BAQUERO NARIÑO, Alberto
Joropo: Identidad llanera
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NOTAS PRELIMINARES

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La observación de los fenómenos particulares de la sociedad llanera y de sus procesos culturales se nutrieron en una constante experimentación personal desde varios estrados: Intérprete, organizador de eventos, rector de la principal comunidad universitaria regional y en el oficio de escritor.

El examen del modelo y de sus connotaciones sociales, aparece claro que en la extensa región Llanera que comprende casi la totalidad de los asentamientos de la Orinoquia Colombiana, se presenta un crecimiento económico con incrementos anuales significativos, pero él no se traduce en desarrollo de las comunidades. Aún más: La tendencia de lo que podríamos llamar "el modo de producción Llanero" -guardadas las debidas proporciones teóricas— es socialmente recesivo.

Esta conclusión condujo a realizar propuestas en materia del desarrollo de la comunidad -desarrollo espiritual— para dar cupo al cambio cualitativo del modelo, porque sin él, el escenario Llanero que se presenta, es el indicado para conocer el modo operativo en Colombia de las formas regionales del capitalismo salvaje a finales del siglo XX.

Este documento emerge como un camino hacia la evaluación de los problemas de la cultura en la región y tiene el afán de ser una reflexión desde abajo y desde adentro. Su valor dependerá del juicio de los trabajadores de la cultura en el camino de plantear análisis complementanos.

El documento es síntesis de informaciones obtenidas en los pueblos con algunos protagonistas y usuarios de la cultura, más de usuarios o gente común, que con cultores de quienes se conoce y comprende —vaya pretensión— la magnitud de su obra y su entendimiento del fenómeno de la cultura, desde luego, más allá de su particular problemática.

Debo advertir que el hecho del irrestricto apego ancestral a la cultura vernácula que profesa el autor de este documento, es un elemento adicional para observar de cerca su fenomenología y la de sus protagonistas, y la de advertir en forma tajante, los elementos más sensibles de su debilidad contemporánea.

De idéntica manera, la xenofobia se excluye de este contexto porque sería torpe analizar los procesos culturales embutidos en una coraza contra las vertientes culturales de otros países. En modo alguno podríamos desconocerlas o siquiera mirarlas de soslayo. Hemos de instruirnos en sus enormes logros y experiencias; beber en sus inagotables fuentes.

Pero existen hondas diferencias entre el conocimiento de los valores estéticos y sus deformaciones que en los actuales momentos obedecen al obscuro interés del comercio y del morbo particular de la sociedad víctima del capital y de la acumulación excesiva. La comunidad artística regional carece de documentos analíticos sobre su situación en diversas épocas y en particular recientemente, época en que parecen perfilarse los gérmenes reales de un proceso que romperá las ataduras del atraso provincial

Por esta razón el análisis deberá ser escueto, directo y en ocasiones doloroso. Se evalúa el conjunto de organizaciones, el total de actores y protagonistas; pero se hace el esfuerzo de establecer un marco teórico para erradicar la puerilidad que suele presidir la reflexión en tan delicada materia.

Algunos interrogantes precedieron mis primeros apuntes. Ellos eran:

1. Podremos afirmar que el joropo—vocablo indígena— supera el ámbito de lo musical para las gentes del llano adentro?

2. Representará su modo de ser y de comprender el mundo? Es su patrón de comportamiento?

3. Podremos señalar que en poblaciones antiguas como San Martín, Meta (1585) y Arauca, Arauca (1780) el joropo fué un ausente histórico?

4. Llegaremos a comprobar que el sistema socioeconómico de las Reducciones, que al contrario de otros frentes colonizadores, incorporaron masivamente a las razas aborígenes y que allí se dió la síntesis etnocultural para la nacencia del joropo?

5. Sería prudente concluir que en el escenario sabanero, el caballo, la vaquería, blancos y mestizos andinos por sí solos no crean históricamente el joropo?

6. Es el componente étnico llanero quien define el proceso y en particular son acentos iniciales de Achaguas y Sálivas?

7. En qué dimensión los componentes étnicos africanos enriquecen y perfilan los elementos fundamentales del joropo, en el valioso acento mágico de su cosmovisión?

8. Alcanzaremos a demostrar que la partenidad andaluza del joropo es una apreciación por lo menos incompleta?

9. Es España toda la que llega a América y es Castilla con su romancero, su voz e idiosincracia la que preña el Llano?

10. Es la noche y el amanecer de los tiempos quienes fraguan la cultura mestiza del joropo?

El desarrollo del trabajo se remite históricamente al momento en que comienza el portento socioeconómico del establecimiento de las Reducciones de los Jesuitas en los Llanos y lo interpreta. De ahí la comparación de la génesis cultural con el proceso histórico.

También se interpreta la condición de la soldadesca Andaluza, que en los tiempos de la inquisición eran tratados como los moros, los negros y los indios, en calidad de inferiores.

Por otra parte, la reciente incorporación de la música Llanera a muchas poblaciones nuevas o antiguas de nuestra geografía, eran un manjar analítico, al cual me fué imposible renunciar.

Otra motivación del presente análisis radica en ir a la rica fuente del trabajo Llanero, la vaquería, que en la consolidación mestiza del criollo se convierte en la progenitora de los cantos: de arrería, de ordeño, de vela.

Y el caballo, sin el cual no hay ritmo, consolida los diversos golpes. Caballo de trabajo, caballo compañero en el arte de vivir.

Son los componentes bióticos que señala el escritor venezolano Adolfo Rodríguez

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El tránsito del texto por el elemento organológico —en el aspecto musical- recoge la versión, ya aceptada por connotados investigadores, del aporte de las tres razas —la europea trae el arpa feudal, la vihuela, la bandurria, el bandolín y de ellos surgen el cuatro, la bandola pin-pon y la actual llanera; el bandolín se queda intacto. La aborigen aporta los capachos, la sirrampla, el furruco. Lo demás es conjugación rítmica de las razas, sucesivamente enriquecida por "el padrote" en esta tierra del caballo. La magia, el mito, la leyenda llegan también junto al negro y su presencia es clara en los cantos de angelitos en esa conjugación de lo real y lo religioso como en los eventos paganos de la religiosidad como puede ser un San Pascual Bailón.

El objetivo principal es la defensa y desarrollo de los elementos básicos de la identidad regional del mestizaje Llanero, para coadyuvar a la formación de un muro sólido capaz de sobrevivir a la avalancha de la subcultura de la descomposición, hoy por hoy dominante anclada en el epicentro de las concentraciones urbanas, pequeñas y grandes, regada en los campos.

Otra tendencia preocupante es la homogenización del joropo. El unanimismo interpretativo guiado por la mano oscura de la comercialización donde el arquetipo es el joropo ranchero, urbano, cosmopolita. Es la caracañización del joropo!. Es a la vez la lumpenización del poema, un raudo camino hacia una versión más de la música de carrilera —fusión de tango y ranchera en la temática del bajo mundo- pero con arpa, cuatro y maracas.

Apunto también a una probable conclusión:

El joropo, toda la parafernalia y elementos mágico-religioso que lo impulsan desde el fondo mismo de la gran patria de los Llanos es sujeto de yuxtaposiciones culturales que tienden a ahogarlo, a desvirtuarlo, a extraer de él solamente elementos para el divertimiento, para la explotación de una identidad regional que día a día se diluye más y más. La pérdida de las raíces, el olvido a las huellas, el cotidiano rechazo a los mayores, es el fenómeno contemporáneo, la enfermedad social de la época, en un país donde esta porción olvidada es frente desenfrenado y aluvional de migraciones, escenario del capitalismo salvaje.

Esto no es casual: Ocurre porque son los efectos de la evolución del modelo de crecimiento que adoptó el país y que en su concepción excluyó de un tajo algo así como el 30% del territorio, en el caso orinocense.

Al País le reventó en su manos el Llano: creció su riqueza, su suelo se sembró de futuro; los aceites y metales estratégicos brotaron de su misma entraña y en el asombro de esa realidad, ha sido incapaz de revertir esa ganancia hacia el hombre que construye tal riqueza. Al contrario, el modelo extractivo, se lleva todo y llega con el prototipo extrajerizante que anula los parámetros de la cultura vernácula.

El modelo llanero de producción es por ello socialmente recesivo. El joropo como cultura mestiza regional unida al frente del universo del arte y la literatura es el bastión contra la subcultura dominante de la descomposición, como también lo son todas las culturas populares que florecieron en Colombia y que hoy se hallan en franco camino de su olvido y deterioro sistemático.

Es Freud en su ensayo "el malestar de la cultura" quien analiza en el contexto de su tiempo lo que él denomina "la miseria sicológica de las masas".

Esa miseria sicológica es guiada y artillada conciente o inconcientemente desde los núcleos más potentes del establecimiento y sus aparatos de control y reproducción.

Es la trivialización la que conduce los momentos y las políticas para la cultura, prima el espectáculo sobre la actividad permanente y sobre el fomento y actividad de los grupos.

El arte-mercancía emerge como la respuesta precisa al excedente exorbitante que suele producir el modelo y por vías diferentes (corrupción, especulación financiera, contrabando y la sólida economía del narcotráfico). En el texto se reiterará este análisis.

Así es como lo estético se convierte en elemento subalterno y en un estorbo, frente a la urgencia asfixiante de la exhibición, del rampante y desmesurado apetito de protagonismo y del ascenso social de la barbarie. Por ello no es raro que un cuadro de Goya, que una escultura de Da Vinci presidan los mingitorios de ciertas mansiones de hombres y mujeres enchapados en oro.

Es, como señala con acierto el escritor Eduardo Mantilla Trejos, la magnificación de la entropía social, en el reino de los antivalores.

La vehemencia del análisis presente que comparten los cultores llaneros se podría sintetizar así:

El dilema entre la defensa y desarrollo de lo regional en la perspectiva del país y de los valores culturales del universo, frente a la presión voraz del cosmopolitismo de la sociedad de consumo.

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