3.6 Visión científica

Parte de la visión contemporánea del páramo la brinda ese modo de ver el mundo llamado ciencia, producto precisamente de la concepción científica del mundo surgida bajo la influencia de las geometrías no euclidianas, la teoría de la relatividad y la teoría cuántica. La visión científica, la más reconocida por los académicos y, por tanto, la más difundida hoy, proyecta aspectos y características del páramo, muchas de ellas novedosas, pero igualmente particulares, condicionadas por los intereses de conocer, por las modalidades temáticas, los campos disciplinarios y las necesidades de explicar y comprender. Esta visión, empeñada en el conocimiento científico de la estructura, composición, función, origen, etc., de los ecosistemas en los paisajes parameros, ha omitido necesarios contextos planetarios, históricos, culturales, socioambientales, etnológicos y políticos, fundamentales para alcanzar un pensamiento que no sólo explique sino que permita comprender el ambiente páramo.

La visión científica, dominante en los últimos 60 años sobre los páramos andinos, ha contribuido al conocimiento de aspectos importantes en cuanto a su origen, evolución, flora, fauna, ecología, edafología, ecofisiología, dinámica de poblaciones, geomorfología, glaciología, palinología, climatología, sistemas de producción, economías campesinas y diversidad ambiental, entre otros; sin embargo, sabemos muy poco sobre ese conjunto de ecosistemas que diariamente se transforman y desaparecen en los campos de papa o la ganadería de altura.

La tradición investigativa sobre los ambientes y ecosistemas parameros ha estado dominada por las ciencias naturales, que como plantea Bernal et al. (1991), ha contado con el desarrollo científico de la botánica, la zoología y la ecología, pero dicho desarrollo no es comparable con la diversidad ecosistémica de las altas montañas y con la riqueza de su biota. Además, el páramo ha sido socializado desde hace varios milenios, contando con ricas formulaciones culturales y diversos procesos sociohistóricos y productivos, los cuales no han sido objeto de investigación sistemática, permitiendo que la visión naturalista domine los niveles del conocimiento y la interpretación de los paisajes ecuatoriales fríos de alta montaña.

En nuestra formación social a pesar de privilegiarse el conocimiento naturalista, éste va a la saga de los procesos de ocupación, uso, transformación y deterioro de aquellas estructuras ecosistémicas, viendo cómo su objeto de trabajo y estudio se desvirtúa o desaparece en la producción y reproducción de la sociedad en la naturaleza; manifestando a su vez suficiente incapacidad al proponer alternativas, para que en el proceso de la interacción sociedad colombiana-páramos, prime la identidad sobre la depredación. Sólo se procura conocer una parte de la totalidad del ambiente páramo, reducidamente considerada natural, aunque sus paisajes hace tiempo poseen fuertes e importantes determinaciones sociales.

El páramo como territorio, como lugar, como espacio, como hábitat, como continuidad, se ha ido transformando al punto de encontrar tanto diversidad biótica y ambiental como productiva y cultural. El páramo ha permitido desarrollar en el ámbito humano muchas formas de producir, de recrear la vida, de sustentar un pensamiento mítico, de percibir la variabilidad ambiental, de elaborar sentidas manifestaciones estéticas y poéticas, al punto de cargarse de tantas representaciones y sentidos que no es posible trazar límites entre lo físicobiótico y lo sociocultural.

El páramo ha permitido construir y plasmar proyectos socioambientales de singular importancia, recorridos por la experiencia global de sus hombres. No es sólo una rica realidad objetiva; es hábitat en tanto que espacio vivenciado, atravesado por la vida; es lugar de sensaciones y percepciones donde crecen la alegría, la soledad y la nostalgia bajo la influencia decisiva de las nieblas, el frío, el viento, las luces y las sombras.

Tal vez como otros lugares, pero tal vez como él mismo, el páramo ha permitido fundamentar la vida social como espacio del hombre.

Sin desconocer los aportes del conocimiento científico, es fundamental mirar el páramo como globalidad para comprender las necesarias interacciones de su historia social y natural; responsables a su vez de esa realidad ambiental que hoy encontramos en sus espacios constituidos. La visión científica contemporánea ha estado sustentada por varios proyectos académicos, institucionales y profesionales, tanto nacionales como internacionales, algunos de los cuales mencionaremos a continuación.

En los Andes venezolanos existen varios equipos de investigación sobre los páramos de Piedras Blancas, Mucuchíes, Santo Domingo, Zumbador, La Culata, Gavidia, El Águila, La Negra, El Molino, Apure, El Batallón, Tamá, Cendé, Las Rosas, Jabón y Cerro Pintado (Perijá), entre otros, a cargo de la Universidad Simón Bolívar, el Instituto Venezolano de Investigación Científica —IVIC—, la:. Universidad del Zulia y la Universidad de los Andes de Mérida, debiéndose resaltar el importante trabajo desarrollado por el CIELAT —Centro de Investigaciones Ecológicas de los Andes Tropicales— no sólo en historia natural, climatología, ecología básica, dinámica de poblaciones, ecofisiológia y edafológia, sino también en sistemas agrícolas, economías campesinas y agroecología dentro del programa de Ecología agraria. Sus aportes, líneas de investigación, respaldo técnico-científico, los coloca en un nivel pionero dentro de los: estudios científicos de los Andes septentrionales.

En Colombia, luego de los trabajos fundamentales de José Cuatrecasas, Enrique Pérez Arbeláez, Armando Dugand, Lorenzo Uribe y Roberto Jaramillo, entre un gran número de investigadores más, debemos resaltar el trabajo de la Universidad Nacional de Colombia, tanto en Bogotá como en sus seccionales, a través del Instituto de Ciencias Naturales (ICN). Asumiendo líneas de investigación en taxonomía vegetal y animal, estudios ecológicos, paleoecología, pabinobogía, edafología, fitosociobogía y secuencias vegetacionales, han estudiado diferentes páramos en las cordilleras Occidental, Central, Oriental y la Sierra Nevada de Santa Marta. De esta manera han acumulado información básica para interpretar las estructuras ecosistémicas del páramo.

Unida a este proyecto científico y académico, ha estado la Universidad de Ansterdam, en un trabajo liderado por Tomas Van der Hammen, quien junto con Antoine Cleef, y un considerable número de estudiantes holandeses y colombianos, ha proyectado el conocimiento sistemático de los páramos en el proyecto ECOANDES, contando con la colaboración del Instituto Geográfico «Agustín Codazzi» y algunas universidades e institutos regionales. Sus resultados aportan conocimientos sobre la historia del clima y la vegetación, la paleoecología, los estudios ecológicos y algunas formas de uso y manejo.

Finalmente, destacamos el trabajo realizado por la Unidad de Ecología y Sistemática de la Universidad Javeriana, la cual realiza investigación sobre flora, fauna, ecología terrestre y acuática, en el Parque Nacional Natural de Chingaza; buscando establecer la estructura y función de esos ecosistemas parameros, con miras a un aprovechamiento racional y la recuperación de áreas alteradas.

A nivel institucional, el INDERENA ha venido impulsando políticas de investigación, control y manejo de los páramos, destacándose la conformación de áreas de protección como parques nacionales, reservas, santuarios de fauna y flora, algunos de los cuales sistematizamos en el cuadro No. 1, donde se detallan aspectos relativos a su situación, localización, área y páramos comprendidos sobre los Andes colombianos. El Estado busca hacer más orgánicas y operativas sus políticas, para lo cual ha creado el Ministerio del Ambiente.

PARAMOS Y PARQUES NACIONALES

NOMBRE         SITUACION         DEPARTAMENTOS         AREA (ha.)         CREACION        PARAMOS

PROVINCIA BIOGEOGRAFICA DEL CARIBE

Sierra Nevada de Santa Marta 10º50’ LN – 73º 30ºW Cesar, Guajira, Magdalena 383.000 1964 Sierra Nevada

PROVINCIA BIOGEOGRAFICA DE LOS ANDES

1. Cordillera Occidental

Farallones de Cali 2º20’ – 76º50'W valle del Cauca 49.200 1983 Farallones de Cali
Las Orquídeas 6º3´- 76º08’W Antioquia 32.000 1873 Urrao-Frantino
Paramillo 7º10’ – 76º05’W Antioquia, Córdoba 460.000 1977 Tres Morros-León

2. Cordillera Central

Puracé 2º16’ – 76º38’W Cauca, Huila 83.000 1968 Coconucos-Almaguen
Nevado del Huila 2º55’ - 76ºW Cauca, Huila, Tolima 158.000 1977 Moral-Santo Domingo
Las Herniosas 3º56’ - 75º50’W Tolima, valle 125.000 1977 Borragón-Santa Lucía
Los Nevados 4º45’ - 75º20’W Caldas, Quindío, Risaralda 38.000 1973 Herveo-Tolima

3. Cordillera Oriental

Los Picachos 2º 55’ – 74º55’W Caquetá, Huila, Medellín 286.000 1977 Leiva-Galápago
Sumapaz 3º50’ – 74º25’W Cundinamarca, Huila 154.000 1977 Altamisal-El Cedro
Chingaza 4º35’ – 72º45’W Cundinamarca. Meta 58.350 1977 Palacio-Chuza
Pisba 4º56’ – 72º32’W Boyacá, Casanare 45.000 1977 Santuario-Pisba
El Cocuy-Güicán 7º25’ – 72º19’W Arauca, Boyacá 306.000 1977 Rechiniga-Sachoque
Tamá 7º25’ – 72º19’W Norte de Santander 48.000 1977 Bélgica-Santa Isabel

SANTUARIO DE FAUNA Y FLORA

Iguaque 5º35’ – 73º25’W Boyacá 6.750 1977 Esterillal-Morro Neg.

Elaboró: Molano, 1993 Fuente: INDERENA-FEN 1986

Muchas universidades regionales: Nariño, Cauca, Tolima, FUP - Fundación Universitaria de Popayán, Valle, Antioquia, UIS, UPTC, así como organizaciones no gubernamentales y fundaciones ecológicas, han tenido la iniciativa de desarrollar investigación básica y aplicada, tratando de establecer formas de solidaridad para la protección y manejo de los ecosistemas de nuestros páramos. Estas acciones alcanzan poca proyección por su falta de continuidad, las posiciones altruistas, el carácter ecologista, la búsqueda de nuevas formas de subsistencia económica, y la falta de una perspectiva ambiental alternativa a la sociedad actual y a la ciencia que la fundamenta.

Así como la ciencia, no sólo hace moda y asume tendencias, paradigmas y metodologías, sino que acepta las determinaciones de los programas de investigación internacionales o nacionales, las fuentes de financiación y la ideología de la cientificidad; de igual manera, en nuestro medio, los páramos han sido estudiados bajo criterios epistemológicos similares, aportados básicamente por la ciencia natural, los cuales se han aplicado con mayor énfasis en los páramos próximos a los centros urbanos académicos o con facilidades de acceso o condiciones de permanencia favorables.

Sin embargo, en la actualidad, los esfuerzos investigativos se han extendido a lugares no muy conocidos o poco estudiados, por ejemplo, la Fundación Farallones de Cali, desarrolla trabajos en los páramos circundantes a Cali, en los Farallones del Cajambre, los Farallones de Pance y los Farallones del Medio, encontrando especies endémicas como Puya occidentalis, sobre un límite arbóreo que alcanza los 3.800 m con elementos como Diplostephium y Miconia, y cuyo páramo llega a los 4.200 m. (Calderón, 1991).

Los páramos de la serranía de Perijá, descritos por Wokittel (1957) como elevaciones que alcanzan los 3.600 m, destacándose el alto del Avión y cerro Pintado, con vegetación escasa de gramíneas, frailejones y matorrales; han sido estudiados más recientemente por el equipo de investigación del Museo de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad del Zulia, encabezado por Viloria (1991), quienes han encontrado conjuntos de páramos relativamente continuos entre los 2.800 y los 3.688 m.s.n.m; rodeados de farallones y montes insulares similares a los tepuyes del oriente venezolano.

Los principales páramos son los del Macizo de Tetarí (3.559 m), cerros Rafael Urdaneta (3.426 m), cerros Torotejopa (3.200 m), Cerro Pintado (3.300 m), Monte Plano (3.688 m) llamado en territorio colombiano como cerro del Avión, el cual posee el páramo más extenso conocido como Sabana Rubia, donde se encuentran dos especies endémicas de frailejón (Ezpeletia perijaensis y Ezpeletia tilleti) y refugios de cóndores, especie ésta extinguida de casi todos los páramos colombianos.

Por otra parte, el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo, de la Universidad Javeriana, ha venido trabajando los páramos del Norte de Boyacá, desde una perspectiva de manejo ambiental. Los procesos de ocupación, uso y manejo se han interpretado en el marco del ecodesarrollo, describiendo la forma de ocupación, tendencia y la producción de aquellas economías campesinas e indígenas (González, 1989).

El ambiente páramo: biomas, paisajes, territorio y hábitat humano, es un espacio orográfico neoecuatorial de gran importancia evolutiva por su diversidad biológica de convergencia planetaria. Originado durante la emersión de las estructuras cordilleranas andinas, su diferenciación ocurre hacia el Terciario Superior (Plioceno), adquiriendo forma insular dentro del relieve y la vegetación neotropical hace alrededor de tres millones de años, -como lo propone Van der Hammen (1979). Desde aquel protopáramo hasta hoy, una compleja evolución de las formas de relieve, de las condiciones climáticas globales determinadas por las fases glaciales e interglaciares, de los procesos de especiación, sucesión y colonización, han tenido lugar. Los páramos se fueron estructurando en sus condiciones ambientales, asumiendo tanto los elementos globales como sus características específicas relacionadas con la posición, altitud, situación y exposición. (Mapa No. 2).

De esta configuración surgen las características biogeográticas y ecológicas tipificadoras de la alta montaña ecuatorial. Durante este tiempo geológico como plantea Rangel (1989), se presentan procesos biológicos de diversificación, especialización, colonización y reemplazo de poblaciones hasta configurar el gran mosaico actual. En un tentativo análisis fitogeográfico según probables áreas de origen, el autor citado establece el siguiente esquema de distribución:

— Elementos endémicos originados en la zona paramuna. Ejemplo, Ezpeletia, Neurolepis, Swallenochloa.

— Elementos neotropicales provenientes de otras montañas neotropicales. Ejemplo, Oricaria, Gynoxys, Lachemilla.

— Elementos tropicales en sentido amplio. Ejemplo, Paepalanthus, Sporobolus, Achyrocline.

— Elementos australes o antártico hasta Nueva Zelanda, Ejemplo, Acaena, Azorella, Oerobulus.

— Elementos árticos. Ejemplo, Vaccinium, Bartsia, Draba, Castilleja.

— Elementos templados en sentido amplio -ambos hemisferios. Ejemplo, Valeriana, Gentiana, Hypericum.

— Elementos cosmopolitas. Ejemplo, Blechnum, Eryngium, Hydrocotyle, Polypodium.

El mosaico integrado por estos elementos conforma tipos de vegetación, entre los cuales son más frecuentes los matorrales, pastizales, frailejonales, y prados (Rangel, 1989a).

Los páramos de los Andes, uno de los paisajes más grandiosos de nuestro planeta, según opinión de Vareschi (1970); constituye un exclusivo ambiente de alta montaña ecuatorial. Su especial situación intertropical lo relaciona al sur con las punas de los Andes centrales; con la franja árida pericaribeña en el extremo septentrional; con las masas oceánicas del Pacífico oriental y el mar Caribe meridional; con variadas selvas litorales, interandinas y amazónicas; y con extensas sabanas septentrionales de Suramérica.

Latitudinalmente, comprende una franja ecuatorial sobre ambos hemisferios con una amplitud cercana a los 20º, equivalentes a 3.200 kilómetros. Entre el Norte de Perú y el Norte de Colombia, los páramos ocupan diferentes estructuras montañosas, siendo unas compactas y uniformes en territorio de Perú y Ecuador, mientras que en territorio colombiano, los ejes cordilleranos se separan y fragmentan, permitiendo la formación de ambientes interandinos cuya dinámica condiciona o afecta algunos páramos localizados bajo influencia de cañones secos, altiplanos y valles amplios con dinámica de circulación diaria.

Altitudinalmente, los páramos han sufrido múltiples variaciones, debido a las sucesivas glaciaciones- interglaciaciones surgidas desde el Plio-Pleistoceno. Estos cambios climáticos extendieron el páramo cerca de la cota 2000 metros durante las fases más rigurosas, en tanto que durante las interglaciaciones se redujeron considerablemente hasta alcanzar un carácter insular dentro del mar de selvas que copaban las montañas y las cúspides enhiestas de la morfología andina. Pero no sólo los cambios climáticos globales lograron esa fluctuación altimétrica y esas importantes variaciones en su área, sino que condicionaron los procesos de colonización y ocupación biótica del espacio correspondiente para cada fase glaciar-interglaciar, logrando desarrollar complejas sucesiones poblacionales sobre amplios espacios de selvas alto andinas, nubladas, y andinas, en una colonización descendente motivada por los procesos de disminución de la temperatura (Mapa No. 2).

 

Las selvas muertas por el frío, incendiadas por radiación solar y generadoras de suelos profundos, debían ceder sus espacios y potencialidades de nutrientes a la vegetación pionera que descendía de los páramos «altos». Cuando tenía lugar la interglaciación, el proceso de ocupación del espacio montañoso andino era bien diferente, pues dicho espacio aparecía en buenas partes desnudo, lavado, cepillado, erosionado y fraccionado por la acción de los glaciares y su conocida dinámica. La micro y mesomorfología surge como ambientes diversos, donde los cuerpos de agua acumulados —lagunas de origen glacial— provocan una distribución no regular de la vegetación, manteniéndola en cierto nivel de insularidad durante un buen tiempo. Por otra parte, la falta de suelo hacía más difícil y lento el proceso de ocupación del espacio heredado de los hielos, contrario a la colonización descendente sobre las vertientes. Los materiales desagregados por la abrasión y gelifracción de los hielos, depositados como campos de morrenas, y algunos acumulados fluvioglaciares, llegaron a constituir espacios relativamente favorables no sólo por el potencial de nutrientes contenido en esas moles desagregadas, sino por la cantidad de humedad que retienen.

Otros ambientes más secos, de mayor o menor exposición, carentes de suelos, con rocas fáciles de copar, etc., hacían de la colonización ascendente un factor diferencial en cuanto la heterogeneidad de nichos, a su vez, sumamente exigente para los procesos adaptativos y evolutivos de las especies. Ha de tenerse presente que este proceso antes anotado, implicando colonización de espacios selváticos o campos labrados por los hielos, tuvo lugar muchas veces, llegando a cerca de 25 fluctuaciones durante la última glaciación como lo anota Van der Hammen.

Luego de iniciados los procesos de ocupación humana y particularmente a partir de la intervención hispánica hasta hoy, las variaciones altitudinales del páramo han vuelto a cambiar, no sólo porque el 90% del espacio ocupado por los páramos ha sido incorporado como un espacio productivo sino porque por lo menos un 60% del área actual del páramo ha sido ensanchada por la acción socioproductiva de los habitantes de los Andes.

Nuevamente el páramo vuelve a descender. Ahora las selvas no mueren ateridas por el rigor del frío, sino por la acción indiscriminada del saqueo, la tala, la quema, la potrerización y la necesidad de nuevas tierras que amplíen la frontera agrícola. Todo este fenómeno puede denominarse colonización de altura y hace parte del proceso de colonización de las vertientes pero en una versión un tanto tardía, para varios lugares de Colombia.

En el sur del país los procesos de concentración de la tierra unidos al crecimiento de las poblaciones campesinas e indígenas, fueron provocando la ocupación de los páramos nariñenses y caucanos, hasta alcanzar prácticamente las cumbres volcánicas y los campos de nieve. El rigor del ambiente, las heladas más numerosas durante el año, la pobreza de los suelos, hacen que esta colonización se emparente con la pobreza, la marginalidad y la sobrevivencia campesina.

De otro lado, indígenas Coconucos, Guambianos, Yanaconas y Paeces, entre otros, por motivos similares y desde época colonial coparon parte de los paramos de la cordillera Central entre el Macizo colombiano y el Nevado del Huila. Esta colonización se densificó con la entrada de campesinos vallunos, caucanos, tolimenses y huilenses, quienes buscando escapar de la violencia iniciada en la década de los cuarentas, se refugiaban en los ambientes parameros, ligados a la producción de papa y la ganadería de altura.

Luego de colonizadas las vertientes medias de la cordillera Central en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima, epopeya conocida como colonización antioqueña, se procedió prácticamente a comienzos de este siglo a colonizar las selvas andinas y los páramos. Los actores sociales de este proceso son varios, procedentes de los departamentos nombrados, pero hay también una inmigración de campesinos boyacenses, quizás la más numerosa y la más efectiva para ocupar estos páramos.

En trabajo de campo realizado con estudiantes con la Universidad Nacional, pudimos conocer pobladores de los páramos de Cerro Bravo-Letras, llegados allí hacia 1918, procedentes de los municipios de Caldas, Chiquinquirá y Saboyá, en el occidente de Boyacá. Penetraron las altas montañas de Aranzazu, Pensilvania y Marulanda, desplazándose luego hacia el sur.

Los actuales páramos donde llevan a cabo el monocultivo de la papa y la producción de leche eran selvas extremadamente húmedas, nubladas, con árboles cubiertos de epífitas y colchones de musgo que cubrían el piso y tapaban una persona. Relatan los viejos campesinos migrantes, que debían caminar sobre las ramas de los árboles para ir de un lado a otro de la vertiente y que con el tiempo fueron abriendo la selva para sembrar papa y mantener algunos animales; aunque la proteína animal provenía básicamente, en la etapa temprana de esta colonización, de la abundante fauna encontrada. La llegada de familiares, amigos y muchas gentes más lograron copar las selvas y extender el páramo sobre las altas montañas dominadas por el Ruiz, el Tolima, las montañas de Chilí -Barragán y Las Hermosas.

Los páramos de la cordillera Oriental, han sufrido procesos de colonización desde la época colonial en algunos sectores de Boyacá hasta Norte de Santander. Otros fueron copados más tardíamente, principalmente en el siglo XIX, por campesinos pobres desplazados tanto por la expansión de las haciendas, como por la persecución de las guerras civiles. Actualmente los páramos son espacios productivos intensamente dedicados a la papa y en forma extensiva hacia la producción de leche y carne de ovinos, no ya en manos de campesinos pobres, sino bajo el control de los magnates de la papa, una burguesía adaptada en breve tiempo a estos ambientes drásticos.

Toda esta continua y progresiva actividad social, ha transformado nuestros páramos no sólo en sus estructuras y funciones ecosistémicas sino en su extensión, uso, manejo y adecuación. Por lo tanto, el nivel altitudinal ha sido fluctuante y continúa variando, con descensos para algunos lugares hasta los 2.600 metros; circundando relictos de selvas nubladas y altoandinas, tanto por encima como por debajo, en una aparente inversión que no tiene otra razón que los procesos socioculturales y productivos de las sociedades capitalistas andinas.

En un balance final, luego de este breve recorrido por las montañas ecuatoriales frías y muy frías, es necesario llamar la atención a investigadores, usuarios, viajeros, gobernantes, ecologistas, ambientalistas y estudiosos preocupados o implicados con la realidad paramuna, para que cambiemos nuestra visión sobre estos espacios.

Los páramos no son meramente espacios naturales. Sus múltiples ecosistemas, al analizarlos en la temporalidad social, nos aparecen como ecosistemas transformados, controlados, manejados, interpretados y apropiados desde hace centenares o milenios de años. Por lo tanto, distintas manifestaciones de las culturas andinas y de sus formas organización social, económica y política, podamos respuesta no sólo a los interrogantes los paisajes sugieren, sino a los espacios geográficos originados, construidos y producidos por sociedades que se han sucedido en los Andes. El espacio paramero reproduce en términos de espacio organizado los proyectos sociales desarrollados fundamentalmente bajo el capitalismo, de producción que lo ha moldeado de acuerdo sus patrones de crecimiento, erosión social y da transformación ecosistémica.

El páramo manifiesta un pretendido carácter natural para quienes lo visitan; pero no sólo la ideología sino las prácticas productivas de la civil lo han penetrado desde su misma denomina hasta las formas económicas de mercancía, precio, propiedad, etc., con las cuales se reconoce hoy. No podemos darle al páramo un sentido do o reducido. Como tratamos de demostrar en breve historia socionatural, los páramos testimonian y adquieren sentido a través de los procesos socioculturales desarrollados en ellos; adquiriendo la connotación de un hecho social en condiciones espaciales concretas. Como espacio geográfico es estructura espacial, al igual que en el pasado en presente. Además, por la importancia adquirida como espacio articulado y producido, es también futuro. (Santos, 1980).

 

Regreso al índice

Siguiente

Comentarios (0) | Comente | Comparta c