finalmente,
es importante emprender estudios biológicos básicos como los mencionados anteriormente,
porque nuestra flora y fauna están desapareciendo más rápido que nuestra capacidad de
conocerlas.
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BIBLIOGRAFÍA
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