Del Folclor Llanero
Miguel Angel Martín
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EL FANDANGO

El fandango nos llegó por Andalucía como baile popular. En nuestro país significó rumba, parranda. En Cartagena, hacia 1735, era una fiesta populachera. Para 1885, don Lázaro M. Girón la registra así: “En las pampas dilatadas de Casanare y San Martín, los llaneros, poetas por naturaleza, bailan el fandango al son de la bandola acompañada en el canto de picantes improvisados romances, generalmente amorosos, que llaman galerones”.

Por la noche en el fandango 
con otro te vi bailar
si mis velas no te bastan 
apaguemos y no más.

En Cádiz al fandango se lo llamó fandanguillo. En 1830 le dijimos así a las vueltas antioqueñas, que tenían como característica un detenimiento musical para que las parejas se dedicaran coplas. El bañe del fandanguillo se intermpretaba con el bambuco. Llamamos aquí la atención sobre lo que se llamó en el Llano “pato bombiao”, porque se decían bambas, bombas o coplas entre las parejas, las cuales eran independientes como en el joropo.

El ancestro del fandango sobre el joropo puede observarse en una nota del investigador venezolano Ramón Páez, quien en 1846 dice: “Las noches se dedicaban a bañar y a cantar a la luz de una media docena de candiles o lámparas hechas de barro y alimentadas con manteca de caimán. Como las casas se hallaban a lo largo del río, empleamos cierto número de hombres con el propósito de traer compañeros para el fandango, como se llama a estos nocturnos jolgorios”. Otro venezolano, Felipe Ramón y Rivera se refiere a raíces populares como fandango-joropo, hacia 1890.

Con el general Santander y sus soldados, sube del Llano en 1819 con el nombre de Galerón: música que se queda en los Andes.

Considero que el fandango y el fandanguillo dieron origen a nuestro galerón, y de este salieron el joropo, el torbellino, la guabina y los demás ritmos ternarios nativos.

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