(continuación capítulo la rebelión de los citaraes)

Los misioneros opinaban que el conflicto jurisdiccional, entre las gobernaciones de Antioquia y Popayán, era la causa principal de la desobediencia indígena, pero los documentos sugieren que la causa más importante de la resistencia de los indios a la congregación era el patrón de pohlamiento disperso característico de esta sociedad, el cual estaba relacionado con una forma particular de subsistencia, basada en el cultivo de maíz y plátano. Los franciscanos estaban conscientes de las dificultades que presentaba para la reducción de la población, el patrón de poblamiento indígena. El Padre Ramírez explicó que, los indios no residían en Lloró porque sus hogares estaban situados a unas cuatro o cinco leguas del pueblo. Por su parte, el Padre Iruñela consideraba que era aconsejable intentar congregar a los indios que vivían en zonas apartadas del pueblo, a uno o dos días de distancia. Ambos misioneros opinaban que los indios no podrían ser “doctrinados” hasta ser congregados. (66)

En 1675 , como resultado de las dificultades con las que tropezaban los misioneros y del conflicto jurisdiccional existente entre las dos gobernaciones, el gobernador de Antioquia dio órdenes a Bueso de Valdés para que organizara una entrada a las provincias de Citará y Tatamá. El propósito principal de la entrada era el de introducir medidas que garantizaran el éxito del proceso de pacificación, para lo cual era necesario asegurar la manutención de los misioneros y facilitar la labor de los mineros y de sus cuadrillas, entre otras cosas. (67) Durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1676, Bueso de Valdés se ocupó de visitar las provincias de Citará y Tatamá (en este ensayo sólo consideraremos la entrada ala provincia de Citará) a fin de reunir a la población indígena en los pueblos y de asegurar que los indios se comprometieran a mantener a los misioneros y a proporcionar alimentos para los mineros, a precios razonables.

Cuando Bueso de Valdés llegó a la Provincia de Citará, en 1676, había cuatro pueblos en la provincia de Citará: Nuestra Señora de la Candelaria de Taita, San Sebastián de Neguá, Nuestra Señora de la Concepción de Lloró y San Francisco de Atrato. El sitio de Nuestra Señora de la Candelaria de Taita, contaba con una población indígena muy pequeña, pero se decía que el lugar era “alegre” y “abundante de los frutos de la tierra”. Bueso de Valdés había considerado la posibilidad de trasladar la población de Taita a otro pueblo de la provincia, pero debido a que Taita se encontraba a mitad de camino entre Urrao y Neguá, éste decidió que era preferible mantener un lugar de descanso para aquellos que entraran y salieran de la provincia. (68) Los demás pueblos contaban con unas pocas casas y una iglesia, aunque se decía que estas últimas eran inhabitables. La iglesia de Neguá no se usaba porque estaba en ruinas; los indios habían utilizado la de Lloró antes de la llegada de los franciscanos, para construir canoas; y la de San Francisco de Atrato era considerada inhabitable. (69)

Bueso de Valdés abordó el problema de la “reducción” indígena del siguiente modo: la primera medida que tomó en los tres pueblos fue la de congregar a la población, a la cual se le informó, que no habría de pagar tributos durante los primeros diez años después de su reducción, por cédulas reales de 1666 y 1674, pero habría de residir en los pueblos más cercanos a sus retiros. (70) A los indios se les informó que, el rey deseaba que se congregaran en pueblos y atendieran a doctrina cuando los llamara el misionero. Desde ese momento, los indios deberían construir casas grandes en los pueblos y pequeñas en las “rozas”, para guardar el maís mientras Lo cojían y Lo traían a sus pueblos y que Las casas grandes Las avian de derivar”. (71) Además, los indios recibieron órdenes para que cada gandul -hombres mayores de 15 años- contribuyera con media fanegada de maíz cada año para la manutención del misionero. (72) Bueso de Valdés también introdujo una escala de precios para los productos alimenticios de los indios. (73)  

Por varias razones, la población indígena de la provincia de Citará reaccionó favorablemente a la entrada de Bueso de Valdés y, para cuando éste finalmente abandonó la provincia en enero de 1677, esta había cambiado considerablemente. Un aspecto importante del cambio era la congregación de los indios en los pueblos: el pueblo de Neguá, el cual estaba compuesto en 1676 por diez casas inhabitadas, contaba al finalizar la entrada con veintinueve casas, una iglesia y una sacristía; en San Francisco de Atrato, veinte casas habían sido construídas y cinco más estaban en proceso de construcción; en Lloró, diez casas ya estaban terminadas y otras cuatro estaban casi completas. Se decía que, en cada casa de los pueblos de San Francisco de Atrato y Lloró, vivían dos, tres o cuatro familias. Además, según los misioneros, todos los indios de los pueblos asistían a doctrina puntualmente, con una obediencia, según Córdova, desconocida hasta entonces. (74) Sin embargo, esta nueva situación duró muy poco.

Una creciente tensión entre los habitantes indígenas de la provincia y un grupo de españoles, de un lado, y un oficial real y los franciscanos, del otro, resultó en una nueva entrada, en 1679, encabezada por Bueso de Valdés bajo las órdenes del gobernador de Antioquia. Los primeros indicios del conflicto en el Citará aparecieron en septiembre de 1679, cuando un grupo, compuesto por siete u ocho indios, se presentó ante el gobernador de Antioquia para quejarse de lo mal que el Padre Joseph de Córdova -quien se había convertido en Padre Comisario- y el Padre Pablo Ruiz trataban a los indios de la provincia. (75) Entre los meses de abril y octubre de 1680, el gobernador de Antioquia recibió continuas quejas acerca de la conducta de Fr. Joseph de Córdova y del oficial real, Lope de Cárdenas, nombrado por el gobernador de Popayán. Sólo los indios de Taita y Guebara -Bueso de Valdés no visitó o no conocía este último poblamiento en 1676- tenían quejas específicas; los demás, mencionaban agravios más generales, como por ejemplo las extorsiones y el mal trato sufrido por los indios. Pero las quejas de los habitantes de Taita y Guebara eran mucho más reales.

 

Comunidad Epera, Río Saija
Foto: Diego Arango

Como ya hemos mencionado, uno de los resultados más importantes de la entrada de Bueso de Valdés, durante 1676-77, fue la reducción de una proporción considerable de la población de la provincia de Citará en tres pueblos situados en la zona del río Atrato: Neguá, San Francisco de Atrato y Lloró. Durante esta entrada, Bueso de Valdés consideró la posibilidad de añadir la población de Taita a otro de los pueblos de la provincia, pero en ese momento, decidió no trasladar a los indios debido a la situación geográfica de Taita. (76) Sin embargo, la situación hacia el año 1680 había cambiado y los indios de Taita y Guebara se encontraban inquietos por causa de un nuevo intento, por parte de los españoles, de trasladar a los habitantes de aquella parte de la provincia a otro pueblo. Los indios de Taita y Guebara se resistían a un traslado que los dejaría a una distancia de cuatro días de sus “platanares” y “rozas”. Los indios se quejaban de que los españoles, con sus escopetas, les habían quitado las hachas y les habían matado las gallinas y los puercos, todo a fin de obligarles a aceptar el traslado. Además, los indios temían perder sus platanares y rozas porque los españoles podrían destruirlos para que “les faltase acogida y se reduxesen a la Vivienda de un pueblo”. Por cierto, este temor no era ilógico, puesto que, según el indio Bogasaga, de la parcialidad de Taita, Fr. Joseph de Córdova había dado órdenes para que “les deriven Sus platanares y Sus rozas”; Fr. Joseph estaba aliado, decían los indios, con la “gente de Popayán”. Otro factor importante, que contribuía a este ambiente tenso, era el rumor de que el gobernador de Popayán, Don Femando Martínez de Fresneda, estaba organizando la conquista de los Soruco, a la cual iba a enviar a los citaraes. (77) Finalmente, los indios se quejaron de que Fr. Joseph de Córdova “tiene puesto... un palo para castigar a los indios”. (78)

No es sorprendente que Lope de Cárdenas negara que a los indios se les hayan quitado las herramientas y, también, que hubiera planes para llevar a los mismos a la conquista de los soruco. Lope de Cárdenas afirmó que el gobernador de Popayán tenía intenciones de proceder en contra de los soruco, pero sólo enviaría a aquellos indios que quisieran ir. Además, Cárdenas le aseguró al gobernador de Antioquia, que él jamás había “hecho molestia ni agraviado”. Pero sobre la cuestión de Taita y los “otros tres o quatro Sitios de asistencias de a dos casas que distan tres y quatro Leguas por Caminos que tienen riesgo de bívoras y por embarcaziones de ríos”, el oficial opinaba que estos sitios no podían formar pueblos y que, por lo tanto, era aconsejable trasladar a los indios al pueblo de Neguá. Según Cárdenas, los indios que habitaban estos sitios “Solo sirven de hazer muertes”, como habían hecho con un mulato esclavo de Ignacio de Guzmán que llevaba oro a Antioquia (79) A pesar de las acusaciones de Lope de Cárdenas, es más probable que la razón por la cual, éste y la “gente de Popayán”, deseaban trasladar a los indios a otro pueblo, era porque los indios que habitaban esta parte de la provincia no cumplían función alguna para los payaneses. Como ya hemos visto, en 1676 Bueso de Valdés había tomado la decisión de dejar a estos indios en sus sitios porque reconocía la importancia de contar con un lugar de descanso para los antioqueños que viajaban de Urrao al Citará. Pero los payaneses utilizaban rutas distintas (vía Anserma y Popayán), localizadas algo más al sur.

Por otra parte, la situación que existía en 1679-1680 era muy distinta a la que existiría cuatro años más tarde: en 1680-1684, los indios y algunos de los mineros españoles residentes en la provincia se aliaron en contra de los oficiales reales y los misioneros; esta cooperación no se repitió cuatro años más tarde. Los documentos no indican las razones por las cuales estos españoles se oponían a Cárdenas y a los franciscanos -especialmente al padre Fr. Joseph de Córdova- pero en 1680, el gobernador de Antioquia recibió noticias de que Cárdenas había ejecutado a tres de ellos y encarcelado a unos cuantos más. Es posible que en 1679-1680, los españoles sencillamente hayan temido una insurrección -la que ocurriría cuatro años más tarde- y que, como opinaban varias personas, se perdiera la provincia por completo.

Dada la ausencia de fechas precisas en los documentos, nos es imposible establecer exactamente la secuencia de los eventos, pero lo que sí está claro es que después de julio de 1680, la situación se tomó más explosiva y más violenta. En julio y agosto de 1680 ocurrieron dos eventos que condujeron a Lope de Cárdenas a pedir el auxilio del teniente de la provincia de Noanamá, Santiago de Arce Camargo, para proceder en contra de los españoles que se le oponían. El primer suceso fue el siguiente: el Padre Córdova, aparentemente, salió de la región para solicitar ayuda (no sabemos para qué) en Popayán y mientras estaba ausente algunos capitanes indios tomaron la decisión de impedir su regreso (así como el de los demás misioneros) a la provincia. Según decían algunos de los españoles, dos de los indios capitanes -Don Rodrigo Pivi y Don Pedro de Bolívar- dijeron que si Córdova regresaba a la provincia, le darían muerte. Un grupo de españoles, reconociendo el peligro que corrían todos los que residían en la provincia, intentaron persuadir a Córdova y a sus compañeros de que salieran de la provincia, lo cual aceptaron hacer. Se decía que la partida de Córdova había calmado a los indios. (80)

En el segundo suceso estaba involucrado Lope de Cárdenas quien, de acuerdo con el testimonio de los españoles, había intentado “dar garrote a un Yndio”. Creyendo que si no se tomaban medidas, los españoles perderían todo lo que habían logrado con los indios, Diego Díaz de Castro tomó la decisión de “quitarle el bastón” a Lope de Cárdenas, porque “así lo aclamaron Y pidieron Los dhos yndios a quien temieron por Bárbaros y resueltos”. (81) Fue por esta razón por lo que Lope de Cárdenas buscó el auxilio del teniente de la provincia de Noanamá. Santiago de Arce Camargo partió del pueblo de Tadó (provincia de Tatamá) con rumbo a la provincia de Citará, con el propósito de castigar a los españoles por lo que era considerado un acto de traición. En Tadó, Santiago de Arce alistó a treinta hombres armados, con quienes llegó al pueblo de Neguá el 28 de agosto, acompañado también por los misioneros franciscanos. Una vez en Neguá, Santiago de Arce arrestó a Diego Díaz de Castro y, además de secuestrarle los bienes, le puso los pies “con dos herraduras Y Las manos con Unas esposas..” (82) Poco tiempo después, Diego Díaz fue ejecutado, y Lope de Cárdenas dio órdenes para que, después de muerto, “se haga quartos Y se cuelguen en los caminos acostumbrados Y su cavesa se ponga clavada en el rollo de este pueblo de San Sebastián de Neguá para Castigo suyo y exemplo de otra”. (83) Lope de Cárdenas también encarceló y embargó los bienes de varios otros españoles." (84)

 

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66 AGI Santa Fe 204. Ramo 1. Lloró, 14 de noviembre de 1676, f.97; y San Francisco de Atrato, 18 de noviembre de 1676, f.98. (regresar 66)

67 Ibid., Antioquia, 8 de enero de 1676, ff.9-1 3. (regresar 67)

68
Ibid., Antioquia, 30 de junio de 1677, f.183. (regresar 68)

69
Véanse, por ejemplo, los testimonios de Juan de Borja, Sebastián García, Esteban Fernández de Rivera y Joseph de Salamanca, en ibid., ff. 167-171. (regresar 69)

70 Ibid.. Neguá. 7 de octubre de 1676, ff.67-68; Lloró, 15 de noviembre de 1676, f.97; y San Francisco de Atrato, 19 de noviembre de 1676, ff.98-99. (regresar 70)

71 Ibid., Neguá, 7 de octubre de 1676, f.68. (regresar 71)

72
Ibid., Neguá, 23 de octubre de 1676, ff.74-75; Lloró, 15 de noviembre de 1676, f.97; y San Francisco de Atrato, 19 de noviembre de 1676, ff.98-99.  (regresar 72)

73 Ibid., Neguá, 12 de octubre de 1676, ff.69-70; Lloró 15 de noviembre de 1676, f.97; y San Francisco de Atrato, 19 de noviembre de 1676, ff.98-99. (regresar 73)

74 Véanse las siguientes certificaciones: Fr. Joseph de Górdova, Neguá, 24 de diciembre de 1676, en ibid, f.160; Fr. Bernardo Pascual Ramírez, Lloró, 9 de enero de 1677, ibid., f.162; Fr. Esteban de Iruñela, San Francisco de Atrato, 5 de enero de 1677, ibid., f.161. (regresar 74)

75 AGI Santa Fe 204, Ramo III, Antioquia, 7 de agosto de 1681, ff.1-2. (regresar 75)

76 AGI Santa Fe 204, Ramo 1, Antioquia, 30 de junio de 1677, f. 183. (regresar 76)

77
AGI Santa Fe 204, Ramo III, Antioquia, 5 de abril de 1680, ff.4-5; véanse también las declaraciones de Antonio Quintana y Gregorio Bogasaga, en ibid., ff.5-6 y 7-8.  (regresar 77)

78 Véase la declaración de Gregorio Bogasaga, en ibid., f.7. (regresar 78)

79
Véase la carta de Lope de Cárdenas al gobernador de Antioquia, en ibid., ff.15-17.  
(regresar 79)

80 Carta de Sebastián García et al. al gobernador de Antioquia, 21 de julio de 1680, en ibid., ff.22-23.  (regresar 80)

81 Carta de Juan Nuño de Sotomayor et. al. al gobernador de Antioquia, Neguá, 25 de junio de 1680, en ibid., f.19. (regresar 81)

82 Auto de Santiago de Arce Camargo, 29 de agosto de 1680, en ibid., ff.66-68. (regresar 82)

83
Ibid., 29 de agosto de 1680, f.71. (regresar 83)

84
Véanse los testimonios de Francisco Onofre, Manuel de Burgos, Juan Nuño de Sotomayor y el Capitán Manuel Quintero Príncipe, en ibid., ff.36-46. (regresar 84)