19. LA AVIFAUNA

Morphnus Guanensis
Foto: Juan Manuel Renjifo

Mas de noventa especies aves han sido registradas en la franja angosta de tierra entre la cordillera Occidental, las fronteras de Panamá y Ecuador y el océano Pacífico (incluyendo las aguas territoriales de Colombia). Para hablar de la avifauna del Pacífico colombiano propiamente dicho, debemos excluir unas treinta especies que solamente ocurren arriba de los 2.500 m en la cordillera Occidental y ocupan indistintamente sus dos vertientes y unas cuarenta especies solamente conocidas en la parte ‘baja de la cuenca del río Atrato. Esta última región, de un clima más estacional con varios meses de sequía cada año, pertenece más a la provincia biótica del Caribe colombiano y posee ambientes, como grandes ciénagas y bosques semidecíduos, que no se encuentran en la provincia biótica del Pacífico en el sentido estricto. El resto de la cuenca del Atrato, si bien drena hacia el Mar Caribe, posee un clima cada vez más típico del Pacífico conforme uno sube aguas arriba. Así, las lluvias aumentan en cantidad y frecuencia desde el norte del Chocó hacia el sur; la parte central del Pacífico colombiano es una de las zonas más lluviosas del mundo, muy notable por su vegetacion exuberante. Hacia el sur la cantidad de lluvia disminuye, pero nunca deja de ser una zona muy húmeda con selvas siempre verdes y ricas en especies vegetales y animales. La excepción en este panorama de selvas húmedas, se encuentra en algunos valles profundos de ciertos ríos, como el del Patía y en menor grado, el del Dagua, en los cuales las montañas frente a la costa crean una sombra de lluvia en la parte alta del valle, con un clima más árido y una vegetación más abierta y caducifolia. Todos estos aspectos del clima y de la vegetación tienen sus efectos sobre la distribución y diversidad de las aves del Pacífico colombiano.

Anisognathus notabilis

Aún en el sentido más restringido, la avifauna del Pacífico es sumamente rica, con unas 838 especies registradas casi la mitad de la avifauna de Colombia, que a su vez es la más rica del mundo. En Colombia, aproximadamente ciento cincuenta especies han sido encontradas únicamente en esta zona, así que el aporte del Pacífico a la avifauna colombiana es muy considerable. La importancia de esta zona para la conservación de las aves colombianas resalta aún más cuando nos damos cuenta de que hay unas diez especies endémicas del Pacífico colombiano, es decir, no se encuentran en ninguna otra parte del país o del mundo, y más de cincuenta especies “casi endémicas”, para las cuales la mitad o más de su distribución geográfica total está incluida en esta zona.

Piquero de patas azules. 
Soula nebouxii
Foto: Alfonso Quintana

Para poder profundizar más sobre los patrones de diversidad de las aves del Pacífico es conveniente primero dividir la avifauna en dos grupos: las aves acuáticas y las terrestres. Entre las aves acuáticas, se pueden separar las aves marinas y costeras de las de agua dulce; para las aves terrestres, la mejor forma de subdividirlas es según el tipo de alimento principal. Así podemos distinguir las aves insectívoras de las que comen frutos o néctar, semillas, o las que cazan presas más grandes, las aves de rapiña. Cada uno de estos grupos presenta aspectos particulares en cuanto a sus patrones de distribución y abundancia en el Pacífico colombiano, contribuyendo, a su propia manera, a la riqueza y diversidad de esta avifauna.

Las aves acuáticas

De las más de ciento veinte especies de aves acuáticas registradas para el Pacífico colombiano, más de cien son principalmente o exclusivamente marinas o costeras. La alta diversidad de estas aves se debe a varios factores. Primero, la costa occidental de Colombia está en contacto con el gran océano Pacífico y, por lo tanto, puede recibir aves de mar adentro que provienen de lugares tan alejados, Como el Cabo de Hornos, Alaska o Nueva Zelandia. Para muchas aves marinas y costeras que actualmente emprenden extensas migraciones entre los hemisferios norte y sur, sus rutas pasan por las aguas o la costa Pacífica colombiana, cosa que no sucede tanto en nuestra costa caribeña, tan alejada del océano Atlántico. Así, la cantidad de aves marinas, como petreles, paiños y gaviotas y de aves playeras que llegan al Pacífico colombiano es muy grande. De hecho, la gran mayoría de estas especies no anidan aquí, siendo conocidas en Colombia como aves migratorias o visitantes ocasionales. Muchas aves playeras, en particular, están presentes en sitios como la bahía de Buenaventura, durante varios meses fuera de su temporada reproductiva en el norte de Norteamérica. Estudios realizados por ornitólogos de la Universidad del Valle han demostrado que muchos miles de aves playeras de varias especies pasan por esta bahía en sus migraciones cada año.

Sin embargo, algunas aves marinas sí anidan en varios de los islotes e islas a lo largo de la costa del Pacífico, notablemente una o dos especies de piqueros de la familia Sulidae, y posiblemente una o dos especies de golondrinas de mar (Sterninae). Hace mucha falta un censo cuidadoso de las aves de las pequeñas islas a lo largo de la costa. En cambio, la isla de Malpelo, 500 km mar adentro, es un sitio importante de anidación para varias especies de aves marinas, incluyendo a la gaviota de las islas Galápagos.

El segundo factor que contribuye al gran número de registros de aves marinas en el Pacífico colombiano, es la proximidad de la corriente de Humboldt. Si bien esta corriente no toca la costa colombiana, alejándose del continente a la latitud del Ecuador, no es raro que individuos o grupos aislados de aves propias de esta corriente lleguen a Colombia, tal vez con mayor frecuencia en los años del fenómeno de El Niño. Así han arribado a aguas colombianas especies como el guanay, el piquero, el pingüino de Humboldt y varias especies de gaviotas. Un tercer factor que favorece una alta riqueza de aves costeras en el Pacífico es el ciclo muy pronunciado de las mareas. La zona entre mareas, que queda expuesta en la marea baja es muy extensa; esta es el área de forrajeo más importante para muchas aves playeras, gaviotas y otras. Además hay extensos manglares, sitios ideales para el forrajeo o descanso de varias especies de chorlos y correlinos, entre otras.

Comparada con la avifauna marina, la de agua dulce del Pacífico colombiano es relativamente pobre. Es especialmente notable la escasez de aves dulceacuícolas en la parte central de la zona, la de más alta pluviosidad. Este hecho, ilógico a primera vista, se explica porque e las zonas de muy elevada pluviosidad los ríos bajan rápidamente a la costa, con corrientes fuertes y turbias sin formar remansos o extensos sistemas de caños y ciénagas como ocurre, por ejemplo, en las extensas planicies del bajo Atrato. Los tíos del Pacífico colombiana también son notoriamente pobres en peces. El resulta do de estos factores es que la avifauna acuática muy rica y diversa del bajo Atrato va disminuyendo en abundancia y riqueza hacia el sur. No hay aves de agua dulce conocidas en Colombia exclusivamente del Pacífico, e la excepción de dos especies de pollas de agua tinguas (Aramides wolfi y Aramides concolor) que habitan selvas pantanosas y no espejos de agua en sí.

La avifauna terrestre

De las aves terrestres, otro grupo cuya diversidad disminuye en la zona de máxima pluviosidad del Pacífico es el de las aves rapaces tanto diurnas, como los gavilanes, halcones y águilas, como nocturnas, los búhos y lechuzas. Posiblemente las lluvias intensas prolongadas durante casi todo el año dificultan la cacería de los grandes rapaces planeadores; por esto, varia especies de gavilanes grandes y águilas sólo habitan la parte norte del Pacífico colombiano o los valles seco del Patía y El Dagua. Las selvas espesas tampoco favorecen el forrajeo de los rapaces que requieren espacio abiertos para poder cazar efectivamente, como ciertos gavilanes y búhos grandes. Sinembargo, las aves de rapiña que puedan buscar y atacar sus presas efectivamente en la vegetación densa de las selvas se encuentran bien representadas en las zonas más lluviosas del Pacífico, grupos corno los halcones de monte (Micrastur) los gavilanes pequeños del género Accipiter y las lechucitas del género Otus. Varias especies de estos grupos son registradas en Colombia solamente en estas selvas lluviosas y se encuentran entre las aves menos conocidas del país en cuanto a sus hábitos y ecología.

En casi cualquier comunidad de aves terrestres, el grupo más grande en cuanto a dieta, está conformado por las especies que comen principal o exclusivamente insectos. Esta tendencia es evidente en la avifauna del Pacífico colombiano, en donde cerca del 40% de las especies de aves terrestres se consideran insectívoras. Este gran conjunto de 300 especies consume una enorme variedad de tipos y tamaños de insectos, que son detectados y capturados con las técnicas y maniobras más variadas. Un grupo de especies come insectos grandes, a veces alternando con pequeños vertebrados, como ranitas y lagartijas. Ciertos hormigueros (Formicariidae) buscan tales presas activamente en el follaje o la hojarasca, mientras otros, como los bucos (Bucconidae) esperan quietos al acecho, abalanzándose desde la percha sobre cualquier presa que camina o brinca en sus alrededores. Hay especialistas en perseguir y capturar insectos en vuelo - algunos lanzándose de una percha-, como muchos jacamares (Galhulidae) y atrapamoscas (Tyrannidae); otras en vuelo continuo, como las golondrinas (Hirundinidae) y vencejos (Apodidae). La búsqueda de insectos más pequeños en la vegetación es llevada a cabo por muchísimas especies de aves, de muchos tamaños y formas. Algunas especies de mosqueritos (Tyrannidae) pesan apenas 5 o 6 gramos, menos que muchos colibríes, mientras las urracas (Corvidae) y al gunos cuclillos (Cuculidae) pesan más que una paloma. Las especies de aves insectívoras presentan la gama más amplia de tamaños y formas de picos, según el tipo de presa preferida y la forma de agarrarla. Hay picos finos y puntiagudos para los rebuscadores en el follaje, picos anchos y planos para especies que sacan su presa del follaje en vuelo; o picos largos y delgados para las aves que prueban en hojas arrolladas, grietas en la corteza o epífitas. El tamaño y forma de las alas y de la cola; y el tamaño y la fuerza de las patas, también varían entre las especies de aves insectívoras según su forma de buscar y atacar a sus presas.

Sin embargo, la diversidad de aves insectívoras del Pacífico no es excepcionalmente alta si la comparamos con la de otras áreas de selva húmeda. En una selva amazónica, por ejemplo, uno puede encontrar el doble de especies de hormigueros que en una selva del Chocó. Un aspecto interesante de la distribución de las aves insectívoras, es que su diversidad es casi constante a lo largo de toda la zona del Pacífico. El número de especies no aumenta en proporción directa con la humedad, como en muchas otras áreas del neotrópico. Posiblemente la pluviosidad muy alta de la parte central del Pacífico colombiano y la misma exuberancia de la vegetación, les hacen más fácil a los insectos esconderse de sus depredadores; las lluvias prolongadas pueden dificultar el forrajeo a las especies que cazan sus presas en vuelo. Aproximadamente 15% de las especies de aves insectívoras del Pacífico son endémicas, casiendémicas, o peculiares a esta zona dentro de Colombia. Este porcentaje está bastante por debajo del de las aves frugívoras y nectarívoras, como veremos adelante. Sin embargo, varias de estas especies son muy interesantes y poco conocidas, como el cuco hormiguero escamado, Neomorphus racliolosus, un ave terrestre del tamaño de una gallina, que come los insectos grandes que huyen de las “marabundas” de hormigas guerreras. Otras dos especies de interés son el buco del Chocó, Bucco noanamae, muy común y fácil de observar en el Parque Nacional los Katíos; y el buco pechicastaño (Hapaloptila castanea), que acompaña a las bandadas mixtas de aves pequeñas en el dosel de los bosques nublados de la cordillera Occidental.

Aún más que las aves insectívoras, las granívoras -aves que comen semillas, especialmente las de los pastos­ muestran una diversidad bastante limitada en el Pacífico colombiano. La razón de esto, sin duda, es que la cobertura boscosa de gran parte de la región se encuentra todavía bastante intacta y las áreas de pastizales son generalmente de pequeñas extensiones y aisladas entre sí. En los rastrojos y potreros, alrededor de muchos pequeños pueblos de la zona, es interesante notar la poca abundancia de palomas pequeñas o ‘abuelitas’ (Columbina) y semilleros (Sporophila, Tiaris). Algunas especies de aves granívoras, como la torcaza (Zenaida auriculata) y la tortolita común (Columbina passerina) en el Pacífico solo viven en los valles secos, corno los del Dagua y del Patía. Otras, como la tortolita croadora o peruana (Columbina cruziana) han extendido sus distribuciones hacia el norte desde el Ecuador en tiempos recientes, evidentemente, como respuesta a la deforestación. Una especie que merece preocupación es el semillero de Tumaco (Sporophila insulata) que al parecer fue endémico de la isla de Tumaco. Con la urbanización de la isla, la pequeña población de esta especie única aparentemente desapareció; nada más se sabe de esta avecilla, que no ha sido vista desde hace más de ochenta años.


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