Del Folclor Llanero
Miguel Angel Martín
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EL LLANERO

“Sobre los llanos, la palma;
sobre la palma, los cielos;
sobre mi caballo, yo;
y sobre yo, mi sombrero”.

Cetrino, hijo del Sol y el Viento, es el centauro, pastor que domina la naturaleza, atraviesa ríos, monta cerriles potros, ordeña novillas semisalvajes, y soporta los quemantes soles del verano, ardiente y los aguaceros prolongados del crudo invierno; “saca la miel con las uñas” cuando pesca en las turbias aguas de ríos y cañadas o cuando caza en oscuros montes o en abiertas sabanas.

Nadador, navegante, jinete, caminador, este triétnico nativo del oriente colombiano, en los “trabajos de Llano” sólo lleva tucos y un viejo sombrero; en el pueblo se pone alpargatas y de pronto se calza botas mediacaña que harán juego con el nuevo pantalón de dril, la fresca camisa blanca y el fino sombrero de fieltro que lucirá al visitar sus parientes y amigos y luego, en la gallera, en la manga de coleo o en el parrando. El llanero duerme en chinchorro, en hamaca y en cama; come carne, plátano, arroz, yuca, maíz, queso y frutas; toma leche, café y aguadepanela y bebe en ocasiones licor en las mañanas: Mañanitas.

Es el llanero muy charlador, autosuficiente, generoso, individualista y respetuoso; canta e improvisa porque es muy creativo, y cree en brujas, espantos y rezos. Romántico, soñador y mujeriego; cuida el hogar con orgullo: y su palabra es oro porque el respeto es su norma.

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