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(continuación capítulo geología)
En cuanto a los
ríos Atrato y San Juan vale anotar que el primero sigue un rumbo constante sur-norte, y
desemboca en el océano Atlántico, formando un discreto delta en el golfo de Urabá. No
obstante, en su parte mas alta el río Atrato corre hacia el suroeste y todo parece
indicar que el mismo fluía antiguamente hacia el San Juan, y que el curso actual hacia el
norte es producto de una captura. Asimismo, el examen del relieve en la zona de la frontera
con Panamá muestra una prolongación o brazo antiguo, hacia el noroeste, por los valles
de los actuales ríos Tuira y Chucunaque, que conserva un relleno de hasta 3.500
m
de sedimentos terciarios, semejante en estratigrafía y estructura a las del valle del
Atrato (v.
Nygren 1950; Duque-Caro 1990b, Figuras 6.3 y
6.5);
el río San Juan, de curso más corto que
el Atrato, tiene una dirección inicial hacia el sur pero en la parte baja se desvía
hacia el occidente, lo cual puede ser una condición relativamente nueva, ya que parece
ser que anteriormente su desembocadura se encontraba entre las bahías de Málaga y
Buenaventura, pero por efectos de movimientos subrecientes se vio obligado a torcer hacia
el oeste, llegando a formar en corto tiempo un magnífico y muy probable progradante
delta.
Por otra parte, en virtud del bajo relieve que
domina la Depresión del Atrato-San Juan y de la poca elevación de la divisoria de aguas
entre algunos de los ríos afluentes del Atrato y otros que caen directamente al océano
Pacífico, en distintos momentos de este siglo se ha intentado aprovechar estas
condiciones favorables para construir en esta región del país una vía interoceánica de
agua dulce, alterna y quizás más práctica que el actual Canal de Panamá; para ello
sería preciso conectar dos de los cauces elegidos mediante la construcción de un canal
corto en la correspondiente zona divisoria de aguas.
Las alternativas conocidas tienen que
ver con la conexión de los siguientes pares de ríos: 1) Atrato-Truandó; 2)
Atrato-Napipí; 3) Atrato-San Juan; 4) Atrato-Tuira.
Las tres primeras opciones interesan sólo al
territorio de Urabá en Colombia, con el Golfo de San Miguel, en Panamá. Sin embargo,
hasta ahora, la propuesta no ha tenido más que acogida temporal, en momentos de crisis
internacionales, o de fervor nacionalista.
- Las serranías costeras
occidentales que incluyen la de Baudó, en el norte, y la del Gallinazo, en el sur. La
primera es un espinazo asimétrico, con pendientes suaves hacia el oriente, donde afloran
sedimentos del Terciario Inferior, y con taludes muy empinados hacia el occidente, muy
difíciles de transitar, donde se presentan basaltos cretácico-terciarios; la máxima
altura, con 1.810 m, se alcanza en el Alto del Buey, al sur occidente de Bahía Solano.
Las corrientes que van al occidente son bien cortas y a su entrada al océano forman
escasas y exiguas playas, en una costa plena de acantilados que semeja mucho la costa
rocosa del sur de Chile.
La Serranía de Baudó se
prolonga desde la parte centrooccidental de Panamá y termina, luego de casi 350 kms. al
norte del delta del río San Juan; sin embargo, algunos autores consideran que dicha
serranía se continúa como un lomo bajo del fondo oceánico y que reaparece en las islas
Gorgona y Gorgonilla (v.
Echeverría 1980). Por lo demás la Serranía de
Baudó es escenario de repetidas, fuertes y someras sacudidas sísmicas.
La Serranía del Gallinazo,
se encuentra en el sector del bajo Patía y su relieve es muy bajo; se trata de una zona
poco estudiada en donde afloran sedimentos terciarios y cuaternarios que buzan suavemente
al oriente, hacia donde producen muy poca pendiente, en tanto que hacia el oeste dan
escarpes pronunciados; por el grado de deformación y el notable levantamiento reciente,
la Serranía del Gallinazo puede ser considerada como un émulo incipiente de la Serranía
del Baudó.
- La región cordillerana,
con una divisoria de aguas asimétrica, cargada hacia el oriente, de tal modo, que los
ríos de la vertiente occidental, tienen recorridos de hasta 160 kms., en tanto que los de
las vertiente oriental, hacia el Valle del río Cauca, alcanzan apenas los 40 kms. Por lo
general la cresta de la cordillera no sobrepasa los 3.000 m sobre el nivel del mar, pero
en los cerros de Tamaná y el páramo de Frontino se presentan alturas de 4.200 m y 4.080
m, respectivamente.
En la cordillera, la
topografía local depende principalmente de las características de las unidades
estratigráficas subyacentes, pudiéndose diferenciar los siguientes tipos
-Mesetas alargadas y
medianamente disectadas, localizadas hacia la cresta de la Cordillera, y constituidas por
basaltos cuaternarios (Galvis et al. 1987)
- Depresiones con colinas
facetadas bajas y drenaje dendrítico, donde afloran apófisis (stocks) y
batolitos de intrusiones terciarias.
- Areas con relieve muy
abrupto, escarpes verticales e incisiones profundas, en basaltos del Grupo Diahásico.
- Areas escarpadas con planos
estructurales expuestos (fiatirons y cuestas), drenaje subangular y a veces en
enrejado (trellis), en sedimentos y metasedimentos del Grupo Dagua.
- Regiones con geoformas
anulares y escarpadas, drenaje radial y circular, que representan conos volcánicos
subrecientes, como los Farallones de Cali y Citará, y el Cerro Torrá.
- La Cuenca del Patía, que
es la única que recoge aguas de la cordillera Central, y en parte, de la vertiente
oriental de la cordillera Occidental. La cuenca del Patía domina en el tercio meridional
de la vertiente del Pacífico colombiano, en el sector del Macizo de los Pastos, el lugar
de intersección de las cordilleras Central y Occidental, y donde los valles del alto
Patía y de sus afluentes del sur-ríos Guáitara y Pascual- reemplazan localmente la
depresión interandina correspondiente al río Cauca. El paisaje en este sector está
dominado por la topografía y los productos efusivos y piroclásticos de volcanes
recientes y activos, entre los que se destacan los de Azufral (4.070 m) y Galeras (4.276
m).
Estratigrafía
La historia geológica de la
vertiente del Pacífico de Colombia tiene registro confirmado apenas desde el período
Cretácico (Figura 6.2), desconociéndose entonces la presencia de rocas más antiguas,
que aparecen al oriente de la Depresión Cauca-Patía y que por salirse del marco
geográfico de interés, no serán tratadas en este trabajo.
La unidad litológica más
vieja que se presenta en ambos flancos de la cordillera Occidental comprende basaltos
oceánicos y diferentes tipos de rocas ultrabásicas intercaladas, o entremezcladas
tectonicamente, lo cual permite que algunos autores diferencien, localmente, zonas de
melánge, complejos ofiolíticos y complejos ultramáficos
zonados, alóctonos (v. Barrero 1979; Bourgois et al. 1982; Murcia 1987; Toussaint &
Restrepo 1988; González & Barrero 1991).
En la literatura este
conjunto rocoso es conocido como Grupo Diahásico (Nelson 1957, 1962) o
Formación
Volcánica (Millward et al. 1984; Aspden 1984 McCourt et al. 1984)
en el sur, y Formación Barroso e el norte. Donde no se hallan muy deformados, los
basaltos muestran estructura almohadillada, lo cual constituye un claro indicio de su
acumulación en medio subacuático. Ejemplos de ellos se encuentran en la región de la
Hoz de Minamá, donde el río Patía cruza la cordillera Occidental; en las cuencas altas
de los ríos Micay y Guapi, departamento del Cauca; en el cañón del río Calima, aguas
abajo de la hidroeléctrica del mismo nombre, departamento del Valle del Cauca; en
sectores del alto San Juan y del alto Andágueda, en la costa del Darién y en la costa
del Baudó, de Cabo Corrientes hacia el Norte, departamento del Chocó. Las estructuras
almohadilladas, con costras hialoclastíticas, ocurren también en las rocas ultrabásicas
que acompañan a los basaltos; por lo tanto, es de suponer que ellas son igualmente de
origen efusivo y submarino. Una de las mejores exposiciones de peridotitas almohadilladas
se encuentra en el curso del río Micay, entre el caserío de Nayita y el Salto de
Gurrumendi.
La edad del Grupo Diabásico
se ha inferido de la presencia de algunos macro y microfósiles (amonitas, bivalvos,
foraminíferos, radiolarios) en ocasionales interposiciones sedimentarias. Se trata
siempre de restos mal conservados, que sugieren una edad cretácica superior, tal vez no
anterior al Turoniano (v. Barrero 1979, Etayo et al. 1982, Grösser 1987).
Los basaltos contienen
plagioclasa cálcica, piroxeno y, frecuentemente, olivino; en algunos lugares, como en la
cuenca media del río Anchicayá, pueden presentar un metamorfismo incipiente que los
lleva a filitas talcosas con clorita y pumpellyita, según lo describe ampliamente
Rodríguez (1981).
La siguiente unidad
estratégica es una secuencia de sedimentos pelíticos, potentes pero de espesor variable,
pobre en fósiles, con interrelaciones menores de capas lidito-arenáceaas y calcáreas.
Dichas rocas se representan
generalmente muy plegadas y afectadas por tectonísmo
intenso
y se ven bien expuestas, entre otros lugares, en las hoyas altas de los ríos Naya y
Micay, en la región de Argelia (Valle), en la carretera Medellín-Quibdó (Páramo de La
Mansa) y al oeste de Urrao. En la literatura geológica, esta unidad se conoce como
Formación o Grupo Dagua en la parte meridional de la cordillera Occidental, o como
Formación Penderisco del Grupo Cañasgordas en el sector septentrional (v. González y
Barrero 1991). La diferencia de nomenclatura refleja, grosso modo, la existencia de un
evidente metamorfismo en el sur, y una ausencia casi total del mismo en el norte. En
consecuencia, en los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca la Formación Dagua
se compone de filitas negras, metacherts, metagrauvacas y esporádicas lentes de mármol y
silos de diabasa; en Antioquia y Chocó, el Miembro Penderisco consta de shales negros,
grauvacas, ocasionales conglomeratos turbidítícos, y lentejones lidíticos y calcáreos,
todos con una diagénesis alta, pero sin llegar a claro metamorfismo.
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Columna
Estratigráfica de la cuenca del Chocó- Pacífico o Geosinclinal de Bolívar.
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El escaso
contenido paleontológico, referido a unas pocas localidades del centro y del oriente de
la cordillera Occidental, incluye amonitas, primeramente reportadas por Hubach &
Alvarado (1934), bivalvos, algas coloniales e icnofósiles (Etayo et al. 1982; Etayo 1986,
1989). También se han encontrado foraminíferos diversos, identificados por H. Duque
(Ingeominas) y citados en los trabajos de Barrero (1979) y Etayo et al. (1982). En
conjunto dicha fauna indica una edad cretácica superior, comprendida entre el Turoniano y
el Maastrichtiano, aunque se han hallado además amonitas, del Albiano Medio, al parecer
retrahajadas, en turbiditas arenosas (Etayo et al; Etayo 1989).
Por otra parte,
es de anotar que en los últimos años se ha popularizado la denominación Complejo
Igneo Básico, empleada por Goosens et al. (1977) para referirse, en términos de
magnafacies, a una unidad supraregional, que incluye las rocas con características
petrográfias y posición estratográfica semejantes a los de los grupos Diabásico y
Dagua, expuestas en el área aquí considerada, en el norte del Ecuador (Formación
Piñón) y buena parte de Panamá (v. Murcia 1988).
Cronológicamente,
las siguientes son rocas intrusivas y efusivas de composición diorítica y tonalítica
que forman una amplia, pero discontinua franja al oeste de la cordillera Occidental;
aunque la composición más frecuente de las rocas plutónicas es de tonalita, a veces se
observan también garbos, una variación atribuible a la
asimilación de materiales ultrabásicos. En las vulcanitas se nota una variación
similar, aunque menos acentuada; en general, se trata de rocas calcoalcalinas con bajo
contenido en potasio, por lo cual son pobres en minerales tales como ortoclasa, sanidina o
biotita. De todas ellas se encuentran buenos afloramientos, de extensión variable, desde
la Serranía del Darién, en los límites con Panamá, hasta las cuencas del Patía y
Telembí, en el departamento de Nariño, entre los que se destacan las del Batolito de
Mandé, que corre paralelo a los ríos Atrato y San Juan. Según lo indican las dataciones
radiométricas disponibles (v. Stibane 1981; Restrepo et al. 1991) dichas rocas se
habrían emplazado durante el Eoceno.
Al final del episodio magmático mencionado, comenzó una
sedimentación marina al oeste de la cadena volcánica originada por él. Se trata de una
secuencia, Eoceno tardía, integrada ante todo por liditas, calizas silíceas, areniscas
grauváquicas y hititas oscuras laminares (shales), que en conjunto han recibido diversos
nombres:
Formación Clavo, Cacaricá, Suruco, Chigorodó, etc.
Sobre los
sedimentos mencionados, y translapando lateralmente a estos, aparece una sucesión,
depositada durante el Oligoceno, que comprende margas, calizas puras, calizas arenosas y
tobas. A esta sucesión se le han dado nombres distintos como: Formación Uva, Formación
Truandó, Formación Ciego, Formación Sierra, entre Otros.
Sigue luego urja espesa
acumulación, a la que se atribuye edad miocena, de areniscas arcillosas de color oscuro,
con algunos niveles de conglomerados y ocasionales lentes de lignito. Se trata de la
unidad que se conoce con los nombres de Formación Naya, Formación Condoto, Formación
Napipí y Formación Bojayá.
El final del
Cenozoico está representado por sedimentos fluviales de alta energía, en forma de
tenazas y aluviones que se ven levantados por encima de los lechos actuales; sobre ellos
se presentan, además, extensos depósitos de brechas, tobas y aglomerados volcánicos,
como bien se aprecia al sur, en la llanura pacífica, y al norte, en la depresión
Atrato-San Juan. Testigos de dicho vulcanismo pitoclástico se encuentran también en las
partes altas de la cordillera Occidental; tal es el caso, por ejemplo, de la Formación El
Llano, en Santafé de Antioquia, descrita y definida por Parra (1987), que dicho autor
supone proveniente de un cono volcánico pleistoceno en el Páramo Frontino.
Al tiempo con la
depositación de las unidades antedichas en el área del denominado Geosinclinal de
Bolívar (Nygren 1950), en la cordillera Occidental tuvo lugar una actividad
magmática que abarcó gran parte del Cenozoico y que permitió, el emplazamiento de
numerosas intrusiones medianas a pequeñas, de composición tonalítica/diorítica, entre
las que se cuentan: el Batolito de Piedra Ancha, los Plutones de Micay-Aguaclara y de
Anchicayá, y las intrusiones de Calima y del Páramo de Frontino. En todos los casos, se
trata de rocas compuestas sobre todo de cuarzo, plagiocasa y anfíbol; la edad de
emplazamiento disminuye de oriente a occidente, tanto en la cordillera como en la
Depresión Cauca-Patía.
Además, junto
con el plutonismo en cuestión, hubo también actividad volcánica intensa que aportó
grandes cantidades de lavas y piroclastitas dacíticas y andesíticas, hacia ambos flancos
de la cordillera Occidental; ello es evidenciado por la presencia de vulcanitas
interestratificadas con sedimentos del Oligoceno en la planicie costera del Pacífico.
Independientemente
del magmatismo mencionado, en varias zonas de la cordillera Occidental se observan
extensas franjas cubiertas con basaltos de matriz vítrea, que por lo general aparecen
rellenando depresiones topográficas, es decir, suavizando el relieve fosilizado por
ellos. Por lo demás se ha notado que estos basaltos ocultan el trazo de algunas fallas
regionales, las que posiblemente sirvieron como vía de ascenso hacia la superficie;
buenos e ilustrativos afloramientos se tienen por Trujillo, Darién, Restrepo-La
Cumbre-Dagua (Valle del Cauca) y en la región de El Tambo (Depto. del Cauca). Por lo
común los basaltos en cuestión desarrollan suelos de color rojo intenso y son muy
apropiados para usos agrícolas. En cuanto a la edad, al parecer se trata de rocas
cuaternarias como lo indican una datación radiométrica con una valor de un millón de
años (realizada por la compañía consultora Woodward & Clyde para la CVC), la
presencia de matriz vítrea inalterada y el hecho de que cubran fallas regionales. Por
otra parte, las características de estos basaltos recuerdan a las de la Formación Combia
del territorio antioqueño, que en todo caso es más antigua.
En el extremo meridional de
la cordillera Occidental hay conos volcánicos activos, de composición
andesíticodacítica, entre ellos los volcanes de Cumbal, Chiles y Azufral, que no parecen
tener relación con el vulcanismo básico antedicho.
Como un
capítulo aparte en la litología del Pacífico colombiano, cabe mencionar los basaltos,
ultrabasitas y espilitas de las penínsulas de Bahía Solano y Cabo Corrientes (v. Macía
1985), que afloran al oeste de la gran Falla de Utría, y no parecen tener relación
genética con las demás rocas magmáticas mencionadas y cuya edad precisa se desconoce
aún. Junto con estas rocas se observan también turbiditas proximales, que forman el gran
diatrema de El Cabito, así como lechos de jaspe, radiotantas y algunos arrecifes de poca
extensión.
Tectónica
El primer rasgo
tectónico, y el más importante en la evolución del Pacífico colombiano, es la Falta de
Utría, que ha sido tomada como la expresión superficial de una zona de subducción, ya
que allí se concentran los epicentros sísmicos más someros de todo el occidente
colombiano, que de esa línea hacia el oriente ganan en profundidad. La Falla de Utría
constituye un cabalgamiento al que acompañan numerosas fallas inversas menores y
paralelas a ella, muy evidentes en la región costera del Baudó.
Posteriormente
se inició un fallamiento de dirección N-S, con fracturas en su mayor parte
transcurrentes, paralelas y posiblemente satélites de la Falta del Cauca, bien
representadas en las regiones de Calima (sitio de la presa), el curso alto del río Micay,
entre el río Patía y la Laguna de El Trueno, y entre Yuto y Lloró (Chocó), donde
causan una notable flexión de los cursos de los ríos Cabi, Atrato y Cértegui.
La Falta del
Cauca, de carácter direccional, tinxita por el oriente la cordillera Occidental y parece
ser la causante de la formación de la Depresión Cauca-Patía; dicha fractura, junto con
los mencionadas en el párrafo anterior, podría representar, al mismo tiempo, la zona de
contacto tangencial entre un paleoarco de islas, al occidente, y el Bloque Andino, al
oriente.
Además de las
anteriores, se presentan un sistema de fallas de dirección NW-SE y otro NE-SSW. El
primero es notorio principalmente al sur del Golfo de Buenaventura, donde una de sus
fallas parece dirigir el cauce del río Iscuandé. El segundo, tiene buena expresión al
norte de dicho golfo; una de sus fallas es la causante de un
levantamiento que se inicia
en la costa, al norte de Buenaventura, y llega hasta la región del lago de Calima; otra
produce el ascenso de los sedimentos terciarios de la ribera meridional del río San Juan
en la región de Tadó Istmina. Estos dos últimos sistemas son recientes y algunas de sus
fallas cortan en conjunto al paleoarco de islas y al Bloque Andino. Un ejemplo de este
caso sería la Falla de Iscuandé, cuya prolongación hacia el oriente parece ser la causa
del alineamiento del río Putumayo por más de 200 kms. y cuyo trazo coincide con el
cambio de lugar de los volcanes activos de la cordillera Central a la Occidental.
Evolución
geológica
La vertiente
pacífica de Colombia presenta características que permitirían interpretarla como un
arco de islas adosado, durante el Terciario, a la Región Andina (Galvis, 1982), y su
evolución se podría resumir así:
En un lapso no definido entre el Cretácico tardío y
el Eoceno, mar adentro, y en la corteza oceánica, ocurrió una ruptura en dirección NW
que dio lugar al cabalgamiento del bloque nororiental con respecto al suroccidental y dio
paso a la iniciación de un proceso de subducción.
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Mapa
de la área favorables para la prospección de hidrocarburos:
Amarillo: Sedimentos terciarios y cuaternarios
Verde: Rocas sedimentarias metamórficas, volcánicas y cretácicas.
Rojo: Instrusivos terciarios, tonalíticos
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La placa inferior, o en
subducción, se fue sumergiendo lentamente, hasta profundidades de 50 a 60 kms, donde las
presiones y las altas temperaturas fueron suficientes para producir fusión parcial de los
materiales descendentes, que se acumularon en cámaras de las cuales ascendió el magma,
dando origen a un vulcanismo lineal. Los conos volcánicos producto de esos procesos
formaron una cadena de islas, similar a las Antillas Menores, o a los numerosos
archipiélagos del Pacífico Occidental. Así se generó un arco de islas que se extiende
ahora desde Costa Rica hasta el occidente del Ecuador. Dicho arco fue aproximándose
tangencialmente a la plataforma que hoy comprende los Andes colombo-venezolanos. De esta
manera comenzó a producirse el levantamiento paulatino y la emersión posterior de las
grandes unidades integrantes del arco de islas, como son:
El arco externo
y la zona de mezcla (mélange) en la Serranía del Baudó; la cuenca
intermedia en el Valle del Atrato-San Juan y su continuación en la llanura costera del
Valle, Cauca y Nariño; y el arco interno, o arco magmático en la cadena de batolitos y
rocas volcánicas que bordean el flanco oeste de la cordillera Occidental. La última
representa, en éste modelo, la cuenca de transarco (backarc-basin), ahora
intensamente plegada.
La sedimentación de la cuenca intermedia cambió gradualmente de
un ambiente profundo durante el Eoceno, a aguas más someras en el Oligoceno, condiciones
litorales en el Mioceno y, finalmente, sedimentación fluvial y acumulaciones
piroclásticas subaéreas. El levantamiento de la cuenca transarco es mucho más reciente
y parece ser efecto de la presión ejercida por dos grandes bloques: el del arco de islas
y el Andino, con el consecuente plegamiento intenso que caracteriza la cordillera
Occidental.
Con el progreso
de la subducción de la masa occidental (llamada por algunos Placa de Cocos) hacia el
oriente, se produjo un avance del frente magmático en el mismo sentido, que causa hoy el
vulcanismo de la cordillera Central.
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