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HUELLAS
DE OTRAS RAZAS
4. LOS RASGOS DEL DOLOR
4.1 CHANGO Y EL JEFE INDIO
La fusión étnica que se
inicia en el momento de la invasión europea a territorios americanos, fusión entre las
razas aborígenes de distintas culturas, familias lingüísticas y evolución social, y
los invasores ibéricos, éstos con enorme mezcla de los moros que ocuparon la península
durante varias centurias, se enriquece a medida del avance de la época colonial con el
aporte de la raza negra, descuajada violentamente de Africa Continental:
"Changó Changó?
Buscaste fuera de Africa
la Loba blanca
para cumplir tu venganza
la que vende y compra
por un doblón de cobre
un collar de vidrio
por tres reales
un rebaño de hombres" (
1
).
Con el avance del tiempo el
contacto de las razas produjo múltiples manifestaciones, diferentes aunque parecidas, a
las de cada raza. Estas, culturales o religiosas, fueron adquiriendo perfiles y
características propias, de la misma manera como adquiere con el tiempo personalidad
étnica el mulato, el zambo, el mestizo, todos ellos convertidos en criollos en algún
momento u otro de la historia difícil de precisar. Del español con negra nace el mulato;
del negro e india el mestizo, etc. Del santoral cristiano surge el santoral criollo y
entonces en un parrando llanero se elevan rogativas a San Pascual bailón con tintes
paganos de aguardiente y baile. Es la misa criolla. Igual ocurre en los velorios de niños
o de adultos con su parafernalia peculiar. En cada región a lo largo y ancho de América,
la mezcla etnocultural se conformó de manera peculiar según fueran aborígenes, caribes,
guaraníes, incas, mayas, aztecas, chibchas o arawak, conjugados con castellanos,
navarros, gallegos, vascos, catalanes o andaluces, y enriquecidos con bantús, congoleces,
zulús, muntus...
"Pero América
matriz del indio,
vientre virgen violado siete veces por la Loba
fecundada por el Muntu,
con su sangre
sudores
y sus gritos
revelóme Changó
parirá un niño
hijo negro
hijo blanco
hijo indio
mitad tierra
mitad árbol
mitad leña
mitad fuego
por sí mismo redimido" (
2
).
Era la fragua de un nuevo
hombre, el de América, el criollo, elemental en la conciencia de sus nuevas definiciones;
por eso aparece perplejo en su concepción del mundo que se le antoja extraño y ante el
que permanece atónito. Son las épocas y las angustias del mestizaje que todavía se
produce en América.
La crueldad del desarraigo
negro y su impresión inicial de América como una tierra para su prisión y destierro,
eran semejantes a la percepción indígena que nada tenía de mítico cuando contemplaba
el holocausto, la violenta expansión del blanco sobre la naturaleza por siempre en
equilibrio hasta su llegada... El aborigen exclama:
"Cuando los búfalos
sean todos masacrados, los caballos salvajes todos amansados, y los rincones
secretos de los bosques inundados por el aroma de muchos hombres, en dónde estará el
matorral? Desaparecido. En dónde estará el Aguila? Desaparecida. Y qué es decir adiós
a los prados y a la casa, el fin de la vida y el comienzo de la subsistencia? Nosotros tal
vez entenderíamos si supiéramos qué es lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas
le transmite a sus niños en las noches largas de invierno, qué visiones le queman la
mente para que pueda desear el mañana. Pero, nosotros somos salvajes. Los sueños del
hombre blanco están ocultos para nosotros. Y porque tales sueños están escondidos,
nosotros iremos por nuestro propio camino" (
3
). El indio entonces, huyó, se refugió en los
bosques de galería, en la selva, deambulando, víctima de la cacería de hombres,
tétrica herencia del colono, voz penosa y secreta de la hacienda llanera en "la
Guahibiada".
La idiosincracia lugareña
heredó la convicción española que consideraba en categoría de subhumanos a los
indígenas y a los negros de quienes afirmaban, muy entrada la era colonial, que eran
irracionales. La Iglesia compartía tal concepción. Excepto los jesuitas.
4.2 PERVIVENCIAS DE
IDENTIDAD
Una pregunta
que surge de inmediato, es la manera como los indígenas y negros desposeídos por la
Invasión y la Colonia, logran hacer subsistir sus creencias, sus dioses, sus milenarias
tradiciones, y conservar sus usos, frente a la tremenda espada de la inquisición
española. Cómo hacen para no perder su identidad? En "América Latina, largo viaje
hacia sí misma", el Mexicano Leopoldo Zea describe el pensamiento de la Aristocracia
Europea y/o española, respecto a la fusión de culturas: "Mestizar es reducir,
contaminar. Por ello las culturas supuestamente inferiores, como las que esta
colonización encuentra en Norteamérica, serán simplemente barridas y sus hombres
exterminados o acorralados. Y lo que no puede ser barrido, por su volumen y densidad, como
en la otra América, Asia y Africa, será simplemente puesto abajo, en lugar que
imposibilite contaminación" (
4
).
En toda América
lógico es suponerlo no se dió igual el mestizaje: en las islas del Caribe,
predominó la raza negra, por ser cuantitativamente superior a los ibéricos. En la sierra
sureña de América, predominó el indio, y aún hoy, los núcleos indígenas alcanzan
proporciones demográficas elevadas, pese al despojo continuado, pese al huasipungo, pese
a la inquisición.
En Colombia, dice el
profesor Mendoza Morales "los grupos humanos, se dividen en: Indígenas
Cundiboyacences (hispano chibcha, andaluces y muiscas); tolimenses (hispanos-pijaos);
llaneros (hispanoguahibos); nariñenses (hispano de castilla- quillasinga); antioqueños
(vasco-afroindígenas); santandereano (navarros, catalanes, aragoneses-indígenas);
caucanos (asturianos, extremeños, castellanos, indígenas); costeños (hispanos
afro-sudaneses). En las macro regiones, Orinoquia y Amazonia, se fragua al parecer un
nuevo grupo; el que resultará de las mezclas de muchos de los grupos anteriores que las
pueblan en calidad de Colonos".
"Todo este proceso se
inicia y extiende durante la permanencia de los españoles en Colombia y América. La
población Colombiana hoy se compone de un 48% de mestizos, 24% mulatos, 20% blancos, 6%
negros y 2% indígenas. Esto indica, que el cruce de mayor influencia, fue entre el
español e india; luego entre español y negra" (
5
).
Leopoldo Zea agrega:
"A partir de estas tres
razas, la fusión étnica se expande en todas direcciones, cada fruto ha bebido agua de
tres fuentes,...", sin embargo, y pese a todo, la realidad que es propia de esta
América, se irá ya expresando en los intentos de yuxtaposición o imitación servil de
los modelos impuestos. En los templos cristianos, levantados sobre teocalis, el demonio
que se intentaba desterrar se mostrará en la interpretación que darán los artesanos
indígenas a las órdenes de conquistadores y evangelizadores"
(
6
).
Y concluye Leopoldo Zea:
"Así frente a cruces,
vírgenes y santos cristianos, los indígenas danzarán y festejarán, como antes
festejaban a sus derrocados dioses. En el arte barroco que adorna aún las iglesias
levantadas, se hace ver los rostros, y el gusto, por el color de sus artistas,
intérpretes nativos. No hay aquí un panteón para los dioses Mayas, Aztecas e Incas y
otros muchos más; sin embargo, éstos, de una u otra forma, se hacen expresos y se
mezclan en diversas formas de cultura colonial" (
7
).
4.3 LA CULTURA POPULAR
LLANERA
4.3.1 Sombras de la Epopeya.
Es evidente que en la época
del predominio feudal, la inquisición con la cual se identificaban los brutales actos del
hombre en defensa de la fé, presidía la empresa de la conquista de América y bendecía
el feroz negocio de la trata de negros, el horripilante y cruel mercado de la carne. En
esas condiciones el encuentro racial fué violento. Solamente los valores y
manifestaciones de la cultura dominante la española eran permitidos.
Expresiones y cultos aborígenes distintos a los suyos se prohibían y condenaban por
impíos o herejes, castigando a sus practicantes hasta con la muerte, después de las
torturas.
Pero Cómo rechazar la
verdad del resultado de los cruces raciales? El pigmento genético de gentío materno o
paterno carecería de controversia. Las evidencias marcadas en las nuevas conformaciones
antropomorfas se reflejaban en dejos, inflexiones, gritos, cantos y bailes también
nuevos: otros, los de hoy. Ya en América, el criollo esculpido con el tiempo, no era ni
el español, ni el aborigen americano o de Africa. Por ello cuando cantó, lo hizo con
acento criollo, el nuevo y maravilloso canto del mestizaje uno para cada paisaje de la
geografía. El indígena que se pudo librar de látigo invasor se aisló, se marginó, se
fue a su escencia, al bosque. Huyó de la barbarie; sus ancestros entregaron huellas y
raíces. Y con los años el campesino americano, fue cantando más duro, elevó su voz con
mayor personalidad; surgieron así muchos cantos, pero cada canto era uno con sellos
indelebles y todos juntos uno solo: La voz autónoma del mestizaje. Europa fue entonces un
importante pero terrible recuerdo y Africa germinó en América. Los nuevos pueblos iban
definiéndose, quitándose el miedo, la pena de reconocerse como nación naciones
americanas, desafiando con la hermosura de su acento la violenta represión inicial de la
colonia. Las herejías de su alma se tradujeron en variadas creaciones populares y de un
momento a otro, indefinido e intemporal, adquirieron madurez, un sello de comunidad
mestiza, un tatuaje regional único e indeleble; lo cantarán, lo bailarán primero los
hijos de la tierra y lo enriquecerán sus hijos y los hijos de sus hijos, sin deformarlo,
llevándolo hacia formas universales, permitiéndole interpretaciones urbanas,
armonizándolo mejor con modernos artificios de la música y de la electrónica, pero eso
será luego, mucho después en los albores del siglo de las galaxias, época en la cual
las formas puras de aquel mestizaje originario son cada vez más exóticas, por lo tanto
más amadas y buscadas por los defensores de la cultura pupular y menos comprendidas por
el público irredento y masificado de la sociedad de consumo, núcleo urbano mayoritario
amorfo e indefinido.
__________
(1) Manuel Zapata
Olivella.Fragmento de"Changó el gran putas". Editorial Oveja Negra. (regresar a 1)
(2) Obra citada. (regresar a 2)
(3) Fragmento de la carta del Jefe Indio Seatle. (regresar
a 3)
(4) El Correo de la Unesco 1.977. Leopoldo Zea. (regresar
a 4)
(5) El Espectador, magazine dominical, 1974. Mendoza Morales Alberto. (regresar a 5)
(6) Obra citada de Leopoldo Zea. (regresar a 6)
(7) Obra citada de Zapata Olivella. (regresar a 7)
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