Dedicatoria
Con profundo agradecimiento dedico al Corpes Orinoquía estos retozos literarios, sencillos como su autor pero portadores del inmenso amor que profeso a estas esmeraldinas sabanas, en donde el Dios de las pampas fundió en un beso los amaneceres y los atardeceres, convirtiendo sabana, sol y luna, en un mundo bello en el cual tuvimos el privilegio de nacer.
Dedico este esfuerzo también a Magnolia, mi esposa, quien me dio el aliento necesario para adentrarme en el difícil camino de las letras y, desde luego, a mis hijos, pues todos ellos, al igual que nosotros, hacen parte de la altiva etnia llanera.
