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18
Adiós, Popayán hermoso,
tierra de la picardía,
adiós, patojas del diablo,
que yo volveré algún día.
19
Allá arriba en esa loma
tengo un pañuelo volando,
y en las puntas tiene escrito:
Ya mi amor se va acabando.
20
Aunque la puerca sea rusia
y la maten en la villa,
y le echen leche a la sangre,
siempre es negra la morcilla.
21
Si la sirena se embarca
con ella te escribiré:
mi sangre será la tinta,
mi corazón el papel.
22
Si yo fuera pajarito,
a verte fuera derecho,
y con pajitas y plumas
hiciera nido en tu pecho.
23
Mi
vida, si tú me quieres
no se lo digas a nadie;
mete la mano en tu pecho,
dile al corazón que calle.
24
En el mar de tu pelo
navega un peine,
y a las olitas que hace
mi amor se duerme.
25
Propasas
tanto a Venus
en tu hermosura,
cuanto va de lo vivo
a la pintura.
26
Aunque nunca me quieras
he de quererte,
y se que estos amores
me dan la muerte.
27
Aunque tú no me quieras,
yo he de quererte,
porque esos tus amores
me dan la muerte.
28
Yo
soy, trigueña, yo soy
quien todo el alma te fía:
quiéreme por vida tuya,
que yo te adoro, alma mía.
29
Quien no previene los daños
ni los peligros advierte,
a golpes de desengaños
será razón que despierte.
30
Es tánto lo que te quiero
y mi amor tan majadero,
que cuando te veo me escondo
y por verte desespero.
31
Es tanto lo que te quiero
y lo que te quiero es tanto,
que te quisiera tener
en mi pecho como santo.
32
Ojos
negros y pardos
son los comunes,
pero los de mi gusto
son los azules.
33
Ojitos de cambalache,
que lindo mirar tenéis;
por donde quiera que vais
un cambalachito hacéis.
34
Ojitos
de cambalache,
que lindo mirar tenés;
por cualquier parte que andás
tu cambalachito hacés.
35
Cuando
un negro me saluda,
¡Ay! que miedo que me da
de verle los ojos blancos,
¡Santísima Trinidad!
36
Un
volcán tengo en el pecho,
que arde de diversos modos,
y yo, callando, me abraso
porque no lo sepan todos.
37
Abreme la puerta, cielo,
que yo no vengo a dormir,
sólo te vengo a decir...
que si me quieres, te quiero.
38
Ojos habrá desgraciados,
pero no como los míos,
porque mis ojos se hicieron
para aumento de los ríos.
39
Cuando un pobre se enamora
y un rico se le atraviesa,
sale el pobre puerta afuera
rascándose la cabeza.
40
Eres un granito de oro,
una perla dibujada;
eres aquel pajarito
que canta a la madrugada.
41
Jamás,
mi bien, hallarás
quien, como yo, por tí muera:
hallarás quien bien te quiera,
más no quién te quiera más.
Continuar
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