(continuación capítulo los embera, los waunana y los cuna)

Por el sistema de corregimiento, instaurado desde 1687, algunos de los chocó fueron obligados a ocuparse de las labores agrícolas, del transporte y de las obras públicas, al tiempo que los esclavos, en pequeñas cuadrillas, fueron concentrados en los móviles campamentos mineros. Los corregimientos organizaron a los nativos jerárquicamente nombrándose a los más “ladinos como caciques y capitanes. Dispersos en las vegas de los ríos principales vivían los mulatos, zambos y negros libres: sus actividades variaban entre la agricultura, el barequeo y el comercio. Estas gentes se convirtieron en un eslabón de transición entre los nativos y los españoles, construyendo formas culturales propias. En la zona ha sido relativamente poco el mestizaje biológico, notándose, en términos culturales, qué los nuevos en la tierra aprendieron diferentes técnicas de los aborígenes: construcción de casas y de canoas; cultivos, y demás elementos culturales.

Mapa de ubicación de las zonas Dialeticas de las lenguas del chocó según datos fonológicos recientes.

Para finales del siglo XVIII, los principales asentamientos coloniales en la provincia de Nóvita eran: Nóvita, Tadó, Sipí, Juntas, Baudó, Cajón. Tenía una población de 7.509 individuos discriminados en: 12 clérigos, 146 blancos, 1.659 indios, 1.975 “libres” de varios colores y 3.717 esclavos. En la provincia de Citará se encontraban: Quibdó, Lloró, Chamí, Beté, Bebará, Murrí, Pabarandó. Su población era de 7.153 individuos entre los que se distinguían 11 clérigos, 163 blancos, 3.755 indígenas, 1.185 “libres” de varios colores y 2.039 esclavos; siendo de 14.662, el total de la población bajo el control colonial (26) . Paralelamente habían poblaciones, como Noanamá y Chamí, donde existía un alto predominio de la población indígena. Quibdó, como centro administrativo agrupaba la mayor densidad de población de la provincia; para la época se contaban aproximadamente ochenta casas de indios, que se localizaban en las afueras y cien de otros grupos sociales (27) .

De las cifras sobre la población censada, se infiere que gran parte de los nativos vivían independientes; en relación con la forma como fue vista esta dinámica por el gobierno español, son interesantes los comentarios que un oficial hace al respecto en 1749:”.. .fuera de los que están poblados, habitan en los ríos sin población, cabeza ni sujeción, sino cada cual de por sí, independientes unos de otros, sólo la parte sur tiene cuatro pueblos de españoles y cinco de indios...” (En: Vargas 1984).

En 1726 se erigió el Chocó como gobernación, llegando a ser, décadas más tarde, la primera productora de oro, en la Nueva Granada. Desde 1786 se inicia la explotación del platino. No obstante, esta fue una región caracterizada por una economía de enclave, “marginal” a los desarrollos de la Audiencia, los rendimientos de la producción de oro contribuyeron al crecimiento de las villas y ciudades localizadas en el Valle del Cauca. De los siete caminos que comunicaban al Chocó con el exterior fue restringido el tránsito fluvial por los ríos Atrato y San Juan, debido al continuo contrabando propiciado por ingleses, franceses y holandeses en los litorales del Pacífico y del Atlántico.

Comunidad Epera, Río Saija
Foto: Diego Arango

Consecuencias del Proceso de Independencia

A principios del siglo XIX, las consecuencias principales del proceso de independencia, en la región del Chocó, fueron la dispersión de los afroamericanos y de los embera que estuvieron bajo el dominio de la colonia española. Por otro lado, se dio la emigración de la gobernación del Chocó, de gran parte de los dueños de minas y de españoles. La producción minera descendió. Se observa, a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, la sustitución de los reales de minas por mazamorreos independientes, dados a partir de la organización en troncos familiares. La liberación de los esclavos en 1851 reforzó esta tendencia, desapareciendo algunos pueblos, como Juntas, Brazos y Baudó. En 1808 se contabilizaron 5.000 esclavos en la provincia de Citará y en 1851 tan solo 1.725. Asimismo, de los centros mineros de Condoto, Tadó, Nóvita y alto San Juan, los mineros negros marcharon hacia las riberas del Baudó a sitios pesqueros, como Arusí, Nuquí, Nabuga y Cabo Corrientes, ideando nuevas formas de producción. Algunos bajaron por el Atrato y se establecieron en las riberas de sus tributarios occidentales, como Bojayá, Tagachí y Buchadó (28) . Otros llegaron al golfo de Darién y Urabá. Agustín Codazzi, en sus viajes por el río Atrato en 1826 y 1858, notó un aumento de la población de los “libres” en sus riberas.

La dirección de las migraciones de los afroamericanos coincidió con la de los embera, creándose fronteras en los ríos colonizados, siendo común el que los aborígenes se asentaran en las partes altas y los “libres” en las partes bajas, práctica que acentuará el aislamiento al interior de la etnia embera.

Sólo algunos pocos nativos permanecieron en los pueblos coloniales, como fue el caso de los chamí. Para ellos la independencia significó solamente el incremento de la colonización de sus territorios y el enfrentamiento con las nuevas políticas de disolución de los resguardos a finales de siglo. Después de varias décadas de litigios, los chamí fueron despojados de tres lotes que comprendían la mayor parte del municipio actual de Mistrató y parte del de Pueblo Rico (29) .

Siguiendo la herencia colonial, la República vio en la política misional, la única posibilidad de integrar territorios independientes. La ley del 30 de junio de 1824 refiere: “... Se establecen misiones para propagar la religión de Jesucristo, los principios de la vida civil en los países limítrofes del territorio de Colombia, por las tribus conocidas con los nombres de guajiros, cunas, caroníes, andaquíes, mosquitos, guaraunos, marañón y otros confinantes de éstos...” (Fuero Indígena; 1983: 40-43).

Sin embargo, en esta época las prioridades eran otras, hecho que permite plantear el vacío de gobierno republicano en la mayor parte de la región durante la primera mitad del siglo XIX. El traspaso del poder se hizo evidente en la propiedad de las minas, que pasaron a manos de los militares de la independencia (30) .

Viajeros reconocidos, como Codazzi, Saffray, Mollien, Boussingault, Stuart, Cochrane y Rober White visitaron durante esta época el Chocó con el fin de hacer estudios sobre sus potencialidades económicas. Entre las anotaciones que estos llevan a cabo se destaca la disminución de la producción minera, en tanto que se iniciaba la explotación de caucho, tagua, pieles de animales y otros productos del bosque. En estos tiempos la mayoría del comercio se realizaba por el río Atrato, fomentándose desde la década del setenta, la navegación a vapor. También se abrió camino para mulas, entre Anserma y Nóvita (31) . Después de hacer parte de la jurisdicción del Cauca, el Chocó fue constituido como departamento en 1908.

La política de “civilización” siguió los caminos abiertos por los arcabuces españoles. Se observa como tendencia general, que la zona del piedemonte de la cordillera Occidental recibió en primera instancia las diferentes oleadas colonizadoras, siendo los embera-chamí y los embera-catio, conocidos como embera de montaña, los primeros en ser afectados, quienes conformaron una frontera frente a la colonización de las cuencas habitadas por los embera de río.

Modernas economías extractivas y colonizaciones

Los embera de la vertiente cordillerana. Desde mediados del siglo XIX, se destaca la colonización de la vertiente oriental de la cordillera Occidental con el fin de establecer cultivos de café. Asimismo, gentes provenientes de Antioquia iniciaron asentamientos en Urabá siguiendo la iniciativa del gobierno antioqueño de apertura de la carretera al mar. Entre los hitos más notables de este proceso se tiene la fundación de poblaciones como Pueblo Rico en el alto San Juan (1876), Dabaibe en el alto Río Sucio (1850), Tierralta (1913) en el alto Sinú. En 1920 desaparecieron completamente los resguardos de Murrí y Cañas Gordas. Los embera-catio quedaron desamparados ante la colonización y muchos se desplazaron a zonas menos accesibles, como Murindó, Chigorodó y Apartadó. En 1914 se fundó la comunidad de las hermanas Lauras, cuyo objeto fue adoctrinar a los embera, estableciendo sus primeras escuelas en Dabaibe, en el río San Jorge y en el Chamí. Los misioneros han propugnado por la concentración de las gentes en centros urbanos, lo que trae como consecuencia la liberación de tierras para la colonización.

En 1950 cuando se terminó la construcción de la carretera Medellín-Turbo se acentuó la colonización de antioqueños hacia Urabá y el Darién, en muchos casos buscando nuevas oportunidades de trabajo y refugio de la violencia partidista. Como resultado de la evangelización y la colonización, los embera de la cordillera y de Urabá entraron en un acelerado proceso de integración y de pérdida de sus territorios hasta configurarse la situación actual la cual muestra pequeñas parcelas indígenas rodeadas por fincas y haciendas.

El siglo XX para los chocó y los tule del Darién. Desde finales del siglo XIX, los bolivarenses con el fin de explotar tagua, caucho, raicilla y carey, entre otros, se establecieron en el territorio tule de Acandí, Tolo, Sapsurro y Capurganá. La zona principal de explotación de la tagua, fueron las cabeceras de los ríos Tolo y Acandí. A principios del siglo XX, después de la tagua, los bolivarenses se dedicaron al cultivo del coco y abrieron las primeras fincas ganaderas con animales traídos, en diez o quince días de viaje, desde el río Sinú (32) . En este tiempo los tule sufrieron epidemias que debilitaron la población frente a los colonos. El siguiente auge económico lo dio la bananera London State, instalada en los años treinta, en el valle del Tolo y en la Playona; esta decayó con la segunda guerra mundial. Mas tarde, cuando llegaron a los ríos Tolo y Tanela, gentes de origen antioqueño expulsadas de las zonas de violencia, vivían en la zona los embera-catío, embera del occidente y una parentela de waunana. A mediados de siglo, los embera acogieron a los colonos como empleados para la elaboración de canoas, las que eran intercambiadas con los tule de San Blas por escopetas, motores y otros productos (33) .

En los últimos treinta años, han seguido entrando colonos antioqueños apoyados por el padre Alcides Fernández, cuyo interés era realizar el proyecto de Balboa, y quien les dio facilidades para el transporte aéreo y acuático. Entre los nuevos pueblos se encuentran Santa María la Nueva, Balboa y Gilgal. En la zona, en cuanto a la posesión de la tierra, han sucedido a los nativos, los campesinos y a éstos los ganaderos, quienes desde los años setenta, han empezado a conformar grandes haciendas. La presión colonizadora ejercida por los bouvarenses, antioqueños y chocoanos ocasionó conflictos entre las diferentes parentelas de los embera y la continuación de la emigración de los tule hacia Panamá. Los problemas derivados de la distribución desigual de la tierra son agudos en la cuenca del bajo río Átrato y Darién, siendo posible su agudización con la terminación de la carretera Unguía-Titumate-Acandí.

En la actualidad, sólo las comunidades tule de Arquía y Caimán Nuevo sobreviven en sus territorios ancestrales. En Caimán Nuevo, en el Urabá antioqueño, conviven con los conflictos generados por la colonización e implantación de grandes agroindustrias de banano. En el territorio tule de la república de Panamá se distinguen cinco regiones que son: la comarca de San Blas, litoral Atlántico y archipiélago, la reserva del alto Bayano, el alto río Chucunaque y la provincia del Darién; siendo aproximadamente cuarenta mil. En los años veinte, ante las políticas agresivas del gobierno panameño, los cuna organizaron un levantamiento que sentó las bases para la legalización, años después, de sus derechos políticos y territoriales en lo que respecta a la comarca de San Blas.

El siglo XX para los embera de río y los waunana. Asimismo, para los embera de río el siglo XX trajo la colonización derivada de la extracción de productos del bosque, la minería con capital extranjero y las políticas originadas en la creación de la prefectura apostólica del Chocó, en 1908. Desde principios de siglo, la prefectura apostólica del Chocó se ocupó de fundar numerosas escuelas para indígenas en el alto San Juan, alto y medio Atrato y costa Pacífica. Como la eficacia civilizadora de estas escuelas fue poca, se implementaron los internados para separar a los niños indígenas de sus familias y así acelerar el cambio de sus costumbres. En 1933, las misioneras Lauras establecieron internados en Purembará, Catrú, Aguasales, Noanamá, Lloró e Istmina. Así se buscaba cobijar a los núcleos más importantes y más densamente poblados por los embera y los waunana. Hoy por hoy, ante la resistencia y continuas quejas de los indígenas, sólo subsiste el internado de Aguasales.

Las misioneras Teresitas llegaron a la costa Pacífica, a finales de la década del cincuenta, enviadas por el vicariato. En la población de El Valle abrieron una escuela que se convirtió en Normal. Desde la escuela empezaron a atraer a los embera de los cursos altos de los ríos que desembocan en la costa, haciéndoles regalos para ganar su confianza. Hace veinte años establecieron escuelas en las comunidades de Panguí, el Valle arriba y, más recientemente, en Nuquí y Posamansa.

La educación misionera trae dos tipos de consecuencias destacables: en primer lugar cumple su objetivo de separar a los jóvenes de sus tradiciones culturales sin ofrecer alternativas de equidad con relación a la sociedad hegemónica. Un ejemplo de ello, son las mujeres que han estudiado en escuelas e internados y buscan como alternativa de trabajo el servicio doméstico en las grandes ciudades, al otro lado de la cordillera. Por otra parte, la resistencia al control implementado por los misioneros generó formas de organización que evolucionaron hasta la conformación de organizaciones regionales, las cuales en su proceso constituyeron la Organización Indígena Nacional ONIC.


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26 Véase Historia Documental del Chocó 1954: 212-217 (regresar 26)
27 Véase Cespedecia 1983-430 (regresar 27)
28 Véase Sharp 1972. (regresar 28)
29 Véase Zuluaga 1988: 63-7 3. (regresar 29)
30 Véase Córdoba 1983: 101. (regresar 30)
31 Véase Chocó: Geografía Económica 1943:128. (regresar 31)
32 Comunicación personal del acandilero José Isabel Ballesteros. (regresar 32)
33 Comunicación personal del antioqueño residente en Acandí Jaime Lema.  (regresar 33)