(continuación capítulo geología)

Génesis mineral

La evolución geológica del occidente colombiano abre perspectivas interesantes para la prospección de ciertos minerales y torna definitivamente inútil la búsqueda de otros.

Como ya se indicó, la vertiente pacífica presenta un fundamento constituido exclusivamente por rocas de la corteza oceánica, la cual contiene algunos elementos que le son característicos. De ellos, cabe mencionar en primer lugar el oro y el platino; por el contrario, la plata concentra en la corteza continental. Por esa razón, los dos primeros son abundantes en el Pacífico colombiano, donde se les explota en la actualidad en yacimientos aluviales y en depósitos piroclásticos; empero, ven posibilidades muy atractivas con respecto a otros pos de depósito, tales como pórfidos de cobre, sulfuros masivos y oro, que en lo relativo al último han empezado  a tener explotaciones incipientes.

La extracción tradicional del oro se lleva a cabo, por versos medios, de acumulaciones de gravas aluviales de color rojizo, en lechos fosilizados, que en muchos sectores se encuentran “colgados” a 20 o más metros por arriba del nivel actual de los ríos, o al nivel actual en la cuenca del Alto San Juan, Timbiquí, Iscuandé, Telembí, entre otros; también ha habido explotaciones en extensos depósitos piroclásticos de la llanura Atrato-San Juan.

Hay grandes posibilidades de hallazgos de oro diseminado en cuellos volcánicos terciarios, al oriente de la llanura aluvial del Pacífico y del Valle del Atrato-San Juan, como depósitos de tipo pórfido de cobre-oro. Igualmente interesante es la presencia de oro en sulfuros masivos de tipo kuroko, que son acumulaciones ocasionadas por vulcanismo submarino.

En lo referente al platino, tradicionalmente se ha especulado su posible fuente en las rocas ultrabásicas de la cordillera Occidental. Sin embargo, las investigaciones recientes no confirman esa creencia. Por el contrario, el platino parece estar relacionado con el vulcanismo terciario y en muchos casos se le encuentra en los materiales piroclásticos superficiales, de composición félsica.

Mapa con la orientación de estructuras anticlinales
Amarillo: Cuenca cenozoica
Verde: Areas montañosas, ante todo cretácicas, estériles
Rojo: Intrusivos terciarios

El cobre, como elemento común de la corteza oceánica, ofrece buenas posibilidades de hallazgos en depósitos de sulfuros masivos y de tipo de cobre porfídico. De hecho, se conocen ocurrencias de ambas clases en la vertiente pacífica. El zinc se encuentra en forma de sulfuros masivos y se conocen varios ejemplos aún no evaluados en la vertiente pacífica.

El manganeso se presenta en numerosas localidades de la cordillera Occidental, algunas de las cuales se explotan en pequeña escala. Se trata de manifestaciones en el contacto entre filitas talcosas del Grupo Diabásico y filitas pelíticas del Grupo Dagua, y entre los basaltos de la Formación Barroso y las lutitas de la Formación o Miembro Penderisco de la misma. En ambos casos, se trata de acumulaciones en el fondo marino, que posteriormente fueron cubiertas por la sedimentación. Dichas ocurrencias se hallan, por lo común, acompañadas de jaspe, considerado como indicador del vulcanismo submarino.

El cromo es otro metal característico de la corteza oceánica; en la cordillera Occidental se conocen algunas manifestaciones de forma lenticular, en lavas ultrabásicas. Existe una buena posibilidad de explotar hierro, con fines siderúrgicos, a partir de los extensos depósitos de arenas negras muy ricas en magnetita, bien abundantes a lo largo del litoral Pacífico.

Se presentan, además, algunos depósitos de carbón en la vertiente pacífica, de los cuales reviste especial interés el de la Serranía de Las Mojarras, al suroccidente de Tadó, por su gran poder calorífico (9.000 cal/gramo), tal vez el más alto conocido en Colombia. Por último, cabe mencionar numerosas ocurrencias y existencias de diversos minerales que pueden llegar a tener interés económico en la región, como cuarzo, jaspe, bentonita, diatomita, caolín, caliza y rocas para materiales, observados en diversas localidades.

Hidrocarburos

Como lo enseña la práctica, la ocurrencia de hidrocarburos en el subsuelo se restringe a aquellas áreas con un mínimo de condiciones favorables, como lo son la presencia: a) una columna sedimentaria con suficiente espesor que, con ayuda de un gradiente geotérmico adecuado, garantice el logro de un índice o grado de maduración suficiente para que la materia orgánica se transforme en hidrocarburos; b) rocas generadoras apropiadas; c) tramos de rocas almacenadoras, es decir porosas y permeables, d) estructuras de entrampamiento previas a la generación de los hidrocarburos.

Debido a la existencia de una amplia y espesa sedimentaria a lo largo de las hoyas de los ríos Atrato y San Juan, que al sur se adentra en el océano (Geosinclinal de Bolívar), así como por la existencia de un significativo número de rezumaderos de aceite y gas, la cuenca del Pacífico ha sido objeto de prospección para hidrocarburos, habiéndose perforado hasta hora unos 14 pozos exploratorios, tanto en el continente como costa afuera, que lamentablemente han resultado “secos”; sin embargo, algunos dieron muestras de aceite y gas (Figura 6.4). Se trata, de todos modos, de un área de alto riesgo económico (o “área de frontera”), en la que, según estimativos de Ecopetrol, se espera encontrar unos 36 millones de barriles de petróleo y unos 456 billones americanos de metros cúbicos de gas (Govea & Aguilera 1982).

Como se observa en la columna estratigráfica generalizada en la Figura 6.2, en el Pacífico colombiano las rocas generadoras han de encontrarse más que todo en los sedimentos limoarcillosos, bituminosos, del Terciario más antiguo, en tanto que las rocas almacenadoras han de estar representadas por areniscas, conglomerados y calizas del Eoceno-Mioceno. Los análisis geoquímicos hasta ahora adelantados por diferentes compañías indican la presencia de kerógenos favorables para la generación de gas, en un ambiente geotérmico más bien bajo (aprox. 1 grado/33 m), pero que podría elevarse en las proximidades de las intrusiones terciarias observadas en los bordes de la o las cuencas. Al respecto, de acuerdo con la información de Ecopetrol (1988), la profundidad suficiente para la generación de los hidrocarburos en el área que nos ocupa se alcanzaría más allá de los 12.000 pies. Las trampas de almacenamiento pueden ser de tipo estructural, tales como los anticlinales suaves, con fallas asociadas que se ven en el área continental, y anticlinales con núcleos de diapiros de lodo en las zonas oceánicas; y de tipo estratigráfico en ambos sectores, pero en particular donde se presentan acuñamientos ostensibles de las unidades arenoso-conglomeráticas y donde, por erosión y recubrimiento posterior, las discordancias han truncado dichas formaciones.

Así, pues, desde el punto de vista de la exploración petrolera, en la región Pacífica hay una franja de más de 1.000 kms. de largo que se extiende desde Urabá, en el norte, hasta más allá de la frontera con Ecuador, en el sur, y que comprende una parte importante de costa afuera, al sur de Buenaventura; en conjunto, la franja en mención se conoce como la Cuenca del Chocó-Pacífico o “Geosinclinal de Bolívar” de Nygren (1950). Asimismo, el mapa gravimétrico regional muestra un bajo importante al oeste de la Serranía de Baudó, que parece corresponder con una cuenca sedimentaria, aproximadamente N-S, de la cual han de provenir los gases y el aceite de los rezumaderos de las vecindades de Bahía Solano.

Para fines prácticos de la prospección de hidrocarburos, en la franja en cuestión pueden separarse tres “subcuencas”: la del río Atrato en el norte, la del río San Juan en el centro, y la del Patía (también llamada “Cuenca de Tumaco”), en el sur. Los pozos perforados hasta la fecha se concentran en la primera, de Quibdó hacia el norte, y en la última, en las proximidades de Tumaco. En la zona de costa afuera se han perforado apenas dos pozos, uno cerca de la isla Gorgona (Sandi-1) y otro al sur de Buenaventura (Tambora-1).

Los ejes de plegamiento tienen por lo general direcciones que oscilan entre NE-SW y N-S/NNW-SSE y presentan arreglos escalonados y trazos no rectilíneos, lo cual sugiere una génesis relacionada con desplazamientos laterales de bloques corticales, como se mencionó al hablar de la tectónica; esta característica es más notoria en la región entre Buenaventura y Tumaco, donde, además se aprecia una diferencia de casi 90º entre la dirección de los pliegues en tierra y los de la costa afuera.

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