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(continuación capítulo oceanografía)
Corrientes marinas
superficiales.
El patrón de corrientes
superficiales de esta región del Pacífico es complejo y responde normalmente al sistema
dominante de los vientos planetarios, determinados por el desplazamiento del cinturón de
convergencia intertropical.
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Repartición de los
principales sedimentos en la zona norte del Pacífico colombiano:
Mostaza: Lodos terrígenos
Café: Arenas lodosas.
Naranja: Arenas terrígenas
Amarillo: Arenas carbonatadas
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Hacia el sur, el Pacífico
tropical limita con el frente ecuatorial, una zona transicional abrupta entre las aguas
tropicales de la ensenada de Panamá y las aguas frías de la corriente del Perú,
localizada entre Punta Galeras (1ºN) y Cabo Blanco (4ºS) (Stevenson, et al. 1970). La
corriente del Perú y la corriente de Humboldt, no forman parte dircetamente del sistema
de corrientes de la ensenada de Panamá, ya que se desprenden de la costa a partir de Cabo
Blanco (4ºS). Los efectos directos de estas corrientes subantárticas se manifiestan
normalmente hasta los 17ºS. Las corrientes superficiales que afectan al Pacífico
colombiano son:
La Corriente Ecuatorial del
Norte que se forma en la bahía de Panamá y se desplaza hacia el oeste a nivel de los
12º de latitud norte.
La Contra-corriente
Ecuatorial del Norte la cual
manifiesta su mayor intensidad en los meses de mayo a
diciembre. Esta corriente se origina en el Pacífico central y se desplaza entre los 5 y
7º N hacia las aguas tropicales del Pacífico americano, desapareciendo sus efectos
directos entre los 90 y 85º W, cuando sus aguas se integran parcialmente al sistema de
circulación de la ensenada de Panamá y a la corriente de Costa Rica (Wirty, 1965). Esta
corriente presenta su máxima intensidad de mayo a diciembre cuando alcanza velocidades
cercanas a 2 m/s disminuyendo temporalmente entre los meses de febrero a abril. Esto
permite que las aguas tropicales de la ensenada de Panamá sean empujadas por los vientos
Alisios del norte y fluyan hacia el sur con gran intensidad durante los meses de febrero a
abril.
La corriente que resulta de
este desplazamiento forma la
Corriente del
Golfo de Panamá (Forsbergh, 1969) que es ciclónica y puede alcanzar 150 cm/s de
diciembre a abril cuando soplan con intensidad los Alisios del norte, pero su
velocidad disminuye a 50 cm/s de mayo a junio. Esta corriente se une en el oeste a la
corriente ecuatorial del sur.
La Corriente de Colombia se
mueve en sentido contrario de las manecillas del reloj, con dirección predominante NNE, y
se manifiesta con toda intensidad entre Cabo Manglares y Punta del Coco, jugando un
importante papel en la dinámica de sedimentación y disposición de las barras arenosas
paralelas a la costa.
Durante los meses de
diciembre a abril la velocidad puede ser de unos 150 cm/seg. mientras que en mayo a junio
es de 50 cm/seg. Dependiendo de la intensidad de los vientos (Stevenson, et al. 1970).
Esta corriente arrastra agua de baja salinidad hacia el norte a lo largo de la costa
colombiana y permite la entrada de aguas océanicas de temperaturas más bajas
provenientes del frente ecuatorial de transición.
En la parte norte de la
ensenada de Panamá, ocurre un fuerte afloramiento en los meses de mayo a diciembre
(Forsbergh, 1969). Entre los meses de enero y abril se presentan isotermas a diferentes
profundidades al igual que aumento de la salinidad y del contenido de nutrientes, las
cuales indican la existencia de un flujo de aguas afloradas fuera de la bahía de Panamá.
En esta época, el nivel del mar hacia la costa disminuye mientras que de mayo a diciembre
aumenta.
Estas aguas afloradas que salen
hacia el sur del golfo de Panamá son tomadas por el remolino ciclónico de la corriente
de Colombia el cual presenta forma elíptica. El ramal que fluye hacia el sur abandona el
golfo de Panamá en dirección S-SW y se desarrolla más fuertemente de diciembre a abril.
Durante este período la mayoría del agua que sale del golfo se dirige hacia el S por los
vientos septentrionales, enfriando y enriqueciendo las aguas oceánicas del Pacífico
colombiano y se desvía hacia el SW por el transporte de Ekman, uniéndose a la
circulación generalizada cerca a los 5ºN 8ºW. Durante el testo del año el
remolino frente a Colombia se desarrolla más débilmente.
De acuerdo con los datos de
varios cruceros oceanográficos (Albatross, Askoy, Hannibal, Eastropic, Eastropac, Acento
1, 2, 3, 4, Pacífico IV, V, VI), se puede concluir que durante los meses de afloramiento
(enero a abril) las temperaturas en el Golfo de Panamá experimentan una baja notable
registrándose promedios cercanos a lo 22ºC, con mínimos de 17ºC en el golfo de Panamá
y proyección de las isotermas hacia el Sur, es decir, de aguas relativamente frías
(menos de 25-26ºC) en forma de lenguas que pueden llegar hasta los 2S o
en algunos casos extremos hasta el Ecuador. Las salinidades experimentan un fuerte
aumento, aproximadamente hasta valores de 34.5% en el golfo de Panamá y mayores a 32% al
sur del golfo.
La magnitud de la disminución
de temperatura y del aumento de salinidad dependen de la intensidad del afloramiento el
cual puede ser variable de año en año. En 1989 el fenómeno presentó fuerte intensidad,
pudiéndose registrar temperaturas cercanas á 18ºC en la isla Gorgona y de 16ºC en la
isla de Malpelo y en la ensenada de Utría. En esta última localidad se observó la
aparición de mareas rojas, con aguas intensamente coloreadas en el día y fuerte
bioluminiscencia en las noches.
Otras
corrientes que afectan, al menos parcialmente al
Pacífico colombiano, son la Contra-corriente Subsuperficial de Cromwell y la Corriente de
California.
La primera afecta a la región
sur de la ensenada de Panamá, siendo originada en el Pacífico Central (162º E) y se
desplaza hacia el este siguiendo la línea del Ecuador hasta las islas Galápagos. La
corriente de California se separa del continente hacia los 25ºN y se integra a la
corriente ecuatorial del norte de febrero a abril, pudiendo penetrar hasta los 20ºN o al
sistema ciclónico de Panamá.
El otro fenómeno
hidrológico que afecta a las aguas costeras del Pacífico colombiano es el fenómeno de
El Niño. Este Consiste en la acumulación de aguas cálidas en frente de las costas del
Perú, debido a varias causas y con la participación de varias corrientes (Arnts, 1986).
El Niño se debe a la disminución en la intensidad de los vientos Alisios en el Pacífico
central, después de dos años en los cuales han soplado fuertemente, intensificando el
giro subtropical del Pacífico Sur y la corriente ecuatorial del Sur. Cuando la fuerza
eólica desaparece, el agua tropical acumulada se dirige hacia el este en la forma de una
ola Kelviana interna. En esta forma, el agua cálida se acumula frente a Ecuador y Perú,
causando una profunda depresión de la termoclina. Este fenómeno, ha sido observado en
pequeña medida en las costas colombianas, habiendo tenido como consecuencia la pérdida
de zooxantelas de los corales de la isla Gorgona (Prahl, 1985), entre 1982 y 1983 y otros
efectos muy leves entre 1987 y 1988 (Carrera et al., 1989).
Batimetría
Los mapas batimétricos de la
Costa Pacífica colombiana muestran la existencia de una plataforma continental estrecha
en la región norte, donde la isóbata de 200 m está muy cerca de la costa,
aproximadamente a 15 km, mientras que al sur se extiende hasta la isla Gorgona, situada a 55
km.
En esta franja las profundidades no superan los 200 m (Prahl et al., 1978). La zona
cercana a la costa se caracteriza por la presencia de áreas poco profundas que emergen
durante las mareas bajas y que son conocidas localmente como bajos. Los
sedimentos que bordean la Costa Pacífica colombiana están constituidos principalmente
por lodos terrígenos al norte de Cabo Corrientes y por lodos arenosos terrígenos al sur.
Esta región posee una plataforma sedimentaria más ancha debido a la abundancia de ríos.
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Costa departamento del Valle
Foto: Diego Arango
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Mareas
Las mareas de la Costa
Pacífica colombiana son semidiurnas regulares, esto es, con dos mareas altas y dos
bajas por día con un período de aproximadamente 12.25 horas. El rango mareal puede
alcanzar un poco más de 4
m (Gidhagen, 1982). Se presentan dos tipos de
mareas alternados cada quince días, de acuerdo con los períodos lunares. En el primer
tipo, el rango mareal es un poco más estrecho, con mareas menos altas y menos bajas. Este
período se denomina localmente quiebras y corresponde a los cuartos lunares.
El otro período mareal corresponde a las épocas en las que la amplitud del rango de
mareas aumenta, las mareas suben y bajan más. Estas mareas corresponden a las épocas de
luna llena y nueva y se denominan localmente pujas.
La existencia de las
variaciones mareales genera la existencia de corrientes de mareas sobre todo en el
interior de bahías y estuarios. Estas corrientes pueden alcanzar grandes velocidades
(cercanas a 2 m/s) en época de pujas, ocasionando deposición o remoción de sedimentos
en algunas zonas de las bahías y estuarios y en muchas ocasiones destrozos en la zona
costera. Las fuertes corrientes se presentan principalmente en las zonas centrales hasta
una línea de convergencia fácilmente reconocible por la acumulación de desechos (restos
de hojas, basuras, etc...) Esta línea es conocida en el Pacífico con el nombre de
hilero. De estos hileros hacia el canal central de la bahía las corrientes
son fuertes. Entre ellos y la costa las corrientes son débiles. A estas fuertes
corrientes mareales se debe que la gran mayoría de los estuarios del Pacífico colombiano
presenten una fuerte mezcla vertical de sus aguas sin estratificación de salinidad, ni de
temperatura a diferencia de los estuarios que presentan mareas, en los cuales las aguas
superiores tienen menores salinidades y más altas temperaturas y las más profundas
salinidades más altas y son más frías.
Salinidad y temperatura
Como se dijo anteriormente, la
salinidad y la temperatura de las aguas del Pacífico colombiano son determinadas
básicamente por dos factores: las fuentes de agua dulce (presencia, abundancia y caudal)
y la existencia de los patrones de circulación de agua descritos anteriormente. El primer
factor afecta principalmente a las aguas costeras y los cuerpos de aguas semiencerrados,
como bahías y estuarios; y el segundo a las aguas océanicas.
Las aguas océanicas
presentan usualmente temperaturas moderadamente altas. Este parámetro varía generalmente
entre 27 y 28.5ºC a excepción de ciertos años en los que se presenta una disminución
neta de la temperatura en cerca de 4ºC en los meses de febrero a abril. El resto del año
se presentan las temperaturas citadas anteriormente. Algunas veces esta variación no es
muy grande por el calentamiento de la capa superficial.
En general, las bahías
muestran temperaturas superficiales que aumentan hacia el borde externo, las zonas
interiores están afectadas en mayor medida por los ríos. Dentro de ellas la temperatura
superficial puede variar entre 25 y
29ºC (bahía de Buenaventura, bahía de
Málaga, ensenada de Tumaco), dependiendo del estado de la marea. Las más altas
temperaturas se registran en marea baja como consecuencia del mayor calentamiento solar.
Verticalmente, la temperatura varía poco (Gidhagen,1982) y no hay estratificación,
aunque existe una débil tendencia a la disminución con la profundidad. En las
desembocaduras de los ríos se presentan temperaturas ligeramente más bajas en las capas
superiores, por la influencia de las aguas dulces un poco más frías que provienen del
continente.
La salinidad puede, en
cambio, tener grandes variaciones. En general, las aguas más saladas se presentan hacia
el exterior de las bahías por la acción de los ríos, en el interior, y la mayor
influencia marina, en el exterior. La salinidad alcanza valores que varían entre 30.5 y
33% en las zonas océanicas y es cercana a 20% en aguas que bordean al continente. Durante
los meses de noviembre y diciembre, por acción de la corriente de Colombia, una
lengua de aguas con salinidades ligeramente menores se prolonga desde la zona
costera sur hacia el norte llegando al golfo de Panamá. En los meses de enero, febrero y
marzo, la situación es inversa y desde el golfo de Panamá se presenta una
lengua de aguas frías y de salinidades más altas (pueden alcanzar valores
cercanos a 35%) la cual desciende a lo
largo de la costa llegando a influenciar las aguas localizadas a nivel de la desembocadura
del río San Juan (Forshergh, 1969). En algunos años, como en 1989, el descenso de estas
aguas frías y de salinidades altas puede ser muy marcado y llegar a zonas más al sur del
país, como la isla de Gorgona.
La salinidad puede variar
entre 0% en las partes más interiores de los estuarios y cerca de 30% en los bordes
externos. La salinidad, dentro de estos cuerpos de agua,
depende fuertemente de las
mareas, puesto que se crea una oposición entre el agua dulce aportada por los ríos y el
agua salada que llega con las mareas. En marea baja, disminuye mientras que en marea alta
aumenta. Así, en la mayor parte de las bahías y estuarios del Pacífico colombiano estos
factores dependen de la hora y estado de las mareas y de la posición con respecto a la
longitud del estuario. Una excepción notable la constituye la bahía de Málaga, en donde
la salinidad del agua en la región del borde exterior, es inferior a la de las zonas
centrales de la bahía en los períodos de lluvia. Aparentemente las aguas del río San
Juan, que desemboca algunos kilómetros al norte, son retenidas por las aguas de la marea
ascendente y se dirigen hacia el sur pegadas a la costa alcanzando y penetrando
ligeramente a la zona central de la bahía (Cantera, 1991). Esta masa de agua puede
observarse como una pluma turbia que
desciende desde una de las desembocaduras del río San Juan y que entra a la bahía hasta
la zona conocida como el estero de los Agujeros.
Tanto el descenso de los
valores de temperatura como el aumento de salinidad se deben a que se presenta la
surgencia o afloramiento de aguas profundas de Panamá. Esta surgencia ocurre
principalmente en los primeros meses del año y su acción se debilita, anualmente, a
partir del mes de mayo. La corriente del golfo de Panamá arrastra estas aguas hacia la
parte océanica colombiana influenciando las islas del Pacífico colombiano.
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