EL BAILE DEL MUÑECO
Lavinia Fiori
Juan Monsalve
© Derechos Reservados de Autor


EL THEYYAM Y EL KATHAKALI

DEL RITO AL TEATRO

"NATALIDAD"

Kali, la diosa, blande su espada sobre la tierra y corta cabezas de niños en castigo de las madres negras.

Yemayá anuncia nacimientos y del mar sale un coro de sirenas llevando en sus vientres diminutas perlas.

Deméter planta en la tierra la semilla del trigo y su hija espera la gota del rocío que abra en espiga su condena.

Uchita danza con su falda de palmeras y prende el fuego de la hoguera al son de sus ardientes caderas.

Y Annapurna levanta su cabeza y menea la luna para que el Padre Sol la alumbre de sapiencia.

Juan Monsalve

LA FIESTA DE LAS DIOSAS MADRES

Llegamos al templo al atardecer, guiados por el continuo sonar de los tambores "Chanda". Todos los miembros de la comunidad estaban en el interior del recinto sagrado y rodeaban al actor que, ataviado con una lujosa falda, el rostro maquillado y un gran tocado sobre su cabeza, estaba poseído por una Diosa Madre, Shakti.

La Diosa realizaba su danza ritual frente a una de las puertas del templo donde reposa su Imagen y cantaba palabras sagradas a las cuales respondía el sacerdote desde el interior. Entonces, recibió de manos del sacerdote, los granos de arroz y la ceniza que habían sido ofrendados y bendecidos ante la imagen sagrada. La Diosa se dirigió a los miembros de la comunidad y a cambio de su bendición, de unos granos de arroz consagrado y de la aplicación de la ceniza en el Chacra de la frente, recibió en pago unas rupias. A cada uno de  los devotos y a todos en general, daba consejo y bendición.

Durante dos noches y sus días, en aquel templo de Cannannore, un poblado al Sur de la India, las Diosas Madres de la Mitología Dravidiana bajaron de los Himalayas que son su Morada y aparecieron ante sus devotos, a través de la posesión de los oficiantes, para conmemorar con la comunidad la cosecha del arroz y bendecirla, propiciando el buen curso de la vida.

Cuando una comunidad se reúne alrededor de un ritual, el tiempo y el espacio se transforman. El Pasado más antiguo retorna al presente, el Cosmos invade el templo, los creadores, los Ancestros poseen a los hombres y se repiten los sucesos que dieron vida y forma al mundo.

Así comulgan con el origen que los hizo hermanos y reafirman los lazos que los unen. Recuerdan. Reviven los sucesos que, en el principio de los días, determinaron sus maneras de comportarse.

Durante el ritual se re-crean dichos sucesos. El Principio invade el tiempo y el espacio cotidiano y aparece, año tras año, ante los ojos de los hombres. Su visión reafirma su inmanencia y valida las formas que preservan la comunidad.

El ritual es fuente de un saber en el que los hombres han confrontado su experiencia desde tiempos remotos y ofrece visiones que revelan el sentido y significado profundo de la vida, más allá de la experiencia cotidiana, más allá de la historia. Es la misteriosa visión del Principio al cual no han podido llegar las demostraciones fácticas de la razón hecha Ciencia.

El teatro sagrado, que se desprendió de antiguos rituales y que pervive en muchas tradiciones del mundo —el Kathakali de la India, el Noh del Japón, el Topeng de Bali—, conserva un sentido esencial para la comunidad: Re-presentar los dramas que orientan y justifican la existencia y el devenir en este mundo.

"Todo, en esa manera poética y activa de considerar la expresión en escena, nos lleva a abandonar el significado humano, actual y psicológico del teatro, y reencontrar el significado religioso y místico que nuestro teatro ha perdido completamente" ( 1 ).

Si bien, las reveladoras anotaciones acerca del teatro balinés o del Ritual del Peyote de los Tarahumara dejadas por Artaud, no fueron tenidas en cuenta por las ciencias sociales, que estaban muy ocupadas en establecer si lo que decían los mitos era verdad histórica o a qué necesidades humanas respondían con sus invenciones, el desarrollo de la Antropología abre hoy nuevas posibilidades:

"En mi opinión, en todo el ámbito de las ciencias sociales comienza a aceptarse de forma general el hecho de que las creencias y prácticas religiosas son algo más que reflexiones o expresiones "grotescas" de las relaciones económicas, políticas y sociales: antes bien, se las empieza a considerar como claves decisivas para comprender cómo piensa y siente la gente acerca de estas relaciones, así como sobre el entorno natural y social en el que actúan" ( 2 ).

Si el teatro ocurre en el ritual y participa de ese significado de lo sagrado expresado por Turner, las palabras de Artaud adquieren sentido y justifican la existencia de la Antropología Teatral definida por E. Barba como aquella rama que "estudia el comportamiento fisiológico y sociocultural del hombre en una situación de representación" ( 3 ) y, que además, "puede ser el puente de enlace entre las distintas tradiciones teatrales" ( 4 ).

Las investigaciones antropológicas sobre rituales han ofrecido elementos que enriquecen el quehacer teatral de nuestros días desde diversos aspectos.

MITO Y DRAMATURGIA

El mito ofrece al teatro los argumentos, los dramas que han removido a los hombres desde siempre y que, quién sabe por qué razón, los ciudadanos de hoy quieren ignorar.

Los mitos, esos primeros relatos revelados por las visiones de los sabios, son la materia prima de donde el ritual toma su forma y contenido, así como son la materia prima de donde se desprende la gran variedad de cuentos, fábulas, leyendas, poemas y cantos que se han trasmitido interminablemente en las culturas del mundo. El mito es también la fuente de donde el mago toma las palabras mágicas que le permiten curar, consagrar y propiciar el bien para su comunidad.

"En el principio era el verbo", de una u otra manera, la Palabra Primera es principio creador en muchas culturas. El recuerdo de esa palabra está en los mitos y ellos han sido la primera fuente de conocimiento con la que el hombre ha confrontado su experiencia.

En el mito está esa Primera Cosmovisión de la verdad y la Sabiduria de los tiempos de la Creación y, por muchos siglos, ha sido el fundamento de la organización de los hombres. Hoy en día, en las ciudades —esos espacios que el hombre ha construído lejos de la Madre Naturaleza— los mitos de origen aparecen obsoletos, anacrónicos y ya no es necesario su recuerdo.

Cuando en Occidente, las Ciencias de la Materia se separaron de las Ciencias del Espíritu, cuando la Física se separó de la Metafísica, los mitos pasaron al olvido o se conservaron fragmentados en relatos y leyendas.

En otras culturas, la Ciencia del Mago parte del conocimiento del espíritu y sus misterios sin necesidad de demostrarlos, sino más bien, de re-conocerlos.

"Podemos decir, por consiguiente, que ante una tradición auténtica la cuestión de progreso no se plantea. Las verdaderas tradiciones no progresan, ya que representan el punto más avanzado de toda verdad. Y el único progreso realizable consiste en conservar la forma y la fuerza de dichas tradiciones" ( 5 ).

Retornar a la memoria, esa memoria que traspasa generaciones y generaciones de historia escrita e historia hablada, es re-conocer que el paso del hombre por la tierra tiene un sentido profundo plasmado desde su origen.

De dicho sentido se ha ocupado el teatro del mundo: Las Tragedias griegas, el teatro de Shakespeare y de Calderón de la Barca, Goethe, Zeami y Bharata, son muestras ejemplares que conservan hoy en día toda su validez.

EL ARTE DEL ACTOR

El hombre de las culturas tradicionales no se reconoce como real sino en la medida en que deja de ser él mismo
Eliade

J. Grotowski planteó la necesidad de retornar al "Teatro de las fuentes". Afirmando que el actor guarda en su memoria —esa memoria que traspasa la historia— la substancia de múltiples personajes, planteó que el proceso de aprendizaje consiste en quitar obstáculos para que aflore, por sí mismo, el personaje. El actor penetra la inmensidad de su memoria hasta llegar al originario reptil antidiluviano y descubre allí el principio generador de sus personajes.

"Nosotros tenemos dentro un cuerpo extremadamente antiguo que podemos llamar reptil. Si usted observa el desarrollo del embrión humano puede llegar a imaginar la apariencia de un reptil en una de sus fases preliminares" ( 6 ).

Durante sus investigaciones, Grotowski encontró la referencia al reptil en una postura básica del cuerpo humano utilizada por diversas culturas en rituales y teatros:

"Una posición extremadamente antigua conectada con lo que algunos tibetanos llaman el aspecto "reptil". En la cultura Afro-caribe esta posición está ligada más precisamente con la serpiente de tierra, y en la cultura hindú con el Tantra, usted tiene esta serpiente dormida en la base de la columna (...) Nosotros también tenemos esta tradición en Europa, como por ejemplo, en el caso de la imagen de la serpiente que va desde la base de la columna hacia el corazón, sin hablar de las dos serpientes que aparecen en el emblema de los médicos" ( 7 ).

En los mitos de origen de la selva amazónica, la Anaconda Ancestral es la nave en la que viajaron los primeros hombres. Hombre-Tigre, Hombre-Mono, Hombre-Coibrí, Hombre-Boa ascendieron desde las Grandes Aguas del Este por el surco que dejaron las Ramas del Árbol-Cosmos en su caída y cada uno desembarcó en el punto de tierra en donde sembraron a sus hijos y construyeron sus malocas. Allí, duerme bajo tierra, alrededor del fuego eterno la Anaconda y cualquier rnovimiento suyo provoca un temblor de tierra.

La memoria de ese viaje, de ese nacimiento, se guarda y se trasmite en los mitos, se re-vive en los rituales. El actor viste un traje especial, se coloca una máscara cuyos rasgos han sido revelados por los mismos personajes a través de las visiones del chamán durante su viaje al mundo de los "Nacimientos" y deviene en personaje. Su cuerpo, su voz, sus actos son otros y nadie duda de la veracidad de dicha transformación. la Maloca-Templo-Utero en donde se cocina la vida, se transforma en el Cosmos y cada punto del espacio adquiere una nueva significación.

Esta transformación es tan verdadera cuanto peligrosa, por eso durante el ritual se procede con extrerna cautela y respeto para que la vida pueda regresar al aquí y ahora sin que ningún miembro de la comunidad quede atrapado en esa otra dimensión.

Los principios que hacen posible dicha transformación se fundamentan en una particular concepción del mundo y del hombre que ofrece al actor, al shamán, a la comunidad entera, un camino, una manera para actuar durante el ritual.

El actor se coloca la máscara del Pez-Mujer y sube a la playa y baila con el Hombre-Tigre. Le canta sus nombres en un idioma antiguo. Se unen así el Río-Hembra y la Selva-Macho, lo Femenino y lo Masculino, lo Cocido y lo Crudo, la Horticultura y la Cacería y la vida toma forma.

Todo esto es posibie porque la "Idea de Eternidad" ( 8 ) está presente. Sólo así el cuerpo, el espacio y el tiempo se mueven con facilidad adelante, atrás, abajo, se va, se regresa. El Hombre-Pez baila con la Pez-Mujer mientras navegan en la Anaconda Ancestral.

Así pues, el rito no es solamente fuente para la dramaturgia del teatro, sino que, además, ofrece concepciones del tiempo, el espacio y del hombre que fundamentan el arte del actor.

La relación entre actor y personaje ha sido tema de reflexión constante para los teóricos del teatro. De hecho el teatro es posible gracias a una transformación del actor, quien, por unos momentos, se convierte en personaje. La discusión está en la cualidad de esta transformación: Si para algunos el actor nunca debe dejar de ser consciente de sí y conservar su capacidad crítica, para otros, el actor debe devenir en personaje.

Para éstos últimos, re-presentar signfica re-crear y por lo tanto el proceso de preparación del actor se dirige a perrnitir que el personaje sea en él Actor-Cántaro.

Muchas tendencias del teatro de vanguardia en Occidente acuden a principios y técnicas de actuación que provienen de concepciones sobre la naturaleza del hombre y de las cosas que están en la base del ritual.

Cuando, en el ritual del Theyyam, las Diosas Madres  poseen a los actores, el proceso de transformación es total.

Por un lado, el actor está transformado en su apariencia exterior por los enormes tocados que lo convierten en gigante, los complejos maquillajes que llenan de fuego su rostro, las adornadas faldas que le dan la elegancia propia de las Diosas. Por otro lado, la presencia en su interior, en su flujo vital, de una substancia que no pertenece al ser humano sino a la Divinidad, transforma radicalmente su comportamiento, su conciencia, sus movimientos —que ahora corresponden al carácter exterior de su cuerpo transformado—, su conocimiento, incluso su rol social, pues en el ritual del Theyyam, los actores son individuos que pertenecen a una de las castas más bajas. La poderosa energía de la Diosa brota por las manos y los ojos del actor infundiendo el respeto y temor que se merece.

Aquel que, por fuera del ritual, es un hombre común, se convierte en Uma, Parvati, Ucchita, Durga, Annapurna, las más nobles y las más altas Madres de la tierra. La esencia de la Diosa posee la persona de aquel hombre, y a través de él bendice, aconseja y amonesta a los miembros de la comunidad, especialmente a sus dirigentes, a los poderosos de las castas más altas. ¿Cómo podrían ellos agachar su frente, caer de rodillas frente a un hombre que consideran "inferior", si no vieran en él a la Diosa Madre que ellos han invocado?

Es tan profunda la transformación del actor en el ritual del Theyyam, que su cuerpo adquiere la fuerza y la destreza necesarias para manejar los enormes tocados de las Diosas en medio de una danza enérgica basada en giros concéntricos que llevan al trance. El actor llega a este estado a través de una serie de movimientos, cantos y oraciones rituales y es transportado por el galope de los tambores y acoge el espíritu de la Diosa. Serán necesarios otros cantos, oraciones y movimientos para que, poco a poco y en medio del cuidado de sus asistentes, el actor retorne a sí mismo y le sea devuelta su conciencia.

La presencia de la Diosa es tan real que ésta incide directamente en la vida cotidiana, dirimiendo pleitos y discusiones. Uchita, Diosa de la Fertilidad, ataviada con una falda de fibras vegetales y un gran sombrero de paja, baila sobre las cenizas aún calientes del Fuego Sagrado que ha llameado durante toda la noche y se sienta, luego, ante una de las puertas del templo a escuchar las peticiones de las mujeres que la rodean y cariñosamente, le hablan al oído. Uchita, siempre alegre, les dá consejo y bendición y recibe en pago telas blancas de algodón, que cada una de ellas le coloca sobre el ala de su gran sombrero. En ningún momento se siente la presencia masculina del actor que impediría a las mujeres expresar sus más profundos secretos.

La cualidad de la transformación del actor en personaje cambia de un ritual a otro, de una cultura a otra y depende de varios factores que van desde el carácter del ritual en sí mismo (si es de iniciación, de pasaje, de posesión, de intercambio social) y en correspondencia a las concepciones de cada cultura, hasta los elementos que en él intervienen (utilización de substancias alucinógenas, borrachera, danza de trance, danza mántrica, etc.).

Si consideramos el caso del "Baile de Muñeco" de las tribus indígenas de la Amazonía colombiana, veremos que la cualidad de la transformación es distinta a la del Theyyam y corresponde a una cosmovisión y un saber propios de estas culturas: En el Baile del Muñeco, los espíritus de los "Nacimientos" o "Ancestros" hacen su aparición en la maloca a través de los cuerpos de los actores, dirigidos por el "Cantor", ataviados con faldas de fibras vegetales y corteza, máscaras, maquillaje en pies y manos y una gran variedad de elementos ornamentales con pleno significado ritual, como plumas, huesos, semillas, sonajeros, bastones, etc. Aunque los espíritus de los "Nacimientos" poseen a los actores, a través de una serie de procedimientos rituales realizados por el shamán y el cantor, éstos inciden de otra manera en la vida ordinaria. Recuerdan y reordenan, con su presencia y con su canto, los vínculos que, desde el origen, guardan los hombres con los demás seres y elementos de la naturaleza.

Cualquiera que sea la cualidad de la transformación del actor en personaje, esta es igualmente verdadera y sobre esta veracidad se fundamenta el ritual

LAS FUENTES DEL KATHAKALI

Las grandes tradiciones del teatro y el arte en general, se han generado en contexto ritual ocupando otros espacios de la vida social y se han cultivado a sí mismas, llegando a conformar tradiciones rigurosas y complejas, hasta ser consideradas "‘clásicas".

En la India, se puede ver este fenómeno en el surgimiento de varios tipos de teatro-danza clásicos. En Kerala, cuna del ritual del Theyyam, nació y se desarrolló el Kathakali, una de las más sólidas tradiciones teatrales del mundo, y podemos ver en ella sus estrechos vínculos con el Theyyam.

Entre 1630 y 1640, el Rajá de la provincia de Vettathunadu, inspirado en otra tradición teatral que ya tenía un siglo de antigüedad, el Ramanattam, impulsó el desarrollo del Kathakali entre sus guerreros, los Nayars, combinando elementos de diversas fuentes:

— Del Ramanattam conservó la dramaturgia extraída de las epopeyas el "Ramayana" y el "Mahabharata", narradas en el idioma propio del estado de Kerala, el Malyalam, combinándole ciertas palabras en Sánscrito. Esto hizo que el teatro, que anteriormente con la tradición de los Dramas Sánscritos era exclusivo de las castas sacerdotales más altas, se popularizara y se acercara a toda la población en general.

— Del Kalari —el arte marcial que servía de entrenamiento a los guerreros y que utilizaba toda la sabiduría de la medicina Ayurvédica de masajes— tomó las técnicas de preparación y entrenamiento de los actores. Se transformó así un arte de guerra en arte de danza, creando un estilo propio de utilización del cuerpo y del movimiento acorde con las exigencias y características de los vestuarios y tocados.

— Del Theyyam, tomó la música, mezclando los tambores Chanda, con los Maddalam que eran exclusivos de los sacerdotes. Además en la iconografía del Theyyam se inspiraron los vestuarios, los colores y muchos de sus personajes.

— Estos elementos populares —las técnicas de entrenamiento, el idioma, la música, los vestuarios, la iconografía, etc— se combinaron con elementos del teatro y la danza clásicos, como por ejemplo las teorías y técnicas de manejo y expresión de las emociones a través de los gestos del rostro ("Bhavas") y el manejo del lenguaje de las manos ("Mudras"), contenidos en el "NatyaShastra", la antigua Poética india.

De esta forma, el Kathakali desarrolló una estructura muy compleja en donde se narran los episodios míticos del "Ramayana" y el "Mahabharata" a través de varios canales: el texto, que es narrado por el cantor, es expresado escénicamente por las acciones del actor en donde confluyen el lenguaje codificado de los Mudras, la expresión de los Bhavas, los movimientos y la danza, conformando lo que en el Natya Shastra se llama "Abhinaya", el arte del actor. Este, a su vez, se combina con los vestuarios, la música y los textos dando como resultado el "Rasa" o "Sabor" para el espectador.

A pesar de toda esta estilización de las formas, que exigen un largo y riguroso proceso de aprendizaje por parte del actor, el cantor y el músico, el Kathakali conserva las características que heredó del ritual:

"Cualquiera puede ver la conexión entre el Kathakali y el Theyyarn, particularmente en la iconografía y la concepción del mundo... El Theyyam provee al Kathakali una particular cosmovisión, un tipo de vestuarios y un sentido del trance y la posesión..." ( 10 ).

Además, el Kathakali conserva una característica esencial del ritual y que se refiere a su sentido comunitario. Tocamos aquí otro aspecto de las relaciones entre el rito y el teatro.

TEATRO Y SOCIEDAD

"En un espectáculo como el del teatro balinés hay algo que no tiene ninguna relación con el entretenimiento, esa idea de una diversión artificiosa e inútil, de pasatiempo nocturno que caracteriza a nuestro teatro. Las obras balinesas se forman en el centro mismo de la materia, en el centro de la vida, en el centro de la realidad. Hay en ellas algo de la cualidad ceremonial de un rito religioso, pues extirpan del espíritu del espectador toda idea de simulación, de imitación irrisoria de la realidad. Esa gesticulación intrincada y minuciosa tiene un objetivo inmediato, que persigue con medios eficaces. Los pensamientos a que apunta, los estados espirituales que procura crear, las soluciones místicas que propone son animados, mostrados, alcanzados sin retrasos ni circunloquios. Todo parece un exorcisrno destinado a hacer AFLUIR nuestros demonios" ( 11 ).

Cuando asistimos a una velada de Kathakali en un pequeño poblado del Sur de la India, comprendimos que el teatro ha jugado un papel distinto al de "mercancía" que le ha impuesto la industria del entretenimiento en las grandes ciudades de Occidente.

Una familia de la casta más alta había organizado la velada, contratando a los actores —a cambio de un buen pago—, acondicionando el escenario y el camerino con esteras y hojas de palma en el patio de la casa, preparando alimentos y bebidas para los artistas y los invitados importantes, etc. Afuera, en la calle, todos los habitantes del pueblo se disponían a entrar, sin tener que pagar por ello, a presenciar el espectáculo y tomaban té y pasabocas en los numerosos puestos de venta que se habían instalado en las aceras, como en un Bazar.

Todos podían entrar y se iban sentando sobre el piso de tierra frente al escenario, desde donde contemplaban el espectáculo que se prolongó toda la noche, levantándose de vez en cuando para tomar algo, descansar, etc.

El teatro, en este pequeño poblado de la India es entretenimiento, pero es algo más que ello. Ningún espectador acude en busca de algo nunca visto porque el Kathakali ha conservado intactas su dramaturgia y sus formas por siglos. Los mismos personajes aparecen una y otra vez sin que haya cambiado algún detalle del vestuario, de sus gestos, de sus cualidades y defectos. Cada elemento que interviene en cada episodio se ha conservado y ha sido trasmitido a través de las generaciones de músicos, cantores y actores con muy pocas variaciones. El espectador conoce los argumentos de cada episodio, los cantos, los mudras y sin embargo, contempla las aventuras de sus héroes Rama y Sita, de sus dioses Krisna y Shiva, de sus demonios Ravana y Bali, con el mismo entusiasmo de la primera vez.

El público participa animosamente, aprueba las buenas acciones de los héroes, se atemoriza ante la aparición de los demonios, ríe ante las picardías de Krisna, aplaude con la vitalidad propia de los habitantes de la India. El espectador goza profundamente la presentación de Kathakali y al mismo tiempo renueva la visión de los sucesos mitológicos que le dieron vida y forma a su comunidad.

En este sentido, el teatro conserva una función que es propia del ritual. Además del entretenimiento, logra un "resultado" (Schechner), en este caso, se trataría de traer el pasado mítico, el tiempo simbólico, al presente, renovar su memoria y su validez social. Hay además otro aspecto interesante que se refiere a las relaciones entre el actor y el espectador. R. Schechner ha analizado esta relación en el contexto del ritual y en el del teatro de las sociedades industriales:

"El ritual es un evento del que dependen los participantes, mientras que el teatro es un evento que depende de los participantes" ( 12 ). Y afirma que la relación entre actor y espectador en el ritual se fundamenta en el acuerdo, la aprobación por parte del espectador de lo que hace el actor. El espectador cree en la transformación del actor y es cómplice de su actuación. El espectador del teatro de las sociedades industriales, que ha pagado por entrar a ver el espectáculo, no partcipa de la transformación del actor, más bien, observa. No cree, más bien, aprecia e interpone ente él y el actor una barrera crítica, pretendiendo que sea la habilidad del actor la que la derrumbe y pueda así tocarle y despertar sus emociones.

Por otra parte, la comunidad entera participa de los múltiples significados implícitos en los elementos del ritual, los comprende porque conoce sus lenguajes; además conoce a los actores en otras situaciones fuera del ritual. S. Awasthi ( 13 ) afirma que una de las principales motivaciones del espectador de Kathakali es apreciar la habilidad, la destreza del actor —a quien conoce porque es miembro de su comunidad— en la representación de tal o cual personaje.

"Aquí, en el teatro folclórico, frecuentemente, la persona que actúa como un dios será un agricultor al otro día, que nosotros conocemos, y por lo tanto, como espectadores tendemos, en cierto sentido, a estar más envueltos en su transformación y ésta es más real, puesto que un agricultor real, convirtiéndose en un dios, será un dios real" ( 14 ).

Afirma Schechner que este sentido de pertenencia comunitario es una necesidad del teatro de vanguardia de las sociedades industrializadas y por ello se han incrementado las investigaciones de los teatros tradicionales de distintas culturas en el mundo.

Esta necesidad es apremiante para el teatro latinoamericano y nuestro en particular, pues la investigación sobre tradiciones que fueron cercenadas, despreciadas y proscritas podría tender los hilos para recuperar elementos que están ocultos en nuestra memoria y que ofrecerían vías alternativas para el desarrollo de un lenguaje propio, con los dramas, personajes, voces y cuerpos de nuestros Abuelos. De nuestros Abuelos del Asia, del Africa, de América y de Europa.

NOTAS

( 1 ) Artaud: 78: 50 (regresar a 1)

( 2 ) Turner: 88: 18 (regresar a 2)

( 3 ) Barba: 83: 75 (regresar a 3)

( 4 ) Barba: 88 (regresar a 4)

( 5 ) Artaud: 85: 90 (regresar a 5)

( 6 ) Grotowski: 87:35 (regresar a 6)

( 7 ) Grotowski: 87:35 (regresar a 7)

( 8 ) Valery en Benjamín: 313 (regresar a 8)

( 9 ) Scheckner: 82: 61 (regresar a 9)

( 10 ) Scheckner: 82: 62 (regresar a 10)

( 11 ) Artaud: 78: 67 (regresar a 11)

( 12 ) Schechner: (85:) (regresar a 12)

( 13 ) S. Awasthi 89 (regresar a 13)

( 14 ) Schechner: 82: 664 (regresar a 14)

 

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