CANCIONES Y COPLAS POPULARES
Jorge Isaacs
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Continuación

 

Es muy explicable que la copla popular, por su función de pauta ideológica en el canto, sea base de guabinas, torbellinos, joropos, bundes, rajaleñas, fandanguillos, porros, contrapunteos, etc. No así en bambucos, pasillos y danzas criollas ya que estos aires utilizaron en su mayoría las letras más o menos eruditas de los poemas nacionales y extranjeros que estuvieron en boga durante la época del auge de los parnasos.

La 386 es variante de la copla de torbellina que dice: 

“Me subí en una lomita
por ver si la divisaba;
tan solo topé las quimbas
del indio que la llevaba”.

  La 390 es variante de una de las coplas del bunde del litoral pacífico llamado “La margarita patiana” que dice: 

“Lloraba la margarita
la muerte de su marido
y en el llanto preguntaba
si el otro ya había venido”.

 La 394 es similar a la 250 aunque mejor. La 395 es variante de la que dice en el cancionero infantil: 

“Los sapos en la laguna,
cuando viene el aguacero,
unos se ponen cachucha
y otros se ponen sombrero”.

 La 396 es idéntica a la llanera del joropo “Ay, si, si”. La 401 es similar a la 61. En el original de la copla 403 hay un asterisco que tiene referencia a la 406 que podría ser su continuación. Las coplas 404 y 405 son variantes de la muy común que dice: 

“Me quisiste, me olvidaste,
me volvistes a querer;
así se estriega la ropa
mi vida, pa que blanquié”
 

que tiene una bamba en que se cambian los versos tercero y cuarto, por “hiciste como los perros/vomitar para comer La 425 es similar a la huilense que dice:  

“Véndame un cuartillo e chicha
en totuma timaneja;
yo no l’huago por la chicha
sino por la muchareja”.

 La 427 es variante de la 41 (ver su observación). En la 444 ver la 96 y su observación. La 466 es similar a una guabina de Santander pero no como seguidilla trunca sino como copla: 

“Tienes unos ojos negros
y unas sedosas pestañas
y unos labios mentirosos
con que me engañas, me engañas”.

  La 486 es muy popular en México. La 489 es la misma antioqueña pero cambiado el “miré persignar” de la española por el popular “vide persinar”. La 449 aparece trunca pues sólo cuenta con los dos primeros versos. No conozco otra versión que puediera ser similar y es probable que aquí operara un olvido del compilador al hacer el manuscrito o que al transcribir el dictado omitió momentáneamente los dos versos últimos para revisarlos luego o copiarlos después. Es un único caso a lo largo del medio millar de coplas recogidas. Dije que resulta evidente —y explicable por el buen criterio del compilador— que ninguna de estas carece de ‘‘gracia” y por ello su calidad. Recordemos que la segunda condición, después del lenguaje rural o rústico que es la primera, es la gracia expresiva sin la cual la copla no justificaría ni su ideación ni su factura, ni siquiera su enunciado oral y, menos, escrito. Gracia humorística o jocosa, picaresca o maliciosa, irónica o zalamera, filosófica o jactanciosa. Sobran pues los motivos de creatividad. Debe destacarse también la tarea que significó para el escritor acometer un trabajo de amanuense que tal vez no correspondía muy justamente a un poeta erudito ya famoso. Sin embargo recordemos que la inquietud intelectual de Isaacs le llevó a ocuparse de tareas tan disímiles de su actividad de narrador romántico como fueron sus investigaciones corográficas y antropogeográficas consignadas en su libro sobre Las tribus indígenas del Magdalena. Una y otra empeños que se explican tal vez sólo por su fervor patriótico y por la apasionante inquietud intelectual ya observada, propia de los creadores poéticos y que les mueve a estudiar y justipreciar las expresiones de la cultura popular, más cuando éstas se relacionan con el folklore literario en su ámbito empírico, es decir, en el Coplerío. De esta manera el aporte de Jorge Isaacs al inventario nacional de las coplas viene a sumarse a los arrumes valiosísimos de Antonio José Restrepo, de José Antonio León Rey, Víctor Sánchez Montenegro, Luis Camacho Matéus, Benigno A. Gutiérrez, los padres Vargas Tamayo, Medina, Savio, Ospina y Pérez Arbeláez; Rogerio Velásquez M, Otero D’costa, Abimael Caballero Sierra, Arturo Escobar Uribe, Juan C. Hernández, Octavio Quiñones Pardo, Harry Davidson, Graciliano Arcila Vélez, Ramón Correa C, Lucio Pabón Nuñez, Juan del Camino y Milina Muñoz sin contar algunos que pudieran olvidarse como informadores generales que son acerca de la literatura oral. Tales los estudiosos del Instituto Caro y Cuervo y sin ir más lejos quien suscribe estas líneas, autor de una selección de 900 coplas colombianas publicada por el Instituto Colombiano de Cultura en el número 2 de su colección popular, año 1971.

G.A.M.

 

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