|
70
Quiere volar y no puede,
y sacudiendo las alas,
llora en su prisión primera
a su libertad pasada.
71
Desde que te vi venir
montadita en una avispa,
le dije a mi corazón:
este diablo ya no arrisca.
72
Esta noche voy allá;
desde ahora te lo aviso;
si la puerta es sonadora
úntale cebo en el quicio.
73
Vuela, pensamiento, y dile
a la niña que más quiero,
que aquí en mi pecho hay amor
y en mi bolsillo dinero.
74
Satisfacciones no pido:
dáselas a quien quisieres,
que bien satisfecha estoy
del poco amor que me tienes.
75
Con esta mi bandolita
me atrevo a voltear el mundo enamorando muchachas, vagamundo, vagamundo.
76
Una bonita puede
con un suspiro
resucitar a un muerto,
matar a un vivo,
77
Donde me dijiste adiós,
triste me quedé pensando,
sin poderte responder:
adiós, mi vida; ¿hasta cuándo?
78
Ya se murieron mis perros,
ya quedó mi rancho solo;
mañana me muero yo
para que se acabe todo.
79
Cuando te vas a bañar
avísame tres días antes,
para empedrarte el camina
de rubíes y diamantes.
80
Zamba del demonio,
¿Cuándo te veré
en la tasajera
colgada de un pié?
81
Lucerito de mañana,
no te vas a enajenar,
que aunque la vida me cueste
contigo me he de quedar.
82
Es mucho lo que te quiero
y la que te quiero es mucho,
pues te quisiera llevar
en la oreja como pucho.
83
Las mujeres son el diablo
cuando ven a un hombre pobre:
lo ponen de candelero,
como si fuera de cobre.
84
El amar de las mujeres
es como el del gallinazo,
que en comiéndose la carne
al hueso no le hacen caso.
85
Cuando una mujer te diga
que te quiere y te idolatra,
es porque te tiene vista
la bolsa llena de plata.
86
Cuando una mujer te dice
que te quiere y que te adora,
es porque te tiene puesto
tu buen marchante a la cola.
87
Cuando una mujer te jura
que te quiere y que te estima,
es porque tiene ya puesto
el matachín en la esquina.
88
Yo me enamoré del aire,
del aire de una mujer;
como la mujer es aire
en el aire me quedé.
89
Diera ya por conseguirte
y porque tú me quisieras,
las dos niñas de mis ojos,
aunque quedara sin ellas.
90
A cada paso que doy
me parece que te veo:
es tu sombra que me sigue
a apariencias del deseo.
91
Antes de conocerte,
ya te quería,
y soñaba contigo
hasta de día.
92
Desde que te ví, te amé,
y todo fue de improviso;
no sé qué sería primero,
si amarte o haberte visto.
93
Qué
bonita está la luna,
y un lucero la acompaña;
¡qué triste se pone un hombre
cuando una mujer lo engaña!
Continuar
|