FACTORES DE FORMACION DE LOS SUELOS DE PARAMO

Los suelos, su naturaleza y el patrón de distribución en los páramos depende de la interacción de los factores formadores; el clima, los organismos, el material parental, el relieve y el tiempo; y aunque todos ejercen su acción en la génesis y la evolución de los suelos, los estudios realizados en Colombia (Pulido. 1988, IGAC, 1988) indican que la contribución del material de origen y el relieve es fundamental.

El clima

El clima en la región paramuna es muy variado, no sólo en cuanto a la distribución de la precipitación pluvial se refiere, sino en relación con las variaciones de temperatura, la luminosidad, la duración del día de luz, la incidencia de la energía ultravioleta, la humedad relativa y los vientos.

La cantidad de agua que recibe el suelo en forma de lluvia oscila, en general, desde algo menos de 600 mm hasta más de 3.000 mm y se distribuye en regímenes bimodales y tetramodales, aunque se reporta para El Cardón, a 3.590 m.s.n.m. en la cordillera Oriental, un patrón unimodal de la precipitación (Rangel, 1989).

En el caso particular del departamento de Boyacá, los estudios climáticos en los páramos no cuentan con suficientes registros meteorológicos, a pesar de lo cual hay criterios que demuestran que los suelos se forman, en la mayor parte de la alta montaña, en condiciones que varían desde climas muy húmedos hasta húmedos. El mapa de suelos del departamento no tiene unidades en áreas secas. Es posible que en la franja del subpáramo (3.000 a 3.500 metros de altitud) se presenten sectores de escasa precipitación pluvial; en los cuales ocurre el régimen ústico en la sección control de la humedad del suelo.

Bajo las condiciones de precipitación imperantes se presenta un volumen alto de agua efectiva para que se produzca la alteración química de los minerales en un tiempo corto, pero a causa de las bajas temperaturas las reacciones químicas son lentas para establecer los equilibrios químicos en el suelo. Sin embargo, cuando hay cenizas volcánicas ocurre alteración considerable de los minerales más susceptibles a la alteración y hay formación de alofana.

Generalizando, la temperatura promedia anual es inferior a 10ºC en los sectores por debajo de los 3600 m.s.n.m. y a 8ºC en aquéllos por encima de esa altitud. La evapotranspiración real es baja, mientras que la humedad relativa es variable y de carácter estacional (máxima en época de lluvias y mínima en las estaciones secas); hay alfa incidencia de la radiación ultravioleta, luminosidad variable con alta intensidad y presencia de abundante luz difusa; los vientos son variables y de distinta intensidad, aunque son fuertes en las áreas expuestas.

La vegetación

La vegetación como factor activo de formación de suelos de páramo es muy variada y particular. Rangel (1989) anota que los tipos más frecuentes son los matorrales, (vegetación de tipo arbustivo)

de Hypericum laricifolium, de Pentacalia vernicosa, de Ageratina tinifolia y de Loricaria colombiana; se establecen desde el páramo bajo hasta el superpáramo.

Los pastizales (vegetación herbácea dominada por gramíneas) aparecen desde el páramo hasta el superpáramo y son abundantes en Calamagrostis effusa y Agrostis tolucensis, en la cordillera Oriental.

Los frailejonales (rosetas de Espeletia) han sido registrados desde el subpáramo hasta los límites del superpáramo con las nieves perpetuas; en la cordillera Oriental hay una gama de comunidades, siendo las más frecuentes Espeletia grandifolia, Espeletia lópezzi y Espeletia phaneracthys.

Los prados (predominio del estrato rasante o, en. algunos casos, con estrato herbáceo pobre en cobertura) incluyen los cojines o colchones de plantas que crecen sobre cubetas, lagunas y lagunetas, como los tremendales de Plantago rígida, de Azorella crenata, de Distichia muscoides y de Werneria humilis.

La evolución de la materia orgánica, proveniente de la vegetación descrita, se encuentra muy restringida por las temperaturas bajas que aletargan la actividad microbial por lo que la humificación y la mineralización de los restos orgánicos se verifican en forma muy lenta; esto hace que la materia orgánica tienda a acumularse parcialmente descompuesta y que esté conformada por sustancias húmicas de baja polimerización y escaso vínculo con los coloides inorgánicos; en esta forma se generan horizontes superficiales espesos de color negro o de tonos muy oscuros (Pulido, 1988).

La edafofauna

Al tratar el tema de los organismos como factor formador de los suelos, no puede dejar de mencionarse la edafofauna, en sus niveles micro, meso y macro, de la cual se conoce muy poco en el caso de los suelos de páramos. Ya se anotó que la acción de los microorganismos, tan fundamental en los procesos de mineralización y humificación, es muy baja por las condiciones ecológicas adversas del páramo. En el caso de los organismos de tamaño más grande, los estudios de Chamorro (1989) señalan que la mayor población se registra en los horizontes O; los taxa principales y típicos de los suelos de alta montaña son Enchytreidae, Lumbricidae, Collembola, Coleoptera, Diptera y Arachnida. Las lombrices de tierra constituyen la mayor biomasa en estos suelos.

Los cambios drásticos sean estos naturales u ocasionados por el hombre (quemas, pastoreo, actividad agrícola) inciden negativamente sobre el componente biótico del suelo. (Chamorro, op. cit.) y, por lo tanto, sobre su proceso evolutivo y en su estado de conservación. A este respecto vale la pena resaltar que los organismos del suelo no sólo son parte esencial de él, sino que juegan un papel fundamental en su formación. Sin duda los procesos más importantes durante la edafogénesis son la captura de energía y substancias a través de la fotosíntesis, el proceso contrario o sea la descomposición de la hojarasca, el intercambio de nutrientes y la formación de complejos orgánico-minerales. El reordenamiento de los materiales del suelo por plantas y animales, la absorción de nutrientes por la biota, la respiración, la fijación de nitrógeno, la acción de las micorrizas en la captura de nutrientes, etc. son otras de las acciones ejecutadas por los organismos del suelo que repercuten en su morfología, en las propiedades físicas y en las concentraciones de sustancias orgánicas y de nutrientes.

El relieve

El relieve montañoso contribuye notablemente en la génesis, la evolución y la distribución espacial de los suelos de páramos; es un elemento condicionante y determinante de la circulación de los vientos, las variaciones de calor, los niveles de condensación, la distribución de las lluvias, la circulación de la energía y el flujo de agua, todo lo cual afecta, en mayor o menor medida, la naturaleza de los suelos. Pero, adicionalmente, las formas de la tierra, el tipo de modelado del relieve y las clases de pendiente determinan el drenaje, la profundidad efectiva y el grado de evolución de los suelos.

Las regiones paramunas en la cordillera Oriental muestran, desde el punto de vista geomorfológico (morfografía, morfogénesis y morfocronología) rasgos comunes. En ellas hay huellas de glaciación, vulcanismo y movimientos en masa.

Las formas de la tierra que prevalecen en el superpáramo y en el páramo propiamente dicho están estrechamente relacionadas con los fenómenos glaciares y periglaciares que tuvieron lugar en el pasado y con procesos actuales de modelado del relieve. Los suelos que se han desarrollado en cada una de las formas del terreno tienen características análogas que facilitan extrapolar los resultados de su observación y análisis de una región a otra.

Las principales formas del terreno de acuerdo al IGAC (1988) son:

Crestas de gelifracción. Zonas escarpadas en las que predominan los afloramientos rocosos. Los suelos, en los sectores en que aparecen, son superficiales y poco evolucionados. (Cryumbrepts y Cryorthents líticos); en algunos "resaltos" o peldaños se depositaron y conservaron las cenizas volcánicas por lo que hay suelos del orden Andisol moderadamente profundos.

Climas de gelifracción. Corresponden estas formas a las partes culminantes de las vertientes aledañas a las crestas; probablemente fueron sometidas a la acción del casquete glaciar por lo que el relieve es de pendientes muy pronunciadas. Como en el caso anterior, los suelos tienen poco desarrollo, escasa profundidad efectiva y en algunos sectores hay cenizas volcánicas (Cryumbrepts, Melanudands, Cryaquands).

Laderas y derrubios de gelifracción. Son áreas en las que se presentan mantos de material detrítico de espesor variable por lo que los suelos, además de ser superficiales y poco evolucionados, tienen abundante piedra en el perfil, a menos que haya cenizas volcánicas (Cryumbrepts y Cryorthents ándicos y típicos).

Suelos escarpados. Güina Belén (Foto Orlando Rangel)

Humedal. Las Cruces. Santa Rosa. (Foto Pedro Reyes)

Morrenas. Son depósitos de origen glaciar, constituidos por materiales heterométricos de diferente composición litológica y, en alguna frecuencia, aparecen sepultados por mantos de cenizas volcánicas o por material de derrubio. El relieve es ligeramente ondulado, en sectores interrumpido por depresiones lagunares. Los suelos son bien drenados, poco evolucionados y superficiales (Cryumbrepts ándicos y énticos).

Depresiones. Corresponden a sectores de relieve plano cóncavo ocupados por lagunas o por depósitos de materiales orgánicos por lo que los suelos pertenecen al orden de los Histosoles (Cryohemists, Cryosaprist, Cryoflbrist). Esta denominación agrupa también los vallecitos aluviales de fondo plano en los cuales hay suelos minerales, generalmente de drenaje pobre y de escaso desarrollo (Tropaquents, Tropaquepts, Fluvaquents, Tropofluvents).

Laderas de denudación. Están constituidas por diversos materiales, labrados por diferentes procesos propios del medio periglaciar. El relieve oscila desde ligeramente quebrado hasta escarpado y presenta mantos de cenizas volcánicas de diferente espesor.

Los suelos desarrollados en la zona de ladera presentan, en general, un mayor desarrollo genético y un horizonte grueso y muy rico, en materia orgánica; son profundos particularmente cuando están ubicados en pendientes suaves y/o el material parental está constituido por material piroclástico (Humitropepts, Dystropepts, Melanodudands, Troporthents).

Los materiales parentales (2)

Como se anotó, el material parental ha desempeñado un papel muy importante en la génesis y la evolución de los suelos de páramo, a pesar de que se lo considera como un factor pasivo en el proceso edafogenético.

En los páramos de Boyacá, además de los materiales geológicos aflorantes de edad cretácica (shale negro, arenisca, caliza, limolitas, liditas) hay áreas extensas cuyos materiales parentales son los depósitos glaciares que conforman las morrenas y los derrubios de gelifracción; hay capas orgánicas en las depresiones (antiguos lechos lacustres) y sedimentos aluviales en las partes bajas de los valles intramontanos que cortan el paisaje paramuno; en algunos sectores los sedimentos son de origen fluvio-glaciar.

A los materiales anteriores hay que agregar mantos de diferente grosor de cenizas volcánicas que dan origen a suelos del orden Andisol y a integrados ándicos de los Inceptisoles.

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2 Materiales a partir de los cuales se forman los suelos.

 

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