|
(continuación capítulo
avifauna)
Aves, frutos y flores:
La máxima diversidad del Pacífico
En contraste con los grupos
anteriores, hay dos grupos de aves que presentan diversidades muy altas en el Pacífico
colombiano. Se trata de las aves frugívoras, las que comen frutos, y las melíferas, que
liban el néctar de las flores. Es interesante que la riqueza y exuberancia de la flora
del Pacífico tiene eco precisamente en los dos grupos de aves que interactúan
directamente con ella para conseguir sus alimentos preferidos. A su vez, las aves sirven
como dispersantes de semillas o polinizadores de las flores de muchas especies de plantas.
Hay casi doscientas especies
de aves frugívoras en la región y más de sesenta nectarívoras (casi todos colibríes).
Estos grupos no solamente son extremadamente diversos aquí, sino también son muy ricos
en especies endémicas y casiendémicas (cerca de la sexta parte de las especies de cada
grupo). Si agregamos las especies que, en Colombia, solamente se encuentran en el
Pacífico encontramos que 40% de las aves frugivoras, y 45%
de la nectívoras, pueden considerarse especialidades de la zona, por porcentajes mucho
más altos que para cualquier otro grupo de aves terrestres.
Aquí reconocemos a los loros
(Psittacidae), las palomas (Columbidae), los tinamúes o charolas (Tinamidae), las
codornices de monte (Phasianidae) y
los paujiles
y las pavas (Cracidae). Los loros y muchas palomas comen en el dosel del bosque; los
tinamues, las codornices y ciertas palomas recogen frutos caídos en el piso; y las pavas
hacen ambas cosas. Varias de estas familias presentan especies endémicas o exclusivas del
Pacífico, como la Pava del Baudó (Penelope
ortoni,
con una distribución muy restringida en el Chocó); las codornices Odontophorus hyperythrus y O.
melanonotus,
pequeñas bandadas que
cantan en coros en horas de la mañana, informando así, los unos a los otros, de sus
localizaciones dentro del bosque para definir sus territorios.
Otro grupo importante de aves
frugívoras incluye las especies que comen frutos grandes, tragándolos enteros
regurgitando luego las semillas: así son mucho más importantes como dispersores de
semillas que los anteriores. Aquí encontramos aves, tales como los tucanes (Ramphastidae
),las soledades y quetzales (Trogonidae los barbudos (Capitonidae) y las cotingas
(Cotingidae). También, hay muchas aves más pequeñas que consumen frutos minúsculos en
la misma manera, notablemente los saltarines (Pipridae), y ciertas especies mirlas
(Turdidae) y muchas atrapamoscas (Tyrannidae). Muchas de estas aves frugívoras presentan
colores y tusos (muchos tucanes y soledades, por ejemplo usan ornamentos extravagantes
como el péndulo del pecho del macho del pájaro sombrilla, Cephalopterus pencluliger, las alas modificadas del
macho del saltarín relámpago, (Allocotopterus
deliciosus). Los tucanes y barbudos andan en grupos por el dosel del bosque y ambos
tienen colores conspicuos y muchas veces, voces nativas, como los tucanes de pico laminado
(Andigena laminiros tris) o del Chocó (Ramphastos
brevis) y el compás (Semnornis ramphastinus); esta última, una es
amenazada por la persecución para el comercio de aves de jaula. El compás y el tucán de
pico laminado han do objeto de estudios detallados por ornitólogos de Sociedad
Vallecaucana de Ornitología, en la reserva La Planada en Nariño, un
magnífico sitio para muchas de las aves especiales del Pacífico subtropical. Otras de
las aves frugívoras presentan colores brillantes u ornamentos extraños solamente en los
machos, los cuales se agrupan en asambleas de cortejo
para atraer y cortejar a las hembras, que luego realizan las tareas de nidificación
sin ayuda de los muchos. Ejemplos incluyen los saltarina y mucha cotingas, como el pájaro
sombrilla y el gallito de roca (Rupicola peruviana).
Sin embargo, la familia que
tal vez mayor diversidad presenta, entre las aves frugívoras, es la de las tángaras
(Thraupidae). Estas aves pequeñas tienen la costumbre de coger los frutos y mascarlos con
sus picos fuertes, tragando así la pulpa del fruto y las semillas pequeñas, pero botando
la cáscara y las semillas más grandes. Así, son dispersores efectivos más que nada de
frutos tipo haya con muchas semillas diminutas, como los tunos (Melastomataceae) y uvas de
monte (Ericaceae), grupos muy diversos en la región. Muchas de las tángaras son de
colores muy brillantes, las del género Tangara, en
particular, casi agotan las posibilidades para colores y patrones vistosos en aves del
tamaño de un copetón. Otro aspecto llamativo de muchas especies de tángaras es su
costumbre de andar en bandadas mixtas en el dosel o el borde del bosque. De un momento a
otro, parece que el bosque se llena de avecillas pequeñas de todos los colores, una
fiesta visual que enloquece al observador, quien desearía contar con tres pares de ojos
más para poder verlas todas.
En La Planada o
el bajo Anchicayá, no es nada raro encontrar diez a quince especies de tángaras en una
sola bandada. Entre las tángaras más espectaculares del Pacífico están las dos
especies del género Chlorochrysa, de un verde
esmeralda reluciente, una con áreas de amarillo y azul; la tángara escarlata y blanco (Erythrolypis salmoni); y la tángara barbinegra (Anisognathus notabilis), una especie grande con
áreas de negro, amarillo, azul y verde claro. El Pacífico colombiano es el centro de
radiación del género Bangsia, un grupo de
tángaras de cuerno rechoncho y cola corta, con colores negro, azul y amarillo brillante,
combinado con verde en algunas especies.
La diversidad de las aves
melíferas también es muy alta en los bosques del Pacífico. En la parte baja del Parque
Nacional Ensenada de Utría, por ejemplo, un área de bosque con algunas quebradas, ríos
pequeños y claros naturales puede tener hasta veinte especies de Colibríes, casi el
doble de un bosque amazónico como el Parque Nal. Amacayacu.
Muchos ermitaños tienen
asambleas de canto y cortejo, igual que los saltarines, en que los machos pasan de gran
parte del día en sus pequeños territorios, emitiendo cantos agudos y
monótonos para atraer a las hembras. En estas
áreas, las demás especies de Colibríes no ermitaños varían mucho en
tamaño y en el largo de sus picos casi siempre rectos; visitan y polinizan una gama más
amplia de flores. Una especie particularmente interesante es el colibrí de Humboldt, Hylocharis (grayi) humboldtii, endémica de la
costa del Pacífico desde la frontera de Panamá hasta el norte del Ecuador. Esta especie
habita casi exclusivamente los manglares y allí visita en particular las flores del
Mangle del Pacífico (Pelliciera rhizophorae).
Subiendo las montañas, esta
alta diversidad de colibríes se mantiene hasta los 2.000 m de elevación o más; sin
embargo, las especies y las flores que visitan, van cambiando. Los ermitaños y los
platanillos son poco diversos arriba de los 1.000-1.500 m y desaparecen arriba de los
2.000-2.200 m. En el bosque nublado de las elevaciones medias y altas, la familia de las
ericáceas se vuelve muy abundante, con flores rojas o amarillas, muchas veces péndulas,
que son visitadas por colibríes de picos largos, rectos y delgados (Coeligena, Doryfera), algunos de los cuales (como C.
wilsonii) son endémicos o casiendémicos.
Otras especies de no ermitaños notables por su belleza y peculiares a la zona
son el brillante emperatriz (Heliodoxa imperatrix) con
su vientre dorado y cola larga y el colilargo azul (Aglaiocercus
coelestis) con su cola muy larga azul-púrpura brillante. Una especie muy poco
conocida y muy bonita es el colibrí de Munchique, Eriocnemis
mirahilis, con sus pantuflas blancas extravagantes. Apenas fue descubierto
en 1967 y sólo se conocen poquísimos especimenes.
Con esta reseña de las
características sobresalientes de la avifauna del Pacífico, surgen varias preguntas:
¿De dónde vinieron tantas aves? ¿Con cuáles otras avifaunas tienen sus afinidades?
Tres procesos históricos parecen haber jugado papeles fundamentales en la evolución de
la avifauna del Pacífico: el Levantamiento de los Andes en los últimos 10-15 millones de
años; la Unión de Sudamérica con Centro y Norteamérica hace unos 3 a 5 millones de
años; y los períodos glaciales e interglaciales del Pleistoceno, en los últimos 1-2
millones de años.
El levantamiento de los Andes
dividió las extensas bajuras del continente sudamericano en dos sectores: la gran región
de la Amazonia y Orinoquia en el este y una franja angosta a lo largo de la costa en el
oeste y noroeste. Por lo tanto, la gran avifauna autóctona del continente también fue
partida en dos contingentes. Varios grupos característicos de las tierras bajas, como los hormigueros y las cotingas, tuvieron una gran
radiación adaptativa en el este, con la ocupación de muchos nichos ecológicos
distintos; estos tipos ecológicos de aves son reconocidos, en muchos casos,
como géneros distintos actualmente. Esta radiación fue más limitada en el Pacífico,
probablemente debido a la poca extensión de las tierras bajas. Muchos grupos amazónicos
no llegaron o se extinguieron, en la región. En cambio, las aves más adaptables y
capaces de subir las montañas, como los colibríes y las tángaras, si podían mantenerse
y diversificarse en el Pacífico con más éxito.
El cierre de la última
conexión marítima entre los océanos Atlántico y Pacífico ocurrió precisamente en la
región del bajo Atrato. El nuevo corredor terrestre, a través del istmo de Panamá, hizo
posible un gran intercambio de flora y fauna entre Sudamérica y la parte tropical de
Norteamérica. Dado que los Andes ya representaban una barrera de consideración, el
intercambio siempre fue más intenso entre la región del Pacífico y Centroamérica, que
entre esta y la Amazonia-Orinoquia. Muchos grupos del Pacífico sudamericano extendieron
sus distribuciones hacia las tierras tropicales y subtropicales del nuevo istmo, mientras
algunos grupos norteños se extendieron hacia el sur, especialmente hacia la zona del Pacífico
y, en algunos casos, hacia la costa del Mar Caribe.
El Pleistoceno fue un
período de alternancia entre las épocas glaciales, de clima frío y seco, y las
interglaciales de clima cálido-húmedo, como hoy en día. Los bosques húmedos ocuparon
áreas extensas y continuas durante los interglaciales pero, su distribución fue
interrumpida por áreas de sabana y bosque seco en los períodos glaciales. Las
poblaciones de las aves de los bosques húmeda también fueron divididas en segmentos,
cada uno aisla do en su refugio de bosque húmedo. Estas población aisladas a
veces sufrieron modificaciones en el proceso de adaptarse a sus respectivos refugios lo
que, a lo largo del tiempo, permitió que algunas de estas población llegaran a
constituirse en especies distintas. Este proceso explica un patrón que observamos
frecuentemente hoy: grupos de especies similares y muy emparentad entre sí, que se
reemplazan geográficamente. Por ejemplo, en el género Campephilus, de carpinteros grande y copetudos, hay
una especie que se encuentra de México hasta Panamá central, donde es reemplaza
abruptamente por otra, que se extiende hasta el occidente del Pacífico colombiano, donde
a su vez es reemplazada por otra especie que ocupa hasta el suroeste del Ecuador.
|
|
Paujil, Crax rubra, río San
Juan
Foto: Alberto Sierra
|
El resultado final de todos
estos procesos es que las aves de tierras tropicales húmedas desde el sur de México
hasta el sur de Ecuador, al oeste de los Andes, constituyen una unidad avifaunística,
distinta a la de las tierras bajas de la Amazonia-Orinoquia. Los cambios que sufre esta
avifauna transmontana a lo largo de su distribución se deben principalmente a
reemplazos entre especies relacionadas y a una disminución gradual de diversidad hacia el
norte (y en menor grado hacia el sur) a partir de su centro de diversidad y riqueza, en el
Pacífico colombiano. Así, la avifauna de un sitio al oeste de los Andes debe ser más
similar a la de otra localidad de esta misma vertiente, o en Centroamérica, que a la de
un sitio de la misma latitud en la Amazonia. Una comparación interesante al respecto se
hizo entre la avifaúna de Río Palenque en el Ecuador, en el extremo sur de la avifauna
transmontana, y las avifaunas de Limoncocha, 400 km. al este en la Amazonia de este mismo
país, y Finca La Selva, más de 2.000 km al noroeste en Costa Rica. La similitud (índice
de Sorensen) entre Río Palenque y La Selva es más alta (57%) que entre Río Palenque y
Limoncocha (46%), a pesar de la distancia cinco veces mayor a La Selva. Es notable que
la avifauna del Parque Nacional Los Katíos, en el bajo Atrato y casi a media
distancia entre Río Palenque y La Selva, guarda una similitud más alta y parecida con
ambas (60-63%)
En conclusión, hay dos
aspectos de la avifauna del Pacífico colombiano destacables. Uno, el tema principal de
este capítulo, tiene que ver con su riqueza, su diversidad, sus peculiaridades y su
belleza. El otro, más preocupante, es el estado rudimentario de nuestros conocimientos
sobre ella, especialmente, en el momento actual en que el gobierno nacional piensa
afanosamente en desarrollar la región del Pacífico, sin considerar
adecuadamente las condiciones climáticas y recursos bióticos de la zona. Sabemos muy
poco sobre la ecología, el
comportamiento y el estado de las poblaciones de
muchas especies de aves en el Pacífico, especialmente de las especies endémicas y
casi-endémicas.
Algunas de estas especies se conocen por un
numero pequeño de especimenes, recolectados en una o pocas localidades, generalmente hace
muchos años. Ejemplos incluyen el semillero de Tumaco, el colibrí de Munchique y la
oropéndola del Baudó (Gymnostinops cassinii). ¿Existen
todavía estas especies o han desaparecido para siempre sin que nadie se haya dado cuenta?
Para muchas otras especies, su existencia no está en (mucha) duda, pero todavía no
sabemos casi nada sobre sus requisitos ecológicos; en estas circunstancias, es imposible
diseñar planes bien fundamentados para su conservación. Necesitamos información
confiable sobre la situaciónn actual de muchas aves del Pacífico colombiano
,
sus distribuciones y abundancias, el estado de
sus poblaciones, sus necesidades de alimentación y anidación, sus capacidades para
resistir las alteraciones del medio provocadas por el hombre. Para conseguir esta
información, será necesario más trabajo de campo, muchas observaciones cuidadosas
tomadas en terreno difícil, en fin, todo un reto. Pero un reto que puede brindar al
estudioso la enorme satisfacción de llegar a conocer, y ayudar a conservar, la
maravillosa avifauna del Pacífico colombiano.
|
BIBLIOGRAFÍA
|
|
Alvarez -López, H. 1979. Introducción a las aves de Colombia
. Biblioteca Banco Popular,
Bogotá.
Carrizosa, J. Y J. Hernández C. 1990. Selva
y futuro. Editorial La Salle, Bogotá.
Gentry, A. 1990. La Región
del Chocó. pp. 4 1-52 en:
Selva
Húmeda de
Colombia.
Villegas
Editores, Bogotá.
Hilty, L.yW.L. Brown 1986. A guide to
the
b
irds of
Colombia. Princeton University
Press, Princeton, NJ, EE.UU.
Levey, D.J. y F.G. Stiles
1993 Birds: Ecology and Biogeography. Cap. 17 En : L.A. McDade, K.S. Bawa, H.A.
Hespenheide, y G.S. Hartshorn (eds.) La Selva: Ecology
and Natural History of a Neotropical Rainforest. Univ.
of Chicago Press, Chicago III. EE.UU.
Ortiz von Halle, B. 1990. Aspectos generales de
la comunidad de aves. pp. 215-235 en J. Aguirre C. y O. Rangel Ch., eds. Biota y
ecosistemas de Gorgona. Fondo FEN Colombia, Bogotá.
Prahl, H. von 1 989.
Malpelo la roca
viviente. Fondo FEN. Colombia, Bogotá.
Stiles, EG. 1983. Birds: Introduction. pp. 503-53 1 en D.H. Janzen,
ed.
Costa
Rica Natural History.
Univ. Chicago Press, Chicago,
III. EE.UU.
Haffer, J. 1959. Notas sobre
la avifauna de la región de Urabá. Lozania 12: 1-49.
1967. Speciation
in Colombia forest birds west of the Andes. Amer. Mus. Nat. Hist.
Novit.
2294: 1-57.
Olivares, A. 1957-58 Aves de la costa del
Pacífico, Mpo. de Guapi, Cauca, Colombia. Caldasia 7: 359-381 y 8:33-93 y
217-251.
|
SEGUIR AL SIGUIENTE
CAPÍTULO
REGRESAR AL
ÍNDICE
|