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(continuación capítulo mamíferos)
Los demás
roedores de la Costa Pacífica representan grupos que llegaron a América del Sur desde el
norte a finales del Plioceno o durante el Pleistoceno (o sea, en los últimos diez
millones de años). De estos, el grupo que llegó primero fue la Familia Muridae, que
contiene más de 1.000 especies de ratas y ratones y se encuentra en casi todo el mundo.
Los ancestros que invadieron el continente sureño antes del cierre del Geosinclinal de
Bolívar, saltando esta última barrera marina, representan la Subfamilia Sigmodontinae y
se diversificaron rápidamente en casi todos los hábitats disponibles. En comparación
con los caviomorfos, son de tamaño menor (10-350 gramos), más veloces y agresivos y
usualmente tienen camadas más grandes. En la Costa Pacífica las especies más
representativas de este grupo serían el ratón acuático (Oryzomys alfari), que se asocia con ríos y
humedales, el ratón pardo (Oryzomys caliginosus), el
ratón bigotudo (Oryzomys bombycinus), ambos de
amplia distribución en hábitats terrestres, y el ratón espinoso (Neacomys tenuipes), una especie poco común en
estos bosques. También, vale la pena mencionar al ratón trepador (Tylomys mirae) que es muy ágil tanto en el suelo
como en los árboles de los bosques bajos y del piedemonte.
Otros grupos no han tenido
tanto éxito en América del Sur, aparentemente, por haber llegado tan sólo durante el
Pleistoceno y, comparativamente, son pocas las especies que se encuentran. Las ardillas
(Familia Sciuridae) son representadas por apenas dos especies, una relativamente grande (Sciurus granatensis, unos 500 gramos) y otra
pequeña (Microsciurus mimulus, cerca de 100
gramos). Los ratones de bolsas mejillares externas (Familia Heteromyidae) tienen un sólo
representante en esta zona, Hcteromys australis, que
se extiende desde Panamá oriental hasta el noroeste del Ecuador.
Otra familia de roedores
(Geomyidae) fue recientemente descubierta en la serranía de Baudó en el norte del
departamento del Chocó. Se ha encontrado que una especie (Orthogeomys dariensis) se extiende desde Panamá
oriental hasta la región de Juradó, por lo menos, y se describió una nueva especie (Orthogeomys thaeleri) que se encuentra en la
región entre bahía Solano y la ensenada de Utría. Llamadas covatierra, por
su costumbre de permanecer siempre en túneles subterráneos de su propia construcción,
ambas especies pueden volverse plaga de los cultivos de plátano. Puesto que, Orthogeomys thaeleri sería la única especie de
roedor endémica del Pacífico colombiano y que nuestros datos de distribución y
ecología son aún muy fragmentarios, sería interesante disponer más estudios detallados
en este grupo.
Los conejos, aunque
frecuentemente confundidos con los roedores, representan un orden y familia aparte
(Lagomorpha: Leporidae). En los bosques lluviosos de la Costa Pacífica, se encuentra una
sola especie, Sylvilagus brasiliensis. Tiene una
amplia distribución geográfica y ecológica, encontrándose en casi todos los hábitats
de Colombia. En las selvas, prefiere los microhábitats cerca al agua y el borde del
bosque. Aunque comestibles, su rareza en estos bosques los hace poco perseguidos.
El Orden Carnívora está
bien representado en la selva chocoana y, posiblemente, se puedan encontrar hasta 16
especies entre todas las cinco familias presentes en América. Por su papel ecológico de
predadores, usualmente tienen unos rangos geográficos muy amplios y existen condensidades
bajas en una variedad de hábitats. Esto es especialmente característico de los félidos,
que están presentes con varias especies en casi todos los bosques lluviosos, pero nunca
comunes ni fáciles de observar. Así, hay informes para la Costa Pacífica colombiana del
jaguar (o tigre mariposo, Panthera onca), el
tigrillo (Felis parclalis), el puma (o león, Felis concolor) y el gato pardo (Felis yagouaroundi). De la familia de lacomadreja
(Mustelidae) la tayra (Eira barbara) es
relativamente común, mientras la nutria (Lutra
longicaudis) y comadreja (Mustela frenata) son
más difíciles de encontrar. Hay dos especies de cánidos en esta región: el zorro negro
(Speothos venaticus), que depende de la selva, y
él zorro común (Cerdocyon thous), que puede
estar entrando en la medida que ésta se está abriendo por la actividad humana. El
cuzumbo centroamericano (Nasua narica), el
perro de monte (Potos flavus), el
olingo (Bassaricyon gabbii) y el mapache (u
osito lavador, Procyon cancrivorus) representan
la Familia Procyonidae en la Costa Pacífica
colombiana. Aunque todos los carnívoros probablemente utilicen los manglares con
frecuencia, el mapache puede ser un elemento más fiel a este tipo de hábitat. También
existen reportes del oso (Tremarctos ornatus) en
la serranía del Darién, en la frontera con Panamá. Aunque esta posibilidad es viable,
esta especie es más típica de los Andes y no es debido incluirla como elemento común de
los bosques lluviosos de baja elevación.
De los mamíferos
desdentados (Orden Xenarthra) seis
especies se han mencionado para la selva chocoana. El armadillo común ( o gurre, Dasypus novemcinctus
)
se
encuentra ampliamente distribuido, extendiéndose hasta los Estados Unidos. Podrían estar
presentes los tres osos hormigueros: el angelito de pelo sedoso (Cyclopes didactylus), que es el más pequeño y
completamente arbóreo, el tamandua (Tamandua
mexicana) de tamaño mediano y entre arbóreo y terrestre en sus costumbres y el oso
de bandera u oso palmero, Myrmecophaga tridactyla
), grande y básicamente terrestre. Esta última
especie se incluye en las listas de especies por un informe viejo para el occidente del
Ecuador, pero no hay datos recientes para la Costa Pacífica de Colombia. Siendo una
especie de llanos y pastizales, no es probable que sea un elemento fiel de la selva
chocoana. Unos de los mamíferos que son más comunes en el bosque chocoano (después de
los murciélagos) son los perezosos, el de tres dedos en la mano (Bradypus variegatus) y el de dos dedos (Choloepus hoffmanni). En Panamá la biomasa de
perezosos fue mayor que la de cualquier otro grupo vegetariano arbóreo. De los dos, Braclypus es el más especializado, siendo
limitado al bosque lluvioso de zonas bajas y comiendo principalmente hojas del yarumo (Cecropiaspp.). Estos animales tienen una serie de
adaptaciones que permite su vida exitosa en los estratos superiores del bosque. Poseen
brazos y garras largas para colgarse; dientes especializados para restregar las hojas y un
tracto digestivo largo para digerir lentamente esta dieta de baja calidad; tienen una
asociación con unas algas que viven en los surcos de los pelos que dan un color
protectivo verde.
Con relación a los bosques
de la cuenca amazónica, la planicie del Pacífico colombiano es relativamente pobre en
cuanto al número de especies de primates. Mientras se han registrado hasta trece especies
en una región del oriente del Perú, solo cinco se encuentran en el occidente de Colombia
y casi todas estas incluyen a Centroamérica en su distribución. El más pequeño, el
tití pielroja (Saguinus geoffroyi), está
presente desde el
occidente de Panamá hasta el río San Juan en el Pacífico
colombiano. El mico cariblanco (Ce
bus
capucinus) se extiende desde Honduras, bajando por la Costa Pacífica, hasta el norte
del Ecuador y es el único primate en la isla Gorgona. El mico nocturno o marta (Aotus lemurinus) es relativamente común en los bosques
de baja y mediana elevación, pero poco notable en el medio en comparación con los otros
miembros del orden. El aullador negro (Alouatta
palliata) se distribuye desde México tropical hasta Colombia y Ecuador al oeste de
los Andes tanto en los bosques bajos como en el piedemonte. Finalmente, el mico araña o
marimonda (Ateles
fusciceps) se
encuentra desde el noroeste del Ecuador hasta Panamá oriental. Con base en los primates,
podemos apreciar que el bosque lluvioso del occidente colombiano es una extensión de
aquel en Centroamérica; comparten básicamente las mismas cinco especies que son
distintas a las de Amazonas que, adicionalmente, tiene muchas especies más.
Otro grupo relativamente
fácil de observar son los marsupiales. Aunque todos son nocturnos, son menos veloces y
esquivos que otros mamíferos (razón por la cual
frecuentemente se observan
muertos en las carreteras. En la Costa Pacífica de Colombia se pueden encontrar hasta
nueve especies, desde el tamaño de un ratón hasta el de un gato. Algunos son bien
conocidos como la chucha común (Didelphis
marsupialis ),la gris de cuatro ojos (Philander opossum),
la café de cuatro ojos (Metachirus nudicaudatus) y
la lanuda (Caluromys
derbianus). La
chucha acuática (Chironectes minimus) es menos
conocida por su limitación a los hábitats húmedos; y las especies más pequeñas (Marmosa alstoni y M. robinsoni,
entre otras) por ser menos
vistosas. Todas son mas o menos omnívoras, comiendo una variedad de frutas, invertebrados
o vertebrados, dependiendo del tamaño de la especie y el hábitat donde vive.
De los ungulados con dedos
pares (Orden Artiodactyla) encontramos sólo dos familias y un total de tres especies en
la selva del occidente colombiano. La familia Tayassuidae incluye el tatabro (Tayassu tajacu) , que se reconoce por tener un
collar claro desde el hombro hasta el cachete y el saíno (Tayassu
pecan), que tiene pelos blancos sobre el labio
inferior. El primero es más pequeño (hasta 30 kilos) y usualmente anda en grupos de
menos de diez individuos, mientras el segundo alcanza unos 40 kilos y vive en manadas
grandes de 50 a 300 individuos. Ambas de estas especies son omnívoras y buscan una
variedad de alimentos en el piso del bosque, especialmente concentraciones de frutas.
Mientras algunos mamíferos que comen frutas pueden servir a veces como agentes de
diseminación (como es el caso del guatín ya mencionado), éstos tienden a ser
depredadores de semillas. Si una manada de tatabros (Tayassu
tajacu) o saínos (T. pecan) encuentra una
abundancia de frutas bajo algún árbol, usualmente acaban con todo. Con su hocico fuerte
remueven todo lo que está cerca a la superficie y, con su mordisco fuerte, son capaces de
romper hasta las semillas y nueces mas duras del bosque lluvioso. Depredadores como estos
no favorecen la reproducción de los árboles de semilla grande porque matan las semillas;
se aprovechan de este recurso sin cumplir un papel funcional positivo para la vegetación.
De la familia de los venados (Cervidae), sólo una especie (Mazama
americana) es común en la selva chocoana. Como
todos los demás rumiantes, comen hojas, que representan un alimento abundante pero
difícil de digerir. Poseen cuatro estómagos, el primero de los cuales tiene
microorganismos que secretan enzimas especiales para disolver la celulosa, liberando
energía. Todos estos artiodáctilos son cazados por su carne por los nativos de la
región y el saino parece ser más sensible que los otros a la destrucción de su
hábitat.
El otro ungulado posible en
la región chocoana es pariente del caballo (Orden Perissodactyla) con los dedos impares.
El tapir o danta (Tapirus hairdii) es el animal
terrestre más grande del neotrópico (hasta 300 kilos); se encuentra desde México
tropical, a través de Centroamérica y la Costa Pacífica, hasta Guayaquil. Por su gran
tamaño, son cazados donde se encuentran y parecen ser vulnerables a la extinción. Es
posible que esta especie ya se haya extinguido en amplios sectores de la región.
Unas pocas especies de
mamíferos pueden aprovechar los hábitats alterados por el hombre; algunas se ven hasta
favorecidas por estos cambios. Un caso ejemplar sería el vampiro (Desmodus rotundus), que no es un elemento
demasiado común dentro de la selva húmeda. Debido al hecho que tiene que encontrar una
víctima para satisfacer su costumbre hematófaga, los hábitats abiertos son más
propicios para la búsqueda. Cuando el hombre utiliza estos hábitats no naturales para la
ganadería, les pone un recurso abundante y fácil de ubicar. Naturalmente, los vampiros
pueden aprovechar este recurso aumentando su población. Hoy en día vivimos con el
resultado que los vampiros, probablemente, son mas abundantes que nunca en el pasado. Otro
ejemplo sería el de los roedores introducidos, el ratón Mus musculus y las ratas Rattus rattus y R. norvegicus. Estas especies generalmente
dependen del hombre, viviendo dentro o cerca de sus habitaciones. Pero se ha visto que, en
nuestro clima tropical, pueden establecerse en los hábitats modificados y competir con
los roedores nativos.
Se ha mencionado cómo muchos
de los mamíferos nativos de la selva chocoana han desaparecido de esta porción de su
distribución original, usualmente debido a la presión de la cacería por la población
humana. El motivo principal de esta actividad es la consecución de alimento protéico
pero, en el caso de los gatos manchados o las nutrias, también existe un mercado para las
pieles, mientras los primates son cotizados como mascotas y animales de laboratorio. El
futuro de cada especie depende de una combinación de varios aspectos básicos de su
biología. El factor más importante es el tamaño; si el animal representa suficiente
comida para justificar la inversión de un tiro de escopeta, la cacería puede afectar la
población local negativamente. Los animales más pequeños pueden conseguirse en trampas,
pero el trampeo no es un método exhaustivo. Segundo, si una especie por su naturaleza es
hullosa y vive en grupos sociales son más fáciles de ubicar en el bosque. También, en
las especies que demoran más tiempo para alcanzar la edad de reproducción la población
local demora más en reponerse si sus números han bajado. Así, especies como los micos
grandes llenan todos los requisitos para ser vulnerables a la extinción local. A pesar de
lo anterior, puesto que la mayoría de las especies del bosque no se pueden adaptar a los
hábitats abiertos o degradados, el peligro más crítico en la conservación de los
mamíferos (igual que para los otros grupos de animales) es la tala de bosque. Como la
Costa Pacífica colombiana tiene una extensión geográfica relativamente limitada, sus
bosques se encuentran más o menos a la mano para el hombre y están siendo cortados a una
tasa alarmante. Entre la gran cantidad de ríos navegables (y los caminos carreteables que
se han abierto) quedan muy pocas zonas donde los bosques chocoanos podrían representar
refugios para la fauna. Si pensamos en la combinación de destrucción de hábitat con una
cacería desmedida, el
futuro más probable de muchos de nuestros mamíferos es
la extinción en el occidente colombiano.
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BIBLIOGRAFIA
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