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(continuación capítulo
lenguas vernaculas)
Esta
descripción de los fenómenos, irá dando las características propias de la lengua. Se
dirá entonces, como para las lenguas chocó, que son: lenguas ergativas, con sufijo y
acción predominante, con patrón sintáctico SOV, mucha
ayuda o mucho auxilio verbal, flexión sobre todo en el verbo, etc. Fonológicamente se
mostrará de manera global, una triple oposición de las consonantes oclusivas, en modo y
punto de articulación (punto: labial, alveolar, velar; modo: tres grados de tensión). Al
presentar la fonología de cada dialecto, se mostrarán sus características fonológicas
particulares, por ejemplo, para el modo de articulación de las oclusivas: aspirado, no
aspirado, sonoro, para algunos; sordo, sonoro, inyectivo, para otros, etc., de acuerdo con
el análisis de cada lingüista.
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Comunidad
Waunana, Río Micay
Foto: Diego arango
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Entre los embera, por
ejemplo, se podrían mostrar los siguientes casos: la m de la palabra chamí,
transcrita en español embera, no es en realidad una consonante plena en este idioma, como
lo es en español la m de embeleso, sino el resultado de la fuerte
nasalidad de la vocal anterior
encontrada con la oclusiva labial b.** Esta
m es lo que se suele llamar en lingüística una consonante epen
tética
(del Griego epi = sobre, en = en, thesis = posición), que no necesita
ser transcrita en fonología cuando se sabe la regla:
[émbéra] = [embéra]
= ember
a
se preguntan muchos si la palabra es embera o emberá con
acento en la sílaba final. En chamí he encontrado que la palabra pronunciada
aisladamente es embera, pero en la cadena hablada desplaza su acento por
factores morfofonológicos y prosódicos, por ejemplo:
/muu* ébérá/ = yo (soy) embera
muu* ébéra-a
//yo embera-pr//
donde {-a} {=-pr} es un
morfema de predicación que se fusiona con la a final de embera,
dando como resultado una sílaba acentuada.
en algunas regiones,
como en Saíja, las consonantes sordas /pl, /t/, /k/
corresponden a las sonoras /b/, /d/, /g/ de otros dialectos. Por esta razón la
palabra embera ha sido también transcrita: epera, epera, empera, epena, etc.
la nasalidad va desde
muy marcada hasta moderada en los diferentes dialectos, por eso se ha transcrito desde
empena hasta epera. Es posible que, por la influencia del
español, la nasalidad esté en detrimento en algunas regiones.
en chamí, la oclusiva
velar sonora /g/, sólo aparece en préstamos. Aún hay quienes pronuncian, por
ejemplo, /kabriél/ o /kayína/, por Gabriel o
gallina.
la fricativa
labiodental sorda /f/ del español, la realizan los embera fricativa labial sorda /ø/, por ejemplo:
[
ø ó s ø oro]
= fósforo; [ø a ¡ ó r] = favor,
razón por
la cual muchas veces se les dificulta hacer la diferencia entre palabras como:
favor y pavor.
en dialecto de
Dabeiba:
hacha es /cágara/, en
chamí es /cáara/;
hueso es /b uuvuuruu*/, en chamí es /b uuuuruu*/;
gallina es /etherré/, en chamí es /étérr/;
sapo es /bokorró/, en chamí es /bokórr/
.
La dirección de los cambios
de un dialecto a otro, (pérdida o adición de las consonantes intervocálicas, pérdida o
adición de las vocales finales), es parte de lo que busca el analista, en su pesquisa por
la transformación de la protolengua y los caminos trazados hasta su conformación actual
en diferentes variantes. Tarea nada fácil que muchas veces queda sin solución. En la
actualidad, gracias a los logros de las disciplinas lingüísticas, los análisis son cada
vez más exhaustivos y permiten que las comparaciones se hagan sobre terrenos más
confiables, redundando en un mejor conocimiento tanto de las particularidades de cada
dialecto o lengua estudiada, como de su proximidad con los otros.
Datos como estos también
analizaba Loewen, cuando propuso su Dialectología de la Familia Lingüística
Chocó en 1960, a partir de inventarios fonológicos, morfológicos y lexicales,
estableciendo, en dicha ocasión, dos grandes grupos de dialectos embera:
Los que llama del norte = Sambú - Río Verde - San Jorge - Catío; y los que
llama del sur = Río Sucio-Baudó-Tadó - Chamí - Saija.
Su esquema fonológico,
presenta un área waunana y tres grandes áreas embera, con subdivisiones lexicales como
sigue:
Waunana
Saija-Baudó
Río Sucio - Tadó - Chamí
Sambú - Río Verde - San Jorge - Catío.
Con los análisis de Pardo
(1984 a 1987) y Aguirre (1986, 1987), y confrontando estudios de Mejía (1986), Prado
(1982), Harms (1984), Sánchez y Castro (1977) y Holmer (1963), se llega en la
Dialectología Chocó (1988) a una propuesta alterna de las áreas embera, de
la siguiente manera:
Costa Sur: Saija, Satinga, Saquianga, Naya, Cajambre, sur de
Buenaventura.
Bajo Baudó: Catrú, Dubasa, ríos costeros, Purrícha, Pavasa. Alto San
Juan: Chamí, Tadó, Alto Andágueda, suroeste antioqueño, norte del Valle.
Antíoquia/Córdoba: Dabeiba, Murrí, Río Sucio, Altos Sinú y San Jorge.
Atrato: Alto
Atrato, Capá, Boj ayá, Alto Baudó, Panamá.
Los inventarios fonológicos
muestran de manera global
cuatro grandes áreas:
Waunana - Costa Sur
Bajo Baudó
Alto San Juan
Antioquia/Córdoba - Atrato
A manera de muestra, se presentan aquí algunos de los
elementos comparados en dicha ocasión:
Los detalles fonológicos y
gramaticales de esta nueva propuesta dialectológica, aparecen en las memorias del
Seminario Taller Estado actual de la clasificación de las lenguas indígenas de
Colombiá organizado por el Instituto Caro y Cuervo, en los días 10,11 y 12 de
febrero de 1988, aún sin publicar.
Por supuesto, es esta una hipótesis en espera de ser
confirmada o rechazada por nuevos estudios comparativos
y, sobre todo, idealmente, por
los mismos indígenas. La escasez de datos para ciertas regiones y la falta de un alfabeto
unificado, obliga al carácter provisional de este tipo de investigaciones, máxime cuando
una dialectología final debe incluir, además, otros aspectos, como los
sociolingüísticos.
Por fortuna, se están dando
los pasos para ello, los trabajos reseñados de los investigadores contemporáneos, que
trabajan con las comunidades, así lo demuestran. Pero más aún, el hecho de que los
indígenas, que hasta hace poco tiempo observaban pasivamente a extraños escribir su
lengua y luego reproducirla oralmente casi perfecta, y hasta discutir su correcto uso,
decidieran que ellos mismos podían hacer esta labor y comenzaran a tomar medidas.
Cansados de las misiones
primero, que les negaban su lengua y castigaban su religión, y luego de los maestros
oficiales, con su trasnochada educación impartida con desgano por un sueldo, empezaron a
demandar del gobierno su autogestión sin terceros. Sólo un maestro embera, con su
presencia efectiva, puede enseñar a sus alumnos cómo seguir siendo emberas. En algunos
lugares, como Catrú, prescindieron de las misiones, en otros, como Cristianía, asumieron
el manejo de la escuela con director y maestros indígenas.
Muchos tropiezos han
encontrado en su intento. Los mismos padres de familia rechazaban a los maestros
indígenas, empeñados en que sus hijos fueran preparados en español y en la cultura
mayoritaria, pues creían que era perder el tiempo transmitir una cultura agonizante.
Grandes han sido los esfuerzos para cambiar esta mentalidad suicida, producto de siglos de
sometimiento, pero ha valido la pena. Algunos misioneros han cambiado su actitud
mesiánica y entendido el valor de estas culturas diferentes, respetándolas y trabajando
a su lado por una educación bilingüe y bicultural, al igual que funcionarios del
gobierno que no creen tener la solución desde su escritorio. Desgraciadamente son
todavía contados los casos.
Más recientemente, las comunidades indígenas han tenido
que enfrentar organizaciones extranjeras, que hacen proselitismo religioso e inciden en el
manejo de su tradicional modo de vida. Se ocupan en actividades agropecuarias, de salud,
industria, economía, etc., actividades que muchos indígenas no ven con buenos ojos por
tener, entre otros el sabor doctrinario endilgado a las misiones y la actitud paternalista
del gobierno.
Las diferentes organizaciones
nacionales, gubernamentales o no, con injerencia en educación indígena, han intentado
soluciones parciales, que desconciertan o en muchos casos enfrentan a los indígenas, por
no medir el alcance de sus propuestas. Muchos lingüistas han querido imponer sus
resultados individuales, ignorando la opinión de los indígenas. Con respecto a esto,
decía Pardo en 1984 al proponer pautas para una caracterización de los dialectos embera:
Además de los criterios
fonológicos, gramaticales o lexicales que detecta el
lingüista en primera instancia, la opinión de los indígenas sobre diferenciaciones
dialectales, incluye factores como
la
entonación o acento y las expresiones locales tales como fórmulas de cortesía o
modismos, o sea, elementos etno y sociolingüísticos. ... Quien piense que el
criterio indígena puede ser interesante etnográficamente pero de escasa credibilidad
lingüística, ...no ha reparado en el celo que muestran los indígenas respecto a la
probidad para hablar el dialecto propio que es siempre considerado el más correcto, lo
cual redunda en apreciaciones muy estrictas sobre semejanzas y diferencias en el
habla. (Pardo, 1986, p. 101).
Ya esto es a lo que están
llamados los futuros lingüistas embera, a precisar estas diferencias, para trazar el
horizonte de sus dialectos y elaborar un plan educativo favorables para cada uno. En la
actualidad, dos maestros chamí, de la comunidad de Cristianía, se preparan en
-lingüística, con el sistema de universidad a distancia, un embera de Catrú, estudia su
lengua en la Universidad de Antioquia, se espera que al menos dos embera se inscriban en
la III promoción del postgrado de Etnolingüística de la Universidad de los Andes, a
comenzar en 1993.
Ardua labor les queda a estos
lingüistas nativos por delante. La disciplina lingüística requiere rigor y paciencia y
las comunidades quieren resultados inmediatos. Su preocupación es, cómo sin perder su
identidad, pueden las nuevas generaciones desenvolverse beneficiosamente en la cultura
dominante. Por ello, han discutido los beneficios de escribir su lengua, se han preguntado
si no traerá consigo una élite de hablantes letrados dentro de las comunidades, si
coartará su imaginación y creatividad al congelar sus historias en el tiempo o, si por
el contrario, enorgullecerá a sus hablantes el ver que su idioma es una creación
cultural tan compleja como la de cualquier otra cultura. Estas y muchas más reflexiones,
han hecho ancianos indígenas sobre su educación o, como ellos llaman transmisión
de cultura, tratando de capotear el vendaval de occidente que siempre amenaza con
arrasarlos, como nos lo han mostrado antropólogos y otros investigadores.
Con seguridad saldrán
adelante en su intento de escribir y estudiar su lengua, como salieron adelante
sobreviviendo después de cinco siglos de adversidad, ya que parecen tener como fórmula
de subsistencia, no mirar sino el futuro, visión que tal vez se podría colegir también
del análisis morfológico y semántico de una de sus palabras: /nuéda/ =
ayer, descompuesta en /nu/ = mañana, y /éda / = adentro, como
diciendo el mañana entrado o el mañana que ya entró, es decir,
construyendo el pasado a partir del futuro.
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Comunidad Embera
Foto: Diego Arango
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