Los vientos y lluvias del mes de agosto batían el desapacible tránsito; el suelo gredoso y unido casi, no permitía el andar a las bestias, según resbalaban y se arrodillaban a cada paso; una densa niebla velaba el triste paisaje de los solitarios cerros, y los arbustos enanos y rígidos sonaban como petrificados por un frío de 5° centígrados, En los páramos la tempestad no es majestuosa, tronadora v rápida como en los valles ardientes de nuestros grandes ríos: es callada v persistente cual la muerte, y como ella, también verla y lóbrega, sin las magnificencias del rayo, sin la terrible animación del huracán que transporta veloz y arroja sobre la tierra océanos de agua; morir en medio de estos grandes ruidos y conmociones de la naturaleza debe ser para el viajero un accidente súbito, casi no sentido; en los páramos se muere silenciosamente, miembro por miembro, oyendo cómo se extinguen por grados las pulsaciones del corazón; por eso es terrible, v terrible sin belleza, una tempestad en la cima de los Andes: el ánimo se abate y la energía queda reducida a los términos pasivos de la resignación.
Manuel Ancízar
1850

 

 

El conocimiento de los páramos es relativamente escaso y sólo en las últimas décadas se ha impulsado el estudio sistemático de estos elevados ambientes tropandinos. En Colombia los estudios relevantes sobre el tema han sido realizados por Cuatrecasas (1958 y 1968), Guhl (1968, 1975), Dugand (1944 y 1973), Van der Hammen (1979), Cleef (1981), Lozano y Schnetter (1976), entre otros.

 

El concepto ambiente

Para hablar del ambiente de Páramo, se hace necesario precisar conceptualmente cada uno de los términos. La multiplicidad de acepciones y el carácter ambiguo de su uso, exigen más rigor conceptual.

El término ambiente posee muchos sinónimos y se acompaña de una adjetivación redundante, lo cual crea una confusa indefinición. Como concepto, el ambiente ha alcanzado connotaciones bien diferentes, siendo uno para el biólogo, otro para el geógrafo, otro para el artista, otro para el meteorólogo y algo mucho más diverso para el lenguaje popular. Los elementos que en cada caso conforman el «ambiente», pueden no ser suficientes para una explicación amplia. Por lo tanto, se hace necesario establecer criterios con el fin de aproximar una definición más universal.

Estudiadas varias definiciones se encontró que el ambiente es considerado como un conjunto de condiciones físicas, químicas y biológicas, pero sin tener en cuenta los nexos que existen entre los elementos, ni las condiciones de existencia de los elementos y factores permanentes o temporales en él.

Desde el punto de vista biogeográfico, el ambiente de las formas vivas debe precisarse teniendo en cuenta la vida misma como elemento y factor de dicho ambiente. La vida aparece como una compleja síntesis de diversos elementos v factores.

La distribución de los elementos y factores ambientales del presente, no se reparten de manera uniforme sobre la superficie del planeta, sino que, más bien conforman una gama diversa de condiciones, las que vienen a dar especificidad a los diferentes conjuntos ambientales.

 

El concepto páramo

Según Vareschi (1970), la palabra páramo procede del latín paramus, significando llanos, connotación bien diferente a la actual. La voz se considera de origen celta v en España denominaba las mesetas semidesérticas y áridas de Castilla, en contraposición a las regiones fértiles más bajas. El sentido semántico inicial está referido a erosión, infertilidad y ciertos rasgos morfológicos; confirmado más recientemente con la definición dada por el diccionario de la lengua de la Real Academia Española (1947), expresado así: terreno yermo, raso y desabrigado. Nuevamente los términos refieren sequedad, infertilidad, ausencia de vegetación mayor o cobertura homogénea v un ambiente desamparado y frío.

Con la llegada de los españoles a América, la voz comenzó una nueva etapa de configuración, pues vino a significar los paisajes de las altas montañas tropicales andinos. Durante un lapso de varios siglos, el concepto se fue nutriendo de elementos neotropicales, aunque los espacios referidos por el término, fueron poco visitados y estudiados por tus rigores y dificultades que presentaban al viajero y cl escaso interés que mostraba al habitante.

Caldas (1966) expresa en 1808 acerca de los páramos: «La parte superior (1.500 a 2.300 toesas 1 ) y bajo un ciclo nebuloso y frío, no produce sino matas, pequeños arbustos y gramíneas. Los musgos, las algas y demás criptógamas ponen término a toda la vegetación a 2.800 toesas sobre el mar. Los seres vivientes huyen de estos climas rigurosos Y muy pocos- se atreven a escalar estas montañas espantosas. De este nivel hacia arriba ya no se descubren sino arenas estériles, rocas desnudas, hielos eternos, soledad y niebla.»

Para algunos viajeros de finales del siglo XIX, cl concepto páranlo se asocia con algunos paisajes alpinos; como afirma Hettner (1976): «A la misma elevación constitutiva en Los Alpes del límite tic la región de la nieve perpetua, en los Ancles Tropicales la arborescencia apenas empieza n achaparrarse, reemplazándose a la vez en gruesas capas de musgo y creando así un aspecto melancólico. Hemos entrado en la región de los páramos, aquellas soledades de las montañas que siguen subiendo hasta los 4.600 metros, para alcanzar los límites de la nieve eterna.» Más recientemente Walter (1977), también denomina los páramos según el carácter alpídico definiéndolo como el «piso alpino de los trópicos húmedos». Es descrito siempre como húmedo, nebuloso, inhóspito y frío.

Contemporáneo a Hettner en sus reconocimientos, Reclus (1958), define el páramo como »las altas grupas que rebasan el límite superior de la vegetación arborescente y se expone a los vientos fríos y a las tormentas de nieve».

El geógrafo Pablo Vila (1945), asocia aún el término con las «parameras» de la Meseta Central de la Península.

En conceptos más elaborados, Cuatrecasas (1958) dice del páramo que «son extensas regiones desarboladas que coronan las sumidades cíe las cordilleras por encima del bosque Andino, desde los 3.800 metros de altura (localmente desde 3.200 metros). Son fríos v 'húmedos sufriendo cambios meteorológicos bruscos, están casi siempre cubiertos por la niebla, recibe frecuentes precipitaciones y son a menudo azotados por los vientos. Los fríos días neblinosos v lluviosos pueden alternar con otros despejados, soleados v cálidos, pero las noches son siempre frías, nevando frecuentemente a una altura superior a 4.400 metros». Más recientemente (1968) el mismo autor puntualiza el concepto así: «las regiones más elevadas y descubiertas de las cordilleras tropandinas en las que concurren especiales condiciones físicas, climáticas v meteóricas de tipo tropical determinantes de formas particulares de vegetación».

Desde la óptica geográfica, el maestro Guhl (1975), dice del páramo que es un ecotopo exclusivo de Los Andes Ecuatoriales Húmedos, en donde encontramos la culminación de la integración vertical y horizontal de la geosfera de las montañas ecuatoriales. Lauer (1979) define el páramo como regiones semi-a-perhúmedas y entre frescas v frías, con abundante alternancia térmica diaria de las altas montañas tropicales, ubicadas por encima del límite del árbol o del bosque y por debajo del límite de la nieve. En el campo biogeográfico, Cabrera y Willink (1973), expresan del páramo, que es una región desprovista de árboles, cubierta con frecuencia por niebla, con precipitación abundante v frecuentes nevadas.

Cleef (1978), tipifica el páramo como regiones de vegetación abierta, que generalmente se presenta por encima del límite superior del bosque en las montañas tropicales húmedas de América Latina (figura 1).

En esta serie de apreciaciones se puede observar una variedad de elementos divergentes en torno al concepto páramo, lo cual ha provocado diversos sentidos y signifiicaciones, según se tomen en cuenta los elementos mediterráneos, alpídicos, las zonas de vida, los elementos climáticos, las formaciones vegetales, los conceptos biogeográficos v algunas apreciaciones subjetivas (lugar de soledades y melancolías). Sin embargo, con los trabajos de Cuatrecasas (1968), Guhl (1975), Cleef (1978), Monasterio (1979 y 1981) y Van der Hammen en diversas publicaciones hasta el valioso trabajo de Ecoandes, el concepto páramo ha adquirido más elementos y por tanto más claridad en torno a su conocimiento.

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Figura 1. -Localización de los páramos del presente y el pasado

 

Génesis y tipificación de los páramos

De acuerdo con Van den Hammen (1979), los primeros indicios de la existencia de vegetación cíe páramo aparecen en el Plioceno. Eran pobres en especies, ya que los páramos nacieron como «islas» de clima frío rodeadas de vegetación neotropical. El primer registro de una vegetación que podría llamar de páramo puede tener una edad Plioceno Tardío o Pleistoceno Temprano, siendo un proto-páramo florísticamente aún muy, pobre.

La evolución geológica de la estructura andina, provocó necesarios cambios en este proto-ambiente paramuno, el cual alcanzó su máxima fluctuación ambiental durante las glaciaciones pleistocénicas. En la medida en que las estructuras andinas se definían a partir del paroxismo andino (Bürgl, 1961), los páramos fueron adquiriendo características ambientales propias de acuerdo a su posición, situación, exposición, altimetría, humedad, etc., lo cual pudo establecer diferencias ambientales entre ellos y por tanto características biogeográficas y ecológicas específicas en estos espacios de montaña.

Los páramos se hallan ubicados en la franja tropical húmeda, con una gran influencia ecuatorial. Estos espacios forman parte de la estructura montañosa andina y verticalmente representan los orobiomas terminales de dichas vertientes tropandinas.

La comprensión de su situación se establece conociendo la disposición de las estructuras fundamentales de los Andes Tropicales: su sentido longitudinal, la distribución de sus cordilleras, de los valles intercordilleranos, sus cuencas intermontanas, las zonas bajas de sabanas y selvas y la exposición a la influencia de mares tropicales con dinámicas ecuatoriales. Latitudinalmente el páramo comprende una amplitud de 19°, entre el norte del Perú (Jalca) y el norte de Colombia. Esta amplitud permite entender las variaciones ambientales, según estén expuestos a las masas marítimas, los vientos secos, las zonas áridas, zonas húmedas y selváticas, valles intercordilleranos ambientalmente muy variados y una dinámica atmosférica en gran parte regida por la zona cíe convergencia intertropical y el comportamiento de los ciclones subtropicales

Esta compleja variedad de factores y elementos ambientales, inci dentes en los ecosistemas parameros; inducen a una tipificación preliminar, de acuerdo a su situación, así:

- Páramos Interandinos: Ubicados sobre estructuras montañosas centrales, delimitados por valles longitudinales paralelos, como en el caso de los situados sobre la Cordillera Central de Colombia y algunas islas de Montaña en el sur de Colombia y los Andes Ecuatorianos.

- Páramos de Exposición Oriental: Ubicados sobre las cumbres del eje Oriental Andino, sometidos a la influencia de procesos dinámicos de las selvas y sabanas septentrionales de Suramérica.

- Páramos de Exposición Occidental: Localizados sobre las crestas más enhiestas del eje occidental andino, bajo la influencia de litorales semi-secos y áreas selváticas lluviosas con incidencia de meteoros del pacífico ecuatorial.

- Páramos de Exposición Norte: Ubicados sobre las crestas más septentrionales de los andes, expuestos a una acción estacional de los vientos aliseos del NE y circundados por una orla seca en el norte de Suramérica.

- Páramos de Exposición Mixta: Conjunto de Páramos que reciben una acción cambiada de las formas de exposición antes expuestos y que se sitúan indistintamente sobre cualquiera de los ejes cordilleranos.

Las diferencias ambientales según la variabilidad altimétrica son establecidas por el comportamiento de los elementos ambientales regionales y locales según la ubicación de cada tipo de Páramo. Las condiciones de su situación geográfica precisan un comportamiento, una dominancia o una atenuación de los elementos y factores del ambiente paramuno. Sin embargo, los páramos comparten una serie de condiciones ambientales como son: fotoperiodismo tendiente a la constante, isotermia notable a lo largo del año y ciclos climáticos preponderantemente diurnos, repetitivos a través del tiempo (Monasterio, 1980).

 

Elementos del ambiente

A continuación se exponen los elementos que deben tenerse en cuenta para estudiar el ambiente.

1. Situación; 2. Relieve; 3. Energía; 4. Clima; 5. Suelo; 6. Ciclos biogeoquímicos; y 7. La vida.

Como puede apreciarse, cada uno de estos elementos constituyen síntesis de procesos amplios, Sin embargo, no puede definirse el ambiente tomando únicamente uno o alguno de ellos, pues se corre el riesgo de aislarse, buscando explicar muchos aspectos bajo la prioridad de uno sólo. Aun, al considerar la vida misma, no debe separarse el reino vegetal del animal, dados sus estrechos vínculos evolutivos.

Este planteamiento en torno al ambiente parte de una interpretación global del concepto, donde la vida, los elementos accesorios a ella y la misma vida como elemento, conforman un todo. Si ha de darse priori dad a uno de los elementos componentes del ambiente, ello debe ser sugerido por la realidad y no por la selección aislada de un campo particular del saber.

 

 

1 Medida francesa de longitud equivalente aproximadamente a dos metros
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