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CONTEXTO
DE CULTURA POPULAR LATINOAMERICANA
1. ANALOGIAS EN LA MUSICA
POPULAR
Los aires musicales que
definen la espiritualidad de los pueblos actuales de América y que son elemento
hipersensible de cada nacionalidad o de las muchas comunidades regionales que coexisten,
tienen analogías singulares:
a. La gran
mayoría incorporó los elementos claves y definitivos para su personalidad en los
aspectos rítmicos, armónicos, melódicos, interpretativos y coreográficos durante los
primeros treinta años del siglo XX, como culminación de un proceso de simbiósis
etnocultural iniciado de modo particular en cada región, desde el encuentro violento
intra-racial de finales del siglo XV.
b. Durante el siglo XIX el
proceso cultural adquiere los tintes criollos como resultado directo pero intangible de la
emancipación colonial, proceso guiado por las clases populares de los núcleos urbanos y
de los estratos campesinos. Las clases dominantes detentan los valores metropolitanos que
conservan y reproducen, incluso de modo antagónico con los vestigios de lo popular y
vernáculo.
Las huellas de la colonia se
conservan; al fin y al cabo son los tintes indelebles de la historia. Se rinde culto al
vireinato y a sus valores, un culto secreto. Es característica de la República
Señorial.
c. El desarrollo de las
definiciones de los aires musicales ha sido desigual: unos se hallan signados por el
empirismo, otros camino de la escritura musical con lo cual se institucionaliza su
enseñanza y se erigen escuelas interpretativas. El empirismo, es obvio, es el modo
interpretativo de los asentamientos rurales, o de los lupanares urbanos. Existe
correspondencia entre evolución económica y desarrollo cultural. Así, la marginalidad
socioeconómica implica marginalidad cultural.
En un lapso grande la gran
mayoría de las expresiones de la cultura popular fueron marginales. Las mismas
dificultades geográficas y la ausencia de vías de comunicación actuaron en dos
direcciones: ahondar la marginalidad frente a contextos urbanos y evitar la contaminación
cosmopolita, con lo cual los aires adquieren mayor personalidad.
2. LA MADUREZ DE LA MUSICA
POPULAR
2.1 LOS CUATRO ESTANDARTES
A partir de la segunda mitad
del siglo presente la música popular latinoamericana está madura e irrumpe con enorme
fuerza expresiva, entonces empieza a abrirse camino, en todas las latitudes del planeta, a
través de cuatro estandartes: el tango, la ranchera, el bolero y el son cubano; son los
pioneros, en correspondencia con una época que todavía admite en su seno el
romanticismo. Son ritmos lentos, elegantes, de profundo contenido melódico el cual se
conjuga a plenitud con letras nostálgicas y evocadoras que describen lo bello y lo
difícil de vivir. El contexto cultural del tango más de arrabal y de bar del puerto
bonaerence, agrega a su lenguaje la trifulca, la amante, el rival, el peligro de las
noches en los suburbios más lúgubres o en los más tétricos. No obstante, los tangos
clásicos son de una belleza sin par: Caminito, Adiós Muchachos, Volver, Cuesta Abajo,
Cuartico Azul, etc., de moda siempre.
La ranchera se desenvuelve
desde su ámbito rural triunfante de la revolución Mexicana de Benito Juárez es
paisajista, mujeriega, machista hasta los tuétanos y por eso mismo es diurna, simple,
pegajosa, populista, de precaria evolución musical. Se destaca la belleza de las
rancheras clásicas: Allá en el Rancho Grande, Cielito Lindo, Pénjamo y la temática
libertaria de los Corridos, de los primeros Corridos. Hoy en día continúan como temas
interpretativos de primer orden en las mejores voces: José Carrera, Plácido Domingo o
Luciano Pavarotti.
El son es el ritmo bailable
con la elegancia precisa del movimiento, es el tambor, son las claves, es la felicidad
hecha canción; el son es la fiesta. Sus melodías son hermosas. Las letras, casi poemas.
Pero es el bolero el que
llega a todos los corazones enamorados; es el sentimiento guitarrero, el ritmo suave y
acompasado, el amacice de novios, la serenata. Posee la mayor dosis armónica entre los
cuatro.
Los desarrollos de cada uno
de ellos van a la par con los movimientos y necesidades del cine y de la discografía que
inunda a todos los países atornillándose de diversas maneras en muchos rincones de la
amplia y agreste geografía continental.
La personalidad del tango
con las orquestas a la europea, desde los años 20 incorpora el bandoneón como sustrato
interpretativo junto al piano e instrumental del viejo continente y son los barítonos
populares como Carlos Gardel los que se encargan de exponer sus formas finales de adultez.
A él ya se había sumado una coreografía de golfos y busconas que no tienen
inconveniente alguno en adelantarse varias décadas al "destape" y a la
voluptuosidad del movimiento en búsqueda del mensaje erótico, en este caso demasiado
evidente. El tango es desde entonces algo de milonga y de compadrito, algo de tango
andaluz y de cuplé.
Es todo ello y nada de ello
porque adquiere sus propias estructuras inconfundibles, su propio color que parece ser el
color de un tiempo alrededor de los años 20 y de un sitio, Buenos Aires, sin precisar
como impregna el alma aventurera de la colonización Antioqueña y de sus estratos urbanos
de la segunda mitad de nuestro siglo, conducido por Gardel y reforzado por Piazzola en los
80.
Méjico penetra en el alma
rural del Continente Mestizo mediante sus rancheras que llenaron los espacios vacíos del
corazón sencillo de los campesinos. La obra la construyeron Jorge Negrete, Pedro Infante,
Luis Aguilar que luego pincelaron José Alfredo Jiménez, Miguel Aceves Mejía y Vicente
Fernández, entre otros.
El violín y la trompeta
adquirieron ciudadanía en los campos de Méjico reforzando el trabajo de guitarra,
guitarrón y cinco. Su evocación es siempre alegre, enamorada y en ocasiones triste, pero
con una tristeza a lo mero macho, o sea, con trago y revólver en mano, así fuese una
simple argusia coreográfica. El verso fácil se incrustó con melodías ingenuas que sin
mayor esfuerzo rítmico se "pegaban" con increíble rapidez.
La ranchera es quizá la
música popular más extendida en Latinoamérica y algunas de sus obras las de mayor
impacto en el mundo de otras lenguas. En Colombia la Región Andina pueblerina está
cosechada por ella, con arraigo profundo, llorador, evocador y pendenciero. La posibilidad
interpretativa es una característica de la ranchera que la proyecta a casi todas las
personas. Hasta el más desafinado puede cantar rancheras y en grupo, no se le oye mal.
La faz urbana del México
Cosmopolita crea de la mano de Agustín Lara el portento musical del bolero y son sus
tríos los protagonistas del mensaje tierno del amor: Los Panchos, los Tres Ases, los Tres
Reyes, los Tres Diamantes; Johny Albino y su Trío San Juan, viajando a Puerto Rico para
evocar a Rafael Hernández y al Trío Vegabajeño. Su derivación a la orquesta en razón
a su rica armonía y posibilidades melódicas y temáticas, encontraron a Olga Guillot, a
Toña La Negra, a Virginia López. Cuba que también crea en la música romántica sonera
los primeros boleros, nos entregan a Benny Moré, al jefe Daniel Santos y a tantos otros.
Los arreglos orquestales para el bolero de mayor fuerza interpretativa los lleva la Sonora
Matancera que llega a varias generaciones y aún está vigente. El bolero con sus
exigencias armónicas penetra todos los corazones pero está vedado a la interpretación
generalizada. Es exclusivista para manos de instrumentista (piano, guitarra) experto y de
vocalista excelso. Pertenece desde su origen a las ciudades.
La única coreografía para
danzarlo es la pareja enamorada bien entrelazada y en un sutil intercambio deseos siempre
mutuos, bellos y sensuales. El bolero carece de nacionalidad porque desde Chile con Lucho
Gatica hasta Estados Unidos con Matt Monroe y Nat King Cole se compone y se canta. Vicky
Kar es a principios de los noventa un fenomenal ejemplo interpretativo supranacional del
bolero. No escapa a Julio Iglesias ni a Vicente Fernández.
El mejor intérprete es
Pedro Vargas, sin olvidar a Alfredo Sadel ni a Hugo Romani. En Colombia Lucho García y
Víctor Hugo Ayala.
El Son Cubano guiado por el
trío Matamoros y por la Orquesta Aragón principalmente, penetra en los estrados de la
economía del turismo desde los campos de la caña isleña en sus evocaciones libertarias
llenas de herencias africanas y del arsenal romancero de España.
El Son tiene el Caribe
encima, un litoral romántico, sabrosón. Su interpretación en apariencia sencilla, posee
secretos armónicos que impiden su generalización. Es el son junto a la guaracha y el
"mambo", los antecesores de la Salsa. Sin embargo, el Son continúa vigente en
su esencia caliente, gustadora y suavesonga. No desaparece de las discotecas taberneras y
por su herencia cubana es un vehículo y un lazo evocador nostálgico de los años
rebeldes del 60, sin que esa generación haya sido su usufructuaria principal. No es culpa
del Son tener ese sabor a Fidel y a sus implicaciones en el continente mestizo. El Son
continúa intacto en Cuba, mejor que nunca.
Los ritmos populares del
Caribe tienen casi por lo general su territorio de influencia en la órbita propia y casi
siempre permanecen enclaustrados. El Merengue y el Reggae son ejemplos. El Son se
expandió y plantó las primeras semillas para que su hija prendiera en el Valle del Cauca
preferencialmente y allí evolucionara lo mismo que en Panamá, Puerto Rico y Nueva York:
La Salsa.
2.2 CARACTERISTICA COMUN EN
SU INCORPORACION COLOMBIANA
Los cuatro ritmos
mencionados influyen de modo determinante en el proceso de la cultura popular Colombiana y
hoy podríamos acercarnos a los detalles sustanciales:
a. Inicialmente se
"pegan" sin que varíen, ni adquieran formas interpretativas regionales.
Subsisten en su forma organológica y en su temática primigenia.
b. Tampoco impiden el
desarrollo paralelo y simultáneo de aires populares que compiten con ellos en la
expresión colectiva y en el divertimiento público.
c. Permiten derivaciones
dentro de su espectro que con el tiempo adquieren perfiles propios sin que ellos se
inmuten o se afecten: La Ranchera y el Tango hacia la música de carrilera; el Son con la
apertura orquestal para la gran sintonía de la Salsa y el Bolero, que sin cambiar permite
la balada que envejece rápidamente y con languidez, sin que aquel se inmute y aún más,
multiplicando sus partidarios.
Ellos se convierten en
patrones musicales del universo latinoamericano que se expanden sin variar, dando origen a
nuevos acentos, formas y ritmos, que hoy se cocinan en todas las edades y lugares,
siempre, siempre al calor del afecto, persiguiendo una mirada o ahuyentando la soledad.
El Tango clásico tiene
tantos seguidores como en su país de origen y en toda la zona de influencia de la
colonización paisa (Antioquia, Viejo Caldas, el norte del Valle y el norte del Tolima),
el Tango es aire ancestral, con pertenencia a todas las generaciones citadinas. La
Ranchera se anda en el sentimiento campesino de Santanderes, Cundinamarca, Boyacá, Tolima
y Huila. En estos sitios tiene igual o más arraigo que el Bambuco, el Torbellino o la
Guabina.
El Son tiene espacio en la
Costa y en el Valle. El bolero en todos los corazones enamorados de las grandes ciudades.
3. OTROS RITMOS POPULARES DE
AMERICA LATINA
Bajo esta denominación se
encuentran los otros ritmos que conservan su sello nacional (de cada nación), pero que no
superaron la escala de país, ni tampoco viajaron a otras latitudes para transformarse o
derivarse en otros.
El Bambuco y la Cumbia son
entre los más representativos de las Regiones colombianas unos ejemplos singulares, tal
como puede ser la Cueca Chilena, el Vals Peruano, el Tamborito Panameño o el San Juanito
Ecuatoriano.
El Joropo que en el contexto
latinoamericano y mundial figura como venezolano, en Colombia es apenas el aire de una
región marginal, cuya aparición en la escena local llega retrasada por lo menos 20
años, a pesar que la presencia es compartida en razón a la realidad histórica y
geográfica de los Llanos.
3.1 RITMOS TROPICALES
Los aires del litoral y los
isleños por el contacto permanente con el mundo exterior presentan en su panorama
expresivo ciertos problemas que creemos comunes. Veamos:
a. Tendencia a la adopción
de los esquemas y los gustos del consumo febril del turismo que se traduce en cambios en
la organología, en las formas interpretativas atadas a la necesidad del "show",
y en los contenidos que se vuelven cosmopolitas, con las concesiones éticas que ello
exige. Las hoteles al fin y al cabo proponen fórmulas simples de divertimiento que
requiere comodidades máximas y poca desadaptación del usuario a los esquemas
internacionales de vida.
b. Homogenización del
estilo interpretativo con lo que el sabor regional se diluye en el desconcierto de
los hipersonidos de la electrónica, la fantasía artificial de las luces y los acomodos
corporales y de vestuario en la interpretación.
c. La velocidad de estas
transformaciones depende de la fuerza expresiva, de la personalidad de los aires
regionales y de la convicción de las autoridades y trabajadores de la cultura locales en
preservar los rasgos de lo autóctono.
d. Son más maleables a la
embestida uniformadora los aspectos musicales, organología e interpretación vocal, que
los coreográficos de las danzas mestizas, tal vez, por su belleza expresiva y dificultad
imitativa.
No obstante existe gran
presión deformadora y elitizadora sobre las danzas típicas, que suelen sucumbir ante las
necesidades del espectáculo.
El Joropo, por ejemplo, en
sus expresiones bailables se convirtió paulatinamente en una prueba atlética, tipo manos
libres de la gimnasia olímpica que se efectúa al calor de un ritmo, imposibilitada para
popularizarse, por ser una elevación rítmica, conducida así por la necesidad del
"show" y muy ajena a lo tradicional.
Quizá en esto actúa el
deseo de competir como caballo entero, ya que la tradición sólo da categoría de
centauro.
La Salsa es otra expresión
corporal que se elitizó de tal manera que sólo expertos pueden usufructuarla a plenitud,
de acuerdo a los cánones del escenario salsero. Pero en este caso existe una
predisposición natural e histórica de la gente del litoral a ritmo duro que exige una
ductilidad en los movimientos.
3.2 RITMOS MEDITERRANEOS
En contraposición con esa
avalancha comercial, los aires y bailes interioranos y mediterráneos presentan poco
atractivo para la honda sensual y erótica inducida, propia de la comercialización y del
turismo, lo cual en vez de ser un problema, emerge como una ventaja comparativa que la
preserva de las embestidas cosmopolitas que los quisieran empacados en tarritos vendibles,
pero que su sabor nostálgico, sentimental y bucólico permanece intacto, expresando
valores genuinos de una nación o de una región varias generaciones atrás, valores
representativos del mestizaje, raizal convertido por la historia de las comunidades en
sustento de su personalidad. Esta valoración equilibrada permanece subyacente ante el
fuego artillado de la descomposición con su particular subliteratura y subcultura.
Este tipo de aires musicales
presenta una tipología común:
a. Representan el alma
regional o el alma nacional.
b. Su presencia actual se
sostiene por las voces del recuerdo. Es la música vieja.
c. Evolucionan muy poco y
por esa razón se suele afirmar que son anacrónicos.
d. Motivan festivales
regionales y concursos de interpretación o de composición.
e. Su aprendizaje es
marginal pero motiva programas no formales de enseñanza en academias y en casas de
cultura.
f. Sus contenidos,
expresiones, instrumentaciones no corresponden a la época actual, afirman sus
detractores, no sin cierta dosis de razón. La sociedad urbanizada maneja otro tipo de
situaciones y de concepciones que las pequeñas sociedades rurales, pueblerinas o aldeanas
de hace un siglo.
g. Su progresivo
desconocimiento genera perplejidad de los conglomerados móviles de nuestros tiempos y es
factor de miseria sicológica, individual o colectiva.
h. La apatía de las nuevas
generaciones frente a los aires típicos de sus países o de sus regiones de origen es
motivada por el predominio sociológico de las formas extranjeras que se promocionan a
través de los medios de comunicación masiva, como mecanismos impulsores del consumo
propio de un tipo de sociedad diferente.
i. La supervivencia de los
aires típicos corresponde al oculto deseo de la dirigencia de no evidenciar públicamente
el grado de descomposición al que se ha llegado y a los resortes indelebles de defensa de
las comunidades. Pero esa supervivencia cumple un papel en el divertimiento de las
élites, en su satisfacción íntima y sensorial, por ello también es secundario y
marginal el respaldo para su sostenimiento.
j. Los aires vernáculos son
objeto permanente de debate que se polariza en tres direcciones. La primera que afirma la
necesidad de su defensa y desarrollo. La segunda enarbola toda clase de banderas para su
destrucción, su desprestigio y su deformación. Una tercera se inclina por aceptar su
permanencia siempre y cuando se modernice.
El debate, así no se
evidencie, es muy real y naturalmente en las entrañas de los pueblos débiles, el
predominio de los antivalores es rotundo, por lo cual la segunda tesis tiene la palabra en
particular en lo que concierne a la deformación.
Las acciones estatales
apenas son sentimentales y el papel de sus organismos de la cultura es coyuntural porque
para el conjunto social supuestamente interpretado por el Estado, la cultura popular es
accesoria, circunstancial, de menor cuantía.
Lo extraño en la República
Señorial, en medio del atraso, a finales del siglo XX, es la fortaleza de las vertientes
tradicionales que se niegan a abandonar el escenario de los vivos y los muertos.
Los citadinos, por supuesto,
saben más de la Balada, el Rock, Madona o la Chicholina que de sustratos auténticos o de
intérpretes criollos. Es el precio de la internacionalización del corazón a manos de la
antena parabólica o del betamax eso los hace felices y los realiza en la tragicomedia en
que transita la sociedad del hacinamiento y el desarraigo.
4. COLOMBIA Y SU MUSICA
POPULAR
Cada país al tratar de
encontrarse a sí mismo después de su propio olvido cree que él posee la
mayor riqueza y diversidad de manifestaciones típicas, en particular las reflejadas en la
música del pueblo. Colombia no es la excepción. Pero es cierto que nuestro país tiene
una enorme veriedad de aires criollos, instrumentos y danzas. El encuentro intra-racial,
violento y desvastador, a la vez propuso evoluciones de enorme riqueza y variedad, según
los biotipos que se cruzaron y las circunstancias de tiempo y espacio en que se dieron y
en las que se prolongaron. En Colombia fueron múltiples. El predominio político de la
Región Andina durante el virreinato y luego durante la República Señorial influyó en
el conocimiento y difusión de los aires andinos, particularmente del Bambuco, del
Pasillo, de la Danza, y en menor dimensión el Torbellino y la Guabina por encima de
aquellas de las demás regiones y de las culturas indígenas, hasta nuestros días
arrasadas.
La Cumbia en el Litoral
Atlántico también surgió del anonimato ancestral y es abanderada de la representación
típica del país ante ojos internacionales, por encima del promocionado Bambuco, que
estuvo en alza durante la época romántica, por supuesto, que en Colombia va de los años
treinta a los años sesenta.
Muchos aires regionales
permanecen enriqueciéndose en su propia dinámica, movida en el trabajo diario de la
parcela o la hacienda, signados por el anonimato o la clandestinidad a la que es sometido
por la ignorancia y el desdén de los centros de denominación.
4.1 EL JOROPO EN EL CONTEXTO
NACIONAL
Durante mucho
tiempo la marginalidad evitó una contaminación indebida que permitió a los aires
mestizos afirmarse y adquirir madurez. Tal es el caso del Joropo, sumun de la cultura
actual de los Llanos, que como su territorio, permaneció discriminado hasta entrados los
años 80 del siglo XX.
La marginalidad
sociopolítica de un territorio históricamente despoblado en relación con el
hacinamiento de las grandes ciudades, significó la ausencia del Joropo dentro del
contexto de la cultura popular de la nación, aunque era una verdad llanera, una
auténtica pasión de la sabana, reconocida en Venezuela.
Dos ejemplos ilustran el
panorama en cabeza dedos de los escritores sobre la música colombiana como son el padre
José Ignacio Perdomo Escobar y Guillermo Abadía Morales, en ambos casos con ideas
incompletas sobre el Joropo. Veamos: en su libro Historia de la música en Colombia el
padre Perdomo cita a Abadía...
"Joropo es el baile de
los Llaneros. Se canta en una nota larga que va muriendo lentamente hasta
extinguirse..."
..."Los bailes más
comunes cuando se para un Joropo son el Galerón, el Joropo propiamente dicho y la guabina
llanera". Cual Guabina Llanera? El Galerón llanero?
Como puede analizarse, las
expresiones son por lo menos parciales en razón a que se originan en los errores de
Abadía Morales que se evidenciaron en el Concurso Folclórico de Polímeros a finales de
los años 60, donde él pretendió demostrar la validez de argumentos mal copiados del
verdadero inspirador del libro "Compendio General del Folclor Colombiano", el
maestro Jesús Bermúdez Silva.
Otra mención sobre el
Joropo la aporta Fray Pedro Fabo, llamado por él con gran acierto como música
Casanareña, en las primeras décadas del siglo XX:
"Reúnese un grupo de
llaneros en un corredor de los hatos o bajo los copudos árboles que crecen en los patios
de las casas o en cualquier lugar destinado al baile, y rasgueando el cuatro y tiple e
imprimiendo a las carracas y maracas un golpeteo tan raro y original que no podría ser
imitado por ninguno, por más hábil que lo supongamos...
..."Llega un momento en
que el llanero sufre la diostenia de la inspiración, rompe a cantar sobre el tema que en
talante le viene; a su lado no falta quien agregue a la redondilla otra del mismo corte,
tomando pié del último verso...".
Existen otras referencias
más hincadas en un descubrimiento espiritual como fueron las de muchos viajeros que sin
embargo pasan por encima de lo musical. Más afortunado fué en los Llanos el romancero
criollo, parte esencial de la Cultura del Joropo y hoy víctima de los embates de
la pornografía en el relato cantinero que los llaneros insisten en denominarlo poema,
desvirtuando al poema.
Romanceros o copleros son
casi todos los compositores y cantantes llaneros. Autores de relatos son la mayoría de
quienes pretenden ser poetas. Y éstos, la verdad sea dicha, son pocos.
La copla en casi todos los
pueblos nuevos de América es algo natural, incluso en Brasil de habla portuguesa, lo cual
es herencia de las formas idiomáticas feudales del tiempo de la invasión y del período
colonial, formas que por méritos que le endilguemos al Romancero Español a veces
emotivos, obedecen a períodos primitivos de la expresión oral que por esa misma razón
se incrustan en el habla popular. Eso ocurre con la gran mayoría de las naciones
colonizadas por europeos. Los países africanos sometidos por Francia, adoptaron maneras
del período de la más rancia aristocracia de la época una de ellas el hablar y cantar
en verso consonante. Méjico con Maximiliano alcanzó a participar de esa influencia
aunque ésta fué más a la burguesía criolla.
España y su proyecto
colonizador incluía al apareamiento indiscriminado entre blancos e indias que en los
propósitos de otras naciones europeas inclinadas a la exportación de núcleos
poblacionales que se trasplantaron totalmente a América, Asia y Africa.
En ocasiones es usual
rendirle un culto exajerado al período colonial, mirando exclusivamente el movimiento
cultural de la metrópoli, en la cual, sin duda, se hallaban en pleno nacimiento las
manifestaciones literarias del idioma e incluso el siglo XVI es rico en producción
intelectual con El Quijote y el Poema del mío Cid para mencionar sólo ejemplos iniciales
y no propiamente los mejores. Lo extraño de la aristocracia española del período
Colonial es no haber comprendido la verdadera importancia del nuevo continente,
dedicándose a explotar sin la menor consideración a las colonias para soportar los
gastos excesivos de la decadencia progresiva de su monarquía, interesada en un
atesoramiento vulgar y sin comprender la evolución de las fuerzas productivas de las
naciones vecinas, fuerzas que impulsaron la emancipación de los pueblos americanos de la
Metrópoli Española al tiempo que surgía la Revolución Industrial.
Muy pocas fueron las
familias con abolengo y cultura que vinieron a las colonias. Estas fueron pasto de
aventureros y bandidos que llegaron solos, con desaforada sed de oro y de lujuria. Así,
pretender que el régimen feudal con su cultura que se fermentaba en España llegó a
América es sólo un sueño mentiroso de clérigos y de partidarios de los valores
esclavistas del Virreinato en América, que en menos de cien años causaron un holocausto
cercano a los 12 millones de indígenas, descuajaron brutalmente de Africa a 10 millones
de negros y violentaron las comunidades en busca de riqueza.
La presente propuesta
analítica sobre la cultura popular criolla de los Llanos cobijada bajo la denominación
amplia y genérica del Joropo, toma una prudente distancia de las voces adoratrices de la
Invasión y del proceso colonizador, para darles el justo valor, de hecho indeleble:
idioma, religión y sangre.
Una postura de sofista es
confundir esa realidad con el pretendido transplante cultural de España a América que no
se logró, como sí lo hubo en Norteamérica con excepción de Méjico, bajo el patrón
"Junker".
Y es ingenuo afirmar que por
el hecho de no hablarse piapocoñol o Achauhuañol y si Español, existió a plenitud el
transplante cultural del romancero español a los Llanos.
Tal esperpento analítico
niega la síntesis etnocultural, reduce la verdad incontrastable del mestizaje en aras de
rendirle culto al atraso.
Afirmar que el Romancero
Español se trasplantó al Llano, es tanto como decir que el Cante Jondo es el Joropo y
que ni más ni menos catalanes, andaluces, castellanos, vascos y gallegos habitan puros en
estas tierras.
Las fuentes para esas
afirmaciones equivocadas son Fray Pedro Fabo y el padre Ricardo Sabio en sendas
publicaciones, al igual que el misionero José Gumilla, de quienes es indispensable
reconocer su valioso aporte subjetivizado por el fanatismo inherente a su convicción
cristiana y las épocas en que visitaron la región del Orinoco.
Las recopilaciones de
coplas, refranes y relatos de los clérigos citados alimentan la sed de impenitentes
copiadores que llenan las páginas de sus libros con lo publicado por ellos en el contexto
de su formación cristiana de misioneros.
El Joropo es coplero,
romancero y pertenece al mestizaje que ocurre en los llanos. El Joropo es canción, es la
forma de vivir en la Sabana.
En todos los pueblos del
mundo el mestizaje ocurre. España no es la excepción. Bien dice Unamuno que "La
poesía trovadoresca galaico-portuguesa fué la primera manifestación culta del lirismo
en lengua romance en la Península".
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