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(continuación capítulo
ecosistemas costeros)
Distribución
de los organismos
Los organismos
se distribuyen en las playas arenosas siguiendo un gradiente de humedad creciente desde la
frontera de la playa con la vegetación terrestre hasta el límite del mar. La mayoría de
la fauna permanece enterrada en la playa aunque puede ir a la superficie a alimentarse o a
respirar. Hay otros organismos, como las aves playeras, que visitan las playas cuando la
marea está bajando para alimentarse de los invertebrados y peces bentónicos.
Las zonas más
altas están ocupadas por las plantas herbáceas Cenchrus
pauciflorus, Homolepis aturensis, y las rastreras Ipomoea pes caprae, I. stolonifera, Canavalia maritima,
Pectis arenaria y Stenotaphrum secundatum. Algunas
de estas son reconocidas por su papel de fijadoras de sustrato arenoso impidiendo su
desplazamiento por el viento en otras partes del mundo, como Florida (Carlton, 1977) y en
Vietnam (Barry et al., 1961). En esta zona se encuentran abundantes insectos
principalmente dípteros, coleópteros y ortópteros (Naranjo, 1987); cangrejos
semiterrestres, un cangrejo ermitaño y algunos isópodos. En la costa Pacífica de
Panamá, el isópodo Excirolana braziliensis puede
representar hasta el 98% de la población (Dexter, 1974, 1979) con densidades cercanas a
5.000 ind/m2 en promedio.
En el límite donde llegan
las olas durante la pleamar, se encuentra la berma de la playa, marcada por la
acumulación de material detrítico, restos de árboles, madera y basura. Debajo de esta
acumulación se encuentran crustáceos anfípodos, insectos collémbolos y dípteros.
También se encuentran las perforaciones de los cangrejos rojos de playas: Ocy podegaudichaudii y O. occidentalis. En zonas más saladas (bahía de
Málaga, isla Gorgona) es más abundante O. occidentalis
y en las zonas de estuarios con fuertes variaciones de salinidad domina O. gauclichaudii. Estos cangrejos se desplazan por
toda la playa en horas de marca baja, en busca de alimento entre los detritus dejados por
las olas en la playa o en la película de diatomeas que queda sobre ella al bajar la
marca. Es frecuente observar a estos cangrejos haciendo bolitas de arena con
las estructuras bucales en un complejo proceso de separación de las algas de la arena. O.
gaudchaudii representa un papel muy importante
en las redes tróficas de las playas, como regulador de las poblaciones de otros
organismos al ocupar varios nichos, pudiendo alimentarse (Koepcke & Koepcke, 1952)
además de la meiofauna, e incluso de cadáveres de otros organismos que quedan sobre las
playas al bajar la marea.
La zona central de la playa
está ocupada principalmente por poblaciones de moluscos bivalvos, conocidos como
almejas, que pertenecen al género Donax,
gasterópodos de los géneros Oliva y Olivella y crustáceos de arena del género Emerita. Estos organismos tienen la capacidad de
enterrarse muy rápidamente en el sustrato y se alimentan por filtración de fitoplancton
o de materia orgánica en suspensión gracias a estructuras especializadas (sifones y
antenas). Algunos autores, como Mac Ginitie (1938), para Emerita, y Hedgpeth (1957), para Donax, han
mostrado que las especies están sincronizadas con las vibraciones ocasionadas por la
pleamar y la bajamar; salen a la superficie, la ola los arrastra en una de las dos
direcciones y después, se vuelven a enterrar. Estos desplazamientos son adaptaciones para
la búsqueda de alimento y de protección contra predadores y la desecación.
En las partes más bajas de
las playas, que permanecen poco expuestas a la desecación, se encuentra un número mayor
de especies marinas, incluyendo poliquetos de la familia Nereidae y algunos gusanos
tubícolas, los moluscos Iphigenia y Sanguinolaria y los equinodermos En
cope y Mellita
(galletas de mar) que pueden ser muy abundantes en algunas regiones, como en Piangua
Grande en la bahía de Buenaventura (Pardo, 1987; Cantera 1991a).
Muchas aves marinas visitan
las playas arenosas para su alimentación (chorlos) o reposo en los viajes migratorios
(gaviotas, pelícanos y cormoranes). Otro habitante, aunque temporal y no por eso menos
importante, son las tortugas de las cuales al menos dos especies desovan en las playas en
algunas zonas del sur del país, como en Vigía (Nariño).
La película de material
orgánico muy fino, resultante principalmente de la descomposición de las hojas de mangle
y acumulada sobre las playas arenosas, es colonizada por bacterias, protozoarios y vermes
formando, junto con las algas microscópicas (diatomeas), bacterias, protozoarios y
detritus vegetal; la base de la red alimenticia de la playa, es utilizada por la
meiofauna. Estos organismos sirven como alimento a la macrofauna bentónica, que a su vez
sirve de alimento a las aves playeras o peces y crustáceos visitantes que llegan con la
pleamar.
Los organismos que viven en
las playas arenosas se pueden clasificar, de acuerdo con la forma de alimentarse, en:
Aquellos que extraen
las partículas alimenticias de los granos de arena antes de la ingestión, gracias a la
utilización de apéndices especializados, como Ocypoda.
Aquellos que ingieren
la arena con las partículas alimenticias a través de su tracto digestivo, donde son
separadas; como, por ejemplo, la gran mayoría de los gusanos.
Aquellos que extraen
sus partículas alimenticias del detritus o del plancton de las olas que rompen, como los
bivalvos, algunos gastrópodos y los crustáceos del género Emerita y finalmente, los predadores (aves y
peces).
La mayoría de las
poblaciones de playas arenosas se caracterizan por su variabilidad y sus fluctuaciones
temporales a lo largo del año o entre varios años. Algunas especies, como las del
género Donax pueden presentar pulsaciones en
sus densidades siendo abundantes en algunos años y casi ausentes en otros años.
La costa rocosa:
acantilados y playas rocosas
Este hábitat, muy importante
en la Costa Pacífica colombiana, está constituido por rocas de origen ígneo depositadas
en períodos geológicos antiguos, (Secundario o Terciario), por las erupciones
volcánicas y por rocas sedimentarias formadas durante el Terciario por procesos
tectónicos y plegamientos durante los últimos miles de años. Se puede decir que, las
rocas volcánicas forman las costas de la zona norte y de las islas Gorgona y Malpelo;
mientras que, las sedimentarias se encuentran en la bahía de Málaga, el istmo de
Pichidó, el golfo de Tortugas y la isla del Gallo en Tumaco.
Los acantilados son
formaciones rocosas compactas que presentan una pendiente muy marcada, razón por la cual
caen directamente al mar, formando las costas altas. Las playas rocosas son originadas por
la erosión de estos acantilados y forman playas de bloques (si tienen un diámetro
superior a 10 cm); de cantos rodados (si son inferiores a 10 cm y superiores a 30 mm) y de
gravas (si el diámetro varía entre 30 y 2,0 mm).
Los factores físicos que
determinan las condiciones de vida en esas zonas rocosas son: amplitud de las mareas,
acción de las olas, tipo de sustrato, temperatura, salinidad y vientos. Estos tres
últimos factores son secundarios. Los principales factores biológicos importantes son la
presencia de asociaciones vegetales, la competencia por la superficie de fijación y la
alimentación. En la costa Pacífica colombiana, la bioerosión de las rocas es también
un factor determinante de la composición y de la estructura de las comunidades que ocupan
las costas rocosas.
La amplitud de las mareas
Los movimientos verticales
del mar, debidos a las mareas, determinan la cantidad de humedad que recibe cada zona de
la costa rocosa ocasionando una distribución vertical desigual (zonación).
Las zonas altas de los
acantilados o de las playas rocosas permanecen más tiempo sin la influencia del agua
marina, mientras que las zonas bajas permanecen más tiempo cubiertas por el agua
estableciéndose, además el gradiente lógico de humedad, gradientes de las otras
características asociadas al agua marina y que actúan exclusivamente durante las horas
de la pleamar, como la salinidad, la temperatura y la acción del oleaje. Durante la
bajamar, los seres vivos que habitan la costa rocosa deben resistir el rigor de los
factores climáticos (viento, precipitaciones, insolación). La variación mareal también
trae modificaciones de carácter biótico como por ejemplo, la llegada de elementos
nutritivos disueltos o suspendidos y de predadores.
La acción de las olas
Este factor es muy importante
porque causa variaciones directas en la composición de las comunidades y en la estructura
ecológica. La altura de las olas, la velocidad con que llegan a la zona costera y la
fuerza del impacto, junto con la inclinación de la formación rocosa afectada, determinan
que la pared rocosa sea afectada por las olas desde unos pocos centímetros donde el
oleaje es débil hasta más de un metro en zonas de oleaje fuerte.
Naturaleza e inclinación
del sustrato
La composición geológica y
la dureza de las rocas son también factores muy importantes en las posibilidades de
erosión y en la composición de la fauna que habita este ecosistema. La inclinación
presenta también fuertes limitaciones interactuado con la fuerza del oleaje: las especies
que habitan en superficies verticales y mar poseen adaptaciones importantes para
sostenerse; mientras que, en zonas menos agitadas o menos inclinadas no las presentan.
La salinidad y la
temperatura
Estos factores aunque son secundarios en las costas
rocosas del Pacífico colombiano no deben ser olvidados puesto que, en mareas bajas a
ciertas horas del día, la temperatura de las paredes rocosas puede elevarse mucho y
alcanzar valores superiores a 30șC lo cual supone adaptaciones por parte de los
habitantes de estas zonas
para evitar la desecación. La salinidad también puede variar
como consecuencia de las mareas. En mareas bajas, las salinidades pueden aumentarse,
especialmente, en los pozos intermareales por la evaporación si se tienen condiciones de
fuerte radiación o puede disminuirse a casi cero, cuando durante la marea baja se
presentan fuertes lluvias. En los charcos intermareales la temperatura puede alcanzar
valores cercanos a 40șC y la salinidad a 35%
La vida en las costas
rocosas
Al contrario de las playas
arenosas, las costas rocosas presentan una diversidad faunística y florística notable
por su riqueza. Los organismos habitan en franjas muy claras, desde las partes más altas
y menos influenciadas por el mar hasta las zonas que reciben continuamente su acción.
Estas costas han servido como modelo para la mayor parte de patrones de zonificación de
organismos que existen en el mundo. Las obras más conocidas en este aspecto son los
trabajos de Stephenson y Stephenson, (1954), Lewis (1964) y Pérez y Picard (1964), que
son hoy en día tratados clásicos de biología marina. De acuerdo con estos autores las
costas rocosas pueden dividirse en zonas y cada una de ellas en subzonas (llamadas
también horizontes) dependiendo de los factores citados anteriormente. En términos
generales, la zonación de un sitio se repite con especies animales y vegetales
emparentadas en muchas otras partes del mundo en condiciones similares (Vegas, 1971).
Para el caso de las costas
rocosas del Pacífico colombiano, las principales zonas y las especies que se pueden
distinguir en cada una de ellas son:
Acantilados
Zona supralitoral
Es una zona de amplitud variable, dependiendo del oleaje,
y constituye una transición entre la tierra y el mar. Solamente recibe humedad por la
aspersión o vaporización de la ola exclusivamente durante la marea alta. El número de
especies es bajo; solamente unas especies marinas que poseen buena capacidad de resistir
la desecación pueden habitar en ellas. Los vegetales más importantes son las
cianobacterias, algunas algas verdes, un liquen de coloración negruzca (género:
Verrucaria), moluscos de la familia Líttorinidae,
cangrejos Grapsidae e isópodos del género Ligia.
Zona
mediolitoral o mesolitoral
Esta zona es cubierta por el
agua de mar durante la marea alta pero permanece descubierta y expuesta a condiciones
aéreas durante la marea baja.
Se pueden encontrar dos franjas de acuerdo con los
organismos que las habitan: Zona superior, con balanos del género Tetraclita, caracoles de las familias
Fissurellidae, Acmaeidae, Siphonariidae y Muricidae, cangrejos de la familia Grapsidae y
algunas esponjas.
Zona inferior,
habitada por bivalvos de las familias Mytilidae (Brachiodontes)
, Isognomonidae y Ostteidae. En muchas partes se encuentra un alga calcárea de
coloración rosada. Además se presentan otros cangrejos de las familias Xanthidae y
Grapsidae y quitones (moluscos poliplacóforos). Si están localizados en zonas de oleaje
débil se encuentran grandes bloques rocosos, debajo de los cuales abundan cangrejos
Porcellanidae y otros grupos de moluscos. En estos acantilados, la anchura de cada franja
es mucho menor que la de las mismas zonas en acantilados expuestos.
En la parte inferior hay una
multitud de perforaciones y cavidades hasta el nivel de la marea alta. Estas perforaciones
son realizadas por organismos, lo cual contribuye a acelerar los procesos erosivos que se
presentan en estos acantilados. Este proceso, denominado bioerosión, presenta grandes proporciones en el
Pacífico colombiano principalmente en los acantilados formados por rocas sedimentarias.
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Manglar
Foto: Diego Arango
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Playas rocosas
Las playas rocosas son la
continuación de un acantilado que ha sufrido erosión y las zonas superiores presentan
una composición faunística muy similar a la de ellos. La parte alta de la playa está
ocupada por cangrejos Grapsidae y moluscos Littorinidae y Muricidae. La parte inferior de
estas playas constituye uno de los ecosistemas costeros con mayor biodiversidad en el
Pacífico colombiano presentando una fauna de casi todos los grupos de organismos
bentónícos marinos, principalmente, gastrópodos de las familias Columbelliade,
Buccinidae, Neritidae, bivalvos de las familias Cardiitidae y Arcidae, cangrejos de las
familias Xanthidae y Porcellanidae, equinodermos (estrellas frágiles y erizos), gusanos
planos, poliquetos, briozoarios, esponjas, ascidias e hidrozoarios que pueden habitar
sobre cavidades de las rocas, o debajo o dentro de estas, como protección contra la
desecación y los predadores.
Bioerosión en el
Pacífico colombiano
Los acantilados son
erosionados por el hidrodinamismo marino (corrientes, cambios mareales, oleaje) pero la
acción del mar puede ser reforzada por algunos organismos, que aceleran la caída y
meteorización de las rocas. Este proceso de bioerosión (Cantera y Prahl, 1986) se puede
dividir en dos fases: bioabrasión superficial y bioperforación con la participación
de una gran variedad de organismos.
El proceso se puede resumir
así: las rocas expuestas a la acción del agua marina son colonizadas por microalgas que
forman películas sobre ellas y, producen un aumento de humedad y liberación de algunos
metabolitos que realizan microperforaciones en la superficie de la roca. Estas algas
sirven de alimento a algunos moluscos (caracoles y quitones) que las raspan causando
pequeñas fisuras que aumentan la superficie de contacte con los agentes erosivos,
disponiéndolas para el ataque de los bioperforadores.
Este último grupo está
constituido por moluscos bivalvos de las familias Pholadidae (condensidades promedias de
2.168 ind/m2), Petricolidae (1.320 ind/m2) que perforan las capas de
rocas blandas de limolitas. Algunas especies de la familia Mytilidae (género Lithophaga)
con densidad promedia de 429 ind/m2,
perforan las roduras de conglomerados y areniscas. El resultado final de la acción
erosiva es considerable y esto significa que, en algunas regiones de la costa Pacífica,
(bahía de Málaga, el norte de la bahía de Buenaventura y la isla el Gallo), los
acantilados se erosionen rápidamente, modificando la geomorfología costera y dando lugar
continuamente a islas y penínsulas.
En un estudio de tres años
sobre este fenómeno (Cantera, 1991a), se observó que los invertebrados que ocupan los
acantilados, se ven favorecidos inicialmente por el refugio que ofrecen las galerías
cavadas por los moluscos, pero, posteriormente, la mayor parte de la una es desprendida
con la roca que cae. Los acantilas que quedan expuestos, posteriormente a la caída las
rocas, son recolonizados por una fauna similar después de varios meses, en un ciclo que
se repite constantemente.
Los ecosistemas de manglar
El nombre manglar
se aplica a ciertas asociaciones vegetales costeras de los trópicos y subtrópicos, que
tienen determinadas características comunes a pesar de pertenecer a diferentes grupos
taxonómicos (Prahl, 1989). Estas características son:
Una marcada
tolerancia al agua salada y salobre, sin ser plantas halófilas obligadas para lo
cual han desarrollado tres importantes estrategias: toleran altas concentraciones de sal
en la savia o dentro de las vacuolas sin aumentar la salinidad extracelular; secreción
activa de sales a nivel de las raíces y las hojas por glándulas especializadas; y
remoción de sales por acumulación en hojas viejas, antes de que estas se desprendan.
Diferentes
adaptaciones para ocupar sustratos inestables. El mangle rojo (género Rhizophora) se caracteriza por tener raíces en
zanco, a fin de aumentar considerablemente la superficie de sustentación sobre sustratos
inestables (fango-limosos), y raíces ramificadas que penetran al suelo.
El mangle negro (género Avicennia) y el mangle blanco (Laguncularia racemosa) tienen raíces
subterráneas, dispuestas radialmente a poca profundidad, y no forman grandes raíces en
zanco aunque pueden desarrollar raíces adventicias de apoyo. El mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae) y el nato (Mora megistosperma) desarrollan raíces con
contrafuertes lo que limita su anclaje a sustratos aún más estables. Estas raíces son
conocidas como tabloides, estribos o bambas.
Adaptación para
intercambiar gases en sustratos anaeróbicos (sin oxígeno). El mangle rojo tiene
la capacidad de intercambiar gases mediante poros respiratorios (lenticelas) que se
encuentran sobre las partes expuestas al aire de las raíces en zanco. El mangle negro o
iguanero (Avicennia) y el blanco o comedero (Laguncularia) tienen la capacidad de emitir
pneumatóforos, una especie de tubos respiratorios con tejido esponjoso y abundantes
lenticelas dispuestos verticalmente hacia arriba con respecto a las raíces de fijación.
El piñuelo (Pelliciera rhizophorae) y el nato (Mora megistosperma) tienen lenticelas sobre la
parte expuesta de las raíces y pueden acumular aire en un tejido fibroesponjoso que rodea
las raíces.
Reproducción por
embriones capaces de flotar que se pueden dispersar transportados por el agua.
Los embriones del mangle rojo son alargados y puntiagudos y pueden flotar verticalmente
por más de doce meses conservando su viabilidad durante esta etapa. Los embriones del
mangle negro y del comedero son relativamente pequeños y tienen pericarpos flotantes. El
piñuelo tiene un embrión grande, en forma de corazón con un espolón terminal y
cámaras de aire. El nato forma grandes legumbres dehiscentes que liberan de una a tres
semillas, con un espacio de aire sellado entre los cotiledones, lo que facilita la
flotación.
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