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Continuación
Es muy explicable que la copla popular, por su función
de pauta ideológica en el canto, sea base de guabinas, torbellinos, joropos, bundes,
rajaleñas, fandanguillos, porros, contrapunteos, etc. No así en bambucos, pasillos y
danzas criollas ya que estos aires utilizaron en su mayoría las letras más o menos
eruditas de los poemas nacionales y extranjeros que estuvieron en boga durante la época
del auge de los parnasos.
La 386 es variante de la copla de torbellina que
dice:
Me subí en una lomita
por ver si la divisaba;
tan solo topé las quimbas
del indio que la llevaba.
La 390
es variante de una de las coplas del bunde del litoral pacífico llamado La
margarita patiana que dice:
Lloraba la margarita
la muerte de su marido
y en el llanto preguntaba
si el otro ya había venido.
La 394 es similar a la 250 aunque mejor. La 395 es
variante de la que dice en el cancionero infantil:
Los sapos en la laguna,
cuando viene el aguacero,
unos se ponen cachucha
y otros se ponen sombrero.
La
396 es idéntica a la llanera del joropo Ay, si, si. La 401 es similar a la
61. En el original de la copla 403 hay un asterisco que tiene referencia a la 406 que
podría ser su continuación. Las coplas 404 y 405 son variantes de la muy común que
dice:
Me
quisiste, me olvidaste,
me volvistes a querer;
así se estriega la ropa
mi vida, pa que blanquié
que
tiene una bamba en que se cambian los versos tercero y cuarto, por hiciste como los
perros/vomitar para comer La 425 es similar a la huilense que dice:
Véndame un cuartillo e chicha
en totuma timaneja;
yo no lhuago por la chicha
sino por la muchareja.
La 427 es variante de la 41 (ver su observación).
En la 444 ver la 96 y su observación. La 466 es similar a una guabina de Santander pero
no como seguidilla trunca sino como copla:
Tienes unos ojos negros
y unas sedosas pestañas
y unos labios mentirosos
con que me engañas, me engañas.
La 486
es muy popular en México. La 489 es la misma antioqueña pero cambiado el miré
persignar de la española por el popular vide persinar. La 449 aparece
trunca pues sólo cuenta con los dos primeros versos. No conozco otra versión que
puediera ser similar y es probable que aquí operara un olvido del compilador al hacer el
manuscrito o que al transcribir el dictado omitió momentáneamente los dos versos
últimos para revisarlos luego o copiarlos después. Es un único caso a lo largo del
medio millar de coplas recogidas. Dije que resulta evidente y explicable por el buen
criterio del compilador que ninguna de estas carece de gracia y
por ello su calidad. Recordemos que la segunda condición, después del lenguaje rural o
rústico que es la primera, es la gracia expresiva sin la cual la copla no justificaría
ni su ideación ni su factura, ni siquiera su enunciado oral y, menos, escrito. Gracia
humorística o jocosa, picaresca o maliciosa, irónica o zalamera, filosófica o
jactanciosa. Sobran pues los motivos de creatividad. Debe destacarse también la tarea que
significó para el escritor acometer un trabajo de amanuense que tal vez no correspondía
muy justamente a un poeta erudito ya famoso. Sin embargo recordemos que la inquietud
intelectual de Isaacs le llevó a ocuparse de tareas tan disímiles de su actividad de
narrador romántico como fueron sus investigaciones corográficas y antropogeográficas
consignadas en su libro sobre Las tribus indígenas del Magdalena. Una y otra empeños que se
explican tal vez sólo por su fervor patriótico y por la apasionante inquietud
intelectual ya observada, propia de los creadores poéticos y que les mueve a estudiar y
justipreciar las expresiones de la cultura popular, más cuando éstas se relacionan con
el folklore literario en su ámbito empírico, es decir, en el Coplerío. De esta manera
el aporte de Jorge Isaacs al inventario nacional de las coplas viene a sumarse a los
arrumes valiosísimos de Antonio José Restrepo, de José Antonio León Rey, Víctor
Sánchez Montenegro, Luis Camacho Matéus, Benigno A. Gutiérrez, los padres Vargas
Tamayo, Medina, Savio, Ospina y Pérez Arbeláez; Rogerio Velásquez M, Otero
Dcosta, Abimael Caballero Sierra, Arturo Escobar Uribe, Juan C. Hernández, Octavio
Quiñones Pardo, Harry Davidson, Graciliano Arcila Vélez, Ramón Correa C, Lucio Pabón
Nuñez, Juan del Camino y Milina Muñoz sin contar algunos que pudieran olvidarse como
informadores generales que son acerca de la literatura oral. Tales los estudiosos del
Instituto Caro y Cuervo y sin ir más lejos quien suscribe estas líneas, autor de una
selección de 900 coplas colombianas publicada por el Instituto Colombiano de Cultura en
el número 2 de su colección popular, año
1971.
G.A.M.
Canciones populares
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