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EL BAILE DEL MUÑECO
EL TIEMPO DEL CHONTADURO
La
naturaleza ha producido los bailadores en el círculo de la misma forma que produce el
maíz en su círculo y los signos en el bosque.
A. Artaud
A través
de la niebla y de la lluvia remontamos nuevamente el río Caquetá en la pequeña barca de
Felipe. Un aguacero tras otro cae torrencialmente mientras subimos vadeando los bajos de
arena.
En verdad
nada había sido fácil
hasta ahora, menos remontar el río una lluviosa tarde de
un viernes de abril. Teníamos suerte, recién llegados a la Pedrera nos enteramos que el
baile de los Macuna estaba próximo a realizarse.
Habíamos
pasado una semana en casa de Felipe, en Puerto Córdoba. La casa lucía nuevo techo de
palma. Pasamos los días haciendo planes y preparando las cosas del viaje. Realizamos dos
talleres de teatro en la escuela, con los pequeños y los grandes.
Felipe
hizo unas máscaras para nosotros. Colgaban en fila de un travesaño de la casa. Allí
estaban los Nucuriyas, los Osos Hormigueros, el Tigre y los Toris.
La
presencia de las máscaras empezó a inquietarme de una extraña manera. Algo, más allá
de mi entendimiento, comenzaba a abrirse.
Y trataba
de descifrarlo mientras luchábamos contra la lluvia y las corrientes del agua. El viaje
fue lento, a media marcha, así que decidimos pasar la noche en Agua Negra, donde Fausto
Tanimuca.
Llegamos
completamente empapados a la maloca, al atardecer, nos cambiamos las ropas y nos
calentamos al fuego. Comimos casabe y pescado moqueado. Tomamos tinto y nos sentamos en
los bancos a conversar con Felipe y el capitán mientras las mujeres y los niños se
calentaban alrededor del fuego.
EL tema
fue "EL Muñeco". Fausto hizo el baile en Marzo. Cuentan que fue muy bien
preparado y estuvo muy concurrido. Asistieron importantes cantores. Es sonada la
tradición de Fausto como hacedor de bailes.
La
dificultad es manejar el vestuario, la máscara y el mazo. El principiante cree que es
cualquier cosa dice Felipe.
¿Cómo
golpear el piso sin lastimarse el pie? pregunta el capitán.
Inmediatamente
recuerdo las técnicas orientales, los golpes de pie del teatro Kathakali, del Kabuki, del
Topeng. Un golpe en el piso despierta un espíritu. El pie del danzante golpea a las
puertas del corazón de la tierra y su cuerpo vuela. El paso es como un golpe del tambor,
lleva el pulso, el ritmo.
En algunas
tradiciones de la India el actor pide permiso a los dioses para poder pisar, danzar sobre
la tierra.
"El
Muñeco" no tiene hora dice Fausto. Debe empezar de repente, por
sorpresa. En el Tiempo del Chontaduro, claro, un día... Pero la hora de la entrada a la
maloca es una sorpresa.
El
Tori debe aparecer sin que nadie lo sepa afirma Felipe.
La
fecha depende del Tiempo del Chontaduro. Para eso se brujea anota Fausto.
Hacedor de
almanaques, pienso. Las fiestas tienen un orden. La primera del año es la celebración de
la cosecha del Chontaduro, la que abre el ciclo de los bailes que se celebran en el año.
El
baile se hace concluye Fausto, para cuando. por ejemplo, hay problemas. Se
hace para ordenar el mundo.
A la
mañana siguiente, muy temprano, iniciamos el viaje por el Mirití Paraná, que ha crecido
entre lluvias intermitentes. A las once llegamos al varadero y de ahí, a pie por la
trocha hora y media. Tomamos un baño en una trasparente quebrada y llegamos a Centro
Providencia pasado el mediodía.
Isabel nos
recibe con un abrazo. Joaquín se muestra muy complacido de que hayamos llegado justo para
el baile. Se les ve contentos y animados en plenos preparativos.
Noticias
van y vienen. Saludamos a la tribu, que hace de prisa mil cosas. Cambian algunas palmas
del techo, preparan el chontaduro, pilan coca...
El baile
comenzará el jueves. Los cantores vendrán del Apaporis. El miércoles habrá
"Visita" en la noche y de allí se prolongará hasta el sábado.
Al otro
día, a la madrugada, vamos al Apaporis con Fernando, el hijo del capitán. Mientras él
pesca río abajo, quedo hipnotizado por la quietud de las aguas...
Ladra un
perro y resuena a lo lejos en un profundo y misterioso eco que el río hace en la
inmensidad de la selva. Los pájaros silban y su canto penetra agudamente cortando la
niebla. Cae un tronco y muchas veces repite el sordo golpe la voz de la selva...
Fernando
pesca con pepitas rojas que saca de la ribera. Salta un pez y pienso en la mujer del río,
la Anaconda. Y en los reflejos del agua, veo un árbol y un rostro que pasa a otro rostro
en desfiles infinitos de máscaras.
La mañana
aparece como el espíritu de la música flotando sobre el ámbar de las aguas del
Apaporis. Premoniciones de la danza, el grito y el teatro...
Pasamos la
tarde guindados en las hamacas, hablando de la Acción y del Canto y hasta mí retorna el
profundo silencio del Apaporis con su inmovilidad al límite del descanso.
Las
tradiciones indias crecen como gigantescos árboles. El origen del Tori, como el de los
grandes mitos, aparece oscuro y misterioso. En algo me recuerda los troncos caídos que se
ocultan en las orillas de los ríos.
Un sólo
Tori es acompañado por treinta danzantes, dos si hay más, según los Macuna. Cuando bajo
a la quebrada advierto que abren un camino por donde entrarán los muñequeros.
EL
TRABAJO PARA LA FIESTA
Para
realizar el Baile de Muñeco es necesario mucho trabajo. Si la cosecha de chontaduro es
abundante, el dueño de maloca consulta con su familia las posibilidades de hacer baile
ese año y en el caso de que decidan realizarlo, empezarán los preparativos apenas el
chontaduro esté maduro y listo para rayarlo y enterrar la masa bajo tierra, en el patio o
en el interior de la maloca.
Mientras
la masa se fermenta, un mes antes de la fecha fijada, los hombres de la comunidad empiezan
a hacer expediciones de caza y pesca a los lugares propicios en busca de dantas, puercos y
otros animales. La cantidad de carne que se debe ir acumulando es grande, si se tiene en
cuenta que se deberá alimentar unas 200 personas por dos días y tres noches.
Para el
baile del capitán Joaquín Macuna, se mataron tres dantas, seis puercos y mucho pescado.
Los animales fueron cortados en trozos y dispuestos sobre grandes paseras donde se
moquearon a fuego lentísimo en espera de la iniciación del baile.
Las
mujeres, mientras tanto se dedicaron a sacar la yuca de sus chagras y a rayarla para
almacenar el almidón que servirá para preparar el casabe necesario.
Unos
quince días antes del baile, el dueño de la maloca viaja a la maloca de la tribu que
pretende invitar y, ante su dueño y el cantor, expresa formalmente la invitación para
que la tribu vaya a bailar Muñeco en una fecha muy precisa. En la maloca aceptarán la
fecha o la pospondrán según el tiempo requerido para elaborar los vestuarios y máscaras
que usarán los muñequeros. Por lo general, los vestuarios se renuevan cada año y un
juego puede ser utilizado en varias ocasiones, si se reciben otras invitaciones a bailar.
La
invitación se le debe hacer a un dueño de maloca, porque dentro de las relaciones de
reciprocidad social, se espera que el invitado prepare igualmente un baile e invite a su
anfitrión.
Mientras
en su maloca, los muñequeros preparan sus vestuarios, haciendo uso de su amplio
conocimiento sobre los recursos del medio y su utilización en la creación artística
-fibras, materiales, colores, formas-, los anfitriones se dedican a realizar los últimos
preparativos.
A la
semana, la actividad en la maloca se intensifica. El trabajo se realiza colectivamente. En
las mañanas, los hombres se reúnen y salen a recoger grandes cantidades de hoja de coca
y de yarumo, para la preparación del mambe y de tabaco, para la preparación de los
cigarros y el rapé. La dueña de la maloca, en colaboración de otras mujeres, se dedica
al arreglo del interior de la maloca.
La mañana
en que Benjamín Macuna, el cantor de la comunidad, había destapado los fosos donde
estaba enterrada la masa de chontaduro y los hombres habían construido los enormes
catarijanos, como de dos metros de altura, para apilar la masa de chontaduro y la masa de
almidón de yuca, Isabel, la Capitana -una encarnación de Ursula, la de Macondo- se
dispuso a hacer una limpieza profunda a su casa. Días antes, sus hijos habían restaurado
el techo con nuevas hojas de palma tejida y el frente. Ella había limpiado de malezas el
patio asistida por sus nueras y familiares. Con ellas, empezó a rellenar los huecos de la
masa, a barrer por todos los rincones, a levantar bancos, troncos, ollas en busca de
cucarachas y otras alimañas3.
...Juru!
Juru! llamaba a sus pájaros para que se acercaran a comerse los bichos que iba
encontrando en los rincones.
Después,
raspó el timbo de la coca, se echó un buen mambe a la boca, le ofreció otro a la abuela
de su nieto menor, su consuegra, recibiéndole el pequeño para hacerle cariñitos y
sonrisas, y se dispuso a golpear con el dorso del machete el suelo de tierra en el centro.
Las
mujeres levantaron la tierra y esparcieron agua por toda el área y luego danzaron con sus
pies descalzos, como si estuvieran amasando el barro para preparar las ollas. Durante un
buen rato, amansaron la tierra, mientras conversaban de una u otra cosa, prepararon el
escenario sobre el que vendrían a bailar los Abuelos dentro de pocos días.
También
en la selva, como en todo el mundo, la mujer es la dueña del conocimiento para trabajar
el barro, y ella fabrica los tiestos del casabe y las ollas para guardar la pinta y el
tucupí.
Al
mediodía, los hombres regresaron con los canastos cargados de hojas de coca y las regaron
en un gran círculo verde brillante sobre la tierra negra, aún húmeda, y el proceso de
preparación del mambe y del tabaco se prolongó hasta altas horas de la noche,
acompañado por la acción shamánica del capitán Joaquín en diversos momentos.
Durante el
baile, los dueños de la maloca trabajan intensamente con la ayuda de un grupo de hombres
y mujeres. Los hombres, el cantor, los hijos del capitán, los muñequeros más conocidos,
con los cuerpos maquillados, atienden a los actores y, dentro de un procedimiento muy
preciso, realizan los ofrecimientos de coca, tabaco y comida, manejan la iluminación con
popay y breo, riegan el incienso, entregan y recogen las cuyas con chicha, en las entradas
y salidas de los personajes, etc.
Las
mujeres traen agua, hacen tortas de casabe, cuelan la chicha, barren la maloca y riegan
constantemente el suelo para que la danza no levante el polvo en demasía. Entre labor y
labor, salen a bailar con sus compañeras, conversan, ríen y celebran la ocurrencia del
baile. Los hombres lanzan al aire voces de alegría,
¡Ooohh..!
Se escucha en un punto de la maloca...
¡Ooohh!, contestan desde otro rincón.
LA
VISITA
"¡Abuelo,
¿de dónde usté viene..!? ¿¡A qué viene por aquí...!? ¿¡Quién lo llamó...!?
¿¡Abuelo,
de dónde usté viene, de allá detrás de esa loma y ese río..!?
¿A qué
viene por aquí, Abuelo, que lo invitaron a un baile? ¿¡Y quién lo invitó, el dueño
de esta maloca..!?
¡El hijo
de Gente Estrella, él lo invitó a bailar, a tomar chicha, a mambear y a oler tabaco, a
comer danta y casabe..! ¿¡Dígame, Abuelo, cómo se vino, caminando desde tan lejos y en
canoa por el Apaporis..!?
¿¡Y
cuántos años tiene, Abuelo...!? ¿¡Muchos.., ya no se acuerda..!? ¿¡Y cuantas esposas
y cuántos hijos tiene..!?
¿¡Tantos..!? ¡Jijijiiiiiii...!
¡Bienvenido, Abuelo a esta maloca..!
¡Le ofrezco mi chicha y mi coca, mi tabaco y el casabe de mi esposa..!"
El
capitán saluda a los Nucuriya que han llegado a la maloca, al caer la tarde, a
cerciorarse de que todo esté listo y bien dispuesto para celebrar el baile que iniciará
a la mañana siguiente. Los abuelos han entrado sorpresivamente en la maloca y han danzado
anunciando el advenimiento de una nueva celebración.
El dueño
de la maloca, sus hijos, sus primos y hermanos reciben animosos la visita y empieza un
alegre diálogo lleno de carcajadas y gritos de alegría. Los Abuelos responden a las
preguntas de los hombres con silencio sus gestos, y los hombres, con sus comentarios y
risotadas retan a los actores a no romper el sello del silencio. Los Abuelos ríen en
silencio, doblando los cuerpos mientras responden a las preguntas capciosas de los
anfitriones. Pablo, el viejo cantor, asoma su rostro de la capucha de corteza que sostiene
la máscara del Abuelo, para oler tabaco y mambear la coca que su viejo amigo Jaoquín, el
dueño de maloca le ofrece con cálidas palabras de bienvenida.
Su
lenguaje es preciso y recuerda el principio de los Mudras y los Rasas. Aquí no hay
desarrollo géstico a nivel de la creación de un lenguaje simbólico, como lo hay en
oriente, en la India principalmente, pero son las manos y la cara los que hablan.
Los
personajes alineados, responden uno a uno las preguntas del capitán, combinándolas con
golpes del pie y del bastón en el piso, con giros del tronco indicando las direcciones,
con inclinaciones para afirmar y contoneos para negar...
Los
Nucuriya son máscaras-espíritus de forma elíptica que contienen las cuatro direcciones
y los dos mundos en círculos concéntricos que se juntan arriba y se separan abajo.
El
intercambio ha iniciado. Benjamín Tanimuca y sus "muñequeros" y Jorge Macuna
con los suyos, entrarán a la maloca del capitán Joaquín Macuna, al mediodía de mañana
y bailarán. Bailarán sin descanso por dos días, poseídos por el espíritu de los
animales y de los Abuelos del Cielo recordando un encuentro originario entre hombre de
tierra y mujer de agua, selva y río, tigre y anaconda.
Anaconda,
la gran nave, dueño de los frutos cultivados, la coca y el tabaco, el Ka:phí y el
chontaduro, entregó su hija al hombre de tierra, hermano del tigre y del venado que,
antes de este encuentro vivía comiendo carnes y pepas y mambeaba la hoja de cualquier
árbol.
Anaconda,
Boa, es el dueño de la maloca de Playa Muñeco, en donde el antiguo shamán escuchó por
primera vez los cantos de los Abuelos y vió sus danzas. Boa invitó al antiguo shamán a
aprender el baile para que lo celebraran los hombres en la tierra, en tiempo de cosecha de
chontaduro, iniciando el año ritual con una fiesta alegre, con abundancia de comida, de
coca, chicha y tabaco, con pocas restricciones y peligros, propiciando el encuentro y el
intercambio entre las tribus.
Pablo
Macuna, el viejo cantor, baila con los muñequeros, ataviados con largas sayas, camisas y
máscaras de materiales vegetales, al ritmo marcado por las guayas en el pie derecho,
portando una larga vara en el hombro. Los Abuelos cantan en un idioma milenario sus
nombres y danzan alineados a lo ancho del espacio ritual entre los estantillos principales
de Este a Oeste. Las mujeres y los niños bailan a los extremos del grupo de muñequeros.
Benjamín
Tanimuca, capitán de la comunidad que vive en las orillas del Apaporis a tres días de
canoa a remo, río arriba, shamán de su tribu, que conoce las palabras sagradas y el
orden de la curación de los elementos del baile, se sienta en la esquina Noroeste de la
maloca de su anfitrión, el capitán Joaquín, en la zona donde tradicionalmente se ubica
el dueño del baile con el colador de la chicha, los catarijanos con carne y los elementos
rituales. El capitán Joaquín y Benjamín Macuna -cantor de la maloca y su principal
asistente- le van pasando los elementos que serán utilizados, para que éste los cure. El
shamán va diciendo palabras sagradas y soplando sobre las cuyas con coca, con masa de
chontaduro, con masa de almidón de yuca, con trozos de carne moqueada, sobre un poco de
tabaco, sobre la pinta negra y roja de los maquillajes y así va contrarrestando el
peligro que conlleva la presencia de los Abuelos en el baile. De esta manera evita el
contagio de enfermedades entre los participantes del baile y el susto que puede enloquecer
a los niños.
A partir
de esa noche, los miembros de la comunidad anfitriona se concentran en la maloca,
guindando sus hamacas a lo largo del corredor periférico, a lado y lado del área
central, que se ha convertido en escenario y está despejada de objetos o bancos. Allí
danzan con los Abuelos y auguran el éxito del baile que iniciará al otro día, hasta que
el shamán haya curado todos los elementos.
EL BAILE DE CHIRURO
Recuperar
la percepción del Infinito
A. Artaud
Por tres
noches la maloca se sumerge en otro tiempo, en el Sintiempo. Para ello es necesario romper
un sello. Sus habitantes se prenden de la Serpiente que canta con el Chiruro y recorren,
en sentido contrario, el camino que lleva a la Puerta del Origen, a la puerta que hay
entre el Cielo y la Tierra.
El Baile
de Chiruro se inicia en la mañana del primer día del Baile de Muñeco. El dueño de la
maloca reparte chicha, casabe y carne a sus parientes, compadres y amigos que han venido a
festejar con él.
"¡Eh!
Babilla, ¡venga por su chicha, traiga una olla! ¡Salud!"
Una y otra
vez los hombres, las mujeres y los niños brindan porque es tiempo de celebrar. Cada padre
de familia se acerca con una olla al sitio del dueño que la llena de chicha y le ofrece
una torta de casabe y una porción de carne o pescado para su consumo y para ofrecerle a
los Abuelos cuando entren a la maloca. Durante la repartición, los hombres van colocando
en el centro sus ollas de chicha y le ofrecen un brindis a los demás hombres
invitándolos a que se acerquen y beban un sorbo de cada olla. Luego le ofrecen a las
mujeres, que beben chicha de la misma manera.
Después
de la repartición de comida, una hilera de hombres enlazados por los hombros con la mano
derecha, empieza a tocar en el patio de la maloca, al frente de la puerta del este, los
chiruros (flautas de pan) y se dispone a entrar siguiendo el paso del cantor, marcando un
ritmo al golpe de la guaya amarrada en el pie derecho.
La guaya polpea
el piso y el otro pie se desliza, como acariciando la tierra mientras avanza y se
desarrolla una danza que evoca la imagen de una gran serpiente que canta con la voz de
viento de los chiruros y con la voz del cantor. A medida que la danza progresa, algunas
mujeres se van prendiendo del hombro izquierdo de los hombres y bailan a su lado.
El chiruro
canta los nombres del Chontaduro, cuenta su nacimiento y celebra la presencia de sus
flores. La serpiente de bailadores, pintados con el rojo del achiote con carayurú y el
negro de la pinta We:ea, recorre el camino de regreso al Origen, siguiendo las huellas
dejadas por los Abuelos en el mapa de la maloca. La serpiente gira alrededor de los
centros del mundo y los conecta con su sibilante estela de viento levantado por el ritmo
dulce y enérgico de los bailadores.
Las guayas
marcan el pulso de ese andar serpentíneo por el camino de regreso, girando alrededor de
las cuatro columnas, conectando las cuatro direcciones, trazando rectángulos entre dos
estantillos, círculos en el centro o alrededor de cada columna, entrando y saliendo de la
maloca.
Afuera en
el patio, la serpiente de hombres se detiene para reiniciar un nuevo ciclo en su camino,
que se prolonga toda la mañana dibujando constelaciones y mapas misteriosos para romper
el sello de la Puerta del Origen.
LA DANZA DEL TORI
Es
apasionante constatar que cuanto más antiguo es un culto, tanto más terrible es la idea
que se hace de los dioses y que sólamente podemos comprender a los dioses en su aspecto
terrible
A. Artaud
Al
mediodía, cuando el sol ha alcanzado el cenit, entran sorpresivamente varios Toris,
cabalgando sobre sus penes de madera erecta y embisten al dueño de la maloca y otros
hombres amenazándolos, puyándolos, asaltando a sus mujeres, como enloquecidos.
La maloca
se llena de excitación. Los Toris, con sus rostros monstruosos de grandes narices y
fauces amenazantes, entran como cabalgando sobre los rayos del sol que se asoman apenas
por la puerta del Este y encienden los fuegos internos. Los hombres gritan de alegría y
resisten el ataque de las vergas amenazantes agarrándolas y garroteándolas con un palo
hasta que se aplaquen y el Tori caiga a tierra vencido. ¡El control de la energía
creadora del sol..!
Llamado
"EL Feo", "El Loco" o "EL Arrollador del Agua"
(
1
), el Tori es el personaje central de "El Baile
del Muñeco". Es en verdad, el Muñeco mismo.
El Tori
entra al mediodía, en el cenit del sol, el Tori es el Sol. "El padre sol es el falo primigenio" (
2
). "El
miembro eréctil es el sol, el cono de la reproducción sobre la tierra, como Elagábalus,
el sol de la tierra, es el cono de la reproducción en el cielo"
(
3
).
Sol negro,
piedra negra que ilumina la existencia, el Tori también es visto desde su lado negativo:
Sol de tierra, función tanática y mortal. La celebración del Muñeco rige las leyes
sexuales de las tribus.
Su
máscara viene del Horror, del Miedo Metafísico que causa la ignota presencia del dios de
la procreación. Es máscara o cara oculta del cuerpo, su doble. Por eso es vista como
algo "feo", como algo incomprensible, "loco", arrollador que aparece
de la oscuridad y causa miedo.
"Traían
colocado en el pubis un palo de balso negro con punta roja, que semejaba un pene erecto.
Los falos mugiendo agredían las hembras; éstas hacían grandes esfuerzos por
espantarlos. Los pequeños, con ojos grandes, sollozando, buscaban sus madres. Los hombres
con sonrisa socarrona, presenciaban el acto. Alguna mujer lograba golpear al Tori; el pene
perdía erección; y su dueño se revolcaba quejumbroso por el suelo. Mientras tanto la
algarabía y el bullicio aumentaban" (
4
).
"Ese
-el tigre del agua- hizo el Tori. Tenía un palito en la mano con el cual garroteaba a los
pescados.
Lo llevaba
en posición púbica, simulando un falo. Esto es lo que se representa en el día del
baile. El tigre del agua hacia eso. Y el compañero era el bugeo. Así se hizo el Tori." (
5
).
"La
primera pareja que se presentó fue la del tan comentado Tori, o, en términos andoques,
la de Don Placer, el incestuoso " (
6
).
El palito
en la mano jugando con los pescados es la imagen de la pene-tración que el mago hace en
la matriz del agua. El palito mágico, pene, muñeco, Tori. Como "arrollador del
agua" puede llegar a ser incestuoso.
"Había
un hombre, continuó el capitán, que estaba haciendo un baile. Mientras tanto, para
escándalo de los huéspedes, su mujer se acostaba nada menos que con su propio hermano de
ella: Don Placer. Durante el rito, aquel hombre los atraviesa con un chuzo, mientras
estaban apareados. Y los bota hacia el río, los hermanos se convierten en bujeos. Hasta
aquí es" (
7
).
Las
mujeres y los niños ríen, se escabullen ante la amenaza de los Toris y la maloca se
llena de comentarios y chistes sobre la virilidad de los personajes y la habilidad
necesaria para aplacarla. Los hombres observan los penes erectos, los acarician, los
golpean, les hacen insinuaciones eróticas ante las carcajadas de todos.
Simultáneamente,
una ráfaga de viento fresco entra, enredada entra la manada de Micos Maiceros que invade
la maloca mientras los Toris juegan con los hombres. Los Micos tienen el rostro dibujado
en las capuchas de marimá, las guayas extendidas entre las manos que sacuden ramas de
hojas verdes y avanzan en círculo alrededor de los cuatro estantillos, con un pasito
corto y apurado, murmurando el canto del maicero -¡Uh uh uh uh uh!-
Su canto
se escucha como cuando desde lejos pasan las bandadas de micos y se ven entre las ramas
sus cuerpos descolgados.
Unos
treinta Micos, de todos los tamaños, danzan en círculo mientras los Toris, arrodillados,
reciben el ofrecimiento de chicha, coca y tabaco y se reúnen en el centro para danzar y
cantar sus nombres.
El Tori
Mayor recibe de manos del capitán "La Verga de La Danta" como un trofeo, como
un premio que se guinda sobre el pecho, como el símbolo de la fecundidad, que moqueado y
erecto, es proverbial del largo miembro de tan apetecido animal.
Su pene de
madera erecto impulsa el cuerpo, al ritmo del golpe de la vara de donde cuelga la guaya y
recorre el espacio, de Este a Oeste y viceversa, cantando sus nombres y su origen. A su
alrededor los micos bailan entrando y saliendo de la maloca.
El dueño
del baile y sus colaboradores -sus hijos, el cantor y otros hombres de la comunidad-
colocan varias ollas con chicha, un canasto con carne y casabe para el grupo de bailadores
invitados y sus familias, que se instalan en el patio, frente a la puerta masculina. Los
Toris sacan el ofrecimiento y lo entregan a las mujeres que, afuera, organizan el
campamento.
Varias
estacas se clavan para sostener las hamacas y las sayas extendidas como paredes, debajo de
la capa de plástico que protegerá a los visitantes de la lluvia. Los niños más
pequeños y las mujeres se acomodan en las hamacas, se encienden algunos fogones, se
reparte la comida entre las familias de los muñequeros, que se sientan a lo largo de un
gran banco en espera de su turno para danzar.
Los
bailadores y sus familias entrarán a la maloca sólo para bailar y nunca se sentarán a
conversar con sus anfitriones durante el baile. Aunque llueva, permanecerán en el
campamento frente a la puerta del Este y allí descansarán.
Luego se
escucha el oscilante aletear de las Abejas que mecen las hojas de los árboles, una y otra
vez, en ciclos de pasos que entran y salen.
Los ciclos
del tiempo se multiplican y crecen los ritmos hasta el trance. Entre danza y danza se
hacen pausas donde se come y se bebe, se fuma y se habla.
Y
nuevamente los Nucuriyas abren el baile con una danza que progresa en oleadas.
LA
DANZA DE LOS NUCURIYA
El Performer
con mayúscula, es el hombre de acción. No es el hombre que hace la parte de otro. Es el
danzante, el sacerdote, el guerrero: está fuera de los géneros estéticos. El ritual es performance,
una acción cumplida, un acto. El ritual degenerado es espectáculo. No quiero descubrir
algo nuevo, sino algo olvidado. Algo tan viejo que todas las distinciones entre géneros
estéticos ya no son válidas.
J. Grotowsky
El baile transcurre por actos, entendidos como unidades de acción formadas por cantos,
danzas y teatro, marcados por la aparición de un tipo de personajes, identificados por un
canto y una partitura de acciones específica. Los personajes entran, en grupo o en
pareja, repiten una secuencia de acciones acompañadas por el canto y salen de la maloca,
para volver a entrar y repetir la misma secuencia de acciones, mientras el canto progresa.
Esta serie
de repeticiones se mantiene durante un tiempo que varía según el personaje y conforma la
unidad de cada acto. Después de un intermedio se inicia otro acto determinado por la
aparición de otros personajes, identificados por otra máscara, otro canto y otra
secuencia de acciones, que conservan la misma estructura de entradas y salidas y de la
repetición de la partitura.
Dentro de
esa secuencia, hay dos instancias: Algunos actos constituyen espacios de danza colectiva
donde los demás participantes del baile se unen a la danza de los muñequeros, que, en
esta ocasión hacen su entrada en grupos numerosos -de diez o veinte bailadores-.
Los
Abuelos cantan sus nombres y bailan acompañados por los hombres, que se agarran de las
filas de bailadores, y las mujeres y los niños, que bailan agarrados entre ellos, a los
extremos del grupo, o frente a ellos en el centro, o agarrados de sus hombros, según el
tipo de danza y de personaje.
Así es la
danza de los Nucuriya, los pescados, que entran en la maloca y se alínean entrelazados
por los brazos para atravesar el espacio central, dirigiéndose hacia el Oeste y girando
sobre sí mismos para dirigirse al Este y regresar y repetir la misma secuencia seis o
siete veces hasta que salen y vuelven a entrar para iniciar de nuevo la misma secuencia,
mientras el canto avanza dentro de la misma melodía con una sensible aceleración del
ritmo.
Los
hombres, las mujeres y los niños acompañan a sus Abuelos Nucuriya en su ir y venir por
el centro de la maloca y se desprenden de ellos cuando salen, para volverse a agarrar
cuando atraviesan de nuevo la puerta del Este.
Es una
danza mántrica. La partitura se repite a medida que avanza el canto y va creciendo en
intensidad. A cada entrada, el cantor inicia el canto y es coreado por los muñequeros, el
ritmo se acelera progresivamente y se incrementan el golpe de la guaya contra el suelo y
el pulso de los pasos.
Es una
danza colectiva. Los Abuelos bailan con la gente llevándola hacia un estado de
"trance", de tránsito entre los dos mundos o las dos dimensiones del cosmos. En
esos actos, que se prolongan durante horas, la comunidad avanza progresivamente hacia un
estado de ruptura con el tiempo y el espacio cotidianos a medida que avanza la noche y se
vencen las resistencias del sueño.
La actitud
de las mujeres al bailar evoca este sentido de trance en la danza colectiva. Con la
columna erguida, las mujeres bailan agarradas entre ellas, en grupos de dos o tres, en
silencio, con la mirada fija en el horizonte como contemplando una visión a lo lejos, su
rostro inexpresivo, libre de emociones, como transportado por aquella visión. La postura
del cuerpo, de rodillas inclinadas, columna recta y frente en alto, revela cierta
solemnidad en las figuras que golpean con dulzura y firmeza el suelo. Las niñas y las
más jóvenes ríen entre ellas, coquetean y observan a los espectadores que las miran
bailar, pero las casadas bailan en silencio, quizás con un menor en la cintura,
absorbidas, como transportadas por los Abuelos.
Las
mujeres no portan guayas, ni vestuarios, ni máscaras. Visten sus mejores trajes y dibujan
sus rostros y sus cuerpos de rojo y negro.
Los pies,
las rodillas y las manos de todos los participantes del baile están pintados de negro,
evocando una "muerte" simbólica (
8
)
que permitirá el contacto con el mundo de los Abuelos.
Los
jóvenes que no usan máscara dibujan en sus rostros la pinta del Tigre. Rojas líneas
rectas afilan la nariz y aguzan la mirada, líneas, ángulos y puntos imprimen las marcas
de la piel del tigre en las mejillas, la frente y la quijada. Sobre el negro maquillaje,
los hombres se "amarran" un bejuco blanco en los tobillos, las rodillas y las
muñecas, algunos se lo amarran en la frente.
Las
mujeres decoran sus pantorrillas y brazos imprimiendo, con un sello de madera, una trama
de líneas negras, evocandome la imagen de las bailarinas de la India que decoran sus
manos y pies con el rojo de la Henna.
Es
sorprendente el conocimiento de los indios sobre tintes vegetales. El negro, por ejemplo
lo consiguen de diversas fuentes: para teñir las sayas provocan la reacción química de
la corteza sumergiéndola en el lodo de los pozos del camino, donde los sapos ponen sus
huevos. El negro del maquillaje corporal se toma de la hoja machacada de la mata de We:ea
-asociada con el Tigre y conservada con esmero- y se mezcla con el jugo de otra hoja para
que fije. Para teñir de negro las ollas de barro, éstas se bañan en el jugo de otra
hoja y se ponen sobre el humo del fogón.
En la
danza hay una manifiesta reiteración que evoluciona con el canto. "Bailan al son de
una música pueril y refinada que ningún oído europeo puede concebir; parece que estemos
escuchando siempre el mismo son, escandido siempre con el mismo ritmo; pero, con el
tiempo, esos sonidos siempre idénticos y ese ritmo despiertan en nosotros como el
recuerdo de un gran mito; evocan el sentimiento de una historia misteriosa y complicada" (
9
).
En los
ritos de origen las artes no se han separado, ellas están fundidas en un sólo y
múltiple significado.
"El
baile es una forma de comunicación, de igual naturaleza que la lengua, los petroglifos y
la escritura. Todos son sofa, código (
10
).
"El canto y el movimiento corporal del rito forman para la gente del hacha una
unidad. No se concibe el canto sin la danza, y la danza sin el canto"
(
11
).
NOTAS
(
1
) "El Arrollador del agua": pág 138.
Pineda-Landaburo. Idem. (regresar a 1)
(
2
) "El padre sol es el falo primigenio": pág 72.
"Desana". U. Andes 68. (regresar a 2)
(
3
) "...es el cono de la reproducción en el
cielo": pág 86. "Heliogábalo..." A. Artaud. Idem. (regresar
a 3)
(
4
) "...y el bullicio aumentaban": pág 138. Pineda
y Landaburo. Idem. (regresar a 4)
(
5) "...Así se hizo el Tori": pág 124. Idem. (regresar a 5)
(
6
) "...el incestuoso": pág 132. Idem. (regresar a 6)
(
7
) "...Hasta aquí es": pág. 137. (regresar
a 7)
(
8
) "...muerte simbólica": pág. 77. Hugh Jones.
Idem. (regresar a 8)
(
9
) "...evocan el sentimiento de una historia misteriosa
y complicada": pág 92. "Heliogábalo..." A. Artaud. Idem. (regresar a 9)
(
10
) "Todos son sofá, código": pág 115.
Pineda-Landaburo. Idem. (regresar a 10)
(
11
) "...y la danza sin el canto": pág 121. Idem.
(regresar a 11)
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